1. Marina, el mundo está mirando la Plaza del Sol y el movimiento que no para de crecer en tú país. ¿Nos cuentas el origen del proceso, las causas estructurales?

Marina Mata. Obviamente lo ha ocurrido en el Estado español en estas dos semanas no sale de un cielo azul. Hay un material inflamable acumulado en los cimientos de la sociedad extraordinario. Toda la rabia por el avance de la extrema derecha, por la carestía de la vida, la precariedad, los salarios miserables, por la degradación insoportable de los servicios públicos y de nuestros barrios, por las decenas de miles de desahucios ejecutados, y por el robo a mano armada que sufrimos de los caseros, de los fondos buitres y los bancos, ha estallado con una fuerza colosal. Y la juventud trabajadora está jugando un papel decisivo en el impulso de la lucha.

El brutal desahucio a Maricarmen, una vecina de más de ochenta años que pagaba su alquiler desde hace más de cincuenta, y la violencia policial con la que se llevó a cabo, el desprecio de la presidenta trumpista de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y del PP y Vox —serviles mayordomos de la oligarquía—, la orgía fascista que hemos vivido durante semanas de españolismo racista y criminalización de los migrantes en Ceuta, y la actitud lamentable de este Gobierno “progresista”, incapaz de llevar a cabo políticas de  izquierda contundentes para responder a las aspiraciones de la clase obrera y la juventud, se han convertido en su contrario, actuando de catalizador de una furia que ha dejado a todos los actores políticos con la boca abierta.

Estamos ante una rebelión de una envergadura difícil de evaluar que señala directamente al capitalismo y a sus partidos. Desde que el PSOE se instaló en La Moncloa en 2018, el dominio de los especuladores sobre el mercado inmobiliario se ha hecho apabullante. El precio de la vivienda ha escalado un 100%, pero el de los alquileres, en muchas ciudades, supera el 200%.

 ¿Qué significa esto? Un trasvase fabuloso de plusvalía obrera al capital financiero, que compran bloques enteros de pisos y se hacen con muchos edificios de vivienda social que les han entregado en bandeja numerosos ayuntamientos como el de Madrid. Millones de jóvenes trabajadores no pueden acceder a una casa digna y asequible, y cientos de miles de familias se ven condenadas a sufrir subidas brutales del precio de sus alquileres, o ser desahuciadas. Cada año se ejecutan más de 25.000 desahucios en el estado español, y esto ocurre bajo un “Gobierno progresista”. En el mismo lapso de tiempo los salarios reales, descontando la inflación, han retrocedido espectacularmente y las condiciones laborales han empeorado.

Sectores importantes de las capas medias están enriqueciéndose con la especulación inmobiliaria y la reconversión masiva de viviendas residenciales en otras de uso turístico. Es una inversión que les hace de oro en pocos años, y por eso también los fondos internacionales y la banca apuestan por estas elevadas rentabilidades movilizando decenas de miles de millones de euros. De esta manera se produce un saqueo del salario que no tiene precedentes, y un empobrecimiento masivo de la juventud y capas muy amplias de la clase trabajadora, en medio de un “auge” de la economía española.

2. Todo parece indicar que el proceso evoluciona de menor a mayor y que acaba de pegar un salto de calidad este fin de semana, ¿Es así? ¿Por qué?

MM. Así es. Las manifestaciones del viernes 2 y del sábado 3 de octubre han sido históricas. Mucho más de un millón de personas en las calles, en Bilbo, Gasteiz, Zaragoza, Valencia, Málaga, Sevilla, Granada, A Coruña, Vigo y hasta en 50 ciudades más, a lo que hay que sumar los más de 200.000 que salieron en Barcelona el lunes 5 de octubre.

En Madrid donde la manifestación superó todas las expectativas. Cuatro grandes columnas de cada uno de los puntos cardinales de la ciudad para confluir en la plaza de Cibeles, frente al Ayuntamiento de Madrid, en una de las mayores manifestaciones que se recuerden, con mucho más de medio millón de personas.

Un factor que animó la masividad de estas movilizaciones fue la votación del día anterior en el Congreso de los dos decretos de vivienda, tumbados por las fuerzas de la derecha, fieles guardianes de los intereses de sus amos capitalistas.

Como hemos explicado, los decretos del PSOE y Sumar son el fruto de nuestra lucha y de esta explosión social arrolladora, pero muy insuficientes y con un objetivo evidente: intentar desactivar la movilización sin apenas arañar el poder de los rentistas. Pero también es importante señalar que, para el PP, Vox y Junts la votación en el Congreso era una oportunidad de infligir una nueva derrota a un Pedro Sánchez ya muy debilitado y, sobre todo, de lanzar un desafío a las calles, de escupir a la cara a la acampada de Sol, a todas las acampadas y a los cientos de miles que participan o muestran su apoyo activo a la lucha por una vivienda digna.

La derecha y la clase dominante entendieron que la aprobación incluso del primero de los decretos, que es fundamentalmente un parche, sería visto como una victoria de la movilización. Por eso tenían que hacerlo caer. Querían darnos un golpe, sembrar el desánimo, pero les ha salido el tiro por la culata.

Las manifestaciones demostraron que, lejos de rendirse o desanimarse, el movimiento ha dado un gigantesco paso adelante. La determinación de mantener las acampadas al grito de “¡No nos vamos, nos quedamos!” y la exigencia de la convocatoria ¡ya! de una huelga general es unánime. El derecho a la vivienda se ha convertido en el eje central de la lucha de clases, y para vencer hay que parar los centros de trabajo, de estudio, el transporte, toda la actividad económica y mantener las calles ocupadas.

En Madrid, Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes participamos en la columna Sur organizando un enorme bloque que agrupó a miles de personas, en su gran mayoría jóvenes y trabajadores de los barrios más obreros. Por supuesto, la consigna de huelga general ocupó el lugar preeminente en nuestras pancartas, pero aprovechamos la atención de miles de manifestantes para plantear un punto fundamental de nuestro programa: la expropiación de los rentistas para crear un parque público de millones de viviendas para la clase trabajadora.

Esta es una idea que cala cada vez más y que abre camino para que las ideas del socialismo, el programa revolucionario de expropiación general de los medios de producción, del sistema financiero y de la propiedad capitalista, avancen en la conciencia de miles de jóvenes y de trabajadoras y trabajadores de cualquier edad.

Finalizada la manifestación madrileña, miles de personas volvimos a Sol a debatir sobre los grandes acontecimientos de la mañana y a prepararnos para hacer frente a la concentración fascista convocada en la calle de Alcalá, a poca distancia de la acampada. Varios grupos fascistas llevaban días amenazando en las redes sociales con desalojarnos de Sol violentamente, y finalmente el sábado concretaron su amenaza y le pusieron hora, las siete de la tarde.

Como hemos hecho en los últimos días, a las seis de la tarde convocamos una asamblea abierta de Izquierda Revolucionaria en Sol con cientos de activistas.  Hicimos un breve balance de lo que significaba la manifestación que acabábamos de realizar y recalcamos la fuerza extraordinaria que en apenas una semana hemos demostrado.

Explicamos también lo que, en momentos como estos de crisis profunda del sistema capitalista y de ascenso de la lucha de clases, significa el fascismo. La asamblea se convirtió así en una gran concentración antifascista, con miles de jóvenes dispuestos a levantar un muro de firmeza y dignidad obrera contra las bandas nazis.

3. ¿Estamos frente al ascenso masivo más importante desde el fenómeno de Indignados? ¿Qué puntos de contacto y diferencias existen entre los dos movimientos?

MM. La correlación de fuerzas se ha transformado gracias a la acción directa y la autoorganización desde abajo, impulsada por decenas de miles de jóvenes y activistas que han desbordado a los aparatos burocráticos de la izquierda gubernamental, política y sindical, y que han sacado muchas conclusiones de las luchas pasadas, especialmente del gran movimiento contra el genocidio sionista, y también de la experiencia frustrante de estos “Gobiernos progresistas”.

La lucha actual, protagonizada por una nueva generación, también representa un paso de gigante respecto al 15M de 2011. Los prejuicios antipolíticos han desaparecido de plazas y manifestaciones, que se han llenado de banderas rojas y de un componente clasista nítido, con consignas anticapitalistas claras, y que ha hecho de la expropiación de los rentistas y la huelga general su programa inmediato.

Esto es verdaderamente relevante. El avance en la conciencia entre amplias secciones de la juventud, que abrazan con entusiasmo las ideas del socialismo y quieren organizarse, es extraordinario. El mantra de que solo en el Parlamento se cambian las cosas, y no en la calle, ha quedado completamente desmentido en estas jornadas.

Una actitud que viene acompañada de otro elemento que conecta, y de qué manera, con signos que han estado muy presentes en la lucha contra el genocidio al pueblo palestino, en la rebelión docente de Catalunya y el País Valencià, o en las huelgas obreras del metal de Cádiz y de Airbus: la determinación de emprender el combate hasta el final, de confiar exclusivamente en nuestras propias fuerzas y en nuestra capacidad de organización, y de reestablecer las tradiciones de nuestra clase, democráticas y asamblearias.

4. ¿Qué debates hay en el movimiento y la acampada del Sol?

MM. La actitud arrojada y valiente del Sindicato de Inquilinas poniendo el cuerpo durante el desahucio de Maricarmen, enfrentando la brutalidad policial y llamando a la movilización del sábado 26, le ha granjeado un enorme apoyo y autoridad entre decenas de miles, lo que es un hecho absolutamente positivo.

Este cauce ha sido fundamental para que muchas contradicciones derivadas de años de bonanza económica para una minoría, y empobrecimiento para los trabajadores y la juventud, hayan subido a la superficie con esta fuerza arrolladora, y en pocos días nos encontremos ante una explosión social de este calado.

Y es que estamos ante una explosión social, ante un movimiento de masas colosal, que ha forzado a los aparatos de los grandes sindicatos, CCOO y UGT, a anunciar la huelga general de 24 horas el mismo día que Sánchez disolvía las Cortes y convocaba a elecciones generales el 29 de noviembre.

Se puede entender el terremoto político que hemos desencadenado, como decíamos anteriormente.

En la acampada de Sol hemos tenido intensos debates, especialmente con aquellas organizaciones que han querido levantarla cuanto antes, y que obviamente no han conectado con el sentir mayoritario.

Desde Izquierda Revolucionaria entendemos que cuando hablamos de un movimiento de masas de esta envergadura, y no de una manifestación de miles o decenas de miles, el papel de la dirección no es secundario. Es crucial. De su actitud depende, en un grado decisivo, llevarlo a la victoria o generar una enorme frustración.

En la primera manifestación de más de 300.000 personas del sábado 26 intervenimos con grandes cortejos de IR y con pancartas gigantes con tres consignas centrales: ¡Expropiación de los rentistas!, ¡Por la vivienda digna pública y universal para la clase trabajadora!, ¡Huelga general para lograrlo!

El recibimiento a estas ideas que plasmamos en miles de hojas que distribuimos, fue de entusiasmo. Un entusiasmo desbordante.

¿Qué quiere decir esto? Que cientos de cientos de miles de personas, especialmente los jóvenes que son el motor de esta batalla tienen claro que hay que tomar medidas drásticas y emplear métodos de lucha que involucren activamente a la clase obrera. Que hay que paralizar el país, la producción, los transportes, los sectores públicos… para que podamos golpear donde más le duele a la burguesía y donde más fuerte somos, porque sin nuestro permiso no se mueve un tornillo.

La idea de la huelga general ha cautivado la conciencia de secciones muy amplias de los trabajadores, porque les implica directamente: son sus hijos e hijas los que están privados de vivienda, a los que se les ha arrebatado la posibilidad de independencia familiar, y miles de familias tienen que hacer frente a alquileres imposibles de pagar y a la amenaza de los desahucios.

Si este es el ambiente, una dirección a la altura de las circunstancias tiene no solo que escuchar al movimiento, tiene que proporcionar una hoja de ruta que sea capaz de ampliar sus fuerzas y lograr una presión excepcional para que las burocracias sindicales se vean obligadas a romper con su estrategia de paz social y den el paso de convocar efectivamente esta huelga.

Por estas razones es muy importante no plantear tácticas que dispersan nuestras fuerzas, que las empequeñecen, que las dividen, justamente en un momento tan decisivo, donde la voluntad de lucha ha quedado probada más que de sobra.

No tiene ningún sentido levantar la acampada de Sol, ni en ningún otro sitio, y mucho menos defender que se debe levantar para “ir a los barrios a realizar trabajo de base” y no “romantizar las tiendas de campaña”. Contraponer el “trabajo de base” a la fuerza real que proporciona al movimiento tener más de 1.350 tiendas de campaña en el centro neurálgico de Madrid, al que todos los días acuden decenas de miles de jóvenes y trabajadores, carece completamente de sentido.

Abandonar las posiciones que hemos conquistado, teniendo en cuenta que las manifestaciones de este fin de semana serían multitudinarias en todo el Estado, era conceder una tregua a nuestros adversarios y darles un balón de oxígeno.

En el fondo, la esencia de estas posiciones que hemos escuchado defender a algunas organizaciones estos días en Sol y en otras acampadas, es el profundo recelo hacia el movimiento de masas, y su alejamiento del marxismo revolucionario.

Nuestra estrategia, y nuestras consignas tácticas, han sido reivindicadas por los acontecimientos. La huelga general es ya una realidad, y la lucha de clases en el Estado español está ahora mismo al rojo vivo.

5. ¿Cuál es la perspectiva del gobierno del PSOE a partir de los decretos rechazados en el Parlamento y la dinámica más probable a partir del llamado a elecciones?

MM. El Gobierno de Sánchez se ha visto completamente sorprendido por el alcance y las dimensiones de esta rebelión. Estaba completamente desubicado, a merced de la ofensiva de la extrema derecha después de su posición lamentable en Ceuta, calificando los acontecimientos como una “violación de la integridad territorial”, es decir considerándola una invasión como claman PP y Vox.

Intentaron maniobrar para apoyarse en la lucha de masas y conectar con el sentimiento general, presentando estos dos decretos, que trocearon conscientemente para asegurarse el apoyo al primero de ellos desde el PNV y Junts, la derecha nacionalista de Euskal Herria y de Catalunya. Pero como hemos comentado la jugada les salió mal, y Junts finalmente votó en contra.

Todo ese escenario incendió la calle, y provocó que las manifestaciones de este fin de semana pasado fueran aún más multitudinarias, pero sobre todo dejó claro que la legislatura ya no tenía sentido. Con un Gobierno derrotado en un asunto crucial era el momento para Sánchez de aprovechar el contexto y llamar a elecciones, movilizando su base electoral con una campaña centrada en el derecho a la vivienda.

La presión es tan fuerte que los sindicatos también han anunciado la convocatoria de la huelga general, y esto creará el escenario de una campaña electoral marcada por la lucha de masas a una escala extraordinaria. Es significativo, porque es un escenario inédito en Europa, en el sentido de que un partido socialdemócrata, y las burocracias sindicales, se hayan visto obligadas a tomar estas decisiones, que aunque reflejan el oportunismo de sus cúpulas, demuestran que es insostenible mantener la paz social que tanto han alentado.

De esta manera se abre una oportunidad para que la derecha pudiera ver frustrado su triunfo, algo que todas las encuestas daban por sentado hace pocos días. Por supuesto esta no es la única posibilidad. La lucha de clases se expresa de manera diferente según los escenarios, y en el terreno electoral la derecha y la extrema derecha están muy movilizadas, y todo ese polvo social que constituye su base va a ir a en masa a las urnas.

Pero la preocupación del PP y Vox es evidente. En estos momentos están planteando públicamente que el PSOE puede organizar un pucherazo electoral y que la gente no vote por correo, siguiendo el modelo de Trump en EEUU. José María Aznar, ex presidente del Gobierno con el PP, ha afirmado que la izquierda quiere una guerra civil.

La movilización en las calles se traducirá en las urnas, por supuesto. Millones son muy conscientes de que una vitoria de la extrema derecha será una declaración de guerra. Pero incluso si este triunfo se produjera, en este contexto de ascenso brutal de la lucha de clases, la burguesía se enfrentará a un escenario de pesadilla. La fuerza de la clase obrera y la juventud está muy viva, hay confianza, hay determinación, hay mucho aprendizaje de las experiencias pasadas. Esto no se evaporará después de las elecciones sea el resultado que sea, porque hunde sus causas en la crisis del capitalismo español y mundial. Por tanto, nos preparamos para acontecimientos fundamentales, y que abren una oportunidad extraordinaria para construir nuestras fuerzas.