Por Verónica O’Kelly y Douglas Diniz Fernandes – de la dirección nacional de Revolución Socialista, sección brasilera de la LIS.

La evolución reciente del PSOL vuelve a colocar sobre la mesa un debate estratégico para la izquierda brasileña que, como en otras partes del mundo, enfrenta el desafío de combatir y derrotar a la extrema derecha. A dos décadas de su fundación, el partido atraviesa un avanzado proceso de adaptación al régimen y de integración al gobierno de Lula. Esto obliga a realizar un balance serio de esta experiencia y, al mismo tiempo, a discutir qué perspectivas existen hoy para reorganizar una izquierda anticapitalista y revolucionaria en Brasil.

1. Sobre qué política tener frente al crecimiento de la extrema derecha

El crecimiento de la extrema derecha en Brasil, con Bolsonaro como principal referencia política, plantea un desafío estratégico para toda la izquierda. Las fuerzas del llamado “progresismo” sostienen que, para derrotar al bolsonarismo, es necesario apoyar sin críticas al gobierno Lula-Alckmin e incluso integrarlo. Esta es la tesis que llevó a dirigentes del PSOL, como Guilherme Boulos y Sônia Guajajara, a formar parte de un gobierno que incluye entre sus ministros a figuras de la derecha tradicional e incluso bolsonaristas. En otras palabras, se pretende derrotar a la extrema derecha mediante alianzas con sectores de esa misma derecha.

Confiar en un gobierno de conciliación de clases ya es una orientación equivocada y peligrosa. Pero depositar expectativas en un gobierno que además incorpora sectores de la derecha reaccionaria resulta aún más injustificable.

Esta orientación también tuvo consecuencias dentro del PSOL. En lugar de afirmar una alternativa independiente, sectores mayoritarios del partido optaron por subordinar su estrategia al lulismo en nombre de la “unidad contra el fascismo”. Esto se expresó en la decisión de no presentar una candidatura propia en las elecciones presidenciales de 2022 y apoyar a Lula en primera vuelta. Esto fue ratificado por el Directorio Nacional del 7 de marzo, que reafirmó esa perspectiva para 2026. En esa votación, nuestra corriente, Revolución Socialista, fue la única a votar contra.

Las corrientes reformistas defienden las “frentes amplias” como respuesta a la amenaza autoritaria, pero lejos de derrotar a la extrema derecha, esta política ha contribuido a preservarla e incluso fortalecerla.

2. Una ruptura que abrió una nueva experiencia política

En retrospectiva, podemos afirmar que la fundación del PSOL en 2004 fue una respuesta progresiva a la adaptación del PT, cuando ese partido completaba su integración al régimen democrático burgués al llegar al gobierno. Para amplios sectores de la izquierda y del activismo, representó la posibilidad de reorganizar fuerzas en torno a un proyecto común, con un programa anticapitalista y un funcionamiento democrático de tendencias.

La izquierda revolucionaria fue un actor central en la fundación del PSOL, junto con organizaciones centristas y un pequeño sector reformista con pocas figuras públicas y escasa base organizada. Acertaron en la orientación de construir un partido amplio, con programa socialista, capaz de aglutinar a miles de activistas y militantes frustrados con la traición del PT y Lula. Durante años el PSOL fue un espacio donde confluyeron corrientes de distintas tradiciones, articulando intervención electoral, lucha social y debate programático.

Con el avance de la adaptación al régimen, visible ya en los primeros años con el ingreso de nuevos sectores reformistas provenientes de rupturas posteriores del PT, esta configuración cambió y la izquierda revolucionaria pasó a ser minoritaria. Comenzamos entonces a aplicar la táctica de entrismo, manteniendo independencia política con el objetivo de construir el partido revolucionario, haciendo públicas nuestras diferencias y, más recientemente, actuando como fracción pública frente a decisiones de la dirección mayoritaria.

3. Un proceso vertiginoso de adaptación al régimen

Con el tiempo el partido consolidó una dinámica cada vez más marcada por la lógica electoral e institucional. El fortalecimiento de los aparatos parlamentarios, el peso creciente de los mandatos y la búsqueda permanente de ampliación electoral fueron desplazando gradualmente el proyecto político original. A esto se sumó una característica nunca superada: la ausencia del partido en la disputa por dirigir los procesos de lucha de clases. Aunque siempre hubo sectores, como nosotros, que intentaron revertirlo, prevaleció la centralidad de la disputa electoral y la actuación parlamentaria, una condición material que delimitó el horizonte estratégico del partido.

Hoy ese proceso alcanza un nuevo nivel con la integración de figuras centrales del PSOL, como Guilherme Boulos, al gobierno Lula-Alckmin y con el abandono del programa anticapitalista aprobado en su fundación. Lo que comenzó como una ruptura con la conciliación de clases petista se transformó en una nueva variante adaptada al mismo régimen, hoy controlada por corrientes reformistas y sin posibilidades reales de ser disputada.

4. Errores de las corrientes que construyeron el partido

Este resultado no puede explicarse solamente por presiones externas. También expresa errores importantes de las propias corrientes que impulsaron el PSOL. En los primeros años, sectores de izquierda con peso dirigente promovieron una apertura muy amplia hacia corrientes reformistas, con el objetivo de construir un partido más grande y con mayor peso electoral. Esa orientación partía de una preocupación legítima, pero se llevó adelante sin establecer límites políticos firmes frente a las presiones de adaptación al régimen.

Corrientes que siempre defendieron el carácter anticapitalista del partido —como el MES y otros sectores de la izquierda del PSOL— hoy se enfrentan a las consecuencias de esa política. La pregunta que se abre es si están dispuestas a sacar conclusiones estratégicas y a impulsar iniciativas comunes para enfrentar la actual orientación del partido y la dispersión de la izquierda clasista.

5. El sectarismo también debilitó a la izquierda revolucionaria

Al mismo tiempo, sería equivocado ignorar la responsabilidad del PSTU – LIT que, sectariamente, optó por mantenerse al margen de esta experiencia y no participar en la fundación del PSOL. Esa decisión significó renunciar a intervenir en el principal proceso de reorganización de la izquierda brasileña en ese momento. La presencia del PSTU, hubiera significado una correlación de fuerzas diferente, a favor de la izquierda clasista. Su negativa debilitó la posibilidad de disputar su orientación política desde los inicios.

A lo largo de estos años, además, el PSTU mantuvo una política de aislamiento frente a la amplia vanguardia política que el PSOL logró reunir, lo que contribuyó a profundizar la fragmentación de la izquierda revolucionaria. Esto les ha significado muchas rupturas, inclusive una muy importante que se incorporó al PSOL y que lamentablemente hizo un giro completo, pasando del sectarismo a la asimilación al proyecto reformista de la dirección mayoritaria, incluso fortaleciéndola. Recientemente, a nivel internacional, la LIT, ha tenido una nueva gran ruptura, fragmentándose cada vez más. Todo esto no hace más que confirmar que el sectarismo es un camino recto al fracaso de cualquier tentativa de resolver la crisis de dirección revolucionaria que vivimos. 

6. Un debate necesario sobre el reagrupamiento revolucionario

Frente al avance de la extrema derecha y a los límites de los gobiernos llamados progresistas, la necesidad de construir una alternativa política con independencia de clase sigue plenamente vigente en Brasil. Por eso, el balance de la experiencia del PSOL debe servir para abrir un nuevo debate entre corrientes y militantes que mantienen esa perspectiva. ¿Es posible impulsar iniciativas comunes, espacios de diálogo y procesos de coordinación que permitan avanzar hacia una reorganización de la izquierda clasista en el país?

La adaptación del PSOL al régimen es una mala noticia para toda la izquierda anticapitalista. Pero la inexistencia de procesos de reorganización revolucionaria por fuera del partido también representa un problema estratégico. Superar esta situación exige sacar conclusiones de las experiencias de las últimas décadas y, sobre todo, una disposición real a romper tanto con las adaptaciones oportunistas como con el sectarismo que han debilitado históricamente a la izquierda revolucionaria.

Esto implicaría, por ejemplo, que el PSTU rompa con su política de autoproclamación y aislamiento, así como que corrientes internas del PSOL, como el MES, saquen conclusiones sobre los límites estratégicos del partido y se dispongan a debatir seriamente la construcción de una alternativa por fuera de él.

Desde la Liga Internacional Socialista (LIS) venimos construyendo este reagrupamiento, confluyendo en una organización internacional distintas experiencias y tradiciones del campo revolucionario. Así lo señalamos en una resolución de nuestro 3º Congreso: “Nos proponemos avanzar con todos los que estén dispuestos a confluir en base a acuerdos sobre los principales procesos de la lucha de clases, un programa para la acción revolucionaria y la transición al socialismo”.[1]

De nuestra parte, seguiremos batallando, dentro y fuera del PSOL, por esta perspectiva. No se trata apenas de “reorganizar la izquierda”, sino de avanzar en el reagrupamiento de la izquierda revolucionaria sobre bases programáticas firmes, independencia de clase y una estrategia para disputar la dirección política de la clase trabajadora.


[1] Resolución sobre el “Llamamiento internacional a reagrupar más fuerzas anticapitalistas, socialistas y revolucionarias”:  https://lis-isl.org/es/2025/12/iii-congreso-de-la-lis-llamado-al-reagrupamiento-revolucionario/