Inteligencia Artificial: ¿un gran potencial o un grave peligro para la humanidad?

Por Andros Payiatsos

En un discurso pronunciado a mediados de septiembre de 2023, Ray Dalio, fundador del mayor fondo de inversión del planeta, Bridgewater Associates, nombró cinco cuestiones que, en su opinión, iban a interactuar y transformar el funcionamiento del mundo: «la creación de deuda sin precedentes, los conflictos políticos internos en países como Estados Unidos, el cambio del orden mundial, el cambio climático y los avances tecnológicos». En cuanto a estos últimos, hablando de inteligencia artificial (IA), Dalio comentó:

«La IA va a ser un gran poder transformador… como la energía nuclear, sólo que más potente… En términos de productividad, podría ser alucinante… Va a haber robots con IA -están haciendo personas, casi-. Si se gestiona bien, creo que la semana laboral podría disminuir. Quizá… la semana laboral pase a ser de unos tres días». 

Unos días más tarde, Bill Gates, fundador de Microsoft, que invirtió 13.000 millones de dólares en OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, hizo comentarios similares sobre la reducción drástica de la semana laboral. 

Por último, otro multimillonario inversor de capital riesgo, Vinod Khosla, cuya empresa, Khosla Ventures, invirtió 50.000 millones de dólares en OpenAI, declaró: 

«…habrá mil millones de robots bípedos en 25 años… en 10 años tendremos médicos gratuitos, tutores gratuitos y abogados gratuitos para todos… La IA podría hacer el 80% de los trabajos en 25 años…» (Business Insider, 03.12.2023).

En marzo de 2023, Khosla comentó:

«Esta gran transformación es la oportunidad de liberar a la humanidad de la necesidad de trabajar. La gente trabajará cuando quiera y en lo que quiera».

Y en otra entrevista, Khosla repitió estas mismas ideas:

«…La necesidad de trabajar desaparecerá. Será enormemente fortalecedor y liberador para la sociedad. A los niños no se les enseñará a los 12 años ‘tienes que buscarte un trabajo’. Será como ‘oye, descubre tu pasión y síguela'». 

Del reino de la necesidad al reino de la libertad

Marx y Engles describieron hace más de un siglo y medio cómo el capitalismo crearía las fuerzas productivas que podrían liberar a la humanidad de la necesidad de trabajar para sobrevivir. Pero también que para lograrlo, para pasar «del reino de la necesidad al reino de la libertad», habría que instaurar el poder obrero y el socialismo. También plantearon la posibilidad de la aniquilación de la civilización, si la clase obrera resultaba incapaz de encabezar la transformación. Rosa Luxembourg utilizó la expresión, que se ha hecho popular hoy en día, de que la elección de la humanidad era «socialismo o barbarie». 

Hoy, estas proyecciones son absolutamente reales. El potencial de la aplicación de las nuevas tecnologías creadas por el capitalismo puede transformar la vida de miles de millones de personas y crear precisamente las condiciones que describen multimillonarios como Dalio, Gates y Khosla: no es necesario trabajar para ganar lo necesario para vivir, basta con seguir tus intereses, desarrollar tus talentos y pasiones.

Pero, por supuesto, el capitalismo nunca permitirá esto: esto es lo que a estos multimillonarios «se les escapa». De hecho, en muchos países, las horas de trabajo aumentan y no se pagan las horas extra. En la India, los representantes del sistema debaten abiertamente por qué la gente debe trabajar 70 horas a la semana.

El capitalismo utilizará las nuevas tecnologías, como siempre ha hecho en su historia, para atacar los derechos y el nivel de vida de los trabajadores. Sólo mediante la lucha, y una lucha realmente dura en la época actual, pueden los trabajadores acortar la semana laboral (o aumentar la parte que representan sus salarios en la renta nacional bruta). Se hicieron afirmaciones similares con la invención y el desarrollo de la tecnología informática. Sin embargo, la liberación de la necesidad de trabajar y el aumento de la calidad de vida y del tiempo libre nunca se materializaron. Al contrario, las nuevas tecnologías condujeron a una mayor intensificación de las condiciones de trabajo y de la explotación.

ChatGPT, robots y más… 

La Inteligencia Artificial entró en la vida cotidiana de millones de personas cuando se lanzó ChatGPT en noviembre del ’22. Desde entonces, el debate ha sido intenso, tanto en lo que se refiere al potencial de la IA como a sus peligros. La IA se encuentra todavía en su fase inicial, pero pocos dudan del tremendo potencial que encierra. 

La IA y los robots son dos de los avances tecnológicos más recientes. Pero hay más. Desde finales de la década de 2010 se fabrican impresoras tridimensionales (3D). Pueden construir casas, edificios de varios pisos, puentes, carreteras, etc., sin el contacto de la mano humana, simplemente programándolas y suministrándoles las materias primas necesarias.

Y luego está la velocidad de la comunicación, ya mencionada anteriormente: el 5G está en proceso de emplearse a gran escala, mientras que el 6G ya se está investigando. Por último, pero no por ello menos importante, la computación cuántica, que se espera que forme parte de la vida cotidiana en las próximas décadas, puede funcionar a una velocidad millones de veces superior a la de los ordenadores actuales. No debería ser difícil imaginar qué tipo de transformación revolucionaria puede suponer la combinación de todos estos pasos de gigante, en beneficio de la humanidad. 

Pero el capitalismo funciona en el sentido contrario. La IA y los robots ya se perfilan como grandes peligros para la clase trabajadora. El más evidente es el desempleo. Sin duda, se crearán nuevos puestos de trabajo una vez que los robots entren en la producción en masa. Pero, ¿qué hay de todos esos trabajadores que serán sustituidos por robots? Un 80% según Ray Dalio, o para utilizar las palabras de Gita Gopinath, Subdirectora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI):  

«[La IA podría] sacudir el mercado laboral de una forma sin precedentes… El número de puestos de trabajo afectados podría ser abrumador… Es muy posible que la IA se limite a sustituir los puestos de trabajo humanos sin hacer ningún esfuerzo por crear nuevos puestos de trabajo más productivos a los que puedan trasladarse los humanos.»   

Existe otro peligro. Y es el peligro de que las máquinas se descontrolen. ¿Cómo es posible que los robots se vuelvan «contra sus creadores»? Lo que en otras condiciones sería impensable, es sin embargo un peligro existente en el capitalismo. Ni siquiera el más optimista de los comentaristas capitalistas puede descartarlo por completo. Incluso Elon Musk, un crudo y despiadado defensor de la explotación y las ganancias capitalistas, está preocupado por los peligros. Ha hecho declaraciones del tipo:  

«…la inteligencia artificial es una de las mayores amenazas para la humanidad. Esto se debe a que los humanos se enfrentan por primera vez a la amenaza de ser superados por las máquinas». Y «la IA tendrá el potencial de convertirse en la fuerza más disruptiva de la historia… Tendremos algo que será, por primera vez, más inteligente que el humano más inteligente».  

En realidad, el peligro no lo representa la IA en sí, sino el capitalismo. Diferentes capitalistas invertirán en IA, con el beneficio como único motivo. Los gigantes tecnológicos del planeta, como Microsoft, Google, Meta y Amazon, así como muchas otras empresas europeas, japonesas y chinas que están ascendiendo rápidamente, están en una carrera por superar a sus oponentes, sean cuales sean los peligros que trae la creación de máquinas con tales capacidades.

Sam Altman y la crisis de OpenAI

La reciente crisis de OpenAI, creadora de ChatGPT, es una comprobación muy clara de esto. OpenAI se creó en 2015 como una startup sin fines de lucro. La mayoría de los miembros de la junta directiva de OpenAI estaban preocupados por los verdaderos motivos y actos del CEO Sam Altmans y por los peligros que representaba la IA, y querían mantener OpenAI como una empresa sin fines de lucro. A pesar de ello (que OpenAI era una «empresa sin fines de lucro») Altman se había hecho multimillonario. Entonces se descubrió que Altman estaba trabajando con otros ingenieros de OpenAI para crear un programa secreto de IA bajo el nombre de Q*. Cuando esto se supo, la mayoría de los miembros del consejo decidieron despedir a Altman. En ese momento, Microsoft, que había invertido 13.000 millones de dólares en OpenAI y poseía el 49% de sus acciones, intervino y forzó la reincorporación de Altman y la destitución de los miembros del consejo que lo habían despedido. El mensaje es más que claro: en el capitalismo, la búsqueda de beneficios vence a los bienintencionados o ingenuos exponentes del «beneficio de la humanidad» que no comprenden la naturaleza de clase de las cosas.  

Barbarie o socialismo  

En otras palabras, en un momento en que las condiciones creadas por el capitalismo podrían crear «el paraíso en la tierra», el sistema representa en realidad una grave amenaza para las mismas fuerzas productivas que ha desarrollado en tan alto grado.

El futuro que promete el capitalismo es sombrío, como hemos desarrollado más arriba y en otros materiales que hemos producido. Un futuro de estancamiento económico, recesión y crisis; de descenso del nivel de vida, especialmente para las nuevas generaciones, incluso en los países ricos e industrializados; de continuos ataques a los derechos democráticos y de todo tipo; del ascenso de gobiernos de extrema derecha y del fortalecimiento de las organizaciones nazis a nivel internacional; de catástrofe medioambiental, peligro para la civilización e incluso para la vida tal y como la conocemos; de fanatismo religioso, racismo y nacionalismo; de cientos de millones de refugiados, a los que las naciones «civilizadas» y «desarrolladas» cierran sus puertas de entrada, a pesar de que son sus políticas la causa fundamental de las oleadas migratorias; del retorno de dictaduras militares y regímenes autoritarios en países donde se pensaba que la «democracia» estaba firmemente asentada; de monstruosa corrupción e hipocresía en las altas esferas, junto con una desigualdad sin precedentes; y de guerras despiadadas, que sacrifican cientos de miles de vidas en aras de intereses económicos, geopolíticos, o simplemente de prestigio.

Cientos de millones de personas en el planeta odian el sistema, odian las condiciones de vida que les crea, la desesperación a la que les empuja. Pero no ven una alternativa política. No ven otra organización de la sociedad que permita solucionar todos los problemas a los que se enfrentan.

Por supuesto, se están produciendo luchas colosales en todas partes del mundo, pero son principalmente de carácter defensivo. No son luchas que tengan como objetivo el cambio social y un sistema social alternativo. La principal razón de ello es la falta de una dirección revolucionaria para las masas en lucha.

Desde un punto de vista objetivo, el capitalismo está maduro para su derrocamiento y la transformación de la sociedad en líneas socialistas. Una sociedad socialista podría emplear de la manera más natural y directa todos los enormes avances tecnológicos y transformar la economía y también la vida de los habitantes del planeta.

Estamos en una fase en la que la humanidad puede emplear máquinas para hacer el trabajo necesario para garantizar la reproducción de la raza humana, pero también para proteger el medio ambiente y todas las especies del planeta. El tiempo necesario para trabajar podría reducirse a unas pocas horas a la semana. La gente podría elegir seguir sus intereses, talentos y pasiones. 

Al mismo tiempo, la clase trabajadora es más fuerte en número de lo que lo ha sido nunca en su historia. Pero a pesar de la rabia por las condiciones de vida y la determinación de sus luchas, los trabajadores a nivel internacional carecen de las herramientas necesarias, es decir, de partidos socialistas revolucionarios de masas, para derrocar al capitalismo y sentar las bases de una sociedad socialista. La construcción de tales partidos revolucionarios de masas, como parte de una organización internacional revolucionaria socialista, por parte de militantes de la clase obrera y marxistas, es la tarea más importante y apremiante de nuestra época.

Originalmente publicado en internationalstandpoint.org