Por Sergio García

La irrupción de la flota aeronaval de EEUU y Trump en Venezuela, primero amenazante sobre sus costas y luego con una operación de elite que incluyó la intervención de la CIA dentro de Caracas, secuestrando el 3 de enero a Maduro y Celia Flores, se convirtieron en un hecho político central del inicio de este 2026. Al momento de escribir este artículo, y seguramente los días y semanas que vienen, continuará siendo una cuestión que genere indignación, tensiones, disputas políticas, nuevos negocios imperialistas y debates muy profundos sobre los motivos que trajeron la situación hasta acá. Desde una posición anticapitalista, antiimperialista y socialista, que rechaza de plano todo el intervencionismo de Trump y a la vez muy crítica y opositora al régimen venezolano que ahora encabeza Delcy Rodríguez, vamos a expresar nuestro análisis, política y tareas que creemos se hacen necesarias en Venezuela y en todo el continente.

La avanzada de Trump hace parte de un contexto mundial de disputa

Lo peor que podríamos hacer es minimizar los sucesos actuales en Venezuela. O creer que los mismos responden a delirios de Trump, a su desesperación o a intenciones fugaces sin planificación. Nada de eso está ocurriendo en realidad. Lo que vivimos es la intensificación en este inicio del 2026, de las luchas y disputas interimperialistas, dentro de las cuales EEUU con Trump a la cabeza, busca construir y consolidar una nueva arquitectura internacional que garantice su liderazgo y hegemonía hoy cuestionada, para no perderla a manos de los nuevos imperialismos emergentes de China y Rusia, que vienen avanzando con sus propios negocios y acuerdos en nuestro continente.

Lo acontecido el 3 de enero en Venezuela y todas las acciones políticas que se suceden hasta hoy, se enmarcan en esa estrategia política del imperialismo yanqui que pretende el control total de los millonarios negocios que provienen del petróleo venezolano, así como también del control político que necesita sobre ese país y sobre todo el continente. No es casual que en su avanzada reaccionaria también amenace a Colombia, quiera el control total del Canal de Panamá, se proponga tener bases militares en Ecuador, empujar la caída del régimen cubano y seguir a la vez impulsando a gobiernos como el de Milei en Argentina para que hagan cambios estructurales a favor de las grandes corporaciones imperialistas. Todo como parte de buscar una recomposición política general y obtener otra relación de fuerzas más favorable a sus intereses en Latinoamérica. 

Enfrentar su injerencismo en todo el continente

Frente a esta realidad mundial, regional y venezolana en particular, la única política correcta y revolucionaria es ubicarnos con toda claridad y en plena actividad de calle, denunciando y enfrentando todos los planes de Trump y EEUU para el continente. Desde el secuestro de Maduro y Celia Flores hasta sus anuncios de vender directamente el petróleo venezolano, el cual cínicamente considera de su propiedad. Tenemos que hacer los mayores esfuerzos y las acciones más masivas y unitarias que se puedan lograr para derrotar su ofensiva y los planes de sus aliados directos como Milei, entre otros gobernantes regionales. 

Desde el MST en el Frente de Izquierda y como parte de la LIS junto a nuestros compañeros venezolanos de Marea Socialista, convocamos a la clase trabajadora, a los sectores populares y a la juventud del continente a movilizarse activamente contra todos los planes políticos, militares y económicos de Trump y los Estados Unidos. No hay neutralidad posible; si ellos avanzan lo harán sobre nuestros derechos democráticos y sociales. Por eso se necesita no solo denunciar toda su avanzada reaccionaria, sobre todo hacen falta acciones concretas. Si el ataque es sobre Venezuela pero a la vez sobre todo el continente, se impone la necesidad de respuestas sociales de la misma envergadura, como un paro continental acompañado por grandes movilizaciones en todas las ciudades y países. En resumen, se necesita un continente movilizado para frenar esta avanzada imperialista. 

Con Maduro o sin Maduro, un régimen autoritario y decadente

En esta nueva y tan compleja situación, tenemos que desarrollar una política integral que responda a todos los elementos principales. Uno de ellos es ratificar que nuestra oposición a la intervención de Trump, la hacemos desde nuestra ubicación política de opositores de izquierda a lo que queda de régimen madurista, ahora encabezado por Delcy Rodríguez, de quienes somos también enemigos irreconciliables por el carácter profundamente autoritario y persecutorio contra la militancia de izquierda y popular dentro de Venezuela. Un régimen que vino aplicando desde hace años una contrarrevolución económica y social reaccionaria que fue liquidando una a una anteriores conquistas sociales, a la vez que aplicaba un ajuste brutal combinado con negocios millonarios para la élite gobernante, militar y la llamada boliburguesía.

Ese régimen que el imperialismo y los grandes medios hegemónicos ubican interesada y falsamente como de izquierda, para debilitar el genuino ideario socialista frente a millones, está en las antípodas de un proyecto progresivo y menos aún anticapitalista o socialista. Es la expresión concreta de una involución absoluta en relación al protagonismo popular de los años más avanzados del proceso bolivariano. En su momento, en vida de Chávez, de esas importantes conquistas sociales parciales, nunca se quiso avanzar a un cambio radicalizado anticapitalista. Y esa falta de estrategia generó las condiciones, ya con Chávez muerto, para el inicio de la involución posterior de todo el proceso, cambiando su dinámica y sus medidas económicas y sociales hacia un marcado retroceso, que para sostenerse apeló a una fuerte represión interna. Por lo cual, en medio de penurias sociales masivas y represión desde el aparato de Estado, se ganó el odio de la mayoría del pueblo venezolano, dentro y fuera del país. Hoy, la falta de acciones de masas en apoyo al gobierno actual dentro de Venezuela, es un ejemplo palmario de esa situación que el imperialismo percibió e intenta aprovechar al máximo.

Del tutelaje de Trump al colaboracionismo de Rodríguez

Sobre las espaldas de un régimen muy cuestionado y que venía perdiendo cada vez más apoyo social previo al secuestro de Maduro y Cilia Flores, hoy vivimos una coyuntura donde el gobierno de EEUU profundiza una línea en favor de sus intereses para ir ganando cada vez más poder de decisión dentro de Venezuela. No esconde sus deseos de administrar directamente el millonario negocio petrolero ni el usar esa ubicación como puntal para seguir avanzando en su dominio en toda la región. Incluso se atreve a mostrarse casi como un gobernante directo sobre Venezuela. Y explicando en entrevistas que se quedará así posiblemente mucho tiempo. Es de hecho un gobierno de facto, mezcla de tutelaje y complicidad interna que lo permite.

Lamentablemente, en esa dirección ha logrado varios pasos para esos objetivos repudiables, apoyado en su política de conducir, por ahora a la distancia, un gobierno tutelado que responda, más allá del discurso, en los hechos integralmente a los intereses imperialistas. De ahí que no podemos obviar un hecho evidente: el actual gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, apoyada por su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, más el conjunto de funcionarios actuales, vienen pactando una serie de medidas transitorias afines a los reclamos imperialistas. Tanto en relación al negocio petrolero como al funcionamiento y direccionalidad política se mueven a derecha, con el objetivo de no perder ellos una cuota de poder pensando en el futuro. 

Esto es lo que explica por qué Trump se apoya en ellos y no en la dirigencia de la oposición de derecha para esta transición. A futuro veremos si hay o no algún cambio, por lo pronto no hay nuevos ataques militares ni invasión, porque la dirección imperialista no lo ve ahora necesario, en la medida que va logrando sus objetivos mediante acuerdos que le evitan un escenario de mayores tensiones sociales. De hecho, la propia Delcy Rodríguez declaró recientemente tras hablar con Trump por teléfono que la conversación fue: “productiva y cortés, desarrollada en un marco de respeto mutuo. Abordamos una agenda de trabajo bilateral en beneficio de nuestros pueblos, así como de asuntos pendientes en la relación entre nuestros gobiernos”. En resumen, sus palabras dan muestras de estar transitando un pacto colaboracionista afín a los intereses de Trump y de su propia ubicación en el poder. Por eso rechazamos este gobierno tutelado, la política de Trump, el colaboracionismo de Rodríguez y todo lo que se haga a espaldas del pueblo venezolano, que es el único con derecho a decidir su presente y su futuro. Comenzando por su derecho a movilizarse y enfrentar todos estos pactos espurios. 

La responsabilidad del autodefinido progresismo latinoamericano

Desde el inicio de este milenio en diferentes momentos y países, hubo experiencias de gobiernos del por entonces llamado progresismo. Fueron un subproducto de fracasos de fuerzas tradicionales y ascenso y movilizaciones que buscaban cambios positivos, que finalmente tampoco encontraron en la experiencia con estos gobiernos. Quienes en diferentes países latinos no provocaron cambios de fondo, no enfrentaron realmente al poder capitalista ni imperialista más concentrado, razón por la cual no solucionaron los graves problemas sociales de millones, que en su hartazgo terminaron buscando otras opciones políticas. Valgan los ejemplos pasados de Ecuador, Bolivia, Argentina, entre otros países que terminaron avanzando a gobiernos de derecha o derecha extrema. 

Esa dirigencia posibilista y a la vez conservadora en su contenido político-económico, con todos sus armados políticos y bloques regionales como el Grupo Puebla, han navegado entre fracaso e inacción. Entre negociaciones y acuerdos con las corporaciones imperialistas y en la administración y gestión de un modelo capitalista nocivo para nuestros pueblos, mientras desalentaron la movilización masiva y popular. Algunos han fracasado y perdido el poder, y en los casos de Venezuela o Nicaragua, hace muchos años mutaron a regímenes antipopulares y altamente autoritarios y represivos. Unos y otros ejemplos, hacen parte de la historia reciente del continente, donde una vez la realidad marcó que los proyectos que no se juegan a cambiar todo, no cambian nada. Así naufragan llevándose detrás las decepciones de millones, favoreciendo de esa forma nuevos armados de la derecha extrema. 

¿Qué hacer en Venezuela?

No es ninguna sorpresa si decimos que la búsqueda de una salida genuina, verdaderamente democrática y progresiva dentro del actual escenario venezolano, es una cuestión profundamente compleja de lograr en lo inmediato o a corto plazo. En ese difícil contexto y mientras impulsamos la mayor unidad de acción en la calle en todo el continente contra los planes imperialistas, se hace indispensable impulsar dentro del territorio venezolano, toda una serie de propuestas políticas, programáticas y de organización y articulación de sectores de izquierda independiente del régimen actual. 

En ese sentido es valorable el espacio denominado “Encuentro Nacional en Defensa de los Derechos de los Pueblos”, donde diferentes organizaciones acuerdan medidas comunes y en forma independiente al régimen venezolano, recientemente acaban de realizar un importante tuitazo internacional y se plantean lanzar una campaña internacional de solidaridad, que todos debemos apoyar e impulsar. De este espacio unitario que hay que mantener y fortalecer, es parte integrante Marea Socialista, sección venezolana de la LIS.  Y como muestra del desarrollo de esta política, compartimos aquí una serie de planteos que levantan nuestros compañeros desde Venezuela:

¡No al plan colonialista de Trump y a un gobierno tutelado en Venezuela!

¡No a la Agenda de Cooperación del gobierno interino de Venezuela con el agresor y secuestrador colonialista Donald Trump!

¡No a la reapertura de la embajada gringa en Caracas!

Denunciemos y repudiemos los llamados y aplausos pro intervencionistas y entreguistas de la oposición de derecha y de María Corina Machado. Los promotores del intervencionismo imperialista no deben tener espacio en Venezuela.

¡El petróleo para los venezolanos! Ni para Trump ni para la burocracia ladrona! Rescate soberano de la industria petrolera bajo control obrero-social, retiro y toma venezolana de los activos de la transnacional estadounidense Chevrón. Control obrero y social de todos los activos de las empresas imperialistas en Venezuela y su puesta al servicio de un plan de recuperación y de atención a las necesidades nacionales y de nuestro pueblo.

¡Fin de la represión y del Estado de Conmoción contra el pueblo! ¡Basta de represión! ¡Liberación inmediata de los trabajadores presos por la lucha laboral y de los presos por razones políticas!

Qué las FANB informen por qué no sirvieron los planes de defensa frente a la incursión gringa

Atención urgente a la situación atroz de las condiciones de vida de la clase trabajadora y el pueblo. Aumento del salario ya según el 91 de la CRBV (equivalente al costo de la Canasta Básica e indexado) para recuperar el nivel de vida y afrontar la emergencia!

Restitución de libertades políticas para que el pueblo retome su protagonismo, capacidad de movilización y decisión frente a las imposiciones coloniales de Trump. Proceder según lo dispuesto por la CRBV para que se convoque a elecciones y el pueblo pueda elegir libremente. El pueblo tiene derecho a elegir al gobierno de Venezuela, y no Trump ni la burocracia colaboracionista con fraudes y al margen de la Constitución nacional.

¡Unidad antiimperialista y de clase por la base, contra el “Protectorado” de Trump y el Gobierno Tutelado! 

¡Recuperemos la independencia de Venezuela y defendamos la independencia de los pueblos de América Latina! 

Conformación de un verdadero ejército popular y milicias obreras organizadas democráticamente en las comunidades y los centros de trabajo, no supeditadas a la burocracia y casta militar corrupta que no defendió al país. Armamento real de la clase obrera y el pueblo para la defensa del territorio, de los bienes del país, de los derechos e intereses de clase de los trabajadores y el pueblo oprimido.

Para impulsar la lucha por las medidas más inmediatas que alivien la situación del pueblo necesitamos la unidad de acción de las organizaciones que actúan en el terreno sindical, social y político.

Postulamos la necesidad de un verdadero partido revolucionario anticapitalista, antiimperialista, antiburocrático, democrático e internacionalista para organizar y dirigir la lucha hacia un Gobierno de los Trabajadores y el Pueblo.

Reagrupamiento de las fuerzas militantes en un nuevo proyecto internacional revolucionario: Dado que estamos confrontando una ofensiva imperialista sobre América Latina y de alcance mundial, y en correspondencia con lo resuelto por el III Congreso de la LIS en diciembre de 2025, extendemos el llamado al reagrupamiento internacional militante de los revolucionarios para pelear por las soluciones de fondo a la crisis capitalista, de manera similar a como intentamos hacerlo con la articulación de partidos revolucionarios de distintos países que estamos construyendo la Liga Internacional Socialista. La derrota definitiva del imperialismo no puede ser obra del pueblo de un sólo país sino de la lucha unida de los pueblos del mundo con una dirección revolucionaria colectiva al frente.

Desafíos de la izquierda en la región

Cuando suceden hechos de semejante magnitud jamás nos quedamos en su análisis e interpretación específica. Lógicamente comprender sus causas y tendencias es algo imprescindible, pero no limitado a un sentido periodístico o histórico-social. Para nosotros es mucho más que eso; todo el esfuerzo que realizamos está signado por la necesidad imperiosa de profundizar nuestro accionar político en la realidad de Venezuela y de todo el continente latinoamericano. Aquí vivimos y aquí queremos terminar con todo tipo de injerencia y planes imperialistas, con la opresión autoritaria de regímenes descompuestos y con las nuevas ultraderechas que avanzan aprovechando esta situación crítica.

Sabemos perfectamente el peligro que significa la avanzada de Trump y no la minimizamos ni subestimamos. Por eso, una primera tarea prioritaria de la izquierda anticapitalista y socialista en todo el continente, es estar a la vanguardia de enfrentarlos y hacerlo en el marco del impulso a la mayor unidad de acción. Y lo hacemos además con la convicción y la certeza de que vivimos en tierra de libertadores, que nuestro continente engendró revoluciones y rebeliones diversas en toda su rica historia de lucha. Y nada impide que el tiempo que viene los planes imperialistas encuentren fuerte resistencia. A eso apostamos y ese camino impulsamos aún más el tiempo que viene.

Lo hacemos junto con el impulso en el plano político de construir fuertes alternativas políticas anticapitalistas y socialistas, que pasen por encima de todos los fracasos del posibilismo y el reformismo. Herramientas políticas de izquierda que convoquen a millones de trabajadores y jóvenes que odian a Trump, a toda la ultraderecha y que han sido decepcionados por otras variantes.  

Cuando en Argentina decimos desde el MST que el Frente de Izquierda Unidad debe superar su limitado formato electoral para transformarse en algo muy superior y de un funcionamiento permanente como partido común de tendencias organizadas democráticamente, lo hacemos por estar ubicados en el contexto de desafíos que enfrentaremos en toda la región. Y a los cuales buscamos contribuir desde nuestro país, poniendo en pie una alternativa política mucho más grande, sólida y poderosa. 

El mismo horizonte político revolucionario, esperamos que pueda expresarse en otros países de la región. Para de conjunto generar mejores condiciones políticas, antiimperialistas y anticapitalistas, en la tensionada y polarizada Latinoamérica sobre la cual tendremos que activar a fondo.