Este 8M, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se enmarca en un momento de ofensiva reaccionaria por parte de la extrema derecha en distintos lugares del mundo, pero también de fuertes expresiones de lucha y movilización como respuesta a esa ofensiva. Las mujeres de la LIS salimos este 8 de marzo a luchar por nuestros derechos conquistados y nos organizamos con una estrategia clara contra el patriarcado y el capital, ¡por un feminismo revolucionario, internacionalista y socialista!

Ofensiva reaccionaria de la extrema derecha contra los derechos de género

La extrema derecha avanza con una ofensiva global dirigida contra los derechos de las mujeres y de las personas LGBTQIA+, como parte de una agenda antisocial y antidemocrática más amplia. Esta está encabezada por Donald Trump en Estados Unidos y seguida por el gobierno de Javier Milei en Argentina hasta el de Giorgia Meloni en Italia, donde el objetivo es uno: atacar derechos conquistados con décadas de lucha. Se recortan políticas contra la violencia de género, se persigue la educación sexual integral, se criminaliza el derecho al aborto y se estigmatiza a las diversidades sexuales.

Estos gobiernos y movimientos no actúan de forma aislada: expresan una respuesta del sistema capitalista en crisis. Atacan las infraestructuras de cuidado con sus recortes y promueven los antiguos valores familiares, con el fin de descargar el ajuste sobre las mayorías trabajadoras y reforzar el orden patriarcal como pilar de control social.

¡La respuesta está en las calles!

Sin embargo, esta ofensiva no hace más que encender la llama de la lucha. En cada ataque surge una respuesta. En cada intento de retroceso, crece la organización. Las mujeres y las disidencias se levantan para defender los derechos conquistados e ir por más, articulando sus demandas con las luchas de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos.

La lucha por una Palestina libre y contra el genocidio perpetrado por el sionismo y apoyado por el imperialismo estadounidense y europeo; la heroica resistencia del pueblo ucraniano contra la invasión rusa sin dejar de batallar contra le OTAN y sus planes imperialistas en el Este Europeo; la solidaridad de los pueblos con el pueblo venezolano contra la intervención imperialista y contra el bloqueo criminal de Estados Unidos a Cuba, o las movilizaciones en ascenso contra Trump y el ICE, son muestras de esta respuesta que lejos de detenerse, crece. Del mismo modo, las protestas masivas en Irán contra el régimen represivo como también en la defensa de su independencia contra los ataques de EEUU e Israel, la defensa de Rojava en Kurdistán o la lucha del pueblo saharaui por su autodeterminación  demuestran cómo, frente a la violencia y la reacción del Estado, las mujeres se sitúan en primera línea de la lucha por sus derechos, su libertad y su vida. 

Por una salida revolucionaria e internacionalista

La emancipación de las mujeres y de las disidencias sexuales no será el resultado de reformas parciales ni de concesiones desde arriba. Exige una orientación socialista y revolucionaria que parta de reconocer que la opresión de género tiene dinámicas propias, aunque esté profundamente entrelazada con la explotación de clase. Integrar ambas dimensiones en una estrategia común es condición para una transformación real de la sociedad.

La lucha contra los femicidios, por el derecho al aborto legal y gratuito, por igualdad salarial, por el reconocimiento pleno de las identidades LGBTQIA+ y contra toda forma de violencia no pueden quedar aisladas ni fragmentadas. Necesitan articularse en una perspectiva que apunte a desmantelar las bases materiales que sostienen el patriarcado y el capitalismo. No se trata solo de conquistar derechos dentro del sistema, sino de cuestionar el sistema que reproduce desigualdad, violencia y opresión.

Enfrentar esta estructura implica combatir de manera integral el capitalismo en crisis, el orden patriarcal que lo atraviesa, el racismo estructural, el legado colonial y la imposición heteronormativa. No son opresiones desconectadas: forman parte de un entramado que organiza la explotación y jerarquiza vidas. Por eso, nuestra respuesta no puede ser sectorial ni meramente defensiva.

Para que las luchas no se diluyan ni sean absorbidas por proyectos institucionales que administran lo existente, es imprescindible una herramienta política revolucionaria, organizada a escala nacional e internacional. Solo una dirección consciente, con programa y estrategia, puede llevar hasta el final la pelea por una sociedad sin explotadores ni oprimidos.

Por eso decimos: no luchemos solo por defender las migajas de su mesa, luchemos por conquistar el mundo entero, para todas nosotras y todos nosotros.

Decimos no a todos los recortes en infraestructura social, porque son las mujeres, las personas migrantes y las disidencias sexuales quienes se ven obligadas a absorber la crisis, y exigimos una inversión pública masiva financiada mediante la expropiación de los ricos y sometida al control democrático de las trabajadores y los trabajadores.

Decimos no a los despidos, los recortes salariales y el aumento del ritmo de trabajo que nos afectan primero a las trabajadoras y a los trabajadores; en cambio, luchamos por la igualdad salarial, la reducción de la jornada laboral con compensación salarial completa y la redistribución del trabajo entre todas y todos.

Decimos no a la carga interminable del cuidado, la crianza y las tareas domésticas no remuneradas que recaen sobre las mujeres; en cambio, luchamos por la socialización del trabajo reproductivo, por el cuidado infantil colectivo, la atención médica, las cocinas y las estructuras de cuidado y crianza organizadas por la sociedad en su conjunto, para que éste sea reconocido como un trabajo social esencial y deje de ser una obligación privada de las mujeres.

Las variantes reformistas que confían en humanizar el capitalismo terminan chocando con sus propios límites. La historia demuestra que no es posible erradicar la opresión de género sin atacar las relaciones sociales que la sostienen. Tampoco es posible acabar con el capitalismo sin la participación activa y organizada de las mujeres y disidencias como sujeto político central de la transformación.

Este 8M reafirmamos esa perspectiva. Nos movilizamos no solo para resistir los ataques de la extrema derecha, sino para fortalecer una alternativa revolucionaria e internacionalista. Porque nuestra lucha es por una reorganización profunda de la sociedad, por un mundo donde la vida valga más que la ganancia y acabar con la opresión, explotación y violencia. 

Comisión de mujeres y LGBTQIA+ de la Liga Internacional Socialista