Por Verónica O’Kelly
“El presidente Lula reiteró su solidaridad con el gobierno y el pueblo bolivianos y destacó la importancia del pleno respeto a las instituciones democráticas y al Estado de Derecho”, informa la Presidencia de Brasil tras la conversación telefónica entre Lula y Rodrigo Paz, presidente conservador cristiano de derecha de Bolivia.
Las declaraciones de Lula dejan claro, una vez más, de qué lado está. Mientras el bravo pueblo boliviano enfrenta en las calles a un gobierno que intenta descargar la crisis económica sobre las mayorías trabajadoras y populares, Lula decide respaldar institucionalmente a un régimen antipopular y represivo.
El pueblo boliviano lucha contra el hambre, el ajuste y la represión. Lucha contra los planes de miseria impuestos por el FMI y aplicados con máxima obediencia por Rodrigo Paz. La clase trabajadora de Bolivia demuestra que no está dispuesta a aceptar pasivamente la destrucción de sus condiciones de vida. Las movilizaciones, bloqueos y levantamientos populares colocan en el horizonte la posibilidad concreta de que sean las masas obreras, campesinas, indígenas y populares quienes tomen en sus manos el futuro del país.
Hoy, lo que existe en Bolivia es una profunda crisis del régimen. Hay un verdadero vacío de poder que debilita no solo al gobierno, sino al conjunto de las instituciones capitalistas. El poder está dividido entre un gobierno prácticamente agonizante y las calles, donde crece la rebelión popular.
Por eso, cuando Lula habla de “respeto a las instituciones democráticas y al Estado de Derecho”, está defendiendo justamente ese Estado que reprime, mata de hambre e intenta aplastar a un pueblo que lucha apenas por el derecho a vivir con dignidad. Está defendiendo el mantenimiento de un orden social al servicio de la burguesía, del imperialismo y de las multinacionales.
Mientras Trump y el imperialismo estadounidense presionan por la estabilidad de gobiernos sometidos a sus intereses, Lula vuelve a cumplir el papel de contener y desviar los procesos de radicalización popular en el continente. No es la primera vez. En nombre de la “democracia”, apoya gobiernos que atacan a los trabajadores y protege regímenes podridos que ya han perdido legitimidad ante las masas.
Nosotros estamos del lado del pueblo boliviano. Extendemos nuestra solidaridad a las trabajadoras y trabajadores, a la juventud, a las comunidades indígenas y a los sectores populares que enfrentan la represión y el ajuste.
¡Nos sumamos a la exigencia de “Fuera Paz!” y levantamos, junto a miles, una salida independiente de los trabajadores y del pueblo pobre:
• ¡Que gobiernen los que nunca gobernaron: la COB, las comunidades indígenas, los campesinos, la juventud y las juntas vecinales!





