Otra dura lección para la izquierda «campista»
El nuevo líder de Siria, el ex yihadista Al-Jolani, ahora involucrado en la masacre de los kurdos en Rojava, no sólo es un favorito del gobierno reaccionario de Erdoğan y un socio clave de Donald Trump y el imperialismo estadounidense. También está en buena sintonía con Vladimir Putin y el imperialismo ruso, con aprecio mutuo. Así lo reveló el encuentro entre Putin y Al-Jolani, que fue recibido con todos los honores en el Kremlin.
«Rusia está desempeñando un papel histórico en la consecución de la unidad y la estabilización de la situación no sólo en Siria, sino en toda la región«, declaró Al-Jolani. «Quisiera felicitarle por el hecho de que este proceso esté cobrando impulso«, respondió Putin.
El intercambio dista mucho de ser sólo retórico. Al-Jolani busca el respaldo de Putin para su ofensiva contra los kurdos en el noreste de Siria, tras recibir luz verde de los estadounidenses. Putin acepta respaldar a Al-Jolani a cambio de garantías para las restantes bases militares rusas en Siria, en Latakia y Tartus, las únicas bases rusas que dan al Mediterráneo y, por tanto, de importancia estratégica para Rusia.
No es casualidad que Rusia haya abandonado recientemente su base militar de al-Qamishli, en la zona controlada por los kurdos, lo que supone una luz verde explícita para las tropas sirias y su masacre. A cambio, Rusia ha obtenido mantener su presencia en Siria -una especie de compensación, aunque bastante parcial, por el revés sufrido con la caída de Assad.
Para las viejas y nuevas potencias imperialistas, los pueblos oprimidos no son más que monedas de cambio en sus cínicos trueques. La realidad de los hechos asesta un nuevo golpe a las absurdas fantasías de los campistas.





