Por Guillermo Pacagnini
Se cumplen 50 años del golpe genocida del 76. Tal vez como nunca antes, el ayer y el hoy se confunden en preocupantes imágenes de continuidad: el nuevo intento de reseteo reaccionario de la economía, la estrategia antiderechos, la batalla cultural del gobierno de ultraderecha que muestra permeabilidad en sectores de la población. Pero también se mueve una potente reserva por abajo que resume ese capital acumulado que tumbó a la dictadura, y 50 años de pelea contra la impunidad, por Memoria, Verdad y Justicia. El 24, en las calles, vamos por una gran movilización unitaria que va a hacer historia. Por el Nunca Más, contra Milei y su plan, para acumular energía y dar vuelta las cosas.
La dictadura tuvo su antesala con las bandas paraestatales de la Triple A, la CNU, el CDO y otras que apuntaron al activismo clasista, que encabezaba una gloriosa generación combativa que echó a la burocracia de una gran parte del movimiento obrero. También se vio en el Operativo Independencia y en el golpe reaccionario en el movimiento estudiantil. La dictadura que sobrevino fue un salto de calidad, eso no se discute, pero esta fase preparatoria que siempre se quiso ocultar bajo un manto de impunidad nació de las entrañas de ese tercer gobierno del PJ. La memoria debe ser integral.
La dictadura avanzó en el genocidio de esa generación combativa al servicio de la miseria planificada y un reseteo del país parecido al que hoy pretende Milei. No fueron solo los militares, hubo complicidades que hay que marcar a fuego. No solo fueron cómplices las patronales y corporaciones, sus beneficiarios y la iglesia, que bendijo asesinatos, secuestros y apropiaciones, sino que hubo partidos del régimen que facilitaron el golpe y aportaron funcionarios y logística. Los mismos que exhibían sin escrúpulos su carnet de demócratas, pero vendieron la sangre no solo de la izquierda sino incluso de militantes de sus propias fuerzas. La caída de la dictadura fue un enorme triunfo popular, con la recuperación de las libertades democráticas y numerosas conquistas sociales.
Pero a lo largo de estas décadas se libró una nueva pelea: por preservar la memoria, conocer la verdad y lograr la justicia. Los sucesivos gobiernos intentaron el olvido y la impunidad, para dar vuelta la página y recomponer las fuerzas armadas y de seguridad, marcadas por el estigma del genocidio. Restricción de juicios, leyes de impunidad, indultos. Así intentan recuperar la herramienta represiva que les permita retomar la estrategia inconclusa en toda su magnitud.
La lucha de las Madres y luego las Abuelas, el movimiento de derechos humanos, la izquierda, los trabajadores y la juventud lograron triunfos tremendos barriendo leyes de impunidad, juzgando y castigando genocidas, sacando a la luz centros de detención, recuperando hijos y nietos.
Hoy Milei vuelve a la carga, recargado por cierto, apoyado en el fracaso de los gobiernos radicales y peronistas, con sus caretas más progresistas o más conservadoras, y las coaliciones con las que rearmaron sus rompecabezas. Los que defraudaron una y mil veces y dejaron por el piso ilusiones en que con esta democracia para ricos “se come, se cura y se educa”.
Su batalla ideológica incluye no solo el negacionismo; si se lo permitimos pretende la reivindicación del genocidio. No es sólo retórico, es funcional a su plan. Por ello no se trata solamente de un recordatorio de los 50 años, que por supuesto es necesario para contrarrestar y derrotar su campaña, sino que es parte de la pelea por tirar abajo todo su plan y, en perspectiva, desalojarlo del poder.
Hay reservas por abajo
El año pasado la Plaza del 24 fue enorme y masiva. Se construyó un polo unitario de convocatoria, con todos los organismos de derechos humanos, tanto los del Encuentro como los históricos, que reivindicó la lucha de ayer y canalizó la bronca actual contra Milei. No fue casual ni espontáneo, fue producto de una orientación política y de una disputa muy dura para hacerlo posible. Este año se han acumulado más incentivos para lograr otra movilización masiva y unitaria en todas las plazas del país. Necesitamos fogonear esas reservas democráticas acumuladas que el año pasado se expresaron y dar una señal más potente contra el proyecto ultra-reaccionario de Milei, para poner una barricada a su batalla cultural e ideológica que pretende ganar una base de sustentación para avanzar en anular las conquistas logradas, liberando genocidas y hasta animándose a hablar de indultos.
También necesitamos esa masividad y potencia para insuflar energía al proceso de acumulación, al polo que defiende derechos, a los que luchan, como FATE y el Garrahan, a la voluntad de lucha de los activistas que resisten.
La jornada unitaria del marzo pasado tonificó al movimiento de derechos humanos y al activismo de todos los frentes de combate contra Milei y su hoja de ruta. Las organizaciones del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, la Mesa de Organismos y todos los que activamos para construir la acción multitudinaria e histórica de 2025 salimos con un capital acumulado que es la base para repetir en versión aumentada y mejorada la acción de este año.
Una base sólida para subir la apuesta
Hace casi veinte años el movimiento de DDHH, un frente único de organizaciones diversas, se dividió frente a las políticas de cooptación que se venían sucediendo y al intento de estatización del entonces gobierno nacional. El EMVJ (que integramos desde el CADHU y el MST), surgió como un reagrupamiento necesario y positivo para defender el carácter independiente de la movilización y la organización, las banderas históricas y los reclamos de justicia al Estado.
No fue un hecho positivo la división, fue una cuña del régimen al servicio de dividir y debilitar la vanguardia de derechos humanos y la movilización, y avanzar en sus políticas de “reconciliación”. Justamente por eso haber logrado en 2025 una Plaza enorme y diversa, respetando la pluralidad de identidades en el formato, donde los acuerdos se cumplieron cabalmente y a la vez hubo un mensaje en común y correcto, fue un salto de calidad, interpretando la necesidad, frente al cambio en la realidad que significó la asunción de Milei y su plan antiderechos, de desplegar la mayor unidad en la acción.
El texto que se trabajó y leyó en común colocó puntos programáticos fundamentales: que se vayan Milei y Bullrich; la apertura de archivos desde 1974; la denuncia al FMI y la deuda; el reclamo por Julio López; el rechazo al DNU 70, el RIGI y el modelo extractivista; el reclamo de paro y plan de lucha de todas las centrales; la solidaridad con el pueblo palestino, entre otros. Todas banderas que venimos levantando desde el Encuentro. Desde el MST y el CADHU, con la mayoría de organizaciones y organismos del Encuentro, batallamos por este programa y logramos que los componentes mayoritarios de la Mesa de Organismos también actuaran en unidad. La resultante fue un acto independiente del PJ, de la burocracia sindical y con perfil claramente combativo y contra el gobierno.
Sobre esta base programática y de unidad en la diversidad, hay condiciones para lograr una nueva demostración de masas.
Tropezando con la misma piedra
El año pasado un sector minoritario del Encuentro se negó a explorar la unidad y prefirió darle la espalda al pueblo que se movilizó, realizando un acto marginal por separado. Lamentablemente, junto a otros grupos, el PTS y el PO fueron los impulsores de esa política muy equivocada y, producto de ello, impidieron que el FIT-Unidad intervenga de conjunto en la Plaza unitaria. Hemos polemizado largamente con estas fuerzas y sus concepciones, que son por un lado sectarias porque apuntan a debilitar al Encuentro y dividir la movilización, y a la vez oportunistas por no disputarle al PJ. Lo hicimos en el seno del propio Encuentro y de cara al activismo, que acogió con alegría el acto unitario, no por el debate en sí mismo, sino por la necesidad de llamarlos a la reflexión y que este año se sumen con nosotros y la mayoría del Encuentro para lograr un acto superador al año pasado.
Lamentablemente no solo se negaron a discutirlo en la mesa del FITU, sino que, en los primeros debates realizados en el Encuentro, ratificaron su política equivocada, incluso ante la evidencia de estar más aislados, ya que IS esta vez se pronunció por el acto de unidad.
Desconocieron incluso que este año hay más motivos para ello. Porque se necesita la mayor unidad en la acción contra la ultraderecha en el gobierno. Porque se conmemoran los 50 años en pleno despliegue negacionista y se necesita reafirmar las banderas históricas y apelar a la reserva popular. Porque partimos de una fuerza acumulada en las calles el año pasado y hay condiciones de superarlo. Y de un “piso” político, programático y organizativo de acuerdos que garantizan la independencia y la unidad en la diversidad.
Hay una razón más, que tiene una fuerza particular: frente a la mayor crisis del peronismo y los ataques del gobierno, necesitamos más que nunca que se fortalezca un polo de izquierda anticapitalista y socialista, y el FITU con sus banderas y en conjunto debe postularse para ello. Insistimos en llamarlos a que cambien y se sumen.
Por una gran Plaza de unidad en la diversidad
Estamos dando pasos firmes junto a una clara mayoría de las organizaciones del EMVJ, partiendo de los pisos de acuerdos políticos, programáticos y organizativos del año pasado, para lograr el acto unitario, diverso e independiente con la Mesa de Organismos de DDHH y todos los sectores que se sumen. Apostamos a una mayor masividad. Desde el MST en el FIT Unidad estamos trabajando para ello. Por la memoria de los 120 compañeros del PST asesinados por la Triple A y la dictadura. Por los 30.400. Para derrotar a Milei sin volver al pasado.





