Por Jaqueline Katherina Singh
El 25 de julio, poco antes de las 22:00, una camioneta arrolló a una de las marchas del Orgullo más grandes de Alemania, en la que participaban cientos de miles de personas. Una mujer murió a causa de sus heridas en el lugar. Otras veintinueve personas resultaron heridas, tres de ellas de gravedad crítica y ocho con heridas graves. La marcha del Orgullo fue suspendida posteriormente. Lo que queda es conmoción, dolor y miedo. Condenamos este atentado terrorista reaccionario perpetrado por un terrorista fundamentalista islamista. Expresamos toda nuestra solidaridad con las víctimas, sus amistades y sus familiares.
La violencia contra las diversidades está en aumento
Sin duda es doloroso que otro evento del Orgullo haya sido atacado y que personas hayan muerto y resultado heridas, pero no se trata de un hecho aislado. Recordamos a Malte C., en Münster, en 2022. Estaba al costado de la marcha del Christopher Street Day para proteger a personas que estaban siendo insultadas y amenazadas con expresiones de odio contra las diversidades. Fue golpeado y cayó al suelo; murió pocos días después a causa de las heridas sufridas. Cuando asistí por primera vez al CSD de Berlín, a los 16 años, sentí que volvía a casa. La música, los colores, la gente, la calidez, la sensación de seguridad, de poder ser simplemente quien soy. Ya sea haciendo mucho ruido o en silencio, con muchos colores o de otra manera… el Orgullo debería ser un espacio de diversión, de pertenencia y de seguridad. Pero esa sensación de seguridad desapareció hace mucho tiempo.
El ataque contra un evento del Orgullo es comparable al ataque contra el bar de shisha en Hanau en 2020, donde nueve personas fueron asesinadas por un terrorista racista de extrema derecha, y donde un lugar que para nosotros era un espacio seguro fue destruido deliberadamente. Esto genera una sensación de impotencia, dolor y duelo. Nos recuerda que muchas de nosotras y nosotros no podemos ser quienes queremos ser fuera de los clubes de la comunidad. Que nos autocensuramos para no llamar la atención y evitar sufrir violencia. ¿Puedo tomar de la mano a mi pareja aquí? ¿Puedo volver a casa vestido de esta manera? ¿Puedo decir que soy una persona trans? Aprendemos a vigilarnos constantemente. Nos volvemos más silenciosos, nos vestimos de otra manera y miramos dos veces por encima del hombro.
Los actos de violencia y los delitos de odio contra las diversidades se denuncian con una frecuencia cada vez mayor en Alemania. En la categoría de «orientación sexual», las autoridades registraron 148 delitos por motivos políticos en 2011; para 2024 esa cifra había aumentado a 1.765. El número de delitos violentos registrados también aumentó sostenidamente, pasando de 38 a 253. Además, desde 2022 los delitos en la categoría de «diversidad de género» se registran por separado: de 417 en 2022 a 1.152 en 2024.
Estas cifras representan únicamente los casos denunciados y no necesariamente se corresponden de manera directa con un aumento real. Una mayor conciencia pública, los cambios en los métodos de recopilación de datos y una mayor disposición a denunciar los hechos también desempeñan un papel. Al mismo tiempo, sin embargo, sigue existiendo una enorme cantidad de agresiones que nunca se denuncian.
Al mismo tiempo, la política anti-diversidad se vuelve cada vez más socialmente aceptable. La AfD incita al odio contra las diversidades, y en particular contra las personas trans. Y la presidenta del Bundestag, Julia Klöckner (CDU), también decidió sumarse a la guerra cultural al autorizar que la bandera arcoíris fuera izada en el Bundestag el 17 de mayo, pero explícitamente no para el CSD de Berlín. Ya entonces esto fue una señal preocupante, porque desde hace varios años las organizaciones fascistas como «III. Weg» («Tercer Camino») vienen impulsando contramovilizaciones, especialmente contra las marchas del Orgullo más pequeñas.
Por eso la pregunta —y no solamente desde el sábado— es: ¿cómo creamos espacios donde realmente estemos seguras y seguros?
¿Qué tipo de protección?
Uno de mis primeros pensamientos el sábado fue: por favor, que el autor del atentado no tenga origen migrante. No porque la violencia anti-diversidades fuera menos terrible dependiendo de quién la cometa, sino porque está claro lo que vendrá después: el debate sobre el origen, la religión y la situación migratoria del autor, junto con la exigencia de más policía, más vigilancia y más aislamiento. En consecuencia, la CDU de Berlín ya encontró su tema de campaña, y el sentimiento de preocupación no hace más que crecer cuando el ministro federal del Interior, Alexander Dobrindt (CSU), declara en la conferencia de prensa en Berlín: «Todo lo que vemos aquí indica que estamos ante un atentado terrorista islamista». Políticos de derecha, conservadores, liberales e incluso socialdemócratas están instrumentalizando este ataque criminal reaccionario para señalar a las personas inmigrantes y musulmanas como responsables e instigadoras de los ataques contra la comunidad.
Nuestro duelo no debe convertirse en un cheque en blanco para el racismo. Nuestro miedo no es un argumento para las deportaciones. Y nuestra seguridad no debe convertirse en un pretexto para aumentar la vigilancia y la presencia policial. Quienes quieren la liberación no pueden construirla sobre la privación de derechos de otras personas.
La seguridad de las diversidades no puede enfrentarse a la seguridad de otras personas. El racismo y el odio son distintas formas de opresión sistemática que están inseparablemente ligadas al sistema capitalista. Y eso también significa que debemos adoptar una posición clara contra el homonacionalismo y las políticas de «ley y orden».
El trato que recibió la marcha del Orgullo Internacionalista —que comenzó el 25 de junio a las 15:00 en Gesundbrunnen, Berlín— demuestra que la policía de Berlín no tiene reparos en atacar una manifestación con gas pimienta y golpes de puño. La protección sería otra cosa; las vidas diversas deben ser defendidas no solo cuando son atacadas físicamente. Nuestra salud, los espacios donde podamos vivir sin ser molestadas y molestados… nada de eso ha estado garantizado de manera universal hasta ahora y debemos luchar por conseguirlo:
- Debemos seguir siendo visibles: ¡Las campañas de sensibilización sobre la vida y las diversidadesen escuelas, universidades y lugares de trabajo deben ser organizadas por los sindicatos y las organizaciones diversas!
- Merecemos más: Pruebas gratuitas de infecciones de transmisión sexual (ITS) para todas las personas, ampliación de los proyectos de vivienda y salud para las diversidades; por la socialización y la reorganización de la vivienda. No a toda forma de discriminación contra las diversidades en los lugares de trabajo y en los espacios públicos.
- Responderemos luchando: Las marchas del Orgullo, los clubes, los centros juveniles y otros espacios diversos deben seguir siendo lugares donde podamos sentirnos seguras y seguros. Para lograrlo necesitamos una autodefensa masiva, organizada democráticamente, contra la violencia de la derecha y la violencia LGBTIQ+ odiante, apoyada por la comunidad, los sindicatos, la izquierda, los movimientos sociales y todas las personas que se oponen a esta violencia.
Resistencia
Me duele decirlo: el aumento de estos ataques está ocurriendo porque el clima social se vuelve cada vez más hostil. Los derechos conquistados tras décadas de lucha no pueden darse por sentados, y también pueden ser revertidos. Cuando la sociedad gira hacia la derecha, nuestra visibilidad, nuestros derechos y nuestra seguridad vuelven a convertirse en un objetivo.
Es precisamente aquí donde se hacen evidentes los límites de la liberación bajo el capitalismo: hemos luchado por crear espacios donde podamos vivir con mayor libertad. Pero no queremos islas de seguridad en una sociedad donde tengamos que aprender cuándo soltar una mano, cuándo hablar más bajo y cuándo es mejor no llamar la atención.
Decir esto no significa instrumentalizar a las víctimas. Para mí, recordar significa mucho más que evocar los nombres de quienes hemos perdido. También significa luchar por quienes todavía están aquí y por un futuro en el que nadie tenga que aprender a vivir con miedo.
Les debemos a las personas muertas algo más que el recuerdo. Y les debemos a quienes siguen con vida algo más que el miedo.
Llorémonos juntas y juntos. Pero no nos callemos; transformemos nuestra rabia, nuestro dolor, nuestra impotencia y nuestro sufrimiento en resistencia.







