Francia: contra el decretazo anti-jubilatorio, ¡la huelga general!

Aquí reproducimos el artículo publicado el 17 de marzo en nouveaupartianticapitaliste.fr, el sitio del ala revolucionaria del NPA, el partido en donde militan los compañeros de la LIS en Francia.

Macron utilizó el (decretazo) 49,3 para aprobar su reforma canalla en la Asamblea. Durante meses ha buscado la mayoría entre los diputados, ha hablado de la «legitimidad» de su proyecto. Pero aquí está, obligado en el último minuto a hacer una repugnante aprobación por la fuerza… y al mismo tiempo nos alegra, porque es una admisión de debilidad. Una gran mayoría de diputados está a favor de hacernos morir por la patronal. Pero ante la bronca del pueblo trabajador, ante las marchas masivas y las huelgas que continúan, no han asumido su responsabilidad. El campo de los partidarios de la reforma se ha resquebrajado bajo la presión. Las dudas y la resignación están cambiando de bando. Sí, podemos ganar, podemos hacer que rertrocedan con la reforma y mucho más. Si golpeamos mientras el hierro está caliente e impulsamos nuestra fuerza uniéndonos a los recolectores de basura, a los ferroviarios, a los electricistas y a todos los trabajadores comprometidos con la huelga indefinida.

¿Crisis política o parche institucional?

Gobernar al servicio de la patronal es trabajoso. El presidente de los ricos está más aislado que nunca. Sus aliados cercanos, e incluso algunos de sus diputados, se distancian. Al punto de que empieza a ser posible que una moción de censura derribe al gobierno de Elisabeth Borne -y con él a su reforma.

Pero esta oposición de última hora es fundamentalmente favorable a todos los ataques de la patronal, incluida la reforma jubilatoria. Los Republicanos habían hecho el grueso de su campaña presidencial sobre el aumento de la edad legal a los 65 años. Como Macron, ¡pero también como Zemmour y Marion Maréchal-Le Pen! Si esta gente está dispuesta a soltarle la mano al gobierno, aunque sea para debilitar este proyecto que tanto les gusta, es sólo para favorecer sus propios intereses políticos. Una vez en el poder, volverían a hacerlo.

La Agrupación Nacional afirma estar a favor de la vuelta de la edad jubilatoria a los 60 años. Pero no plenamente: el «derecho» a jubilarse a los 60 con una jubilación miserable, ¡no, gracias! Marine Le Pen se declara sistemáticamente en contra de cualquier aumento del salario mínimo y propone la idea de aumentar -un poco- el salario neto rebajando el salario bruto para que no le cueste nada a la patronal, es decir, el fin de las cotizaciones que financian las jubilaciones, el seguro de desempleo y la sanidad. La extrema derecha sólo quiere a los trabajadores por sus votos, si llegara al poder llevaría a cabo las mismas políticas pro-empresariales que Macron, acompañadas de un racismo desenfrenado que es su marca de fábrica.

En cuanto a la izquierda reformista, fueron ellos quienes aumentaron a 43 el número de años de servicio para alcanzar el haber completo en 2014, bajo la presidencia de Hollande, en un gobierno que agrupaba a los socialistas (PS) y los Verdes, ahora en la Nupes.

Los trabajadores sólo pueden contar con su propia fuerza.

Un revés para Macron que hace sonar el inicio del segundo tiempo

La rabia por la terquedad del gobierno, unida a la satisfacción de haber frenado el plan bien trazado de una votación en la Asamblea, devuelve la ventaja a los trabajadores en la pulseada entre Macron y la patronal.

El jueves por la noche, decenas de miles de personas salimos espontáneamente a la calle en ciudades de todo el país, a pesar de la represión policial y los gases lacrimógenos. Desde el inicio del movimiento, millones de trabajadores han participado en manifestaciones. Las huelgas son masivas en las jornadas de acción y, desde el 7 de marzo, los ferroviarios, electricistas y basureros hacen huelga todos los días, pudiendo prolongarse. ¡Sin electricidad para Larcher (presidente del Senado)! No hay recogida de basura en los barrios lujosos de la capital.

Nuestra fuerza como trabajadores es la huelga. No son las CRS (Compañías Republicanas de Seguridad policiales), ni los senadores ni la patronal los que van a hacer funcionar los trenes o producir automóviles. Los pocos sectores que están en huelga desde hace diez días hacen temblar a Macron y desencadenan una crisis política. Entonces, ¡qué pasaría si millones de nosotros nos uniéramos a ellos!

Tenemos que debatir cuanto antes en todas partes la necesidad de organizarnos para unirnos a los que están en huelga reconductible. Podemos decidir desde la base cuáles son nuestras consignas y modos de acción en las asambleas generales, eligiendo comités de huelga, agrupando y coordinando a todos aquellos que quieran dar un paso más en la movilización.

Terminar con Macron y su mundo

¿No es la calle la que gobierna? Quizá todavía no, ¡pero tampoco es la Asamblea! ¿Y el Palacio gubernamental del Elíseo? Unas horas después de su decretazo 49,3, Macron afirmó que no podía retirar su proyecto porque « los riesgos financieros y económicos son demasiado grandes ». Así que es el dinero el que gobierna, o más bien, quienes tienen más dinero. Macron y Borne no son más que los servidores, ciertamente celosos, de los accionistas de los grandes bancos, los tiburones financieros y los dueños de los grandes grupos capitalistas que quieren explotarnos todavía más.

Pero no moriremos por la patronal. Jubilaciones, salarios, condiciones de trabajo, es hora de poner fin a la ofensiva generalizada que nos hace perder en todos los frentes y de avanzar en nuestras reivindicaciones: fin de carrera laboral, fin de mes, la misma lucha. Estamos empezando a darnos cuenta de nuestra inmensa fuerza como trabajadores. Tenemos la fuerza no sólo para conseguir la retirada total de esta reforma, sino para impulsar nuestras reivindicaciones de empleo y aumento salarial. Y para cambiar la sociedad y acabar con la ley de la ganancia capitalista: ¡nosotros somos los que trabajamos, nosotros somos los que luchamos, nosotros somos los que decidimos!

Comité Ejecutivo del NPA