En el marco de la guerra iniciada por la invasión rusa, Ucrania ha lanzado su mayor ofensiva del año contra infraestructuras petroleras, en respuesta a los ataques rusos. En Europa del Este también se profundiza la crisis energética global provocada por la agresión imperialista-sionista contra Irán.
Por Oleg Vernik – Liga Socialista Ucraniana (LSU)
Respuesta ucraniana a las agresiones rusas
La segunda guerra desatada a gran escala por el invasor ruso a nuestro país, desde febrero de 2022 escala en forma constante, con ataques contra infraestructuras civiles y energéticas. Desde el inicio del conflicto el ejército agresor ha utilizado misiles y drones para destruir redes eléctricas, ciudades y puertos ucranianos, provocando muertes civiles y devastación económica.
Como Putin proyectó una guerra de pocos días, no lo logró en cuatro años, está intentando doblegar la resistencia tanto en los frentes de combate como en la retaguardia. Quedó nuevamente evidenciado durante lo más crudo del último invierno que se está yendo -las temperaturas promediaron los -15º C-, cuando los bombardeos privilegiaron la destrucción de la producción de energía para que no haya ni calefacción ni luz. Y nuevamente, ha fracasado porque no nos rendimos.
En los últimos días, Rusia intensificó su ofensiva: con el lanzamiento de cerca de 1.000 drones en apenas un día, ha sido uno de los mayores ataques aéreos que hemos soportado, lamentando las víctimas y sufriendo daños en varias regiones.

Ataque ruso con drones al centro histórico de Lviv.
Como respuesta, entre la noche del martes 24 y la mañana del miércoles 25 de marzo, el ejército ucraniano ejecutó una ofensiva masiva con drones sobre territorio ruso. El ataque alcanzó el puerto de Ust-Luga, uno de los principales nodos de exportación de petróleo de Rusia en el mar Báltico.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber interceptado cientos de drones -cerca de 389 en una sola noche-, pero tuvo que reconocer que hubo impactos en infraestructuras clave.
Uno de los golpes más importantes
Este ataque representa uno de los golpes más significativos de Ucrania contra la economía de guerra rusa en 2026. No se trata solo de una acción militar, sino de una operación estratégica orientada a debilitar la capacidad exportadora de hidrocarburos del Kremlin.
Los puertos del Báltico son fundamentales para sostener los ingresos del Estado ruso, especialmente en un contexto de sanciones internacionales. Ucrania ya venía desarrollando esta estrategia: en 2025 atacó instalaciones en Primorsk y hasta petroleros en rutas internacionales, buscando interrumpir la llamada “flota en la sombra” que permite a Rusia eludir sanciones. Ahora también se lo permite Trump que suspendió las restricciones a las exportaciones rusas para intentar palear el desastre energético y económico que está provocando la agresión imperialista-sionista a Irán en el Golfo Pérsico.
La novedad de la respuesta ucraniana está es su escala, profundidad territorial y precisión. Golpear Ust-Luga implica llevar la guerra a más de mil kilómetros del frente, afectando directamente el corazón logístico del imperialismo ruso. La acción es un golpe concreto y simbólico para los agresores que moraliza a la resistencia ucraniana.
Las guerras imperialistas generan muertes, destrucción y crisis
Las consecuencias que se avizoran son múltiples. Para Rusia, estos ataques significan un aumento del costo de exportación, mayores riesgos logísticos y presión sobre su principal fuente de ingresos: el petróleo. Para nuestro país implican la demostración de capacidad de ofensiva estratégica, en el contexto de una enorme disparidad de fuerzas, y también el riesgo de que suframos represalias más intensas, particularmente sobre la población civil.
A nivel global, el impacto es aún mayor. La guerra en Ucrania se entrelaza con la nueva guerra en Oriente Medio iniciada en 2026, que afecta directamente a la producción energética en Irán. Con conflictos simultáneos en dos regiones clave del suministro energético mundial, el resultado es una mayor inestabilidad en los precios del petróleo y el gas, tensando la economía global.
Las guerras iniciadas en el Este Europeo por el imperialismo ruso y en Medio Oriente por el imperialismo estadounidense y su gendarme sionista, provocan destrucción, muertes y se convierten en un factor estructural de crisis capitalista internacional.
Otros aspectos por destacar
Este ataque, al igual que se está viendo en el Golfo Pérsico, también confirma la creciente centralidad de los drones en la guerra moderna y que Ucrania ha desarrollado una capacidad tecnológica que le permite golpear en profundidad, replicando e incluso superando en algunos aspectos la estrategia rusa, a pesar de la abrumadora superioridad de su ejército y logística de guerra; más allá de que EE. UU. y la OTAN solo proveen de armas a Ucrania para defenderse, no para derrotar a Rusia ni para golpear sobre objetivos estratégicos.
La extensión geográfica de los ataques -desde el Báltico hasta el Mediterráneo- muestra que la guerra ha adquirido un carácter cada vez más amplio, imprevisible, que afecta infraestructura clave y a la economía global.
Seguimos resistiendo
Seguimos resistiendo en los frentes de combate y en la retaguardia, lo hacemos por nuestras vidas, soberanía e integridad territorial. Tenemos el derecho de hacerlo con todos los medios a nuestro alcance, por eso, necesitamos que haya reclamos y movilizaciones solidarias en todo el mundo, como plantea la Liga Internacional Socialista (LIS) que integramos con la Liga Socialista Ucraniana (LSU).
Resistimos sin brindar respaldo político al gobierno liberal y anti obrero de Zelenski ni a las potencias de la OTAN, que buscan capitalizar el conflicto para sus propios intereses geopolíticos. La salida no vendrá de las potencias, sino de la acción independiente de los pueblos y trabajadores contra la guerra y el sistema que la engendra, como de la construcción de una fuerza de izquierda consecuente en nuestro país.





