Gustavo Veiga es periodista, docente universitario y uno de los referentes más comprometidos del periodismo deportivo crítico en Argentina. Autor de investigaciones sobre la dictadura y deporte y compilador de un libro sobre deportistas detenidos desaparecidos, Veiga escribe y piensa el fútbol como lo que es: un campo de disputa. En esta entrevista, desmenuza el Mundial 2026 desde sus entrañas: los acuerdos entre la FIFA y Trump, la contradicción entre el discurso antimigrante y el espectáculo global, el papel de la extrema derecha global en la resignificación del deporte como herramienta de negocio y dominación y los desafíos de hacer periodismo dentro de la industria del entretenimiento deportivo. Una conversación sobre fútbol, poder y resistencia en los tiempos que corren.
¿Cuál es tu opinión acerca del Mundial en general y cómo analizas las transformaciones que se hicieron? ¿A qué lógica responde para vos?
Todo esto se explica por una matriz de negocios, porque el fútbol no deja de ser un negocio manejado por una corporación que es una organización internacional: la FIFA, que se asoció ya hace unos años durante el primer mandato de Trump y llegaron a un acuerdo para lo que proyectaba el futuro inmediato para no solamente hacer el Mundial que se está jugando ahora, sino el año pasado, el Mundial de Clubes y el año anterior. Si bien la Conmebol es otra cosa, también fue la Copa América que se hizo en Estados Unidos. O sea, Estados Unidos ha sido sede por tres años consecutivos de los tres eventos más importantes que puede tener el fútbol, sacando Europa, porque Estados Unidos es América. Yo estoy en una posición crítica respecto al tema. Estados Unidos ha tenido básicamente dos momentos históricos con relación al fútbol -al soccer, como lo llaman ellos- de desarrollo y de intentar que prendiera en una sociedad donde todo es objeto de consumo. Porque en Estados Unidos, dentro del capitalismo, todo el tiempo nos venden necesidades artificiales, productos que no necesitamos, cosas que a través de las distintas publicidades -y hoy más exacerbado que nunca por vía de las redes sociales, la inteligencia artificial, las aplicaciones que hay dando vueltas-, nos venden cosas. Entonces, Estados Unidos siempre tuvo esa cuestión con el fútbol, ya que no es popular en ese país. Porque está el béisbol, el fútbol americano, el básquet, que son más populares. Creo que es el cuarto deporte.
Lo iniciaron a finales de los ’60, ‘70, llevando a Pelé, a Beckenbauer, jugadores de esa época que eran de los mejores del mundo, ya en una etapa de declive, a través del equipo que se hizo famoso, el New York Cosmos. Bueno, eso prendió como un fueguito cuando haces un asado y después viene un viento y te lo lleva: no duró. Fueron pasando los años y obviamente el fútbol se convirtió en lo que es hoy, una organización que mueve miles de miles de millones de dólares, euros, la moneda que quieras. Y eso generó que Estados Unidos le prestara más atención, como está prestando atención ahora a América Latina en función de la geopolítica, porque ha venido de defecciones y conflictos en serie que viene perdiendo en Medio Oriente. Ahora depositó en el fútbol latinoamericano también su mirada: “este negocio no me lo voy a perder”.
En el año previo al escándalo FIFA, que fue en 2015, Estados Unidos propone una candidatura para organizar un Mundial. Inglaterra también la propone. Empezaron con esta cuestión en la FIFA de definir dos mundiales en una misma reunión, cosa que no pasaba antes, y organizan y definen dos mundiales en una misma reunión, que son el del 2018 en Rusia y el 2022 en Qatar. Esos mundiales se proponían organizarlos Inglaterra y Estados Unidos. Y bueno, perdieron. Ahí interviene la teoría de los sobornos, que Qatar habría pagado a través de Francia-Platini y toda esa historia vieja. Estados Unidos se queda con la sangre en el ojo y oh casualidad, en el año 2015, hace ya 11 años, empieza esa investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos con el FBI. Van por la dirigencia de la FIFA, meten en cana básicamente al dirigente de América Latina. No tocaron demasiados peces gordos, mucho menos tocaron a los bancos por donde circuló el lavado de dinero de las coimas. Eran coimas pagadas a dirigentes por empresarios de medios que querían los derechos del fútbol, el FIFA Gate -se habló mucho, escribí varias notas, una por semana en esa época-. Entonces Estados Unidos avanza con esas investigaciones y quiere recuperar el terreno perdido por esos mundiales que no pudo hacer. 22 años después del Mundial de Estados Unidos ‘94, hoy está organizando el Mundial 2026, producto de una serie de acuerdos que implicaron, entre otras cosas, que parte de la FIFA se mudara a Estados Unidos con la excusa de “tener que estar allí para supervisar de cerca”. Yo no me como ese caramelo. Suiza (donde se encuentra la sede central de la FIFA) es un país que es un paraíso fiscal con una opacidad grande en términos de lavado de dinero. Y Estados Unidos también es un país que tiene opacidad fiscal en varios Estados: nadie te pregunta dónde sacaste el dinero. Delaware, Nevada, Florida y algunos otros estados más. En ese traslado de la FIFA se sientan las bases para la organización de este Mundial.
El Mundial se convierte en un Mundial a imagen y semejanza de Estados Unidos. Por eso están los gestos que hacen de cuatro tiempos en vez de dos, una payasada total. Se puede entender que está haciendo calor, pero ellos no lo hacen porque se apiaden de los jugadores que están cansados: es para vender publicidad, para facturar, para generar más ingresos. Por eso es un Mundial de 48 equipos, 104 partidos. Esta cuestión delirante de hacer el próximo Mundial en tres continentes, Europa, África, porque Marruecos va a intervenir y es muy probable que un partido inaugural se haga en Sudamérica, en Buenos Aires o en Montevideo. Esto se convirtió en el gran negocio, que lo resume esa frase de que “el fútbol es un gran deporte para hacer un negocio”. Yo soy de los que sostienen eso. Y como antípoda, el fútbol es un gran negocio para hacer un deporte, que se contrapone a la idea que sostengo, que es un gran deporte para ser un negocio en manos de estos tipos. Ellos piensan lo contrario, que no se le puede dejar el fútbol librado a manos de improvisados dirigentes que pueden hasta ser corruptos, porque hay mucha corrupción en todas las actividades humanas y el fútbol no es la excepción. Yo soy crítico de este Mundial, como he sido de otros. Escribí sobre Qatar, sobre el sistema esclavista que tenían de mano de obra con los trabajadores que llevaban de países como Nepal a India a laburar en los estadios. Escribí críticamente del Mundial de Rusia o de los que se hicieron antes del Mundial del ‘78 para acá. Con una mirada crítica que no es crítica solo del fútbol o de los mundiales, sino de la realidad, de lo que pasa en el mundo. En definitiva, el periodismo está para hurgar, investigar y diseccionar al poder. Y el poder del fútbol es un poder pesado.
Existe una contradicción entre el discurso antiinmigrante del gobierno de Trump y la necesidad de recibir hinchas de todo el mundo por parte de negocios. ¿Cuál es tu opinión?
La política interna de Estados Unidos queda expuesta y en evidencia a partir de las políticas que no son nuevas o nacieron con Trump. Obama fue el presidente que más gente deportó hasta ahora en la historia de Estados Unidos y supuestamente era “demócrata y progre” al lado del entonces Trump. Ya Trump tenía antecedentes en plena pandemia: siendo empresario ha deportado a trabajadores de sus hoteles y de sus empresas. Los rajaba directamente porque claro, estaban sin operar o no tenían clientes. Entonces no me extraña que lo hagan, porque en realidad ellos son inimputables, desde el punto de vista de que no les importa pagar ningún costo. La extrema derecha global se alimentó sobre todo por la amplificación de la gramática, de la comunicación y de todo lo que es imponer una ideología a través de las redes, con todo ese poder que tiene llegada a sectores jóvenes por una multiplicidad de aplicaciones y de redes sociales. Ellos vieron en eso, antes que otro sector político -lo que ellos encuadrarían en lo que es la cultura woke o la progresía internacional- una punta de lanza para avanzar. Hay libros interesantes que lo explican y Trump es un emergente de esa política que llevó adelante un proyecto restrictivo en materia de migración. Es un discurso que unifica, que busca en un otro, el otro en el cual hacer recaer las culpas, en este caso, es ser migrante. Eso tiene mucho que ver con la cultura norteamericana, desde Hollywood y su creación como industria cultural para acá. Siempre hay un otro en la historia de Estados Unidos al que echarle la culpa: los japoneses en la Segunda Guerra Mundial, los nazis, los árabes más en épocas recientes, los chinos, los personajes que van modelando de los latinos. Hoy ese otro es el inmigrante, el tipo que le saca el laburo a los supremacistas blancos. Y ahí habita parte de la ideología de este país. Si uno mira sus raíces fundacionales, Estados Unidos fue poblado por inmigrantes profundamente religiosos: protestantes, cuáqueros y distintas corrientes del calvinismo, entre otras. Llegaron con la idea del llamado «destino manifiesto», de convertirse en una nación elegida para llevar al mundo una misión civilizadora. Es un discurso que hoy encuentra paralelismos con el del Estado genocida de Israel, que se presenta como el “pueblo elegido para emancipar a la humanidad de todos los males”. En la actualidad, Trump representa como nadie esa tradición y esa política en Estados Unidos. Hay que saber de dónde viene todo esto. Es un largo proceso que hoy parece llegó al extremo, pero llegó al extremo de esta represión, de esta política migratoria por la decadencia que también implica su modelo dentro del capitalismo, por la emergencia y el surgimiento de los BRICS de China y de una competencia que está dispuesta desde otro lugar a avanzar sobre sobre lo que ellos creían que era un territorio conquistado y que no iban a perder nunca. Pero los imperios han caído a lo largo de la historia: el Imperio Romano, el Imperio español, el Imperio persa, el Imperio Británico. Ahora tal vez estemos ante el advenimiento de eso. Pero en un momento jodido para mí, porque, como decía Gramsci, lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de configurarse. Parece disperso, pero necesito contextualizarlo para hacer un razonamiento sobre el Mundial que estamos viendo.
Hay un tema que mencionaste previamente sobre el periodismo en medio de esta maquinaria publicitaria. Qué desafíos crees que enfrenta el periodismo crítico frente a eso.
Soy un periodista que se identifica con la tradición revolucionaria de muchos periodistas que dieron incluso su vida a lo largo de la historia. Me identifico con la tradición de John Reed, que cubrió la revolución bolchevique y terminó muerto de tifus. Me reivindico en el comandante segundo Jorge Masetti, que estuvo en Sierra Maestra acompañando a los revolucionarios cubanos y después murió en un intento foquista acá en el norte, en Salta. Me identifico en distintos periodistas que han cubierto hechos internacionales, desde la Guerra Civil española a las guerras mundiales. Con los que se jugaron el pellejo en Gaza, que han sido exterminados prácticamente por hacer una cobertura del genocidio. En Walsh, otro periodista que tuvo la valentía de escribir una Carta Abierta a la Junta militar argentina, depositarla en un buzón y terminó desaparecido, en los compañeros desaparecidos de prensa de nuestro sindicato y actividad en la Argentina. En una concepción del periodismo riguroso, no imparcial, tampoco partidario, que tiene que comprometerse, poner los pies en el barro, salir de su zona de confort, ir a la calle, cubrir las cosas donde pasan, no desde una oficinita. Si ese periodismo fuera posible, no me importa lo que me digan. No me parece otra la actitud que debamos tener.
El periodista que hace deportes se difumina en la industria del entretenimiento, porque, en definitiva, el deporte y el fútbol en particular, forma parte de la industria de entretenimiento. Y hoy tal vez sea la industria planetaria del entretenimiento con más llegada a escala global, porque son miles de millones los que ven los mundiales. Ahora dura 39 días y después desaparece. Y volvemos a los problemas de antes, que siguen igual, ¿no? Porque Trump se atrevió a atacar Venezuela nuevamente mientras se está jugando el Mundial. El tema es cómo paramos esto y la representación más acabada de lo que es este mundo, donde la crueldad de las elites que tienen el porcentaje de la renta mayúsculo en términos del planeta, cuando la mayoría de la gente no tiene acceso a los insumos básicos, no tiene acceso al agua, no tiene acceso a la comida, no tiene acceso a un montón de elementos indispensables para vivir, un Mundial así se vuelve cruel. Porque es la representación teatral, porque Trump es teatral, teatraliza todo el tiempo con esa gestualidad que tiene, típica de un bufón. Porque la verdad es que no es el verdadero poder, el verdadero poder es el que se va a reunir dentro de poco en un país europeo, una reunión de multimillonarios que discuten cómo sacarle una porción más de renta universal a la gente que vive en cualquier país.
¿Cómo ves la relación entre este Mundial y el ataque a los derechos humanos?
Creo que este Mundial algunos lo comparan, y a veces las comparaciones tienen que ser rigurosas, con los Juegos Olímpicos de Hitler. Lo comparan con otros hechos deportivos a lo largo de la historia. Está claro que este Mundial es un objeto evidente de manipulación política por parte de estas ideas imperantes hoy en el mundo que expresan las extremas derechas globales representadas en Trump, por sobre todas las cosas, y en otros políticos que por ahí no se habla mucho como el de la India, Modi, que es un tipo de derecha también y jodido. Entonces uno piensa dónde está el lugar desde el que uno se puede parar para enfrentar este estado de cosas. En cuanto a la violación a los derechos humanos en términos del presente, si no se agudizaron más es porque también en la historia de la humanidad hemos conseguido derechos y es difícil resignarse a perderlos. En términos de las movilizaciones que hacía la gente el año pasado, cuando fue el Mundial de Clubes: mientras se jugaban algunos partidos, iban los operativos de ICE a capturar personas. Esa experiencia, que fue casi como piloto para mí, se tomó en cuenta para este Mundial. Entonces Trump y los que lo asesoran, que evidentemente no han sido estúpidos, pueden haber hecho algunos operativos que se estén realizando ahora -que no sabemos- en pleno Mundial, pero sin la visibilidad que habían tenido hasta ese momento. Y creo que hay un parteaguas que fueron los hechos de Minneapolis, hubo como un repliegue represivo, lo que no quiere decir que hayan desaparecido del firmamento de lo que Trump considera, que esta política debe ser seguir avanzando, porque él se fijó como meta deportar a 1 millón de personas por año. No sé cuántas lleva ahora, pero creo que había superado el medio millón. Reitero, hay una línea de continuidad en la política norteamericana, no solamente a nivel de política exterior, sino en algunos temas de política interior. Y no perdamos la base de que ningún ser humano es ilegal. Parecería que hay inmigración de primera, inmigración de segunda, porque Estados Unidos el año pasado permitió mediante una ley recibir a migrantes de Sudáfrica, pero blancos, no negros, bajo el argumento de que en Sudáfrica eran perseguidos por el gobierno. Entonces te das cuenta que es muy selectiva la política. Y estos ejemplos hay que recordarlos. Mirá por otro lado a los llamados genéricamente “sudacas”, “latinos” o “hispanos” en Estados Unidos -que, dicho sea de paso, son el 20% más o menos de la población y de los cuales la gran mayoría son mexicanos, son incluso los que están creando una nueva cultura- pero en el Mundial hoy está en sus reglas de organización, de conferencia de prensa y demás que no se pueda utilizar el español. Habrás visto los videos ridículos para responderle a los periodistas. Echaron al árbitro de Somalia por portación de país y lo mandaron de nuevo: un único antecedente del mundo que vuelve un árbitro a un lugar y es ovacionado por su pueblo. No existe en el mundo el árbitro ovacionado, por el contrario, lo insultan todos los domingos, no importa si dirigen bien o dirigen mal. Pero consiguieron eso después de lo que hicieron. Ese trato vejatorio con los jugadores de Senegal en la pista de aterrizaje, de Uruguay incluso, ¿cuál es el motivo? Y lo de la selección de Irán fue el paroxismo, que la hicieron hospedarse en México y cruzar la frontera. Incluso en un principio, con la idea de que terminado el partido se tenían que volver, parece que aflojaron y los dejaron dormir una noche para volverse al otro día.
Te digo, pese a todas estas barbaridades que ha cometido el gobierno de Estados Unidos, está buenísimo que se exponga. La extrema derecha tiene esa cualidad de mostrarse tal cual es cuando tiene el poder, cuando la extrema derecha no gobierna, se repliega, se esconde y se victimiza. Esto ha pasado en la historia. Ahora empezaron a salir y se atreven a marchar, hacen manifestaciones contra manifestaciones, pero también tienen una respuesta a eso en la calle. Entonces, eso quedó bien en evidencia, están mostrando su verdadera esencia y la gente está tomando conciencia, sobre todo dentro de Estados Unidos. Por eso las manifestaciones No Kings, contra el ICE y todo lo que se estuvo haciendo.
Y qué opinión tenés de los jugadores que expresan sus opiniones contra estas bravuconadas que le hacen a sus pares.
¡En buena hora! Porque los deportistas de élite, los futbolistas, lo son todos en este nivel, que es cuando, en un Mundial, integran la selección de países futbolísticamente que son potencias, tienen una influencia sobre los niños, los jóvenes adolescentes, sobre la gente en general, en términos de lo que dicen, lo que callan, lo que por error u omisión ellos puedan manifestar de distintas maneras. En ese sentido, como son tan pocos, sobresalen casos incluso de no futbolistas, sino técnicos como Marcelo Bielsa, que fue muy gracioso verlo negándose a sacarse una foto de frente y agachando la cabeza para este marketing que hace la FIFA con esa imagen. Pero son muy pocos. Ahí está dando vueltas el antecedente de Messi saludando a Trump con los jugadores del Inter Miami. Pero yo tampoco le puedo pedir que tengan actitudes revolucionarias a personajes que no lo son, no se plantean serlo y lo único que les interesa es la fama, el poder y el dinero. Es medio ridículo pensar que se va a redimir un capitalista, que en este caso son jugadores-empresas ya, porque en algunos casos viven de su imagen y cobran tanto dinero, lo vemos con las publicidades, que difícilmente aparezcan en la misma sintonía de lo que fue un Diego Maradona, que tenés que tener conciencia de clase para decir lo que decía Maradona y él nunca renegó de su pasado. Sabía bien de dónde venía. Yo lo traté, lo entrevisté. Tuvo un click que hizo a partir del Mundial ‘86, creo que fue muy influyente para él haber conocido a Fidel, haber viajado a Cuba, conocer la Revolución Cubana, después haber conocido a Chávez, más allá de la opinión que vos podés tener, pero eso para mí fue determinante en la formación política de un personaje como Maradona. Ha tenido algunos contemporáneos de su misma ideología, pero ya no juegan. Sócrates, lamentablemente falleció, ejemplo de lo que era el futbolista comprometido en Brasil de la Democracia Corinthiana. Eric Cantona, que es otro jugador francés que ha tenido también un comportamiento muy digno en términos de denunciar el negocio global del fútbol y todas las cuestiones que produce.
Hoy la mayoría elige el otro camino, publicitar apuestas, fomentar la ludopatía. Después te ponen el cartelito “si sos menor de 18 no podés jugar” pero es como lo del cigarrillo, te ponen en la publicidad que es perjudicial para la salud, pero vos lo estás vendiendo y tenés grandes publicidades acá o allá. Lo mismo con el alcohol. Entonces así funciona el capitalismo, donde hay un resquicio para vender un producto y el fútbol es un gran producto, no vas a encontrar jugadores, son muy pocos, lamentablemente. Hace poco armé un libro donde escriben varios exfutbolistas sobre los deportistas detenidos desaparecidos en la dictadura y bueno, me honra y me congratulo. Pero bueno, nos van ganando la pulseada hace rato. Ellos tienen los elementos, el dinero y la acogida de los medios para desarrollar ese tipo de ideas, que son funcionales al poder del fútbol o al poder del capitalismo. Felicito al que se atreve a enfrentar esto desde un lugar de inferioridad numérica y que deja un precedente, está bien que lo haga. Sobre todo, fomenta que se atreva a hablar otro, porque ahí está el efecto contagio de que tal vez, hablando Mbappé, Jamal, un Bielsa, un Cantona o como era Diego en su momento, otro se atreva. Tal vez tengamos que hacer algo también desde este lado. A mí me gustaría escuchar más a los sindicatos que representan a sus futbolistas. Por ejemplo la Fifpro, que es la Federación Internacional de Agremiados, que no dicen nada o se quejan de alguna cuestión muy de ellos, del oficio del futbolista.
¿Qué debería mirar un espectador crítico para entender el Mundial más allá de los resultados y las figuras deportivas?
Hay distintas posturas sobre esto. Mi amigo Fernando Signorini, el profe de Maradona, dijo “Yo no voy a ver un solo partido del Mundial”. Es respetable. Yo estoy viendo partidos de Mundial, me gusta el fútbol, disfruto el juego. Obviamente no veo todos los partidos. Y eso no me hace renegar desde mi posición crítica. Estas contradicciones quedaron muy visibles en el Mundial ‘78 en la Argentina, en pleno terrorismo de Estado: dictadura, tortura, desaparición, muerte. Hubo todo un debate en torno a eso de ver o no ver el Mundial, seguir o no seguir los partidos. Esta, obviamente, no era una realidad calcada de la actual, pero siempre va a existir esa contradicción en tanto seamos personas sensibles. Sobre todo porque antes de ser crítico tenés que ser sensible. Yo lo digo siempre cuando me hablan de qué es el periodismo: tiene que ser una vocación profundamente ética y sensible a los males que padecen las mayorías, sino, para mí, no sirve. Es relato del poder, reproducción del relato dominante de las clases dominantes. Y en términos de que yo le puedo expresar a futuros periodistas a los que formo, es que alimenten ese espíritu crítico, que conozcan historias que por ahí no conocen, que conozcan el deporte y el fútbol en particular en sus márgenes, no solamente en su núcleo, que es el que te venden a través de las redes sociales, la televisión y las distintas aplicaciones. Que tengan una visión periférica y amplia de lo que es el fenómeno deportivo. Porque el fenómeno deportivo o el derecho al deporte, que es un derecho humano -y ahora tomo un concepto de la universidad porque el deporte es un derecho humano y no porque lo diga yo Gustavo Veiga, sino porque está en la Carta Olímpica-. En algunas constituciones de determinados países que llegaron a esa posición progresista, no es un derecho que se perciba como tal, no es tangible o no está tan en la agenda como es el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho a un trabajo digno, a la vivienda, el derecho al deporte es uno más, tal vez no el más clave, o que explique el desarrollo social y económico de las personas y el ascenso social. Pero es importantísimo. Es importantísimo porque en el deporte y sobre todo el deporte colectivo se expresan valores y esos valores tienen que ver con el asociativismo, la solidaridad, el preocuparse por el otro de que en un juego se necesita al otro para jugarlo. Entonces estoy en una prédica ya hace unos años, no solo en defensa de los clubes en la Argentina, en contra de las sociedades anónimas, sino también de que si vos sos de Boca, el enemigo no es el hincha de River. O al revés, si sos de Racing no es el Independiente o al revés, sino que todos tenemos que promover otros valores. Por eso es importante que exista la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, las Comisiones de Derechos Humanos de los clubes que marchen juntas distintas camisetas el 24 de marzo, que estén en distintas luchas para promover los derechos humanos e identificar a las víctimas de la dictadura, restituir carnets de socios. En fin, toda esta realidad en Argentina parece que si vinieras de otro país es como si llegaras a Marte o Venus. Yo creo que el deporte expresa valores y creo que los jóvenes que se acercan al deporte, los que recibo en la Facultad, ven una continuidad en el periodismo de lo que ellos por ahí hubieran querido hacer en su vínculo con el deporte, practicando el deporte que les guste cuál sea.
Así que creo que hay que promover el deporte como un derecho con acceso de las mayorías, cosa que no pasa y no pasa cuando corre el Estado. Cuando el mercado invade todo, el Estado se corre, que es lo que está pasando acá en Argentina, exacerbado de una manera colosal y al revés de lo que pasaba en otras épocas, donde por lo menos dentro del sistema capitalista y con gobiernos progresistas había. Yo no soy peronista, no me identificaba con el peronismo en términos políticos y ni siquiera vivía en el primer peronismo. Pero en esa época en la Argentina se fomentó el deporte. Obviamente, desde la derecha liberal se decía que lo hacían para manipular a las masas. Hubo un torneo que incluyó a muchos chicos en edad escolar, que se les hacían estudios médicos que no podían haberlos tenido de otra manera. Hubo Juegos Panamericanos por primera vez en la Argentina, que ganó Argentina. Hubo un equipo campeón mundial de básquetbol. Y a esos deportistas después o curiosamente, se los persiguió por ser deportistas. Y hay que trazar puentes en la historia. A veces se repiten muchos hechos con distintos nombres o protagonistas. Yo les dejaría ese mensaje. Que los pibes estudien el fenómeno deportivo, no quedándose solamente en el juego o lo reglamentario.
Tendría también la izquierda analizar las políticas deportivas y tener una propuesta para las políticas deportivas. Si algún día llega el gobierno de la izquierda, de dónde saldrían los recursos para hacer que el deporte incluya, que se convierta en un derecho de ciudadanía, que amplíe las posibilidades de desarrollo sobre todo de los más jovencitos, de los más chicos. Estamos viendo las condiciones perniciosas de que se juegan mundial en Estados Unidos, que como dije antes se visibilizan en buena hora porque esta extrema derecha global no tiene ninguna inhibición en salir a mostrarse tal como es: cruel, violenta, salvaje, diría casi a niveles viste de primates de la edad de piedra. Hay que recuperar incluso palabras, y hay que recuperar el deporte como una causa importante de los pueblos, porque no por nada tiene tanta audiencia mundial. Nosotros somos un pueblo de deportistas, la Argentina expresa tal vez como pocos países un modelo deportivo nucleado en los clubes, por eso la defensa de los clubes es tan fuerte, por eso es diferente a lo que pasa en otros lugares del mundo.
Entrevistó Oda Cuentas





