Por Socialist Horizon

La ruptura del “orden basado en reglas”

Después de décadas de ver el declive de la hegemonía global de Estados Unidos y el crecimiento de China como competidor imperialista, la clase dominante estadounidense ha decidido respaldar la apuesta de Trump de reemplazar el orden mundial establecido después de la Segunda Guerra Mundial con una imposición imperialista directa de competencia y negociación entre las principales potencias.

Esto significa desplegar todo el peso de la superioridad militar y económica que Estados Unidos aún mantiene para recuperar lo perdido. Su gobierno abandonó las alianzas históricas y la estrategia e instituciones multilaterales que Estados Unidos lideró durante décadas. La OTAN, la OMC, la OMS, la ONU, han sido reemplazadas por la imposición unilateral y los acuerdos de libre comercio son reemplazados por aranceles agresivos tanto para los aliados como para los rivales.

El acuerdo de Trump con Hamas y la entidad sionista no detuvo el genocidio en curso, pero generó suficiente confusión para desalentar el movimiento internacional de solidaridad con Palestina. Las negociaciones de Trump con Putin no pusieron fin a la guerra en Ucrania como él había prometido, sino que dejaron de lado a la Unión Europea y determinaron que ni el pueblo ucraniano ni su gobierno tengan voz ni voto en cómo Rusia y Estados Unidos dividen el país y sus recursos.

Sin embargo, fue el reciente golpe de Estado estadounidense en Venezuela, el bloqueo total de Cuba y el ataque en curso contra Irán, lo que expuso por completo el alcance de la nueva política exterior que desplegó Estados Unidos.

Sin embargo, Trump no es imparable. Su retirada de intentar apoderarse de Groenlandia no expresa un cambio de opinión o de agenda, sino que expresa los límites reales de su poder a nivel mundial. La guerra contra Irán pondrá esos límites ante una prueba de muchísimo mayor riesgo. Irán no es Venezuela, su contraataque golpeó a Israel y varias bases estadounidenses y aliados en la región. La guerra es extremadamente rechazada en los EE. UU. y en el extranjero. Además, ya se ha extendido al Líbano, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin y Arabia, y podría desestabilizar toda la región. Tampoco es del todo seguro si esto va a ayudar al imperialismo estadounidense a recuperar poder a nivel mundial o, por el contrario, convertirse en un nuevo revés catastrófico.

Guerra interna y externa

Mientras la política exterior del gobierno de Trump busca capturar una mayor proporción de la plusvalía mundial para los capitalistas estadounidenses, su política interna tiene la intención de aumentar sus ganancias profundizando, significativamente, la explotación de sus trabajadores al interior del país.

Dado que la gente tiende a resistirse a que la perjudiquen, el proyecto MAGA[1] también necesita profundizar la opresión y el autoritarismo. Prioriza alimentar las divisiones dentro de la clase trabajadora a través de la persecución a los inmigrantes, las personas de color, las mujeres y las diversidades, al mismo tiempo que promueve la supremacía blanca, la misoginia y la homofobia para consolidar una base reaccionaria dentro de un sector de trabajadores blancos.

Para intensificar la opresión, Trump apunta en particular contra los inmigrantes, lanzando una guerra en su contra. Convirtió a ICE en su fuerza de choque paramilitar. La apuntaló con miles de millones de dólares, equipamiento militar y decenas de miles de reclutas con apenas algo de entrenamiento, particularmente apelando a supremacistas blancos y matones fascistas. Lleva adelante su despliegue con la estrategia de «oleadas», copiada directamente de los manuales de ocupación de Afganistán e Irak, aterrorizando a poblaciones enteras, persiguiendo de forma ilegal y secuestrando a miles de personas en las calles, enviándolas a campos de concentración, y asesinando a decenas de personas a sangre fría con total impunidad.

Sin embargo, la ofensiva de MAGA no tardó en generar resistencia, y su escalada en el extranjero y a nivel nacional en enero provocó un salto cualitativo en el conflicto a nivel mundial y en cuanto a la lucha de clases en los EE.UU.

Polarización y lucha de clases

Un aspecto frecuentemente subestimado de la crisis capitalista sistémica que estalló en 2008 es la crisis ideológica. El llamado Consenso de Washington que estableció la victoria histórica, social y moral del capitalismo sobre el socialismo como sentido común durante 20 largos años colapsó. De repente, el sentido común es que el capitalismo no funciona, el socialismo perdió su estigma y se convirtió en una idea válida a considerar.

La campaña de Bernie Sanders en 2016, el auge del DSA y las encuestas mostrando que la juventud veía con mejores ojos al socialismo que al capitalismo mostró que cuando millones perdieron la fe en el establishment, fueron más los que en EE.UU. miraron a la izquierda por sobre a la derecha, y muchas otras miraron a la izquierda incluso antes de mirar a la derecha.

De hecho, Trump y la extrema derecha solo ganaron tracción real después de que el fenómeno Sanders se convirtiera en una gran decepción. Desde entonces, la polarización social y política crece de manera constante, con el avance de la radicalización de extrema derecha e izquierda mientras la política tradicional se hunde. Es una polarización asimétrica, porque la extrema derecha construyó una expresión política y condujo a una base reaccionaria consolidada al poder estatal, mientras que la izquierda ha visto a millones de personas radicalizarse y movilizarse, pero sus expresiones políticas, hegemonizadas por variantes reformistas, solo han decepcionado a su base con capitulaciones y fracasos.

En el mismo período vimos un ascenso en la lucha de clases. Occupy, Black Lives Matter y el aumento sostenido de huelgas cambiaron las ideas de un sector social hacia la izquierda. El movimiento de solidaridad con Palestina radicalizó entonces a una amplia franja de jóvenes activistas y llevó a más de un millón de votantes demócratas a abandonar ese partido. La ausencia de opciones a la izquierda, con Sanders y AOC respaldando a Biden, luego Harris, llevó a Trump a ganar en 2025.

El primer año del segundo mandato de Trump consolidó el proceso de polarización y radicalización asimétrica. Las marchas de “No Kings” (Sin Reyes) mostraron que una mayoría rechaza a Trump y que millones están dispuestos a tomar medidas activamente para detenerlo. Las rebeliones contra ICE hicieron retroceder la ofensiva en Los Ángeles y Chicago. Y el giro a la izquierda de una capa de la población se reflejó también en la victoria de Zohran Mamdani en las elecciones a la alcaldía de la ciudad de Nueva York.

Enero lo cambió todo

El ataque a Venezuela y el asesinato de Renee Good a manos de agentes del ICE marcaron un nuevo hito en la ofensiva MAGA pero también en la resistencia. Cientos de miles de personas en todo el país organizaron reuniones para unirse a redes de respuesta rápida contra el ICE, lo que marcó el inicio de un nuevo movimiento nacional, un amplio proceso de autoorganización y un giro a la izquierda en las ideas de un sector más grande de la clase trabajadora.

Si Minneapolis ya mostraba signos de resistencia de masas, el asesinato de Renee Good empujó a su pueblo a la rebelión abierta. Un llamado a «no trabajar, no estudiar, no comprar» paralizó gran parte de la ciudad el 23 de enero. El asesinato a sangre fría de Alex Pretti al día siguiente provocó que entre 70.000 y 100.000 personas marcharan con temperaturas bajo cero y que los agentes del ICE fueran reubicados inmediatamente en las afueras de la ciudad.

El alcalde de Minneapolis y el gobernador de Minnesota, ambos del Partido Demócrata, intervinieron para ayudar a Trump, desplegando operativos policiales para desmovilizar a la población, desmantelar los controles anti-ICE y designar agentes de seguridad locales para continuar la persecución de inmigrantes. Pero la “oleada” de Trump en Minneapolis tuvo que ser cancelada, un golpe político que debemos destacar.

No trabajar, no estudiar, no comprar

Es significativo que la rebelión de Minneapolis adoptara los métodos de la clase trabajadora, convocando huelgas el 23 y 30 de enero, y luego organizando una asamblea de trabajadores el 15 de febrero para planificar las acciones del Primero de Mayo.

El hecho de que esto haga mella en miles de trabajadores en todo el país habla del efecto acumulado de los acontecimientos de la última década, desde la campaña de Sanders y el auge del DSA en 2016 hasta el ascenso de huelgas y organización sindical, que han contribuido a una acumulación no tan evidente, aunque parcial y contradictoria, de conciencia de clase.

Socialist Horizon y la Plataforma de Izquierda Unida (ULP por sus siglas en inglés) participaron de la asamblea de Minneapolis y orientan sus esfuerzos a organizar asambleas de trabajadores en todo el país y una huelga nacional que plantea «no trabajar, no estudiar, no comprar» este Primero de Mayo.

Perspectivas y alternativas políticas

Trump potencia el poder imperialista estadounidense, pero también evidencia los márgenes de su alcance. Pone a prueba los límites de la clase trabajadora estadounidense y provoca una resistencia que ya le asestó algunos golpes y que podría adquirir una dinámica propia. Trump cultivó una base reaccionaria en una minoría significativa de la clase trabajadora, pero no cumplió con sus promesas de que su agenda mejoraría las condiciones de vida de ese sector. Los archivos de Epstein ahora lo exponen, a ojos de todos exceptuando a los más reaccionarios, como el violador, pedófilo y criminal que es. Encuestas recientes muestran que la aprobación de Trump ha caído a alrededor del 39%, con aproximadamente un 60% de desaprobación.

Una derrota en las elecciones intermedias de noviembre parece inevitable y debilitaría no solo la agenda MAGA en Estados Unidos, sino también a la extrema derecha mundial que Trump apoya. Al mismo tiempo, la dirección demócrata inspira tan poco entusiasmo que podría ser incapaz de hacer su parte para materializar una derrota clara de los republicanos. Biden mantuvo gran parte de las políticas del primer mandato de Trump cuando gobernó. El partido demócrata no ha hecho prácticamente nada para oponerse a Trump desde que regresó a la Casa Blanca.

Incluso Sanders, AOC y el “Escuadrón”[2] no ofrecen otra alternativa que apoyar las candidaturas demócratas en las próximas elecciones. Mamdani expresa una base más radicalizada y plantea políticas más progresistas sobre diversos temas, pero tampoco propone ninguna salida.

Esto deja a cientos de miles de personas radicalizadas sin un proyecto político. Los revolucionarios necesitan plantear una salida, impulsar la más amplia unidad de acción y frentes únicos para luchar por la derrota de Trump y al mismo tiempo construir una organización política de la clase trabajadora que luche por acabar con el sistema capitalista y reemplazarlo por el socialismo.

Socialist Horizon, sección de la LIS en EE. UU., junto a miembros y simpatizantes de la LIS en otros espacios, luchan por este objetivo. Lo hacen desde la primera línea en las luchas contra el imperialismo estadounidense, contra el terrorismo de ICE y la ofensiva MAGA, con un método de frente único que busca la más amplia unidad de la acción, a la vez que destacan la necesidad de luchar contra las causas sistémicas de la opresión y la explotación agrupando a los socialistas revolucionarios.

Un aspecto significativo de esta orientación se lleva a cabo a través de la Plataforma de la Izquierda Unida, mediante la cual Socialist Horizon, junto con Tempest, Solidarity, Workers’ Voice, International Marxist Humanist Organization y Speak Out Socialists, actúa como una fuerza nacional en la lucha de clases. El aspecto esencial de la orientación de la LIS en Estados Unidos es su proyecto de reagrupamiento revolucionario para avanzar en el objetivo estratégico de construir un gran partido revolucionario de la clase trabajadora en el país y a nivel internacional.


[1] Make America Great Again (Hacer a Estados Unidos Grande Otra vez).

[2] Se refiere a las diputadas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Talib.