A 80 años del asesinato de Trotsky: Natalia Sedova contra el stalinismo y el olvido

«Ustedes han enviado a L. D. al destierro por ’contrarrevolucionario’, amparándose en el artículo 56. Procederían ustedes lógicamente si declarasen que no les interesaba en lo más mínimo su salud. Con esto, no harían más que proceder de un modo consecuente. Con esa consecuencia anonadora que, si no se le pone remedio, acabará por mandar a la sepultura, no sólo a los mejores revolucionarios, sino también al partido y a la propia revolución. Pero, por miedo seguramente a la clase obrera, les falta a ustedes valor para llegar a esa consecuencia. (…). El hecho de que se les obligue a dar cuenta a las masas de este asunto e intenten ustedes salir del paso de una manera tan indigna, demuestra que la clase obrera no cree las mentiras políticas que le dicen acerca de Trotsky. [i]

Por Maura Gálvez – Bernabé, Movimiento Anticapitalista – Juntas y a La Izquierda- Chile

Se cumplen 80 años del asesinato de León Trotsky a manos del stalinismo y como feministas anticapitalistas no podemos dejar de recordar a su compañera de vida y lucha, Natalia Ivanovna Sedova, quien juntó a León, enfrentó al aparato burocrático más poderosos de la historia y, además fue la piedra angular para mantener la memoria viva del viejo revolucionario.

Como joven estudiante de una universidad femenina en Moscú entró en el movimiento revolucionario adhiriéndose a la socialdemocracia, aquella primera experiencia fue parte de su trayecto que posteriormente, al trasladarse a Ginebra para estudiar botánica, siguió extendiéndose en su incorporación al grupo de estudios marxistas dirigido por Plejanov, hecho que le permitió colaborar con el periódico Iskra.

La historia de Natalia como parte de la camada revolucionaria de la agitada Rusia es apasionante. A los 19 años ya asumía la tarea de transportar clandestinamente textos del partido bajo la lupa de la policía zarista. Luego en 1902 conoce a León y comienzan juntes un periplo que enlazaba la revolución, la cárcel, el exilio y la crianza de dos niños.

En las álgidas jornadas previas al octubre rojo, Natalia trabajaba en el sindicato de obreros de la madera, mientras León dirigía el Soviet de Petrogrado. Días sin reposo y casi sin dormir conllevaban la pareja y militantes revolucionarixs. En las jornadas de la transformación social el tiempo se trazaba con el cotidiano, la vida y sus hijos, al respecto ella escribía: “L.D. y yo no parábamos un momento en casa. Los chicos, cuando volvían de la escuela y no nos encontraban allí, se echaban también a la calle. Las manifestaciones, los disturbios callejeros, los tiroteos, que eran frecuentes, me infundían en aquellos días mucho miedo, por ellos; téngase en cuenta que eran la mar de revolucionarios”[ii]

Natalia hizo de su cotidiano el habitar en la revolución y tras ese histórico 8M de 1917 en dónde las mujeres encendieron la mecha del estallido bajo el clamor de pan, paz y trabajo, ya no había vuelta atrás, se comenzaban a forjar los gérmenes que darían paso al gobierno de las y los trabajadores. Una tarea nada fácil, lxs bolcheviques a la cabeza de los soviets asaltaban el cielo por asalto, aunque la reacción actuaba, ahí su compañero, desde los escombros puso en pie una milicia compuesta de trabajadores, campesinos y soldados, el ejército rojo, que, dirigido por Trotsky, enfrentó una guerra civil y a 14 países imperialistas que buscaban impedir el avance de la revolución.

Mientras transcurría la guerra civil Natalia dirigía el servicio de museos y monumentos, León, sobre este pasaje de la vida de su compañera dice: “Trabajaba en el Comisariado de Instrucción Pública, donde tenía a su cargo la dirección de los museos, monumentos históricos, etc. Le cupo en suerte defender bajo las condiciones de vida de la guerra civil los monumentos del pasado. y por cierto que no era empresa fácil. Ni las tropas blancas ni las rojas sentían gran inclinación en preocuparse del valor histórico de las catedrales de las provincias ni de las iglesias antiguas.”[iii]

La historia del primer gobierno de las y los trabajadores fue un aprendizaje tremendo para las generaciones posteriores que sabemos que es posible un mundo nuevo.

A partir de una serie de factores históricos (que no podemos analizar en este texto) se fueron abriendo el paso al Termidor, se constituyó el aparato burocrático más funesto de la historia dirigido por Stalin, que fue salvajemente combatido por León y Natalia y por la llamada oposición de izquierda. Los años venideros se fueron produciendo el retroceso de aquellas conquistas que la revolución había consolidado, como el derecho al aborto, la socialización de las tareas de cuidado que recaen sobre las mujeres encarnadas en comedores y lavanderías públicas, el matrimonio homosexual. No es casual que estas fueran las primeras conquistas extirpadas anunciando la debacle que venía.

Pese al combate político interno de la oposición, las mentiras, los asesinatos y la persecución montada por la casta burocrática que se hizo del control del Estado avanzó en las purgas de la dirección bolchevique, así atrincheraron los márgenes para frenar el avance de la revolución y de esa forma ir consolidando una casta alejada a los organismos democráticos que parió la experiencia del octubre más rojo de nuestra historia y por los que Natalia dedicó su vida.

Los años en cierne fueron el exilio inquietante en medio de la asechanza stalinista y también del fascismo que surgía en Europa. El asesinato de sus hijos, colaboradores y amigxs cercanos marcaron a fuego su voluntad revolucionaria, ratificando la lucha inclaudicable hasta el final por la liberación de la humanidad.

La muerte andaba cerca, Natalia y León lo sabían, era solo cuestión de tiempo que cayera sobre ellos, por tanto, había que aprovechar cada minuto para seguir impulsando la tarea histórica de la construcción de una alternativa a la barbarie capitalista y stalinista. Durante ese peregrinaje de destierro, León escribe La Historia de la Revolución RusaMi vida (libro donde fue fundamental la participación de Natalia), Trotsky además profundiza La teoría de la revolución permanente”, como respuesta a la tesis del socialismo en un solo país que empujaba la ya decadente Tercera Internacional y el texto fundacional de la IV, “La Agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional o el Programa de transición”, entre una basta y voluminosa cantidad de escritos.

Estando en Noruega con la muerte a la vuelta de la esquina y sin que ningún país accediera a darles asilo, el gobierno mexicano les permitió un respiro en medio de la larga marcha. Allí nuevamente el aparato burocrático del PC se hizo presente, encabezado por el muralista David Alfaro Siqueiros un grupo se dirigió a la casa de Coyoacán una noche de mayo y mientras Natalia, León y su nieto dormían, abrieron fuego las metrallas contra la habitación. La torpeza de quienes llevaron adelante el atentado mandatado desde la URSS permitió continuar la batalla. Las marcas de balas están aún intactas en las paredes de adobe de la casa. Natalia se encargó de que no fueran borradas como una sentencia que constatara la verdad al resto de la humanidad.

Casa Museo León Trtosky

Ese espíritu de Natalia, el mismo que en plena revolución y guerra civil encabezaba la conservación del patrimonio de la vieja sociedad como bastión para el porvenir, en un compromiso doble lleno de humanidad y política revolucionaria precipitó su noción y rol histórico que debía jugar llegado el momento fatal. El 20 de agosto de 1940 Ramón Mercader entierra un piolet en el cráneo del dirigente bolchevique. Fue la mano de Stalin desde el Kremlin. Natalia al confirmar lo inminente, gritó “NO TOQUEN NADA, HAY QUE DEJARLO TODO COMO ESTÁ”, un día después Muere León Trotsky.

Durante los veintidós años que siguieron Natalia mantuvo intacta esa decisión, los lentes rotos en el escritorio, los libros, las flores que decoraron el color de su patio. Así definió sus años de vida, a consagrar la memoria de su compañero, su hijo y las y los miles de revolucionares asesinados a manos de Stalin. Guardiana de la verdad en medio de la tempestad. Tarea fundamental, pues sin Trotsky, el marxismo revolucionario hubiera perdido un hilo primordial de la experiencia del primer gobierno de las y los trabajadores, explicación de la obsesión de Stalin por acabar con el legado viviente del bolchevismo y a la que Natalia, no sólo combatió, también logró preservar, en su deslumbradora conservación, parte de esa disputa por la memoria y la verdad al aparato que sólo con mentiras y sangre pudo avanzar.

Y así lo expresa Natalia en una carta dirigida a Lázaro Cárdenas a tres semanas del asesinato de su compañero: “… No ha habido en la historia una época tan oscurecida como la nuestra, por la mentira, la calumnia, el crimen y la inhumanidad. Los luchadores honrados caen como víctimas. Su memoria, sin embargo, será eterna…  (La) Calumnia y mentira que no son armas capaces de asegurar a quien las maneja una victoria definitiva”.[iv]

Natalia rompe con la IV internacional en 1951 en una carta donde reprocha a los dirigentes de la organización trotskista de mantenerse en las posiciones que eran las de Trotsky en el momento de su muerte. Consideraba que la evolución de la URSS obligaba a una nueva apreciación. “No podemos continuar considerando al Estado soviético como un Estado obrero”[v]Debate que ocupó gran parte de la joven internacional.

En 1962 un cáncer le quitó la vida lejos de México. Su orden era que sus restos descansaran en el país americano, en la tumba de la casa de Coyoacán junto a su compañero y así se hizo. La casa de Coyoacán, es la conservación del tiempo detenido luchando contra el stalinismo, el capitalismo y su engendro, el fascismo. El pasto verde se cuela por los rincones y las flores que Natalia plantó, florecen en cada rincón destellando colores. Los libros que tuvieron que sortear más de una dificultas, intactos en todas las habitaciones. En su pieza descansa sobre la cama el bastón de León, arquitectura de quienes viven y mueren para conservar la verdad de la que hoy nos aferramos las nuevas generaciones.

Mucho de lo que hoy podemos ver de ese momento de la historia se lo debemos a ella y nuestra forma de recordar la trayectoria de Natalia y León es militando por la construcción de ese mundo nuevo que la pareja revolucionaria le entregó la vida entera. Tarea urgente en un mundo lleno de crisis, la revolución en el siglo XXI es nuestra voluntad, nuestro compromiso como feministas revolucionarias.


[i] Fragmento del telegrama enviado por Natalia Sedova a Uglanof, por entonces secretario de la organización de Moscú, el 20 de septiembre de 1928, citado por León Trotsky en su libro Mi vida.

[ii] Marguerite Bonnet Natalia Sedova Una vida de Revolucionaria 1962

[iii] Mi vida, Leon Trotsky

[iv] Carta en la casa museo León Trotsky Enviada por Natalia Sedova a Lázaro Cárdenas el 11 de Septiembre de 1940

[v] Carta a la IV Internacional 1951