Por Irfan Kahn

El creciente malestar entre la juventud india hace tiempo que ha traspasado los límites de las reivindicaciones de reforma educativa o los reclamos por las irregularidades en los exámenes. Se ha convertido en un profundo desafío para todo el orden social, económico y político del país. Jantar Mantar, en Nueva Delhi, que durante décadas ha sido el corazón simbólico de las manifestaciones, se convierte una vez más en el epicentro de un movimiento de resistencia a escala nacional. Esta vez, sin embargo, el movimiento no es encabezado únicamente por las organizaciones estudiantiles tradicionales. Surgió una nueva formación juvenil —el Partido Popular de las Cucarachas (Cockroach Janata Party)— como una poderosa expresión de la ira popular y está transformando drásticamente el panorama político.

Las manifestaciones alcanzaron proporciones masivas después de que el presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant, se refiriera a los jóvenes desempleados como «cucarachas». Finalmente, el 25 de julio, tras semanas de protestas, el ministro de Educación de la India, Dharmendra Pradhan, dimitió.

El movimiento puso de manifiesto que millones de jóvenes habían llegado a la conclusión de que su futuro había quedado a merced de un sistema de exámenes, una economía de mercado y un aparato estatal que no son ni transparentes ni justos, y que prestan poca atención a sus aspiraciones o a su esfuerzo. Las denuncias de fraude en los exámenes, las repetidas filtraciones de los exámenes, la incompetencia institucional y el aumento imparable del desempleo crearon un clima explosivo entre la juventud. Lo que comenzó como una serie de manifestaciones contra las irregularidades en los exámenes se convirtió rápidamente en un movimiento político más amplio, transformando Jantar Mantar en un símbolo nacional de resistencia contra un sistema fallido.

La crisis del capitalismo y el futuro de la juventud india

La clase dominante pretende reducir la crisis actual a cuestiones de incompetencia administrativa, corrupción o a los errores de un puñado de funcionarios. Sin embargo, en realidad, estos no son más que síntomas de la crisis estructural cada vez más grave del capitalismo indio.

La India cuenta con una de las poblaciones jóvenes más numerosas del mundo. Casi dos tercios de su población tienen menos de treinta y cinco años, mientras que cientos de millones se encuentran en el grupo de edad de entre 15 y 29 años. Sin embargo, el capitalismo se ha mostrado incapaz de proporcionar a esta enorme generación un empleo seguro, una educación de calidad o un futuro digno. El coste de la educación sigue disparándose, el empleo en el sector público se reduce de forma constante, la privatización y el empleo por contrato se están expandiendo, mientras que el capital empresarial busca maximizar los beneficios manteniendo a los jóvenes trabajadores atrapados en una inseguridad permanente y en empleos precarios.

El desempleo juvenil sigue siendo varias veces superior a la media nacional, y son los jóvenes con estudios los que más sufren los efectos de la crisis. Al mismo tiempo, más del noventa por ciento de la población activa de la India trabaja en el sector informal, donde prácticamente no existen el empleo estable, las pensiones, la seguridad social ni siquiera los derechos laborales más básicos. En tales condiciones, los exámenes públicos dejan de ser un mero hito educativo; para millones de jóvenes se convierten en una cuestión de supervivencia. Cuando las oportunidades de empleo son escasas y se pone en duda la integridad del propio sistema de exámenes, la indignación masiva no es una anomalía, sino una consecuencia inevitable.

El Gobierno de Modi y la creciente alienación de los jóvenes

Cuando Narendra Modi llegó al poder en 2014, prometió millones de puestos de trabajo, un rápido crecimiento económico y la creación de una «Nueva India». Más de una década después, la realidad ofrece un panorama muy diferente. Se han concedido concesiones cada vez mayores al capital empresarial, la privatización se ha acelerado, la inversión pública en educación y sanidad sigue siendo insuficiente, mientras que el desempleo, el trabajo precario y las perspectivas cada vez más limitadas se han convertido en rasgos definitorios de la vida cotidiana de millones de jóvenes.

Sin embargo, sería un error atribuir todos estos problemas exclusivamente al actual Gobierno. Sus raíces se encuentran en la propia estructura del capitalismo indio. No obstante, las políticas económicas y educativas aplicadas por el Gobierno de Modi han intensificado sin duda estas contradicciones y han agravado la crisis.

El movimiento también ha puesto en tela de juicio una de las estrategias políticas fundamentales del Gobierno de Modi. Durante la última década, la polarización comunal y la división religiosa se han utilizado repetidamente para desviar la atención pública de los acuciantes problemas sociales y económicos. Por el contrario, este movimiento ha situado el empleo, la educación, la transparencia en los exámenes y el futuro de toda una generación en el centro del debate político. Jóvenes de diferentes religiones, castas, comunidades lingüísticas y regiones se han unido en una plataforma común, demostrando que, cuando las contradicciones económicas y sociales se agudizan lo suficiente, amplios sectores de la juventud pueden superar las divisiones comunales y empezar a organizarse en torno a sus intereses de clase compartidos y sus aspiraciones sociales comunes.

El auge del Partido Janata de la Cucaracha

La lucha liderada por el activista medioambiental y defensor de la reforma educativa Sonam Wangchuk también dio al movimiento un nuevo impulso político y moral. Al iniciar una huelga de hambre en apoyo a las reivindicaciones de los estudiantes, Wangchuk contribuyó a transformar lo que en un principio parecía un asunto estudiantil en una causa popular más amplia. El Gobierno y el aparato estatal dieron por sentado que expulsar a los manifestantes del lugar de la concentración o someterlos a la represión debilitaría el movimiento. Sin embargo, ocurrió justo lo contrario. La represión contra Wangchuk llevó a miles de jóvenes más a las calles, lo que insufló nueva vida a las protestas y amplió significativamente su alcance social.

Una de las características más llamativas del movimiento fue su capacidad para convertir un insulto en un símbolo de resistencia. El Partido Cockroach Janata surgió como la expresión política de este desafío. Atrajo a miles de jóvenes que hasta entonces se habían mantenido al margen de los partidos políticos tradicionales, pero que se sentían profundamente frustrados por la represión estatal, el desempleo masivo y la persistente crisis de los exámenes.

La aparición de esta tendencia es significativa por varias razones. En primer lugar, dio a muchos jóvenes la confianza necesaria para forjarse una identidad política independiente, en lugar de limitarse a alinearse con los partidos establecidos. En segundo lugar, demostró cómo las redes sociales podían utilizarse no solo como una plataforma para expresar el descontento, sino como un instrumento eficaz de organización y movilización política. En tercer lugar, reflejó la creciente desilusión de una nueva generación con los partidos tradicionales de la clase dominante. Sin embargo, al mismo tiempo, ninguna fuerza que siga comprometida con la preservación del orden capitalista existente ha logrado presentarse como una alternativa genuina.

A pesar de su retórica militante, el Partido Cockroach Janata también sigue confinado dentro de los límites del sistema vigente. Su programa se ha limitado en gran medida a exigir reformas en los exámenes, una mayor rendición de cuentas, transparencia y un cambio de gobierno. Aunque se trata de reivindicaciones democráticas legítimas e importantes, no abordan las contradicciones fundamentales de la economía capitalista que están en el origen de la crisis actual.

La dimisión de un ministro del BJP

La dimisión de un ministro del BJP supone, sin duda, un logro importante para el movimiento, pero no marca el final de la lucha. No se puede encontrar ninguna solución duradera para los jóvenes ni para las masas trabajadoras dentro del marco del sistema actual. La oleada de causas penales abiertas contra líderes estudiantiles, las detenciones de activistas y la continuación de la represión estatal tras las manifestaciones demuestran claramente que la lucha no puede reducirse a la dimisión de un solo ministro o a la destitución de una sola persona de su cargo.

El verdadero problema no es simplemente un gobierno, sino las políticas capitalistas que el Gobierno de Modi sigue aplicando en beneficio de las grandes empresas. Por esta razón, el actual movimiento juvenil debe convertirse en un movimiento anticapitalista más amplio, vinculando su lucha a la de los trabajadores, los campesinos, las mujeres, los dalits, los adivasis, las minorías religiosas y todos los demás sectores oprimidos de la sociedad.

El papel de las organizaciones estudiantiles de izquierdas

Las organizaciones estudiantiles de izquierdas desempeñaron un papel significativo en este movimiento. Sus miembros no solo participaron activamente en las manifestaciones, sino que también ayudaron a organizarlas y a mantenerlas. Destacaron especialmente la Federación de Estudiantes de la India (SFI) y la Asociación de Estudiantes de Toda la India (AISA), afiliada al Partido Comunista de la India Marxista-Leninista de Liberación (CPI(ML)L), que movilizaron conjuntamente a un gran número de estudiantes en todo el país. Entre los líderes emergentes del movimiento, Neha Bora, de la AISA, adquirió una notoriedad considerable.

No obstante, también quedaron patentes las limitaciones políticas de la dirección. Aunque los líderes de la AISA criticaron duramente tanto al Gobierno de Modi como al sistema capitalista, su estrategia política les llevó, en última instancia, a apoyar a Rahul Gandhi y al Partido del Congreso, que sigue siendo un partido de la clase capitalista india comprometido con la preservación del orden social existente. Según esta perspectiva, el problema fundamental radica principalmente en el Gobierno de Modi, mientras que la aplicación de la Constitución y la elección de un Gobierno diferente se presentan como soluciones suficientes.

Esto pone de manifiesto una de las principales debilidades de gran parte de la izquierda india. En lugar de intentar transformar un movimiento de masas en una lucha contra el propio sistema capitalista, tiende a subordinar dichos movimientos a la política parlamentaria y a las alianzas electorales. En nombre de la defensa del laicismo, las luchas de masas se canalizan repetidamente hacia el Partido del Congreso. Como resultado, a pesar de su valentía, dedicación y sacrificios, las organizaciones estudiantiles de izquierda suelen convertirse en rehenes de esta estrategia política.

El movimiento juvenil y la clase obrera

Una de las características más significativas de este movimiento ha sido su capacidad para involucrar en la lucha a amplios sectores de la clase media urbana. Décadas de políticas neoliberales han socavado profundamente la creencia de que la educación y el trabajo duro por sí solos pueden garantizar un futuro mejor. El aumento del desempleo, la reducción del empleo en el sector público, los repetidos escándalos en los exámenes, la privatización y el coste cada vez mayor de la educación han hecho añicos las aspiraciones de millones de familias de clase media. Los padres que habían invertido los ahorros de toda su vida en la educación de sus hijos se vieron de repente ante la posibilidad de que, si el propio sistema de exámenes se volvía corrupto y poco fiable, todos sus sacrificios pudieran quedar reducidos a la nada. Por esta razón, los lugares de protesta no solo estaban ocupados por estudiantes, sino también por padres, profesores y otros sectores de la clase media urbana. Su creciente descontento es, en sí mismo, una manifestación de la crisis más amplia del capitalismo.

La mayor fortaleza del movimiento reside en la determinación, el valor y el despertar político de la juventud. Sin embargo, su principal debilidad es que su base social sigue concentrándose en gran medida entre los estudiantes, los jóvenes con estudios y algunos sectores de la clase media urbana. El Estado capitalista no abandona sus políticas fundamentales simplemente por unas manifestaciones o por la dimisión de algún ministro. Su poder real no reside únicamente en el Parlamento, sino en el dominio económico de la clase capitalista y en las instituciones que defienden su dominio: la burocracia, el poder judicial, la policía y todo el aparato de represión estatal.

Por esta razón, es imprescindible que la rebelión de la juventud se fusione con el poder organizado de la clase trabajadora. Más de 500 millones de trabajadores están empleados en las industrias, la construcción, el transporte, los servicios, la agricultura y otros sectores de la India, mientras que millones de campesinos y jornaleros agrícolas también soportan la carga de la crisis económica, la privatización y los implacables ataques de las grandes empresas. Es la clase trabajadora la que produce la riqueza de la sociedad y mantiene en funcionamiento toda la economía. Si su fuerza organizada se une a las luchas de la juventud a través de huelgas y movilizaciones masivas, podrá desafiar no solo a un gobierno concreto, sino al propio sistema capitalista.

La experiencia de los últimos años ya ha demostrado este potencial. El histórico movimiento campesino y las huelgas generales a nivel nacional movilizaron a decenas de millones de trabajadores y campesinos, lo que obligó al Gobierno a dar marcha atrás en cuestiones fundamentales. El movimiento estudiantil y juvenil solo alcanzará todo su potencial revolucionario cuando se vincule orgánicamente al poder colectivo de la clase obrera.

Una estrategia socialista revolucionaria

Dentro de la izquierda, una corriente celebra cada victoria del movimiento como si fuera el triunfo definitivo y rechaza cualquier crítica a sus limitaciones políticas. En la práctica, esto la lleva a apoyar a partidos burgueses como el Partido del Congreso. Otra corriente descarta por completo el movimiento porque sus actuales dirigentes siguen confiando en el sistema capitalista.

La posición socialista revolucionaria rechaza estas dos falsas alternativas.

Este movimiento ya ha demostrado que Narendra Modi —a quien durante mucho tiempo se ha presentado como políticamente invencible— puede verse obligado a ponerse a la defensiva bajo la presión de la lucha de masas. También ha puesto de manifiesto que el Gobierno de Modi no será derrotado principalmente mediante maniobras parlamentarias, sino a través de la acción de masas organizada en las calles, las universidades, las fábricas, los campos y los barrios obreros.

Por ese motivo, la responsabilidad de las organizaciones estudiantiles de izquierda y de los socialistas revolucionarios no consiste simplemente en seguir a los actuales líderes del movimiento. Su tarea es luchar desde dentro del movimiento por un programa de clase independiente que vincule las reivindicaciones democráticas inmediatas de la juventud con la lucha más amplia por el derrocamiento del capitalismo.

Dicho programa debería promover las siguientes reivindicaciones fundamentales:

  • La puesta en libertad inmediata de todos los estudiantes, activistas y presos políticos detenidos.
  • La retirada de todos los cargos por motivos políticos y el fin de la represión estatal.
  • El sistema de exámenes debería estar sometido a un control público democrático, en lugar de externalizarse a empresas privadas.
  • La garantía de un empleo digno o de prestaciones por desempleo para todos los jóvenes cuando abandonen el sistema educativo.
  • Un aumento sustancial del gasto público en educación y sanidad, junto con el fin de su privatización.
  • La abolición del sistema de trabajo por contrato, un empleo fijo y seguro, y la igualdad salarial por un trabajo de igual valor.
  • La nacionalización de las grandes empresas, los bancos y las industrias clave bajo el control democrático de la clase trabajadora.
  • La creación de comités de acción conjunta formados por estudiantes, trabajadores, campesinos, mujeres, dalits, adivasis y minorías religiosas para impulsar la lucha con vistas a una huelga general a nivel nacional y al establecimiento de un gobierno obrero.

Solo así podrá el movimiento de Jantar Mantar ir más allá de una campaña a favor de la reforma de los exámenes o de la dimisión de un único ministro. Tiene el potencial de convertirse en la base de una amplia lucha revolucionaria contra el propio sistema capitalista. El reto consiste en transformar las protestas actuales en un movimiento revolucionario permanente. Para ello, sin embargo, es necesario construir en la India un partido revolucionario capaz de transformar la ira y la frustración de las masas en una lucha consciente por la revolución socialista.