La ofensiva militar del eje Washington-Tel Aviv profundiza la guerra en Oriente Medio. Mientras Irán responde a los ataques y la región se militariza, las potencias imperialistas exhiben apoyos, disputas y contradicciones frente a un conflicto cambiante diariamente que amenaza con extenderse. En este escenario se vuelve necesario impulsar un movimiento internacional unitario que le pare la mano a los agresores.
Por Rubén Tzanoff
Consecuencias de los ataques
La nueva ofensiva desatada por Trump y Netanyahu se encuentra en pleno desarrollo. El asesinato del líder supremo Alí Jamenei, forma parte de una estrategia de descabezamiento del régimen con el objetivo de abrir paso a un nuevo gobierno más proclive a los designios colonialistas. Las instalaciones estratégicas iraníes están siendo duramente atacados, y los civiles también sufren las consecuencias, principalmente en Teherán, por lo que las autoridades clericales informan de más de 1.200 muertos y más de 10.000 heridos.
Los bombardeos no han respetado fronteras. Desde la capital iraní hasta el sur del Líbano, Israel ha iniciado una incursión terrestre y, como ocurre habitualmente, las denominadas “operaciones quirúrgicas” van acompañadas de matanzas indiscriminadas. A esto se suma la dimensión naval del conflicto: tras el hundimiento de una fragata iraní cerca de Sri Lanka por parte de un submarino de EE. UU. la tensión en el Océano Índico se ha incrementado y amenaza con afectar seriamente las rutas comerciales mundiales.


Trump con apoyos y revulsivos
Trump cuenta con el respaldo del Senado estadounidense, que le ha otorgado un cheque en blanco para continuar la agresión según su criterio. También dispone de la complicidad de gobiernos árabes aliados y busca utilizar a las milicias kurdas de Irak, armándolas a través de la CIA para fomentar levantamientos internos en Irán.
Sin embargo, dentro de EE. UU. también se han desarrollado fuertes cuestionamientos a la guerra, tanto en el terreno político como en la opinión pública. El conflicto ha generado divisiones y protestas sociales. Se registraron manifestaciones frente a la Casa Blanca y en diversas ciudades contra la política belicista de Trump. Existen sondeos que señalan que solo una minoría respalda los ataques contra Irán, lo que incrementa la presión sobre Trump en un contexto marcado por el año electoral.
Un tándem agresivo a la ofensiva
Es importante subrayar que se trata de una ofensiva criminal en tándem. Por un lado, EE. UU. intenta fortalecer sus intereses mediante un accionar que refleja el “estilo Trump”: amenazas verbales, agresiones directas y declaraciones contradictorias. Esta dinámica se expresó cuando funcionarios justificaron los ataques con argumentos diversos, como el “cambio de régimen”, la “eliminación de una amenaza directa” o la destrucción de la “capacidad de construir armamento nuclear”.
Por su parte, el Estado de Israel, tras consolidar sus posiciones en Gaza, avanza en dos direcciones. Por un lado contra Irán, al que considera su principal amenaza regional estratégica, y por otro en el objetivo del “Gran Israel”, acelerando la anexión de Cisjordania y reforzando su presencia en el sur del Líbano. En definitiva, se trata de una ofensiva de conveniencia mutua: para fortalecer a Israel como enclave gendarme del imperialismo frente a los pueblos de Medio Oriente y, al mismo tiempo, para reforzar a EE. UU. en la disputa inter imperialista con China y Rusia por la influencia geoestratégica en la región.
Irán resiste y contraataca
Irán está ejerciendo su derecho a defenderse, incluso ha advertido que se encuentra preparado para sostener una “guerra larga”, algo que la realidad afirmará o desmentirá en el futuro. Lo cierto es que el reaccionario régimen de los ayatolás enfrenta un desafío existencial. su liderazgo histórico se encuentra debilitado luego de haber reprimido violentamente a miles de manifestantes que salieron a las calles reclamando mejores condiciones de vida y libertades democráticas. La represión no es un fenómeno nuevo, pero la magnitud de los asesinatos y de la persecución superó a todos los crímenes institucionales anteriores. A esta situación se suma la presión política, económica y militar externa que el imperialismo y el sionismo buscan aprovechar.
De momento, Irán no se rinde y resiste lanzando bombardeos contra Israel y contra países que albergan bases e intereses estadounidenses. En ese contexto, la designación de Mojtaba Khamenei —hijo del ayatolá asesinado— como nuevo líder supremo por parte de la Asamblea de Expertos indica que el sector más duro del régimen mantiene el control. Al mismo tiempo, esta decisión constituye un desafío directo a Trump, quien anteriormente había rechazado la posibilidad de esa designación.

Frente a las agresiones del imperialismo norteamericano, resulta evidente que Irán presenta diferencias con Venezuela, ya que el régimen teocrático reaccionario se encuentra mucho más estructurado en términos ideológicos, políticos y militares para garantizar su continuidad en el poder ante situaciones extremas como una guerra o el asesinato de un Ayatolá. No es casual que hayan trascendido advertencias del Pentágono a Trump señalando que es difícil provocar un cambio de régimen en Irán únicamente mediante bombardeos.
En medio de todas estas contradicciones se abren numerosos interrogantes: ¿se tratará de una guerra prolongada? ¿hasta qué punto resistirá el régimen? ¿cederá ante la “rendición incondicional” que exige Trump? ¿intentará negociar con el imperialismo aceptando condicionamientos? ¿cómo reaccionará el movimiento de masas iraní? Más allá de estas incertidumbres internas, también es necesario observar el escenario internacional.
Las presiones sobre las reaccionarias monarquías árabes
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin son aliados estratégicos de EE. UU. y esa misma alianza los convierte en objetivos directos de los ataques de Irán. Estos países, frecuentemente presentados como “oasis de estabilidad”, son en realidad vulnerables frente a una guerra regional. Si bien el aumento del precio del petróleo y del gas podría beneficiar a los exportadores a corto plazo, una guerra prolongada amenaza seriamente sus proyectos de diversificación económica, turismo, finanzas e inversión internacional.
Las monarquías del Golfo dependen militarmente de EE. UU., pero muchos de sus gobiernos intentan evitar una confrontación directa con Irán. Al mismo tiempo se ven presionados a tomar posiciones claras, aunque un apoyo abierto a los agresores podría provocar mayores críticas desde la opinión pública y desde la llamada “calle árabe”.
De este modo, las reaccionarias y traidoras monarquías del Golfo se encuentran tensionadas entre su dependencia del imperialismo y la necesidad de evitar convertirse en el campo de batalla de la guerra contra Irán, mientras buscan preservar su estabilidad política y económica.


La UE, socio en crisis, reticente y contradictorio
Muchos estados imperialistas occidentales se mantienen firmemente alineados con EE. UU. e Israel. Aunque Trump los critica y presiona por considerar que no hacen lo suficiente, el ejército británico brindó asistencia logística para los ataques aéreos contra Irán y ofreció apoyo. Francia ha realizado movimientos navales con el argumento de “proteger” a los países del Golfo, mientras que Alemania e Italia albergan bases aéreas estadounidenses clave para garantizar las cadenas de suministro de la maquinaria bélica norteamericana.
Sin embargo, también existen contradicciones. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó su rechazo a la guerra, criticó la política de Trump y recibió el respaldo de autoridades de la Unión Europea. Meloni también aclaró que Italia no pretender entrar en la guerra. Al mismo tiempo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, elogió la acción militar estadounidense e israelí contra Irán, aunque aclaró que la OTAN no participará directamente en el conflicto.
La Unión Europea aparece así como un bloque imperialista rezagado, atravesado por una crisis de identidad y de proyecto político, que oscila entre cuestionar a Trump y evitar romper completamente con sus socios tradicionales. Esta posición genera roces, tensiones y reposicionamientos constantes. En última instancia, estas fricciones reflejan una disputa inter imperialista en la que no se puede depositar ninguna expectativa. No existen imperialismos progresivos ni “menos malos”: todos responden a intereses de rapiña y dominación sobre los pueblos.
La guerra como factor de incertidumbre global
Los bombardeos también implican enormes costos económicos. Cada misil interceptor Patriot cuesta aproximadamente cuatro millones de dólares, mientras que los drones iraníes Shahed tienen un costo estimado de entre 20.000 y 50.000 dólares. Más allá de las diferencias tecnológicas y de capacidad militar, tanto EE. UU. como Irán aseguran disponer de armamento suficiente para sostener un conflicto prolongado, aunque el costo financiero es un elemento determinante. Las consecuencias globales ya comienzan a sentirse. El precio de los carburantes se encuentra en aumento y existe el riesgo de una crisis energética mundial. Este incremento ya impacta en el precio del combustible y, en consecuencia, en los alimentos y otros recursos básicos. La agresión imperialista sionista está generando un fuerte temblor político y económico en unas finanzas capitalistas que ya se encontraban en crisis.
Hay que pararle la mano a los agresores
Rechazamos las agresiones de Estados Unidos e Israel contra Irán, Líbano, Palestina y otros países de Medio Oriente. Irán tiene derecho a defenderse de los ataques con todos los medios a su alcance. En este sentido reafirmamos todos los términos de la Resolución de la Liga Internacional Socialista (LIS): ¡Manos Fuera de Irán! ¡Por la derrota de EE. UU. y la guerra sionista! Nos solidarizamos con el pueblo trabajador antiimperialista y anti sionista iraní, sin que ello implique brindar apoyo político al reaccionario y represivo régimen fundamentalista de los ayatolás. También repudiamos a los gobiernos, instituciones y direcciones políticas que se alinean detrás del imperialismo, tanto en Occidente como en Medio Oriente. Llamamos a impulsar un movimiento unitario con movilizaciones, boicot, huelgas de trabajadores y otras acciones contra las agresiones imperialistas y sionistas en Medio Oriente y por la ruptura de relaciones con Estados Unidos e Israel. No habrá una paz regional justa y duradera sin derrotar al Estado de Israel, al imperialismo estadounidense y a sus cómplices. La salida estratégica pasa por la revolución en Medio Oriente, para que gobiernen los trabajadores y el socialismo.






