El Perú atraviesa un nuevo episodio de inestabilidad política en medio del gobierno de transición abierto tras la vacancia de Dina Boluarte en octubre del 2025. En este escenario, la censura aprobada con 75 votos a favor y 24 en contra hacia José Jerí por el Congreso de la República ya se ha concretado y produce un efecto inmediato: al ser Jerí presidente del Congreso y, a la vez, encargado de la Presidencia de la República, su destitución de la titularidad del Parlamento implica que deja automáticamente de ejercer la jefatura del Estado y retorna a su condición de congresista. En ese sentido, el país entra en un nuevo vacío de poder dentro de un calendario electoral en marcha, mientras el propio Congreso debate las listas y fórmulas que permitirán designar a quien asumirá la presidencia de transición hasta abril, cuando se celebrarán las elecciones.
La figura utilizada para desplazar a Jerí es la censura parlamentaria, no la vacancia presidencial. La censura es una medida política dirigida principalmente contra autoridades que ocupan cargos de confianza, como el presidente del Congreso, y su aprobación implica el cese inmediato en ese cargo sin impedir que la persona continúe como parlamentaria. Se aprueba con mayoría simple de los congresistas presentes en la sesión; es decir, si asisten los 130 legisladores, bastan 66 votos para concretarla. La vacancia, en cambio, es un proceso constitucional destinado a destituir al presidente de la República por causales específicas, exige un umbral de votos mucho mayor y supone la salida definitiva del cargo presidencial sin posibilidad de reintegrarse de inmediato al Congreso ni a otras funciones públicas. En el caso actual, la censura se convierte en un mecanismo más rápido y políticamente viable para remover a quien ejerce la presidencia de transición a través de la titularidad del Parlamento.
La moción fue admitida a debate en el pleno y discutida durante horas en un clima de fuerte tensión entre bancadas, negociaciones cruzadas y reposicionamientos de última hora. El resultado es la aprobación de la censura y la apertura de una nueva disputa por el control de la presidencia interina en un Congreso fragmentado y con escasa legitimidad social. Entre los elementos que alimentan la caída de Jerí se combinan denuncias por violencia sexual, cuestionamientos por reuniones y vínculos con actores asociados a capitales chinos, rupturas dentro de los bloques que sostenían el equilibrio político tras la salida de Boluarte y, sobre todo, la dinámica de confrontación entre distintas fracciones del poder económico y político en un sistema institucional que acumula crisis sin resolver.
Este nuevo panorama no puede entenderse como un hecho aislado ni como una respuesta democrática a las demandas populares. Jerí accede a la presidencia de transición tras la caída de Boluarte y es desplazado ahora en uno de los múltiples reacomodos entre sectores de la propia burguesía peruana que utilizan un aparato institucional profundamente erosionado para dirimir sus disputas internas. En la última década, el país se encamina a tener nueve presidentes, lo que se traduce en una rotación que no responde a un ejercicio efectivo de control democrático desde abajo, sino a la incapacidad del régimen político para estabilizar sus propios mecanismos de dominación. Cambian los nombres y las alianzas, pero se preservan las mismas orientaciones económicas y los mismos marcos de poder. Las presidencias se vuelven funcionales en tanto resultan útiles a las cúpulas que controlan el Parlamento y a los intereses económicos que orbitan en torno a él.
La burguesía peruana, estrechamente articulada a capitales internacionales, recurre a estos recambios para impedir que la crisis política se transforme en crisis de régimen. Asi, la censura no constituye una forma de justicia democrática ni una salida estructural frente a las denuncias o al malestar social sino que opera como un mecanismo de autorregulación del propio sistema para retirar figuras que se vuelven políticamente costosas y garantizar la continuidad del orden existente. El Parlamento no expresa la voluntad popular en un sentido sustantivo: administra la estabilidad mínima necesaria para sostener el calendario electoral y preservar el modelo económico, aun cuando ello implique reemplazar de manera sucesiva a quienes ocupan la jefatura del Estado en periodos cada vez más breves. Las mismas élites que originan la crisis se presentan luego como garantes de la gobernabilidad y del “interés nacional”, mientras buscan contener sus efectos sin alterar las bases que la producen.
En este marco, la caída de Jerí es una expresión más de una crisis estructural que no se resuelve con nuevos reemplazos dentro del mismo bloque de poder. La reiteración de censuras, vacancias y reemplazos evidencia la erosión del régimen político y la creciente distancia entre las instituciones y las mayorías sociales. Frente a ello, se vuelve necesario impulsar un proceso de organización y movilización activa desde abajo, protagonizado por trabajadores, juventudes y sectores populares, que permita transformar la actual crisis política en una apertura hacia cambios estructurales. En esa perspectiva, la convocatoria a una Asamblea Constituyente libre y soberana, surgida de la movilización social y no de los acuerdos de las cúpulas parlamentarias, aparece como una salida democrática de fondo para reconfigurar las bases del orden político y económico. No se trata únicamente de reemplazar autoridades, sino de discutir quién detenta el poder, cómo se organiza el Estado y al servicio de qué intereses. Sin un proceso constituyente impulsado desde abajo y articulado con la movilización social, la sucesión de presidentes y las disputas parlamentarias continuarán funcionando como mecanismos de contención de una crisis que, lejos de resolverse, se reproduce en beneficio de quienes concentran el poder económico y político.
Por estas razones es que desde Alternativa Socialista Perú continuaremos bregando para que de una vez y para siempre gobiernen los que nunca gobernaron, los trabajadores y el pueblo peruano. Detrás de esos objetivos también presentamos una alternativa para que en las próximas elecciones apoyemos a nuestra compañera Sofia Martinez (22 Juntos Por el Perú) para que tanto en las calles como en el parlamento la voz de los que luchan se haga escuchar. Llamamos además a todos los que se reclaman como anticapitalistas a debatir como organizarnos y, respetando nuestras diferencias, enfrentar hasta derrotar al monstruo capitalista.
Alternativa Socialista Perú





