El gobierno del Estado de Israel aprobó la reapertura del registro oficial de tierras en Cisjordania, una medida que consolida la anexión de facto del territorio ocupado desde 1967. La decisión fortalece a los colonos, profundiza la fragmentación palestina y genera nuevas tensiones. Mientras la Autoridad Nacional Palestina y Hamas denuncian una escalada colonial, las grandes potencias se limitan a formular declaraciones formales. Es necesario retomar las movilizaciones para frenar a Israel y al imperialismo norteamericano.

Por Rubén Tzanoff

¿Qué implica la reapertura del registro?

El gabinete encabezado por el genocida Benjamín Netanyahu aprobó reactivar el registro de tierras en Cisjordania, paralizado desde la ocupación israelí de 1967. Aunque se presenta como un procedimiento administrativo, el mecanismo permite declarar amplias extensiones como “tierras estatales”, lo que facilita su transferencia a asentamientos israelíes de colonos criminales.

En términos concretos, esto significa que se intenta una “legalización” jurídica paulatina de apropiaciones previas, que se ejecuta la expansión planificada, que aumenta el control sobre recursos estratégicos como el agua y las tierras agrícolas, y que se reduce y fragmenta el espacio territorial efectivo bajo control palestino.

Anexión de facto tras la pesadilla soñada del sionismo

La anexión no se anuncia formalmente, pero avanza mediante hechos consumados. El fortalecimiento del movimiento colonizador implica la ampliación de infraestructura vial y de seguridad conectada directamente con Israel y la consiguiente protección militar invasora en las zonas invadidas.

La combinación entre decisión gubernamental y presión de sectores ultranacionalistas genera un proceso de anexión gradual. El objetivo estratégico es integrar amplias zonas de Cisjordania al sistema político y económico israelí con los menores costos diplomáticos posibles y las condenas que provocaría una anexión formal inmediata. Por supuesto, ni bien tengan condiciones, los sionistas seguirán robando territorios de otros países vecinos detrás del sueño sionista de imponer el “Gran Israel”.

Expansión, normalización y pacto tramposo

En los últimos años, la normalización de relaciones entre Israel y varios gobiernos árabes redujo el aislamiento diplomático que históricamente acompañaba la expansión territorial. Por eso, el imperialismo norteamericano y sus socios quieren revivir los Acuerdos de Abraham con los gobiernos regionales traidores, que tienen una responsabilidad central en el allanamiento del camino a los sionistas.

El otro aspecto clave es el tramposo acuerdo EE. UU.-Israel y Hamas, que favorece la presencia militar de las Fuerzas de Defensa de Israel que amenazan con retomar la ofensiva, consolida las posiciones ocupadas durante el genocidio y permite los atropellos sobre Gaza, Cisjordania y toda Palestina, debilitando cada vez más la viabilidad territorial de un Estado palestino independiente.

Reacciones de las principales direcciones palestinas

La Autoridad Nacional Palestina (ANP), que controla Cisjordania reprimiendo a palestinos y colaborando con Israel, calificó la medida como una “anexión de facto” y una violación del derecho internacional. Sus dirigentes advirtieron que el registro de tierras podría derivar en confiscaciones masivas y en una nueva ola de desplazamientos.

Hamas denunció un intento de consolidar el control colonial y llamó a intensificar la resistencia. A pesar de sus disputas y diferencias políticas, ambas fuerzas coinciden en que la decisión israelí marca una escalada, sin que ello implique una política consecuente articulada contra el sionismo.

Condenas desde el cinismo de las potencias

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reiteró que los asentamientos en territorios ocupados son ilegales y expresó “preocupación” por cualquier medida que altere el estatus jurídico de Cisjordania. Gobiernos de la Unión Europea (UE) calificaron el plan como contrario al derecho internacional y alertaron sobre el riesgo de desestabilización regional. Países árabes también condenaron la decisión, señalando que mina las perspectivas de paz.

Siempre la misma cantinela: declaraciones y más declaraciones que, sin romper con Israel ni boicotear sus intereses, legitiman su existencia como invasor y gendarme del imperialismo contra los pueblos árabes. Lo concreto es que la región está cada vez más tensionada, ya que a la anexión gradual de Cisjordania hay que sumar las crecientes amenazas de Donald Trump sobre un ataque a gran escala contra Irán, con el apoyo entusiasta de Israel.

Retomar las movilizaciones con una orientación estratégica

Es fundamental retomar las movilizaciones solidarias con Palestina, las acciones de boicot a los intereses israelíes, las huelgas de portuarios y trabajadores como las que se realizan en Italia y otras iniciativas. Entre ellas, será importante la Global Sumud Flotilla, que zarpará de distintos puertos europeos durante la próxima primavera continental, esta vez con objetivos humanitarios y políticos, por la autodeterminación y otros reclamos de la justa causa palestina.

Rechazamos la anexión de Cisjordania, la invasión del ejército sionista, los asentamientos de los colonos y el tramposo acuerdo de “paz” impulsado por Trump, que consolida la agresión, el expansionismo, la limpieza étnica, el genocidio y la fragmentación territorial. Rechazamos cualquier agresión a Irán y su pueblo, con total independencia del reaccionario régimen represivo de los ayatolás.

Condenamos las traiciones de los dirigentes árabes y el cinismo de los gobiernos de las grandes potencias imperialistas y los organismos internacionales, que solo realizan críticas parciales y formales, pero mantienen vínculos económicos y militares con Israel y avalan su existencia. ¡Fuera Israel, EE. UU. y todos los imperialismos de Palestina! ¡Abajo los gobiernos árabes traidores! ¡Exigimos a los gobiernos que rompan relaciones con Israel, que activen una ayuda humanitaria masiva y tomen medidas concretas para capturar, enjuiciar y castigar a los genocidas como Netanyahu y otros!

Una paz verdaderamente justa y duradera no llegará de los pactos ni del Consejo de Paz fomentado por Trump: hay que derrotar al Estado de Israel, a sus socios imperialistas y regionales, mediante la revolución socialista que instaure gobiernos de trabajadores en Medio Oriente y una Palestina única, laica, no racista, democrática y socialista. Es una tarea titánica que solo se puede lograr con movilizaciones, huelgas, rebeliones y reagrupando internacionalmente a los revolucionarios en pos de organizar grandes partidos nacionales socialistas y revolucionarios.