La agresión de EE. UU. a Venezuela expone el carácter prepotente, injerencista y saqueador del imperialismo, así como la descomposición del régimen venezolano. Frente a la agresión externa y al colapso interno, solo la acción independiente del pueblo trabajador puede abrir una salida democrática y antiimperialista.
Por Rubén Tzanoff
Un imperialismo prepotente, injerencista y saqueador
Fue una incursión militar relámpago y sin precedentes. En la madrugada del 3 de enero de 2026, EE. UU. lanzó una agresiva operación militar en territorio venezolano. Bombardeó zonas de Caracas y de otros estados, causó daños en instalaciones militares y civiles, ocasionó decenas de muertes -entre ellas, 32 militares cubanos-, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en la residencia de Fuerte Tiuna, los trasladó a Nueva York, los encarceló y actualmente están siendo juzgados por un tribunal federal. La Liga Internacional Socialista (LIS) se expresó claramente al respecto a través de la declaración «Repudiamos la agresión imperialista a Venezuela»
Trump justificó su accionar sobre la base de órdenes internas “legales” contra el supuesto “crimen organizado del narcoterrorismo”. Pero, en realidad, se trata de una violación flagrante de la soberanía venezolana y del derecho internacional, que contraviene los principios de no intervención y de integridad territorial. Sin ambigüedades, también expresó sus objetivos políticos y económicos: la intención de “gobernar” Venezuela mediante una transición “segura” y de que las petroleras estadounidenses controlen las reservas de crudo nacionalizadas por Venezuela, que alcanzan el 17 % del total mundial, por delante de Arabia Saudí, líder de la OPEP. Los grandes empresarios capitalistas norteamericanos actúan en tándem con sus gobiernos para saquear los recursos de países dependientes y semicoloniales, como si se tratara de bienes que les pertenecen.
Trump no es un “pacificador”. Más allá de la mentirosa campaña propagandística de la ultraderecha, Trump es un contrarrevolucionario que ha reeditado la Doctrina Monroe, que considera a América Latina como el “patio trasero” de EE. UU., a ser controlado y regulado según sus intereses geoestratégicos, los cuales solo pueden imponerse a los pueblos por la fuerza. Por eso no es casualidad que haya vuelto a amenazar a Cuba, Colombia y México con realizar acciones similares a las perpetradas en Venezuela.
El prontuario imperialista se conjuga con sus objetivos actuales. Por un lado, se repite la misma violencia e impunidad que los yanquis ya expusieron, de forma abierta o encubierta, con las agresiones perpetradas en Irak, Irán, Afganistán, Siria y Somalia, entre tantas otras a lo largo de la historia. Por otro lado, las acciones agresivas contra Venezuela -un país que no está alineado con la política global estadounidense, sino que se inclina hacia los imperialismos chino y ruso- encajan con el objetivo trumpista de implantar un nuevo orden mundial basado en la supremacía de los más fuertes y en la recuperación de la hegemonía estadounidense, hoy disputada por otros imperialismos.
El régimen le ha tendido a Trump la mano que le soltó a Maduro
Es un hecho que Maduro perdió hace mucho tiempo el apoyo popular del que en su momento gozó el chavismo. Lo que se evidencia con los acontecimientos recientes es que importantes sectores de la cúpula civil y militar en el poder también le soltaron la mano. La “resistencia” defensiva anunciada por Maduro en el período previo al ataque del 3 de enero prácticamente no existió: las fuerzas de EE. UU. ingresaron al país sin mayores obstáculos y a las tropas de élite les bastaron apenas 10 minutos para secuestrar a Maduro en el lugar donde supuestamente se encontraba seguro y oculto. Un operativo de estas características sólo es posible con la entrega y/o colaboración de sectores clave del régimen.
Los hechos posteriores fueron en la misma dirección. Tras el secuestro del presidente, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, con el respaldo del Alto Mando Militar venezolano, cuyo aparato tiene el peso determinante en el poder, y el beneplácito directo de Trump. Transcendió que la CIA elaboró un informe para el gobierno norteamericano considerando que Rodríguez -relacionada a las petroleras estadounidenses- como otros miembros del régimen, están mejor posicionados que otros dirigentes pro imperialistas para continuar por un tiempo en el poder y evitar que la situación se desmadre por completo.
No es casualidad que la primera decisión relevante de Rodríguez fue ofrecer a EE. UU. la apertura de una agenda de cooperación. Estos hechos y su afianzamiento posterior manifiestan la sintonía entre el imperialismo y el régimen, a lo cual se suman las especulaciones sobre la posibilidad de que la justicia estadounidense busque alguna fórmula condicionada como salida para Maduro. ¿Cómo se consumará la injerencia en el poder? Trump rechazó a Corina Machado y a otros líderes de la oposición como alternativa de gobierno, y se expresó claramente por Rodríguez, lo cual implica un continuismo en el poder que le ofrece mayores garantías para satisfacer sus intereses y, al mismo tiempo, que no haya una desestabilización total con consecuencias locales y regionales imprevisibles.
El continuismo es la principal opción declarada por el imperialismo, con en lo cual las cúpulas civil y militar proyectan priorizar la conservación de sus privilegios, aunque bajo las condiciones impuestas por el nuevo esquema diseñado por los yanquis. En tal sentido, Trump ya anunció que con el acuerdo de las “autoridades interinas”, Venezuela “entregará” a EE. UU. entre 30 y 50 millones de barriles de “petróleo sancionado de alta calidad”, por un valor de entre 1.800 y 3.000 millones de dólares. El discurso anti gringo continúa, pero eso no es lo determinante para la administración trumpista que a través del secretario de Estado Marco Rubio sugirió que ignorará la retórica de la nueva cúpula para juzgarla exclusivamente por sus acciones.
La orientación de Trump combina agresiones abiertas con la búsqueda de acuerdos. Por ello, frente a los acontecimientos en Venezuela, cabe preguntarse qué implicancias tendría un eventual pacto con el régimen venezolano en relación con China y Rusia, imperialismos con los que mantiene afinidad. Más allá de los comunicados de Putin condenando la agresión y que defienda sus intereses petroleros en Venezuela, no se puede descartar que sus posicionamientos tengan modificaciones relacionadas a los diálogos con Trump referidos a Ucrania. Los próximos días arrojarán mayor claridad sobre un proceso que se encuentra en pleno desarrollo. Como sea, y más allá de las diferencias profundas e irreconciliables con el régimen burocrático-autoritario venezolano en descomposición, estamos junto al pueblo en la defensa de la soberanía del país, en el reclamo de sus derechos democráticos y sociales, y en el rechazo a la represión.
Solo el pueblo trabajador puede encausar una salida progresiva
Estamos ante hechos gravísimos que no pueden aceptarse ni normalizarse. De hacerlo, se facilitaría un escenario político en el que cualquier país que no se alinee con los objetivos norteamericanos pueda ser intervenido. No le reconocemos al imperialismo ningún derecho a invadir países bajo excusa alguna: tal impunidad legitima un accionar regido únicamente por sus intereses de dominación y explotación capitalista. Son los propios pueblos quienes deben sacarse de encima a los gobiernos opresores, con sus propias organizaciones y métodos de lucha, y con la solidaridad de otros pueblos movilizados.
También rechazamos a la rancia derecha venezolana proimperialista, de cuya orientación no surgirá nada positivo para el pueblo trabajador venezolano. Hacen falta nuevos dirigentes, democráticos y combativos, y un fuerte partido socialista y revolucionario, independiente tanto del régimen como de la miserable oposición capitalista. Solo un gobierno de los trabajadores y el pueblo, y un sistema socialista con democracia obrera, sin explotadores ni burócratas autoritarios y privilegiados, podrán garantizar plenos derechos democráticos y sociales.
Reiteramos nuestra condena a los bombardeos y agresiones imperialistas de Trump y rechazamos cualquier injerencia en la determinación del destino político interno de Venezuela. Exigimos: el retiro inmediato de las fuerzas aeronavales y de las tropas que acechan y agreden al país.
Exigimos que los gobiernos y organismos de América Latina, de la Unión Europea y del mundo adopten una postura de condena firme y reclamo contra las acciones piratas e intervencionistas del gobierno de EE. UU., y que las organizaciones sindicales convoquen acciones en apoyo al pueblo venezolano antiimperialista.
La Liga Internacional Socialista (LIS) llama a la más amplia unidad de acción en la movilización nacional e internacional contra el imperialismo norteamericano y en defensa del pueblo venezolano, como ya lo viene haciendo desde el inicio mismo de la agresión, con total independencia del régimen.




