Por Gérard Florenson y Gustavo García
La considerable alza del precio de la gasolina y el diésel es un nuevo golpe a la economía de las y los trabajadores, jubilados y en general las clases populares a quienes obliga a reducir su consumo de combustible. Algo por demás difícil sumado a lo que, lamentablemente, ya tienen que hacer con gastos básicos como la comida y la salud debido a la inflación que sufrimos y la falta de recomposición salarial.
Un sector muy afectado también es la zona rural donde sus habitantes deben desplazarse para ir al trabajo, hacer las compras, acudir a consultas médicas y realizar todos los trámites administrativos, generalmente en sus vehículos viejos que consumen mucho.
Ante la primera propuesta hecha por el gobierno sobre reorientar al teletrabajo está claro que no es una opción para todos.
Los pequeños agricultores y los artesanos también se ven afectados, lo que debilita aún más su situación.
Por supuesto que hay que lamentar la dependencia de las energías fósiles, condenar el cierre de los servicios públicos de proximidad y exigir más transporte público. Aunque a estas soluciones inmediatas hace falta acompañarlas de políticas públicas que ataquen el problema de fondo.
Por un aumento salarial inmediato y una baja del precio de los combustibles
Primero que nada, exigimos un aumento de los salarios, las pensiones y las prestaciones sociales con indexación a la inflación. El precio del crudo es mundial y se disparó por el ataque imperialista de EE.UU. e Israel a Irán sumado al conflicto en el estrecho de Ormuz, pero es solo uno de los componentes de lo que pagamos en la gasolinera. Si lo desglosamos, claro que están los costos de transporte, refinación y distribución, pero la mayor parte son los impuestos: TIPP e IVA.
Una reducción de estos impuestos provocaría inmediatamente una baja de los precios, siempre y cuando los capitalistas no se aprovechen aumentando el precio y por ende su margen de ganancia. Solo un verdadero control obrero y popular, es decir de usuarios en colaboración con los trabajadores de las industrias petroleras, puede impedirlo.
Tenemos que imponer estas medidas. Contra la voluntad del gobierno de dejarnos pagar la mayor parte de la factura simulando algunas medidas “de ayuda” que son solo simbólicas; expropiando sin indemnización a aquellos que se resistan a cumplirlo.
Gravar las ganancias de las empresas petroleras
Agrupación Nacional (Rassemblement National – RN), siempre dispuesto a presentarse como el defensor del pueblo y buscando explotar el descontento exige también una baja del IVA. En cambio, no dice nada sobre las ganancias de los gigantes del petróleo… ¡no hay que asustar a los ricos!
Sin embargo, gravar sus ganancias es una medida tan urgente como bajar los precios en las gasolineras y debe hacerse al mismo tiempo. Sabemos bien que la disminución de los ingresos fiscales no implicaría restricciones en los presupuestos militares, pero si podría desembocar en más recortes que afectarían a los servicios públicos esenciales y a las ayudas sociales, lo que sería otra forma de hacernos pagar su crisis. Ésta es una buena oportunidad para demostrar que nuestros intereses y los de los patrones son incompatibles: No debemos pagar nosotros la crisis sino los que más tienen, los poderosos, los millonarios: la inhumana clase capitalista.
Podemos imponer estas medidas
Juntos, los trabajadores de todo el país, de las ciudades y del campo, sin distinción de origen ni nacionalidad, tenemos la capacidad de emprender esta batalla y ganarla. Macron no es tan fuerte como para que no podamos imponerle medidas que son vitales para nosotros.
En el pasado diferentes movimientos como los chalecos amarillos, a pesar de sus contradicciones y limitaciones, habían planteado al comenzar una bandera contra el aumento del precio del diésel.
Un movimiento de la misma magnitud o superior de los sectores mayoritarios, más pobres y que hacen mover el mundo, los trabajadores; podría ganar frente a un gobierno debilitado, sobre todo en un tema donde la necesidad de «hacer pagar a los ricos» es evidente.
Las organizaciones revolucionarias no debemos dejar pasar esta oportunidad. No tenemos nada que perder al emprender la lucha contra el Capital junto a sectores obreros pero también a otros que no son estrictamente proletarios, aunque son también afectados por los estragos de esta política económica pro-patronal. Es una lucha común donde pueden avanzar las conciencias pero sobre todo hacer avanzar caminos de auto-organización con la clase obrera a la cabeza y recuperar los sindicatos, tareas más que necesarias hoy en día.





