La cumbre de la OTAN realizada en Ankara, Turquía, confirmó un salto en la militarización imperialista. Aunque estuvo atravesada por la zigzagueante actuación de Trump, por tensiones entre EE. UU. y sus aliados europeos, el resultado fue una nueva subordinación de las potencias de la Unión Europea a las exigencias de Trump: más gasto militar, mayores beneficios para la industria armamentística y un reforzamiento de la estrategia de guerra global. También hubo manifestaciones de rechazo y se reafirma la necesidad de una política socialista revolucionaria independiente de todos los imperialismos: “No a la austeridad para las guerras imperialistas. Por gobiernos de los trabajadores. Por una Europa Socialista”.

Por Rubén Tzanoff

Una agenda al servicio de las necesidades imperialistas

La 36.ª cumbre de la OTAN, celebrada los días 7 y 8 de julio en Ankara bajo la presidencia del gobierno de Recep Tayyip Erdoğan y con el secretario general Mark Rutte como principal organizador, reunió a los jefes de Estado y de gobierno de los 32 países miembros, junto con representantes de la Unión Europea y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski. La agenda estuvo dominada por el aumento del gasto militar, el futuro del apoyo a Ucrania, la reorganización del reparto de cargas dentro de la Alianza y la adaptación de la OTAN a la estrategia de confrontación simultánea contra Rusia, Irán y China.

Trump impone condiciones

La presencia de Trump marcó toda la cumbre. La reunión fue cuidadosamente diseñada para evitar choques abiertos con el mandatario estadounidense y garantizar su permanencia dentro de la Alianza. Rutte llegó incluso a presentar el incremento del gasto militar europeo como un logro personal de Trump.

Sin embargo, Trump mantuvo un tono agresivo. Volvió a insultar a varios gobiernos europeos por su escaso respaldo a la ofensiva estadounidense contra Irán, amenazó nuevamente con reducir el compromiso militar norteamericano en Europa y reabrió disputas sobre Groenlandia. Aun así, terminó reafirmando formalmente el compromiso con el artículo 5 de defensa colectiva, dejando claro que Washington seguirá dirigiendo la OTAN mientras los europeos asuman una mayor parte de los costos. Lo expresó asegurando haber recibido “amor” y “unidad” de sus aliados europeos.

Europa impulsa el rearme

Los principales gobiernos de la UE cerraron filas detrás de la continuidad de la OTAN, aunque con diferencias de tono. Alemania, Polonia, los países bálticos y los nórdicos impulsan un aumento acelerado del gasto militar y una política de confrontación permanente con Rusia. Francia insiste en desarrollar una mayor autonomía militar europea, aunque sin romper con la estructura atlántica.

El gobierno español intentó diferenciarse parcialmente en algunos aspectos del gasto y de la guerra contra Irán, pero terminó respaldando las decisiones centrales de la cumbre. Las diferencias expresan disputas tácticas sobre el reparto de costos y los ritmos del rearme, no una oposición al carácter imperialista de la Alianza.

Les importa más la guerra que las necesidades sociales

La principal resolución fue comenzar la implementación del compromiso aprobado en La Haya de elevar el gasto militar hasta el 5 % del PIB, acompañada por mecanismos de supervisión.

También avanzaron nuevos contratos multimillonarios para la industria militar, inversiones en defensa aérea, sistemas anti drones, capacidades navales y producción de armamento. Buena parte de estos recursos terminarán beneficiando principalmente a los grandes complejos militar-industriales estadounidenses y europeos, consolidando una gigantesca transferencia de fondos públicos hacia el complejo militar-industrial mientras continúan los recortes sociales en numerosos países europeos.

Asia-Pacífico mantiene la distancia

A diferencia de años anteriores, varios socios del Asia-Pacífico evitaron otorgar centralidad política a la cumbre. Persisten reservas frente a la pretensión del imperialismo estadounidense de integrar más estrechamente la OTAN con su estrategia de contención contra el imperialismo de China. Si bien continúan la cooperación militar y los acuerdos bilaterales, varios gobiernos de la región procuran evitar quedar completamente subordinados a una lógica de bloques que incremente la confrontación regional.

Ucrania sigue subordinada a la estrategia de la OTAN

Zelenski obtuvo nuevos compromisos financieros y militares, pero no avances significativos hacia el ingreso formal de Ucrania en la OTAN. Washington continúa subordinando el apoyo militar a Ucrania a sus propios objetivos estratégicos frente a Rusia. mientras evita asumir compromisos que puedan derivar en un triunfo contundente de Ucrania contra la invasión rusa y Putin y en una confrontación directa entre potencias nucleares.

La ayuda militar fue renovada, aunque siempre bajo el control político de las principales potencias imperialistas, que subordinan las necesidades del pueblo ucraniano a sus propios intereses geopolíticos.

Protestas contra la Alianza

La cumbre estuvo rodeada por importantes medidas de seguridad y por movilizaciones de organizaciones pacifistas, sindicales, estudiantiles y de izquierda que denunciaron el rearme, el genocidio contra el pueblo palestino y el crecimiento del gasto militar mientras avanzan los ajustes sociales. La policía turca reprimió y detuvo manifestantes en distintos puntos de Ankara.

Un salto en la carrera armamentista

La cumbre confirmó que la OTAN entra en una nueva etapa. Lejos de mostrar una alianza homogénea, exhibe crecientes tensiones entre EE. UU. y Europa sobre el reparto de responsabilidades. Pero esas contradicciones no modifican su carácter esencial: todos los gobiernos presentes coincidieron en profundizar el rearme, fortalecer la industria militar y preparar nuevas confrontaciones internacionales.

La subordinación europea a las exigencias de Trump expresa, al mismo tiempo, el debilitamiento relativo del liderazgo estadounidense y la incapacidad de las burguesías europeas para construir una alternativa propia fuera del paraguas militar norteamericano.

Movilización unitaria, salida estratégica

Repudiamos a la cumbre, rechazamos a la OTAN y estamos por su disolución, por ser la principal alianza militar del imperialismo mundial, responsable de guerras, ocupaciones y agresiones contra los pueblos, exigimos el cierre de las bases militares extranjeras. Nos oponemos tanto al imperialismo encabezado por EE. UU. como a las demás potencias capitalistas imperialistas que disputan áreas de influencia, entre ellas China y Rusia.

Impulsamos la solidaridad internacional entre los trabajadores y los pueblos; defendemos el derecho del pueblo ucraniano a defenderse con todos los medios a su alcance y apoyamos a la resistencia frente a la invasión del imperialismo ruso con independencia política de Zelenski.

Frente a la carrera armamentística que conlleva gastos en más de 700 mil millones de dólares decimos ¡No a los gastos multimillonarios! que en los presupuestos estatales de los países de la UE implicarían recortes en sanidad, educación y otros rubros ¡Dinero para los presupuestos sociales, no para las guerras imperialistas!

Impulsamos la movilización internacional contra el genocidio en Palestina, las agresiones a Irán, Líbano, Venezuela, Cuba y contra todas las aventuras militares del imperialismo. Sólo la acción independiente de la clase trabajadora y la lucha por gobiernos de los trabajadores pueden abrir una salida de fondo frente a la barbarie capitalista y la guerra.

Por eso, el llamado de la Liga Internacional Socialista a la movilización y por una salida de fondo se sintetiza en las consignas: “No a la austeridad para las guerras imperialistas. Por gobiernos de los trabajadores. Por una Europa Socialista”.