Por Guillermo Pacagnini

En esta compleja coyuntura, ¿qué tareas y estrategia tenemos que abordar desde el FIT Unidad para construir la alternativa que se necesita? Se trata de un debate fundamental que tenemos que seguir desarrollando hacia el activismo de izquierda y combativo. 

En esta coyuntura donde Milei se ha propuesto avanzar con su plan estratégico antiderechos, la izquierda revolucionaria y los luchadores tenemos dos desafíos fundamentales a la hora de darle respuesta a miles de activistas que se preguntan cómo organizarse para derrotarlo y qué pasos dar. 

Un desafío tiene que ver sin dudas con impulsar la mayor unidad en la acción para movilizar, apoyar los conflictos y unir las luchas rompiendo el cerco de las burocracias sindicales y avanzando en la coordinación de organismos y sectores en lucha y el reagrupamiento de los sectores combativos. 

Pero la otra tarea, más estratégica y fundamental para que la anterior se desarrolle, tiene que ver con la alternativa política a construir. Ya que la crisis capitalista y los cambios hacia la derecha en los regímenes y gobiernos plantean cada vez más límites a las peleas sindicales y sociales, reduciendo los márgenes para sostener los logros. Sin cambios de fondo, sin medidas anticapitalistas es imposible que se consoliden las conquistas sociales.Y para lograr estos cambios se necesita una alternativa para plantearnos de una vez por todas superar la falsa opción entre las variantes más conservadoras y los falsos progresismos que han fracasado una y mil veces y terminaron abriéndole las puertas a estas variantes de derecha. Como sucedió con las coaliciones vertebradas alrededor del peronismo que fracasaron y facilitaron la llegada de Macri primero y ahora de Milei. 

El terreno ganado por el FITU en particular es la expresión más cabal de que miles empiezan a buscar algo distinto y del espacio a izquierda generado por fuera de las opciones tradicionales. Pero que no está organizado y ha quedado limitado al terreno electoral y testimonial. Y debe y puede crecer más aún a condición de que se produzca un cambio de orientación. 

Hemos hecho muchas propuestas para postular, ampliar y potenciar al FIT Unidad, para organizar la corriente de simpatía electoral y también en los procesos de lucha que hay alrededor del frente y avanzar en un reagrupamiento de la izquierda que tenga vocación de disputar poder. Sin embargo no hubo respuestas por parte de las demás fuerzas. El PO e IS priorizan y persisten en una visión sindicalera y conservadora. Con el PTS, en los últimos meses, hemos abierto una discusión sobre las posiciones públicas que hemos planteado y sobre la que necesitamos avanzar y profundizar. Nuestra propuesta de partido unificado de la izquierda con tendencias, el planteo de PT y otros que puedan surgir, están en debate. Los ataques de Milei y la crisis del peronismo, acrecientan la necesidad y urgencia de abordar este dilema. 

El peronismo en su laberinto 

La crisis histórica y estructural del peronismo está en una nueva fase, de carácter senil. Se han agudizado las disputas internas y la fragmentación en diferentes facciones que no difieren esencialmente por sus visiones estratégicas, ya que todas ellas han girado a la derecha, lejos de sus tres banderas históricas y profesan un culto indisimulado a un capitalismo barnizado de supuestas bondades que no existe en la realidad. Sus diferentes vertientes expresan cada vez más un proceso de descomposición y decadencia. 

Esa crisis impacta sin dudas sobre importantes sectores de sus bases obreras y populares, que decepcionadas, y con signos de desmoralización al no encontrar ni respuestas programáticas ni de lucha, vacían sus espacios y buscan salidas hacia la izquierda. Se genera así mayor receptividad para nuestras propuestas, para el programa del FITU que ofrece una salida a la crisis. El tema es que esa propuesta se concrete en una alternativa más potente y visible con una orientación que se plantee organizar a esos miles, que sea un canal democrático de lucha y transformación real. La oportunidad la tiene el FITU pero lamentablemente no se está aprovechando en su magnitud y de eso estamos discutiendo. 

La decepción con el peronismo que nunca se propuso derrotar al gobierno de Milei, fracasó en sus promesas de “frenarlo” electoralmente, y ahora tiene hasta sectores que colaboran abiertamente con la gobernabilidad desde el parlamento, apoyan leyes o negocian desde la CGT la reforma laboral, va a crecer. En esta estrategia política, más allá de las diferencias discursivas y de estilo, coinciden tanto el gobernador Kicillof, que ha relanzado su movimiento para disputar hacia las próximas presidenciales, como el ala de Cristina Kirchner, que maneja parte del aparato pero está debilitada y en prisión domiciliaria. También existe el sector de Massa, ala derecha del peronismo y Juan Grabois, que desde su fuerza Patria Grande, integra el frente electoral con el peronismo con un discurso más progresista para tratar de contener las fugas por izquierda. Por eso cada tanto polemiza con el Frente de Izquierda para intentar debilitarlo. Son conscientes de este proceso. 

De todo esto se desprende una importante oportunidad y necesidad para el FIT Unidad como venimos planteando, en la medida que podamos golpear fuerte con la necesidad política de hacer algo grande y diferente desde la izquierda, convocando a la base trabajadora peronista a dejar esa experiencia fallida. En la medida que la situación de luchas y la bronca con Milei vuelvan a radicalizarse y pegar un salto, se va a agudizar por abajo todo este debate y la necesidad de contar con un fuerte polo de izquierda que dispute en serio. 

Un espacio importante pero insuficiente 

En Argentina la izquierda revolucionaria tiene tradición e inserción entre los trabajadores, el activismo de los procesos de lucha y también una franja conquistada en el terreno político-electoral. Y se logró desde el Argentinazo de 2001, la izquierda ha crecido en los procesos sociales, sindicales y de la lucha de clases. Y la unidad electoral en el Frente de Izquierda – Unidad, ha sido un avance, consolidó un espacio, pero con el problema político de quedar limitado exclusivamente a ese terreno electoral. 

Hoy a la izquierda del peronismo sigue apareciendo el Frente de Izquierda como el principal espacio político que puede capitalizar, al menos en parte, el descontento con el gobierno. En las recientes elecciones obtuvimos el 4% de los votos nacionales (alrededor de 1 millón) y tres diputados nacionales, de los cuales el MST es parte. Por fuera de la polarización inducida entre las fuerzas del régimen, nuestro frente ha sido tercera fuerza electoral en distritos claves como la Provincia de Buenos Aires y CABA, la capital del país. Teniendo desde hace años diputados nacionales y provinciales, más una referencia y un espacio ganado en la superestructura política. 

Lamentablemente, hay grandes límites y un estancamiento al sostener un nivel de votación pero sin dar saltos hacia adelante, que tienen que ver no solo con razones objetivas relacionadas con el peso relativo del peronismo o por los vaivenes coyunturales de la lucha de clases, sino por las concepciones y estrategias de las tres fuerzas que, junto al MST, conforman el Frente de Izquierda: el PTS, el PO e IS. Estos límites han hecho que no se aproveche el peso superestructural del FIT Unidad para impulsar tácticas de frente único y unidad de acción para amplificar la movilización para enfrentar al gobierno, fomentar el desarrollo de los procesos políticos y de la lucha de clases y de las nuevas direcciones sindicales, donde las fuerzas terminan interviniendo por separado y muchas veces con políticas opuestas por el vértice. Muchas veces, el modelo de ser solo un frente electoral, termina transformándose en un obstáculo para el avance de procesos de organización combativa y para la organización política de miles en sindicatos, lugares de estudio y barriadas populares. El FIT-U como modelo electoral, nunca pudo pegar un salto cualitativo en influencia o como alternativa sobre franjas de masas, al no tener una estrategia adecuada ni vocación para la disputa por el poder político, organizando y apoyando en común la movilización de millones. 

¿Qué hacemos desde el FIT Unidad? 

Desde el MST venimos impulsando, desde hace años, diversas propuestas para fortalecer al FIT Unidad: plenarios y asambleas abiertas, mecanismos democráticos de decisión que incorporen a sectores no pertenecientes a los partidos u otros grupos pero que adhieren al programa. Estas iniciativas no se limitan al interior del frente, sino que buscan dialogar con trabajadores, activismo antiburocrático, juventud que apoya a la izquierda, intelectuales y referentes sociales, socioambientales, de derechos humanos y otros sectores. 

El Frente de Izquierda tiene la responsabilidad de asumir plenamente el lugar que ocupa, avanzar a la ofensiva y superar los límites autoimpuestos y las visiones políticas que lo restringen desde adentro. Venimos polemizando con concepciones y estrategias equivocadas de otras fuerzas del frente que, desde una mirada escéptica sobre las posibilidades de la izquierda revolucionaria, despliegan políticas que oscilan entre el sectarismo y el oportunismo, dos caras de la misma moneda. A ello se suman prácticas electoralistas y hegemonistas que obstaculizan la capacidad del FIT Unidad de atraer activismo y nuevas franjas. 

Lamentablemente hay muchos hechos para ejemplificar. El más grotesco fue el del 24 de marzo pasado, cuando PTS, PO e IS dieron la espalda a un proceso de masas que reclamaba una movilización unitaria contra Milei, prefiriendo dividir y organizar una acción pequeña y marginal. En contraste, nuestro partido, en unidad con organismos de derechos humanos y movimientos sociales del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, impulsó la acción conjunta de todos los organismos, logrando un acto masivo y evitando que el peronismo impusiera criterios en función de sus intereses electorales. Otro caso fue el conflicto del Hospital Garrahan, donde el PO adoptó posiciones que dividieron la dirección del conflicto y se opuso a la coordinación amplia lograda desde el Cabildo Abierto y la APyT. En ambos escenarios, el FITU quedó sin un papel positivo. Estas políticas equivocadas se repiten en el movimiento obrero, en los procesos de mujeres y disidencias, en la juventud y en los barrios, contribuyendo al estancamiento electoral del frente. 

Más recientemente, ante la movilización contra la reforma laboral, la política aparatista y sindicalista del PO e IS volvió a impedir que el FITU jugara un rol articulador. La falta de discusión colectiva sobre los procesos en los que intervenimos, para elaborar una política común superadora, es negada sistemáticamente por las distintas fuerzas. Nuestra insistencia ha caído en saco roto, aunque las pocas veces que logramos coordinar, como en las movilizaciones contra el FMI o las primeras acciones contra la ley bases de Milei, los resultados fueron positivos, aunque efímeros. Sin embargo, en conflictos obreros como el SUTNA o el Garrahan, en elecciones sindicales y en hechos clave como el 24 de marzo, el FITU no jugó ningún rol. Esto afecta directamente las dos tareas centrales de la izquierda: impulsar la movilización y construir una alternativa política. Limitar al FITU a lo electoral, negarse al frente único y actuar de manera fragmentada retrasa la movilización, favorece a la burocracia y al peronismo, y borra el protagonismo del frente en momentos de radicalización del activismo. 

Estas discusiones son patrimonio del activismo en distintos frentes y de sectores de la cultura, como se expresó en la asamblea de intelectuales, donde se señalaron los límites del frente. 

Vayamos al debate 

Desde nuestro partido planteamos una propuesta global que parte de la realidad actual del FITU y busca superar sus limitaciones como frente meramente electoral. Proponemos avanzar hacia un partido unificado de la izquierda, con libertad de tendencias. Y con apertura a intelectuales, referentes sociales, personalidades independientes, grupos y sectores con los que compartimos campañas. Este partido debería funcionar con mecanismos democráticos y participativos, con debate político permanente y reuniones semanales que aborden los hechos fundamentales de la realidad, los conflictos y los principales procesos de lucha de clases. Se trata de actuar en frente único, con una política común, manteniendo la independencia de cada sector. Nadie perdería su identidad ni organización, pero se impulsaría un trabajo colectivo más profundo, capaz de organizar a miles de nuevos militantes. 

En paralelo, el PTS viene difundiendo su propuesta de conformar un Partido de Trabajadores. Consideramos positivo que se abra este debate, más allá de las diferencias, y que puedan sumarse otras posiciones para salir del estancamiento actual del FITU y dar un salto cualitativo. Los compañeros del PTS reconocen, y compartimos, que hoy no existen corrientes obreras independientes o sectores sindicales combativos que impulsen un partido de trabajadores como en otros momentos de la historia. Si surgiera una corriente con independencia de clase con esa perspectiva, sería muy positivo para construir en común. Pero la cuestión es qué hacemos hoy, para que la propuesta no quede en el terreno limitado de la propaganda. En ese sentido, creemos que un cambio de modelo en el FITU nos ubicaría mejor como alternativa política, ayudaría a organizar a miles y alentaría a sectores obreros antiburocráticos a dar un paso hacia la participación política. 

No hay posturas irreconciliables entre nuestra propuesta y la del PTS. Un Partido de Trabajadores necesariamente sería un partido de tendencias, y hoy esas tendencias reales existen en el FITU. Ese paso puede darse con una decisión política. El programa ya está: falta abrir el debate sobre cómo avanzar. El FITU está en condiciones de dar ese primer paso. Por eso consideramos crucial profundizar esta discusión, bajar a tierra las propuestas y evaluar qué condiciones existen para dar pasos concretos lo antes posible. La situación lo demanda, el activismo lo recibiría con entusiasmo y ofreceríamos un canal para sectores que abandonan el peronismo y para la gran masa de compañeros que simpatizan con el FITU pero aún no están organizados. Se trata de potenciar un polo de referencia capaz de disputar poder en serio. 

Desde nuestra parte, estamos dispuestos a generar todas las instancias necesarias para que este debate se profundice y avance.