El 24 de febrero de 2026 se cumplieron 4 años desde el inicio de la agresión rusa a gran escala contra Ucrania. El segundo ejército del mundo, de una potencia nuclear con una población de 140 millones de personas, llevó a cabo un ataque traicionero contra un Estado débil, dependiente y no nuclear con una población de 30 millones. Absolutamente todos los analistas del mundo consideraban que Putin podría resolver sus objetivos militares en 1-2 semanas. Sin embargo, lo que ocurrió después resultó ser un caso absolutamente sin precedentes en la historia mundial. El pueblo ucraniano, no gracias sino muy a menudo a pesar de su dirección burguesa corrupta, logró no solo defender su derecho a la autodeterminación, su derecho a una existencia independiente de Rusia, sino también infligir una serie de derrotas significativas a los ocupantes rusos.

Desde los primeros días de la agresión a gran escala, Putin se quitó la máscara de “defensor de la población rusa y ruso parlante de Ucrania” frente a los “nazis ucranianos”, destruyendo hasta los cimientos las ciudades del Donbás y utilizando a toda su población masculina mediante una movilización forzosa total en el ejército ruso. Millones de rusos y ruso parlantes del Donbás se vieron obligados a abandonar sus hogares para trasladarse a territorios de Ucrania aún no ocupados, que escaparon a ese tipo de “liberación” por parte del ejército ruso. Decenas y cientos de miles de civiles ucranianos muertos permanecerán para siempre como un profundo dolor del pueblo ucraniano y como una mancha imborrable y un crimen del militarismo imperialista ruso.

Desde los primeros días y meses de la agresión imperialista rusa contra Ucrania, en el campo de la izquierda internacional se produjo una ruptura fundamental en relación con el análisis de esta agresión. No resulta sorprendente que muchos de sus sectores, que durante años y décadas proclamaron su “antiimperialismo”, expresaran un apoyo total o crítico al imperialismo ruso en su agresión contra el pueblo ucraniano y su Estado. Al mismo tiempo, los “campistas” condenan decidida y justificadamente al imperialismo estadounidense en sus agresiones contra Venezuela e Irán. ¿Qué es esto sino una política cínica de “doble rasero”? Una política que divide los imperialismos del planeta en “buenos” y “malos”, donde Rusia y China desempeñan el papel de “buenos imperialismos”, mientras que EE. UU. y la Unión Europea quedan tradicionalmente como los “malos”.

La transformación cualitativa y la complejización del mundo imperialista, la aparición de nuevos imperialismos jóvenes y agresivos -Rusia y China-, lamentablemente no han sido debidamente comprendidas ni analizadas por una parte significativa de la izquierda. A la situación mundial, que ha cambiado drásticamente, y a los conflictos inter imperialistas intensificados, se les han aplicado formas y clichés de análisis tradicionales y en gran medida ya obsoletos.

Es evidente que este tipo de política “campista” de doble rasero causa un daño irreparable a la reputación y la autoridad del movimiento revolucionario de izquierda en todo el mundo.

En la situación actual, cualquier manifestación de análisis “campista” en el campo de la izquierda adquiere rasgos verdaderamente amenazantes para el desarrollo de una política independiente de la clase trabajadora mundial. El apoyo de facto al imperialismo ruso o chino bajo la fórmula “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, o en el marco del tradicional “antiamericanismo” de muchos sectores de la izquierda, no solo es categóricamente inaceptable para nosotros y nuestro análisis, sino que resulta extremadamente perjudicial para las perspectivas de la izquierda en general.

Pero, como decimos en Ucrania, “no hay mal que por bien no venga”. La agresión imperialista de Putin contra Ucrania no solo actuó como una especie de prueba de fuego para identificar a los verdaderos marxistas antiimperialistas y separarlos decisivamente del “club de fans” de los imperialismos ruso y chino, sino que también permitió iniciar una reconfiguración mundial de los núcleos revolucionarios y las vanguardias proletarias.

Es alentador que en la base de este proceso de unificación de los auténticos marxistas internacionalistas se encuentre nuestra LIS. La LIS declaró clara e inequívocamente que luchará de manera decidida e intransigente contra todos los ataques imperialistas en cualquier parte del mundo, independientemente de quién los lleve a cabo. No existen imperialismos “buenos” y “malos”. ¡Todos los imperialismos son malos! ¡Todos los imperialismos son enemigos de la clase trabajadora internacional! La LIS apoyó firmemente el derecho a la autodeterminación y al desarrollo independiente de todos los pueblos dependientes y oprimidos del mundo, desde el pueblo palestino hasta el ucraniano.

Las conferencias de fuerzas de izquierda celebradas en Milán (2023, 2024) y en París (2025), muy importantes e incluso fundamentales por su actualidad para el desarrollo del movimiento europeo y mundial, contribuyeron a la búsqueda de afinidades y al intercambio de ideas entre fuerzas revolucionarias con distintas historias y tradiciones. Estas conferencias permitieron establecer vínculos sólidos, primero informativos y luego organizativos, entre nuestra Liga Socialista Internacional (LIS), la Oposición Trotskista Internacional (ITO) y la Liga por la Quinta Internacional (L5I).

Las bases de nuestra interacción y posterior unificación no estuvieron relacionadas con debates teóricos abstractos sobre el pasado, sino con consultas y discusiones basadas en una posición política común sobre la situación mundial actual y en la aplicación uniforme del método dialéctico marxista. La evaluación política compartida de la agresión imperialista rusa contra Ucrania fue uno de los factores decisivos para nuestra unificación organizativa.

Para nosotros, en la LIS ser verdaderamente internacionalistas significa no cerrar los ojos ante cualquier forma de opresión nacional ni ante las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos o sometidos a agresión imperialista, sino apoyar plenamente esas luchas.

Por supuesto, los intereses imperialistas en competencia se manifiestan en cualquier parte del mundo, y los distintos imperialismos intentan apropiarse y dirigir los movimientos de liberación popular hacia sus propios intereses geopolíticos. Sin embargo, esto no anula, en nuestro análisis, la prioridad del derecho a la autodeterminación de todos los pueblos oprimidos o agredidos. Desde los primeros días de la agresión de Putin, la LIS apoyó la resistencia popular de base en Ucrania, diferenciándola claramente del apoyo al régimen burgués y corrupto de Zelenski y a sus “socios” imperialistas occidentales.

La “colaboración” del imperialismo occidental con Ucrania tiene desde hace tiempo un carácter contradictorio. El imperialismo estadounidense, con la llegada de Trump, ha reducido el suministro de armas a Ucrania y busca acuerdos con Putin a costa del país. El imperialismo europeo, por su parte, sigue comprando petróleo y gas a Rusia por montos que superan ampliamente la ayuda brindada a Ucrania. Tanto EE. UU. como la Unión Europea ven a Ucrania principalmente como un instrumento de sus intereses geopolíticos, por lo que hablar de una “colaboración” sincera resulta superficial.

Desde el inicio de la guerra, la LIS expuso su posición en diversas declaraciones políticas. El conflicto combina dos procesos paralelos: por un lado, la defensa legítima de Ucrania de su soberanía y del derecho del pueblo ucraniano a la autodeterminación; por otro, el agravamiento de las tensiones inter imperialistas entre la OTAN y los imperialismos emergentes de Rusia y China. La incomprensión de este carácter dual es la base de la confusión en gran parte de la izquierda.

Algunos sectores de izquierda apoyan abiertamente a la Rusia de Putin, basándose en el rechazo popular al imperialismo estadounidense. Esta posición es inaceptable para cualquier revolucionario consecuente, ya que nada justifica alinearse con un régimen capitalista opresor como el ruso. Para justificarse, algunos niegan el carácter capitalista de Rusia o afirman que es la principal víctima de la guerra. Estas posturas reproducen la propaganda del aparato estatal ruso.

El objetivo de la invasión rusa es subordinar a Ucrania, devolverla a su esfera de influencia y ocupar la mayor cantidad posible de su territorio.

Desde el inicio de la agresión, la LIS sostuvo que las masas trabajadoras y populares de Ucrania tienen pleno derecho a defenderse militarmente.

Para nosotros, es evidente que durante casi cuatro años quien combate al imperialismo ruso es el pueblo ucraniano, muchas veces no gracias sino a pesar de su propio gobierno. Para los marxistas revolucionarios, participar en esta resistencia no implica apoyar a la “propia” burguesía, sino desenmascararla ante las masas trabajadoras, mostrando sus contradicciones y traiciones.

Solo participando directamente en la lucha de liberación nacional contra el invasor extranjero, la vanguardia proletaria podrá recorrer este camino de desenmascaramiento de su propia burguesía. Evadir esta lucha conduce a la autoliquidación del movimiento como fuerza política real.

Oleg Vernik, Presidente del Sindicato Independiente “Zakhist Pratsi”, Ucrania.

Liga Socialista Ucraniana (LSU)