Del 19 al 23 de enero de 2026 se realizó en Davos-Klosters (Suiza) la 56.ª edición del Foro Económico Mundial. Lejos de señalar el rumbo económico del capitalismo global, el Foro funciona hoy como un espejo de las crisis, tensiones y disputas entre los socios atlánticos, en un contexto de disputa Inter imperialista y creciente polarización política y social.

Por Rubén Tzanoff

Groenlandia en el centro de la escena

Tras la agresión contra Venezuela, Donald Trump pasó a explicitar su ambición de apropiarse de Groenlandia, por las buenas o por las malas. Amenazó a sus socios europeos con una ocupación militar y con la aplicación de aranceles del 100 % si no facilitaban la transferencia de soberanía de la isla en el Ártico. Así llegó a Davos, envalentonado y bravucón, refiriéndose a Groenlandia como un “pedazo de hielo”, pero considerándola un activo estratégico por sus tierras raras, su potencial energético ligado al deshielo y su valor geopolítico clave.

Entre los límites y la subordinación

Los mercados financieros y sectores de la institucionalidad burguesa ya habían reaccionado con alarma ante semejante actitud. Sin embargo, el epicentro del rechazo provino de las autoridades de la Unión Europea (UE), que desembarcaron en Davos esgrimiendo posiciones de defensa de la soberanía europea, la seguridad, la energía y la economía, con amenazas de activar aranceles, instaurar subsidios y abrir nuevos mercados en Asia y el Mercosur. Tampoco respaldaron el relanzamiento del Consejo de Paz en contraposición al rol de la ONU -sí lo hicieron los ultraderechistas Orbán y Milei-, lo que se suma a otras decisiones de Trump en desmedro de la OTAN, la UE y de toda institucionalidad que no controle directamente. Al mismo tiempo, los líderes comunitarios dejaron en claro su voluntad de negociar y arribar a acuerdos para no seguir deteriorando la estratégica Alianza Transatlántica.

Trump con sus apoyos en el relanzamiento del Consejo de Paz.

Concesiones en carpeta

Trump afirmó, tras reunirse en el Foro con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que había alcanzado el marco de un futuro acuerdo sobre Groenlandia y la seguridad en el Ártico, y que esto le daría a EE. UU. “acceso total” a la isla. El presidente estadounidense afirmó que el preacuerdo sigue en redacción “sin límite de tiempo” debido a los “detalles”. Según medios periodísticos, Rutte habría concedido el refuerzo de la seguridad en el Ártico; la cesión de territorio para nuevas instalaciones militares; la revisión del acuerdo sobre el despliegue de tropas en Groenlandia para incluir un escudo antimisiles; y la potestad estadounidense de intervenir en el control de las inversiones en la isla, con el objetivo de explotar recursos naturales e impedir la presencia de capitales rusos y chinos.

Lo cierto es que Trump va y viene con su política, miente y presiona y, además, no hay confirmaciones oficiales de los puntos en debate por parte de ninguno de los protagonistas. Sin embargo, no parece que Trump se haya ido de Davos con las manos vacías; por eso anunció que tendrá todo lo que quiere, que dejaría sin efecto la imposición de aranceles y dijo “No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza” en alusión a la ocupación militar de Groenlandia.

Alfombra roja para Trump en su llegada a Davos.

Ofensiva, desorden y polarización

Dentro y fuera de los salones de conferencia, se ha vuelto a confirmar que Trump busca sepultar el orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial y la institucionalidad que rigió durante décadas, para imponer un nuevo esquema bajo hegemonía estadounidense, en la disputa inter imperialista con China y Rusia y con los viejos imperialismos europeos, rezagados y debilitados.

Como fenómeno dinámico, se profundiza la polarización política y social en países de todos los continentes. A Trump y a otras expresiones de la derecha y la ultraderecha se enfrentan los trabajadores y los pueblos, haciendo huelgas, movilizaciones y rebeliones, como en Irán, aún sin direcciones revolucionarias al frente. Incluso en las calles de EE. UU. crece el revulsivo social contra la ICE, la agresión a Venezuela y las políticas de la gestión republicana.

Hay que pararle la mano a Trump

En definitiva, el Foro de Davos ha reflejado las crisis económicas y políticas de los capitalistas, conservando su esencia ajena a los intereses de los trabajadores y los pueblos, por lo que merece ser sepultado por el repudio y la movilización de las masas.

Es necesario rechazar las ambiciones imperialistas de la ocupación estadounidense, la opresión de la población inuit por parte de Dinamarca y la UE -que aprovecha la situación para avanzar en el armamentismo- y también la injerencia de Rusia y China.

Los socialistas revolucionarios tenemos la tarea de apoyar e impulsar las luchas unitarias y la autoorganización para pararle la mano a Trump, y de construir fuertes partidos de izquierda radical y reagrupar a los revolucionarios a nivel internacional, como lo hace la Liga Internacional Socialista (LIS), con las banderas del gobierno de los trabajadores y el pueblo y de una salida socialista.

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