La disputa entre Trump y China mata a la verdad… y a las personas

En las últimas horas, a partir del reconocimiento de 1.209 nuevas muertes en Wuhan, han recrudecido las acusaciones de Trump a China por ocultar el surgimiento del virus y también a la Organización Mundial de la Salud (OMS) por ser de cómplice de esto. El mandatario norteamericano, responsable de que su país sea hoy el centro de la pandemia con 30.000 muertos, intenta a partir de los graves ocultamientos de la burocracia china, desviar la atención sobre la crisis en su país, mientras utiliza este hecho en su disputa con la camarilla de Xi Jinping. Como en toda grave crisis entre potencias capitalistas, la primera víctima es la verdad, luego vienen las víctimas humanas.

Por Gustavo Giménez

El reconocimiento tardío de la burocracia china de numerosos nuevos decesos en Wuhan, con la excusa de que no habían sido contabilizadas por haber fallecido en su domicilio pone en duda todas las cifras oficiales del gobierno de Beijín. Según las autoridades las victimas serian por lo menos un 50% más en Wuhan de las informadas en su momento y el total ascendería a 4.632. Sin embargo, a fin de marzo las funerarias de Wuhan realizaron entregas de miles de urnas funerarias, cuyo monto fue muy superior a las cifras de muertos oficiales: “El medio de comunicación chino Caixin informó que sólo un proveedor entregó 5.000 urnas a la funeraria Hankou en un solo día, el doble del número oficial de muertes. Algunas publicaciones han estimado que las ocho funerarias están entregando aproximadamente 3.500 urnas en total cada día” (La Voz, 30/03/2020). Estimaciones independientes, muy difíciles de comprobar por el cerrojo informativo de la dictadura china, llegan a multiplicar por diez las cifras oficiales.

Es mundialmente conocido como el gobierno chino tardó en develar la verdad sobre el virus en curso, amonestando y reprimiendo al médico oftalmólogo Li Wenliang, luego fallecido por el contagio de Covid-19 y convertido post mortem en héroe nacional, que aviso sobre el surgimiento de una nueva enfermedad.

Así lo describe Kevin Lin:los primeros indicios de algo nuevo y altamente contagioso se remontan a diciembre de 2019, aunque más tarde se sospechó que las infecciones podrían haber comenzado antes”, “la primera reacción del gobierno de Wuhan fue anular lo que calificaron de rumores, poner a varios de ellos bajo custodia policial y obligarlos a firmar una confesión para denunciar los rumores”, “una vez que se reconoció la gravedad, el gobierno nacional entró en modo de pánico y bloqueó a Wuhan y luego a toda la provincia de Hubei. A las personas se les dio poco tiempo para prepararse para el cierre, y unos 5 millones de personas huyeron de la ciudad en pánico muy probablemente luego de llevar el virus a otras partes de China.”[1]

La censura brutal que la dictadura totalitaria del PC chino practica desde hace décadas se impuso desde entonces y paulatinamente fueron acalladas las voces de protesta que surgieron frente al desastroso tratamiento de la pandemia. La tardanza en reconocer el peligro en ciernes hizo que en Wuhan se permitieran actividades públicas, como un banquete que en celebración del Año Nuevo Lunar reunió a decenas de miles de personas, lo que disparó a 3000 infectados el brote, algo que podía haberse evitado.

Estas demoras inconcebibles hicieron que recién el 20 de enero Xi Jinping anunciara al mundo sobre la gravedad del brote. La demora ha sido criminal. Luego una política de aislamiento total de la provincia de Hubei a la que pertenece Wuhan y medidas similares en muchos lugares de su territorio, muchas a punta de pistola, habrían logrado contener la pandemia, remitiéndose los nuevos casos a los ingresados del exterior como el que se está desarrollando actualmente en la ciudad nororiental de China de Suifenje, limítrofe con la ciudad rusa de Vladivostok. 

En la actualidad los medios chinos informan sobre la “normalización” de la situación, mostrando las imágenes de una Wuhan “recuperada”, de una China que envía suministros y médicos a distintas partes del mundo, aunque la enorme censura impuesta hace difícil precisar la real situación de la pandemia.

Las denuncias de Trump

El mandatario imperialista ha lanzado sus acusaciones contra el manejo criminal de Xi Jinping y la cobertura de la OMS. Se basa, aparte de lo que es mundialmente conocido, en denuncias de la actitud de la OMS de no reconocer los alertas hechos por Taiwán, la isla rebelde protegida por el imperialismo, sobre el surgimiento de un peligroso brote, que la OMS habría desestimado por consideraciones burocráticas.

En el medio de la polémica resurgen teorías conspirativas, como la supuesta creación del virus como parte de la guerra biológica, contradiciendo lo que los epidemiólogos y estudios serios como el de Rob Wallace han afirmado en torno al origen de la contaminación por la vía de la promiscuidad de la relación con los animales salvajes, las consecuencias del corrimiento de la frontera agrícola y el desequilibrio ecológico. Otras versiones hablan de una fuga accidental del Instituto de virología de Wuhan y las más recientes de que el virus provendría de otra provincia y su origen estaría en el mes de setiembre.

Las acusaciones de Trump, a las que se han sumado otros mandatarios imperialistas y una importante cantidad de medios, son lanzadas por el responsable de que el virus este arrasando ciudades enteras de EEUU por su negativa a reconocer la amenaza en ciernes cuando tenía una ventaja de dos meses de tiempo para preparar las medidas necesarias para proteger al pueblo norteamericano.  Hasta  estuvo a punto de despedir a su ministro de salud, quien confesó que otra hubiera sido la historia en EEUU si se hubiera tomado en serio la amenaza. Ahora sus ataques a la también criminal burocracia china le sirven para desviar la atención en medio de la merma de su aceptación en las últimas encuestas electorales y contribuyen a su disputa política y económica con la dirigencia china.

Lo cierto entre tantas mentiras o medias verdades es que primero la burocracia capitalista de China y luego los mandamases imperialistas como Trump son responsables de la muerte de decenas de miles y la infección de dos millones de personas en sus propios países y el mundo. Ellos utilizan la crisis al servicio de sus necesidades políticas domésticas o para continuar su disputa por la hegemonía mundial o para decirlo de otra forma, por la plusvalía en un mundo que atraviesa la crisis económica más profunda desde la crisis del 30.

La pandemia solo ha acelerado la crisis en ciernes, las disputas imperialistas, y los planes por superexplotar aún más a los trabajadores y pueblos del mundo.

Los daños económicos en China

Acompañando las cifras de la grave recesión que atraviesa el mundo y la pérdida de millones de empleos en EEUU, los datos de la economía China muestran un serio estancamiento y retroceso. Aunque la burocracia gobernante anuncia que llegará a los objetivos propuestos una vez controlada la pandemia, como señala la BBC News, para “el analista Julian Evans Pritchard, de la consultora británica Capital Economics, la contracción en la producción industrial y de servicios sugería “que el crecimiento medio del PIB fue del -13% en los dos primeros meses del año”, “sería algo sin precedentes en la historia económica moderna de Chinala última contracción del PIB en términos interanuales fue en 1976“.[2]

Asia Times cita datos de la Agencia de Noticias de China en los que se señala que el superávit comercial interanual se redujo un 80,6% en el primer trimestre.[3] O sea que ser redujo de U$S 73 mil millones a tan solo U$S 14 mil millones. Las exportaciones totales cayeron un 11,4%, las importaciones el 0,7%.[4]

En total, según escribe Zigor Aldama desde Shangai: “el PIB de China se contrajo un 6,8% en el primer trimestre, su primer retroceso en medio siglo”. Señaña que: “según la base de datos Tianyancha, durante el primer trimestre del año han cerrado 460.000 empresas chinas”, lo que impacta directamente sobre la cantidad de nuevos desocupados “cinco millones de personas perdieron su empleo, y podrían ser muchas más: según vaticinó Liu Chenjie, economista jefe de Upright Asset, en un artícu­lo publicado en la revista Caixin, hasta 205 millones de personas podrían quedarse sin trabajo en China”.[5]

Pasado el pico de la pandemia, en un proceso de “vuelta a la normalidad”, las cifras oficiales de marzo mejoraron en relación a la catástrofe de los meses anteriores, pero estos datos son de los siempre “optimistas” profesionales de la burocracia china y de los que acomodan algunas cifras a su servicio.  Los analistas especializados  señalan que aunque se recuperara la producción, hoy China puede vender mucho menos en un mundo en cuarentena,[6] han cambiado los hábitos de consumo internos y externos debido al temor al contagio, afectando ramas económicas enteras y se proyecta hasta 30 millones de nuevos desocupados para este año. Según la web especializada Tianyancha 460.000 compañías vinculadas esencialmente a la exportación cerraron y también las ventas minoristas cayeron un 15,8% en marzo. Las crisis ha afectado con fuerza a las pymes que “ representan el 99 % del número total de empresas del país, aportan alrededor del 60 % del PIB, el 50 % de los impuestos, el 75 % de la innovación tecnológica y el 80 % de los nuevos productos”.[7]

Estas cifras, suman a los daños que implican al interior del país,  un grave impacto sobre toda la economía mundial, ya que China es el tercer fabricante y el mayor exportador del mundo.

Perspectivas

La crisis va a agudizar la disputa inter imperialista y la búsqueda del aumento de la explotación de los trabajadores y los países coloniales.

Ya he mencionado como Trump y Xi Jinping lejos de cooperar para responder a la mayor crisis sanitaria del mundo de los últimos tiempos actúan en forma criminal al servicio de proteger sus ganancias capitalistas. Lejos de alejarse, pareciera que la pelea por la hegemonía mundial, cuyo centro conserva EEUU, tiende a agravarse.

En estos días los analistas internacionales han escrito diversos artículos sobre cómo, a pesar de que China será mucho más golpeada que en la crisis del 2008 por la gran recesión mundial que ya se anunciaba antes del Covid-19, que ha pegado un importante salto con más de la mitad del mundo en cuarentena, la burocracia de Xi Jinping avanzará en sus pretensiones imperialistas tanto en LA, África y Asia, en los cuales tiene fuertes inversiones en la obtención de recursos naturales.

Acompañando esta ofensiva otro capítulo a despejar es hasta cuanto avanzará en la explotación de su propio pueblo y clase trabajadora, en el cual existen importantes sectores que viven en la pobreza, como se comprobó en la falta de insumos médicos para enfrentar el estallido del brote en Wuhan. La reciente resolución de trasladar a 80.000 uigures[8] desde sus centros de detención en la provincia de Xinjiang “a fábricas de toda China que producen para decenas de marcas multinacionales, entre ellas Apple y Nike, según revela un informe elaborado por el Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI)”.[9] Es un claro indicador de cual son los planes de un régimen totalitario que ha reforzado con la excusa del combate al coronavirus todos sus rasgos represivos.

Aunque todavía estamos transitando esta enorme crisis humanitaria que significa la pandemia del coronavirus, los socialistas revolucionarios que integramos la LIS estamos convencidos que la clase trabajadora y el pueblo, tanto de China como a nivel mundial saldrá más temprano que tarde a enfrentar los planes de expoliación capitalista imperialista, peleando por el único modelo que puede rescatar y salvar a la raza humana y al planeta del actual desastre en que lo ha sumido el sistema capitalista, una sociedad socialista con democracia obrera para todos los trabajadores y los pueblos.


[1] Kevin Lin es activista e investigador del movimiento laboral chino y miembro del Comité Internacional de los Socialistas Democráticos de América. Coedita la revista de acceso abierto Made in China. Estas declaraciones son parte de una entrevista realizada por No Borders News. 

[2] Artículo “El colapso en la economía china por el coronavirus (y porque es una gran amenaza para el mundo)”, publicado en BBC News Mundo, 17/03/2020).

[3] Artículo “El superávit comercial de China disminuyó un 80% en el primer trimestre”, publicado en Asia Times, 14/04/2020.

[4] Mientras que el comercio interanual en este trimestre con la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) creció un 6,1% (un total de U$S 140,77 mil millones), con la Unión Europea bajo 10,4% (un total de U$S 124,33 mil millones), con EEUU cayó un 18,3% (quedando en un total de U$S 94,86 mil millones) y con Japón disminuyó en 8,1% (un total de U$S 66,13 mil millones).

[5] Artículo “China la larga marcha hacia la normalidad”, publicado en el diario El País de España, 17/04/20.

[6] En la artículo “Desempleo por el Covid-19 amenaza plan contra la pobreza en China” publicado en la web El Economista del 12/04/2020 se señala que el banco Nomura, calcula en 18 millones los empleos perdidos en el campo de exportación de China, cerca de un tercio de empleos del sector.        

[7] Datos del artículo “Políticas de ayuda a las pymes” publicado en China Hoy del 12/04/2020.

[8] Los uigures constituyen una minoría oprimida por la burocracia gran china. En este país son alrededor de un millón de habitantes y son muy graves las denuncias de los organismos de derechos humanos que describen su confinamiento en campos de concentración, llamados eufemísticamente por el gobierno chino, como campos de “reeducación”. Los uigures son una etnia musulmana de aproximadamente unos 20 millones distribuidos por distintos puntos de Asia Central. En China son perseguidos y desalojados de sus territorios originales.

[9] Artículo “China traslada a presos de la minoría uigur a fábricas que trabajan para Apple o Nike, según una investigación”, publicado en eldiario.es, 02/03/2020