Por Verónica O’Kelly
“Acabo de concluir mi reunión con Luiz Inácio Lula da Silva, el muy dinámico presidente de Brasil”, publicó Donald Trump en sus redes sociales poco después del encuentro en el que le extendió una alfombra roja al presidente brasileño. Lula, por su parte, respondió con entusiasmo: “Nuestra relación es muy buena. Yo diría una relación que poca gente creía que pudiera suceder en tan poco tiempo”.


Y fue más allá. Dijo que la relación entre ambos parecía “amor a primera vista”, “esa química”, y afirmó esperar que ese vínculo siga existiendo con cualquier gobierno brasileño. Las declaraciones no podrían ser más simbólicas. En un momento de crisis internacional, con el crecimiento de la extrema derecha y una escalada imperialista, Lula elige celebrar su acercamiento con Trump.
Pero no se trata solamente de palabras. El encuentro estuvo directamente ligado a los intereses económicos y estratégicos del imperialismo norteamericano sobre los recursos naturales brasileños, especialmente las llamadas “tierras raras”. Lula afirmó que Brasil debe “compartir con quien quiera hacer inversiones” e invitó a empresas extranjeras a participar de la minería y explotación de esos recursos, apoyándose en la nueva reglamentación aprobada por el Congreso.
Estamos hablando de una ley nefasta que profundiza el modelo extractivista, dependiente y subordinado al capital internacional. Una política que pone en riesgo bienes comunes estratégicos, amplía la destrucción ambiental, amenaza territorios y poblaciones y refuerza un patrón económico basado en la exportación de riquezas naturales mientras la mayoría de la población trabajadora sigue conviviendo con desempleo, precarización, inflación y bajos salarios. No hay nada de “desarrollo soberano” en entregar minerales estratégicos a las grandes potencias y multinacionales.
Según Lula, las “mayores democracias” del continente son un ejemplo para el mundo
Al mismo tiempo, Lula elogió la “democracia” de Estados Unidos. La misma democracia imperialista responsable de invasiones, guerras, bloqueos económicos y ataques permanentes contra los pueblos del mundo. La misma democracia que sostiene política, militar y económicamente al Estado sionista de Israel en el genocidio televisado contra el pueblo palestino en Gaza, el apartheid y la limpieza étnica en Cisjordania.
Las declaraciones de Lula resultan todavía más indignantes frente al secuestro del compañero Thiago Ávila, detenido en una acción de piratería promovida por Israel en el Mediterráneo mientras participaba de una misión humanitaria de solidaridad con el pueblo palestino, llevando agua, alimentos y medicamentos a la población sometida al hambre y la destrucción en Gaza.
Es inaceptable que, mientras Trump amenaza a los pueblos del mundo entero, fortalece políticas de guerra e impulsa ataques contra las libertades democráticas y los derechos sociales, Lula sea recibido con honores y salga del encuentro celebrando una especie de “noviazgo” político con el principal representante de la ofensiva imperialista y reaccionaria internacional.
Las revolucionarias y los revolucionarios no pueden asistir a esto en silencio. Es necesario defender la independencia de clase, la soberanía de los pueblos y la lucha internacionalista contra toda forma de dominación imperialista. Seguimos al lado del pueblo palestino, libanés, iraní, venezolano, cubano y ucraniano contra cualquier agresión imperialista, por la autodeterminación de los pueblos y por una salida socialista y revolucionaria frente a la barbarie capitalista.





