Una nueva ola de movilizaciones sacude Teherán y decenas de ciudades iraníes contra el encarecimiento de la vida, el colapso de la moneda y la miseria creciente, enfrentando otra vez la represión del régimen de los ayatolás. En paralelo, el imperialismo estadounidense ha vuelto a amenazar a Irán buscando capitalizar la crisis. Esta rebelión solo puede avanzar de forma progresiva mediante la movilización independiente de la clase trabajadora y el pueblo iraní, con organismos democráticos y la construcción de una alternativa revolucionaria, socialista e internacionalista.

Oleada de protestas

Miles de iraníes, trabajadores, estudiantes y comerciantes salieron a las calles a finales de diciembre en Teherán y, rápidamente en casi todo el país, en ciudades como: Shiraz, Mashad, Tabriz, Karaj, Qazvin o Isfahán, entre otras. La chispa fue la explosiva caída de la moneda nacional y la hiperinflación que ha destruido el poder adquisitivo de las familias trabajadoras -un dólar se cambia por más de 1,4 millones de riales-, lo que ha encarecido los alimentos y los servicios básicos de forma insostenible. Las protestas comenzaron como una reacción por el deterioro del nivel de vida y rápidamente incorporaron el rechazo al régimen reaccionario y teocrático, con consignas contra el líder supremo el ayatolá Alí Jamenei y demandas políticas. Las movilizaciones han continuado hasta el lunes 5 de enero por octavo día consecutivo.

Reacción represiva y más inestabilidad regional

El régimen fundamentalista ha respondido con represión, como lo ha hecho siempre. Las fuerzas de seguridad, incluidos los Basij y la Guardia Revolucionaria, han provocado la muerte de más de 20 personas, decenas de heridos y casi 1.000 detenidos. El líder supremo ha acusado a “enemigos externos” de aprovecharse del malestar económico y ha llamado a “ponerlos en su sitio”, mientras los medios oficiales han reforzado tal narrativa para justificar la violencia institucional. Esta situación desestabiliza aún más a Medio Oriente, ya convulsionado por el genocidio del Estado de Israel contra el pueblo palestino y el tramposo acuerdo firmado entre Netanyahu y Trump.

Las agresiones y nuevas amenazas de Trump

Irán ha sufrido sanciones económicas que fueron reimpuestas tras la retirada de EE. UU. del acuerdo nuclear de 2018, las cuales contribuyeron a la devastación económica actual. También soportó ataques militares, incluidos bombardeos por parte de EE. UU. e Israel en 2025. Ahora Trump amenaza nuevamente al país con nuevas intervenciones sí el régimen usa la violencia contra los manifestantes. Es un cínico sin límite, ya que mientras se presenta como “pacifista” reprimió luchadores por Palestina en EE. UU., bombardeó Venezuela, secuestró al presidente Nicolás Maduro y su esposa. El verdadero objetivo de la retórica trumpista es sembrar el escenario de justificaciones a eventuales futuras injerencias.

Una revolución desviada

La revolución iraní de 1979 se hizo con huelgas y movilizaciones independientes de millones de trabajadores, campesinos, sectores urbanos pobres y jóvenes; a partir de las cuales se crearon instancias para la autoorganización, autodefensa y coordinación desde las bases, como: consejos obreros (Shoras), comités de huelga, de fábrica y de barrios. La fuerza de la revolución logró derribar a la dictadura del último sha de Persia (Irán), Mohammad Reza Pahleví, quien era un pilar del imperialismo estadounidense en Medio Oriente.

La clase obrera tuvo un papel decisivo -especialmente a través de las huelgas generales y el control de sectores estratégicos como el petróleo-, pero no contó con una dirección revolucionaria capaz de disputar el poder. El clero chiita, con Jomeini a la cabeza, desarticuló los incipientes organismos de poder dual, reprimió a la izquierda y hegemonizó el proceso valiéndose de su influencia social y religiosa.

Un régimen reaccionario cuestionado por luchas populares

Los ayatolás montaron un régimen burgués teocrático, reaccionario y contrarrevolucionario en el plano interno y con una política que con el tiempo fue alternando enfrentamientos parciales y acuerdos con el imperialismo estadounidense. Más allá de los ataques limitados y con aviso a Israel, el régimen iraní no ha desarrollado un apoyo consecuente y determinante al pueblo palestino durante el genocidio llevado a cabo por el sionismo, más bien actuó en función de sus propios intereses regionales.

Los reclamos de distintos sectores sociales y la represión en 2025-2026 no son un “relámpago en cielo despejado”, en los últimos quince años, con mayor o menor intensidad, hubo protestas por: la Primavera Árabe (2011–2012) y por derechos políticos y sociales (desde 2017 hasta la actualidad). Sólo para tomar un ejemplo, en 2022, un levantamiento masivo recorrió Irán tras el asesinato bajo custodia de Mahsa Amini, convirtiéndose en un grito contra la opresión religiosa y la desigualdad.

Solidaridad con las luchas y por una salida revolucionaria y socialista

Las tareas de la revolución inconclusa del ’79 se combinan con las actuales, provocadas por las injusticias del capitalismo teocrático, el autoritarismo del régimen y las agresiones imperialistas-sionistas. En tal sentido:

-Nos solidarizamos con las protestas por derechos sociales, contra la pobreza, la desigualdad y el deterioro del nivel de vida y por los derechos democráticos negados por la opresión y la represión.

– Exigimos el fin de la represión, el castigo a los responsables materiales y políticos de los asesinatos a las personas por reclamar sus derechos y la libertad de los presos políticos.

-Apoyamos las iniciativas que impulsan la autoorganización y autodefensa del pueblo trabajador, independientemente de los restauracionistas, los pro sionistas y pro imperialistas.

-Rechazamos cualquier injerencia de potencias extranjeras, comenzando por o Trump y sus aliados sionistas, que solo buscan instrumentalizar la lucha del pueblo iraní para sus propios fines geopolíticos.

– Las demandas por justicia económica, libertades democráticas y dignidad humana solo podrán triunfar si se articulan desde abajo, derrotando al régimen que ha explotado y oprimido a generaciones de trabajadores iraníes. Y también si se distancian de los intereses de otros imperialismos, como el de China y Rusia.

-La gran tarea es la construcción de una fuerte alternativa de izquierda consecuente, articulada en torno al objetivo de la revolución socialista en Irán y en todo Medio Oriente.

Para sacarse de encima a los gobiernos monárquicos, fundamentalistas, pro imperialistas y sionistas y que gobiernen los que nunca lo hicieron: los trabajadores y el pueblo con un sistema sin explotados ni oprimidos, con plenos derechos sociales y democráticos, que sólo puede ser un sistema socialista.

Secretariado Internacional