Por Socialist Horizon

Las impresionantes movilizaciones masivas que colmaron las calles de Minneapolis el 23 de enero, en medio de un cierre generalizado de lugares de trabajo y escuelas, marcaron la transición de las protestas localizadas contra el ICE hacia un movimiento de masas. Un segundo asesinato siniestro de ICE al día siguiente resaltó que es mucho lo que está en juego en esta lucha. Los disparos efectuados por un agente de ICE contra un hombre indefenso mientras era golpeado por seis agentes de ICE el 24 de enero demuestran que hará falta un movimiento de masas aún mayor y más poderoso, con acciones y huelgas del movimiento obrero. Incluso la funcionaria de derechos humanos de Minneapolis que trabajó en ayuda humanitaria en zonas de guerra en Yemen y Ucrania comparó su experiencia con lo que está viendo en la ciudad.

La movilización del 23 de enero y la protesta por el último asesinato del ICE al día siguiente mostraron el potencial de una lucha más amplia contra la represión letal de Trump en casa y la acción militar en el extranjero. La izquierda socialista independiente está en medio de esta lucha y tiene un importante papel que desempeñar en ella.

Aunque el gobierno de Trump lleva meses reprimiento y atacando a los trabajadores y bombardeando vaios países, los hechos de enero han arrojado a Estados Unidos -y al mundo entero- a un nuevo terreno. El respaldo personal de Trump al asesinato de la manifestante pacífica Renee Goode por un agente federal de ICE en Minneapolis, fue un mensaje de que los agentes federales estadounidenses tienen licencia para matar a cualquiera que se interponga en su camino. Pero lejos de intimidar al movimiento, impulsó lo que puede ser la mayor oleada de organización popular en una ciudad desde el apogeo del movimiento por los derechos civiles de los años sesenta. Ahora, ICE se dirige con fuerza abrumadora a ciudades más pequeñas, como Portland y Lewiston (Maine), tras haber encontrado resistencia en Los Ángeles y Chicago. Aun así, el movimiento sigue extendiéndose y comienza a desarrollar una coordinación nacional.

La movilización de masas en Minneapolis es un momento decisivo para la izquierda. Unió a los trabajadores organizados con el movimiento social anti-ICE. El gobierno de Trump ha demostrado que no dará marcha atrás a menos que y hasta que el movimiento tenga la magnitud y fuerza para obligarlo a hacerlo. Mientras que las enormes protestas «No Kings» de octubre de 2025 mostraron la amplitud de la oposición a Trump, la lucha a vida o muerte para hacer retroceder a ICE ha dado lugar a una ola de activismo y organización del pueblo trabajador que aporta un nuevo poder colectivo a la resistencia.

La necesidad organización anti-guerra

El potencial de vincular el movimiento anti-ICE con la oposición al imperialismo estadounidense está presente. Las recientes aventuras militares de Estados Unidos son son ampliamente rechazadas, desde el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro en un ataque que mató a 100 personas, la amenaza de atacar Irán y el plan para anexar Groenlandia, incluso a costa de una confrontación armada con Dinamarca, aliado de la OTAN. Aunque Trump terminó retrocediende de su amenaza a Groenlandia, estamos en una nueva era de agresión imperialista, ya sea la invasión rusa de Ucrania o la declaración de Trump de ser el «presidente en funciones» de Venezuela. El primer ministro canadiense, Mark Carney, que nadie identificaría como antiimperialista, explicó esto en su discurso en la reciente reunión de Davos, Suiza, de líderes políticos y de los súper ricos:

«Dejen de invocar el orden internacional basado en normas como si todavía funcionara como se anuncia», dijo Carney. «Llámenlo por lo que es: un sistema de rivalidad intensificada entre grandes potencias, en el que los más poderosos persiguen sus intereses, utilizando la integración económica como coerción».

Por supuesto, el «orden internacional basado en normas» siempre se gestionó en interés de las grandes potencias capitalistas a expensas de los países en desarrollo, ya fuera mediante guerras como las invasiones estadounidenses de Afganistán e Irak, o mediante trampas de deuda establecidas por el Fondo Monetario Internacional. Pero esa era del imperialismo ha dado paso a la ley de la selva, donde la fuerza hace el derecho desde Ucrania a Venezuela. Europa se encuentra apretujada entre Estados Unidos y Rusia, y aunque Estados Unidos ha aliviado las tensiones con China en los últimos meses, la confrontación es inevitable, ya que Estados Unidos trata de contener el ascenso de China como potencia mundial, un esfuerzo que comenzó antes de Trump y continuará después de él. Así, Estados Unidos planea destinar la asombrosa cifra de 839.000 millones de dólares al gasto militar este año, después de haber destripado el Departamento de Educación y recortado el gasto social.

El genocidio de Israel en Palestina es el laboratorio de esta nueva era. La financiación, armamento y coordinación por parte de Estados Unidos del genocidio de Israel en Palestina -iniciado bajo la administración Biden- es para Trump un modelo de cómo Estados Unidos llevará a cabo su política. El plan de «paz» de Trump para Gaza tiene como objetivo consolidar el dominio estadounidense/israelí en Oriente Medio. Los elementos de extrema derecha y fascistas del gobierno israelí, antaño parias, están a la vanguardia de este giro en la política internacional. Trump trata de coordinar estas tendencias a escala mundial respaldando a partidos de extrema derecha en Alemania, Reino Unido, Italia y otros países, al tiempo que sigue el modelo del gobierno autoritario de Hungría.

Las tareas de la izquierda

Trump es impopular, una amplia mayoría lo rechaza, pero aún no está debilitado políticamente. Steve Bannon, aliado de extrema derecha de Trump, compara el Congreso de mayoría republicana con la impotente Duma rusa. La Corte Suprema de Estados Unidos ha habilitado las apropiaciones de poder autoritarias de Trump en múltiples ocasiones, desde los despidos masivos de trabajadores federales hasta los recortes en el presupuesto de salud. Los intentos de Trump de controlar el Banco de la Reserva Federal y sus aranceles inquietan a la clase capitalista. Pero los multimillonarios de Silicon Valley a Wall Street han aplaudido sus políticas proempresariales y proimperialistas y se beneficiarán enormemente de sus recortes fiscales. Toleran su corrupción y su caos porque fomenta su agenda de recorte de costes laborales, debilitamiento de los sindicatos, recorte del gasto social y reafirmación del poder militar estadounidense.

Ahora, el giro de la situación internacional y nacional plantea un nuevo desafío. Exige una orientación de frente único para enfrentar el ataque estadounidense contra Venezuela, así como para sostener la solidaridad con Palestina y enfrentar otras aventuras militares estadounidenses, desde Irán hasta Cuba. El asesinato de Renee Good señala que la defensa de la libertad de expresión, que fue central en la campaña de solidaridad con Palestina, ahora debe evolucionar hacia una lucha que implique la campaña más amplia posible por las libertades civiles y el derecho a protestar sin represión mortal.

La izquierda revolucionaria tiene la responsabilidad de hacer lo que pueda para coordinar y construir tales esfuerzos. Aunque los que provenimos de la tradición del socialismo revolucionario no compartimos los puntos de vista de aquellos en la izquierda que se identifican con el régimen de Maduro, sí compartimos el objetivo común de enfrentar al imperialismo estadounidense. Del mismo modo, aunque no tenemos ilusiones en que la retórica anti-Trump y anti-ICE de los políticos demócratas se corresponda con acciones correspondientes, trabajamos junto a quienes aún buscan una salida en los demócratas. Los socialistas debemos construir estos movimientos incluso mientras luchamos por un movimiento de masas independiente capaz de levantar una resistencia sonsecuente contra Trump y la extrema derecha. Aunque la izquierda revolucionaria es aún pequeña, el nivel de radicalización de decenas de miles de personas que se están sumando a la lucha hace posible articular un ala izquierda del movimiento que pueda encarar ese desafío y construir organizaciones revolucionarias en el proceso. Un frente único de organizaciones socialistas tiene un papel importante que desempeñar en este esfuerzo.

Tenemos un tremendo legado sobre el cual construir, desde las tradiciones de lucha del movimiento obrero y la lucha de clases, hasta el movimiento de mujeres, los movimientos por los derechos de los inmigrantes, los movimientos masivos contra la guerra de Vietnam y la guerra de Irak, la oposición al imperialismo estadounidense escondido detrás de la «Guerra contra el terrorismo», y la valentía de la lucha de liberación negra -desde la lucha revolucionaria de masas contra la esclavitud, la lucha contra el sistema racista Jim Crow y la violencia estatal, hasta las rebeliones de Black Lives Matter. La resistencia de Minneapolis y el ascenso de sentimientos antiimperialistas señalan el potencial y la urgencia de construir esta resistencia ya.

Publicado originalmente en Punto Rojo