Francia – 8M: en las calles en defensa propia

El capitalismo patriarcal nunca nos dio tregua, por el contrario, con la profundización de la crisis económica, política y social, aumentó también la precarización de nuestras condiciones de vida, empujándonos a más miseria, violencia y muerte. En Francia, una mujer muere por ser mujer cada 48hs, los salarios de las mujeres son un 24,4% más bajos y casi un 30% de mujeres de menos de 25 años no puede pagar elementos de protección higiénica[1]. Y la situación empeora en todas las esferas si sos migrante. Frente a este escenario, este 7 y 8 de marzo seguiremos en las calles, en defensa de nuestro derecho a vivir y en dignidad.

Por Tamara Madrid

La desigualdad y violencia en cifras

134 femicidios en 2023. La mañana de navidad Béatrice y sus 4 hijos habían sido asesinados por quien era su pareja y padre de familia. El 1 de enero, 3 niños iniciaron el año sin su madre, asesinada también por su pareja. En lo que va del 2024, a 31 mujeres les quitaron la vida por ser mujeres. Y lejos de disminuir, la dinámica es de aumento. ¿Por qué sucede esto?

El femicidio es el último eslabón de la violencia machista que se monta sobre una desigualdad estructural que el sistema capitalista se compromete a reproducir (Dome, 2017). El mismo, «sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres» (Lagarde, 2005), por lo que, el proceso de precarización creciente de nuestras condiciones de vida como resultado de la crisis económica, política y social se constituye en el escenario que más favorece a la reproducción de la violencia machista.

En Francia, según el Observatorio de violencias hechas hacia las mujeres, de las 321.000 mujeres que vivieron algún tipo de violencia (física, sexual o psicológica) por su pareja o ex pareja en el año 2022, solo el 15% realizó una presentación en la policía. Y observamos lo mismo en relación a las denuncias por violación, intento de violación y/o abuso sexual: el 91% de las mujeres conocían a su agresor[2], pero solo alrededor del 6% hizo la denuncia. ¿Por qué las mujeres no denuncian si conocen quién es el agresor?

Una investigación realizada por Le Monde en 2018 muestra que un tercio de las víctimas había denunciado la violencia machista a las autoridades antes de morir, pero el 80% de estas denuncias se habían archivado.[3] Es evidente, la experiencia demuestra que obtener alguna respuesta favorable a través de la policía y la justicia es casi imposible[4]. Y más aún cuando el jefe de estado siempre puso en jaque la credibilidad de quienes denunciaban y defendió con absoluta impunidad a hombres como Depardieu acusados de violación y agresión sexual[5].

Esto es fundamental, porque el femicidio en tanto hecho culmen de la violencia machista, constituye una muerte evitable, ¿de qué manera? Si las mujeres denunciaran el primer hecho de violencia, fueran escuchadas y acompañadas desde el primer momento, jamás se llegaría al femicidio porque se habrían generado las condiciones necesarias y suficientes para garantizar su bienestar: protección física, acompañamiento jurídico y psicológico, ayudas económicas en camino a un reinserción laboral para lograr su independencia económica, entre otros. Pero qué decir cuando ni siquiera la figura jurídica legal de “femicidio” existe.

Problemas sin resolver: ¿cuál es la lucha que necesitamos?

Aunque venimos de conquistar la adopción en la constitución de la interrupción voluntaria del embarazo, las peleas que debemos librar son muchas. En materia salarial, el Observatorio de desigualdades muestra que las mujeres ganamos un 24,4% menos que los hombres[6]. Teniendo en cuenta todas las horas de trabajo juntas (a tiempo parcial y a tiempo completo), los salarios de las mujeres equivalen en promedio el 75,6% de los salarios de los hombres, según los datos del INSEE para 2021. A su vez, los empleos y puestos predominantemente ocupados por mujeres suelen ser también los peor pagados: las mujeres ganan en promedio un 4,3% menos que los hombres por las mismas horas de trabajo en un puesto comparable.

Si hablamos de educación sexual, sabemos que son al menos 3 jornadas al año que deberían dedicarse al aporte de información objetiva y científica a las y los estudiantes, que les permita comprender las diferentes dimensiones de la sexualidad (biológica, afectiva, cultural, etc), para favorecer un cuidado integral de sí mismos y de otros[7]. Y aunque es mínimo, ni siquiera sucede. El Primer Ministro, Gabriel Attal, anunció que en el inicio del ciclo escolar 2024 se introducirá en las escuelas un nuevo programa de educación afectiva, relacional y sexual, pero tal programa no se está construyendo junto a los docentes -que son quienes transitan las aulas-, por lo que es difícil tener algún tipo de esperanza. La educación sexual debe ser integral, transversal a todos los niveles y materias del sistema educativo, laica, y con perspectiva de género. 3 jornadas son insuficientes, pero un programa nuevo lo seguirá siendo si no se construye colectivamente, junto a la comunidad educativa toda, en su contenido y forma.

Asimismo, la educación sexual desde temprana edad es fundamental, pero también lo es la formación de quienes reciben la denuncia por violencia de género y deben acompañar: policía, abogados, trabajadores de la salud. Sin la misma, nos encontramos frente a nuevas victimizaciones, violencias, que contribuyen a profundizar la situación de vulnerabilidad en la que ya se encuentran quienes denuncian.

Finalmente, para llevar adelante los cambios que hacen falta, se necesita presupuesto y la realidad es que el mismo se encuentra lejos de responder a las necesidades, según afirman diferentes asociaciones que se encargan de acompañar a miles de mujeres cada año.

La calle, nuestra herramienta de lucha

La violencia machista suele ser la respuesta fallida del patriarcado ante el quiebre de los modelos hegemónicos de feminidad y masculinidad, y pretende lo imposible: restaurar antiguos roles, revertir la transformación de la sexualidad femenina y reducir la capacidad de decisión de las mujeres (Dome, 2017). Si el Estado no promueve cambios suprestructurales para acompañar tales reconfiguraciones, y por otro, no implementa políticas públicas inmediatas, la cantidad de mujeres asesinadas se sostendrá. Y va un spoiler: el Estado no lo hará a menos que de manera colectiva se lo arranquemos. Es gracias a nuestra organización y lucha que fuimos conquistando nuevas plataformas de derechos y es el camino que debemos continuar. Por eso este 7M en la manifestación nocturna en París y el 8M a nivel internacional, que las calles nos sigan encontrando en defensa propia.


[1] https://www.francebleu.fr/infos/economie-social/precarite-un-francais-sur-deux-affirme-reduire-sa-consommation-de-produits-d-hygiene-selon-une-etude-8147482

[2] https://www.noustoutes.org/comprendre-les-chiffres/

[3] https://www.lemonde.fr/societe/article/2019/10/21/feminicides-face-aux-signaux-d-alerte-les-rates-et-l-indifference-des-forces-de-l-ordre_6016266_3224.html

[4] https://www.24heures.ch/entretien-sur-la-justice-sexuelle-la-probabilite-d-etre-reconnue-comme-victime-est-faible-929001951842

[5] https://lis-isl.org/2023/12/23/francia-macron-contra-los-migrantes-y-a-favor-de-depardieu/

[6] https://www.inegalites.fr/femmes-hommes-salaires-inegalites

[7] https://www.education.gouv.fr/education-la-sexualite-1814