Por Verónica O’Kelly
El 14 de octubre, el Senado aprobó, en dos votaciones, la PEC que pone fin a la escala laboral 6×1 y prevé la reducción de la jornada semanal a 40 horas, sin reducción salarial. ¡Es una conquista histórica de la clase trabajadora brasileña! La victoria debe celebrarse, pero también nos deja una gran lección: es con la lucha que conquistamos nuestros derechos y transformamos nuestras vidas. ¡Luchar sirve, siempre!
La movilización conquistó este derecho
Al igual que todas nuestras conquistas, nuestros derechos no fueron regalos de gobiernos, parlamentarios ni patrones. Fueron arrancados por la fuerza de la lucha de clases. ¡La lucha de clases mueve montañas, y nunca debemos olvidarlo!
Aunque partidos, políticos e incluso dirigentes sindicales burocratizados intenten presentarse como protagonistas de esta victoria, fue la movilización de la clase trabajadora la que puso en la agenda una reivindicación histórica: reducir la jornada laboral sin reducir los salarios.
Esta lucha es histórica porque el capitalismo tiene una lógica permanente: los patrones, o burgueses, buscan aumentar la explotación del trabajo para incrementar sus ganancias. Una parte del valor producido por los trabajadores es apropiada por los capitalistas, y contra esa explotación lucha la clase trabajadora.
La conquista del fin de la escala 6×1 se suma a otras victorias históricas, como la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo, las vacaciones pagadas y el aguinaldo (13.º salario). Ninguna de ellas fue un regalo de los capitalistas, ya sean patrones o políticos que defienden sus intereses. Todas fueron resultado de grandes luchas, movilizaciones y de la organización de las trabajadoras y los trabajadores.
Pero ninguna conquista está garantizada para siempre. La burguesía y sus gobiernos buscan constantemente limitar o quitar derechos para preservar sus ganancias. Las sucesivas reformas laborales y previsionales demuestran cómo los derechos conquistados con grandes luchas pueden ser atacados y debilitados.
¡Por eso, no podemos cruzarnos de brazos! La victoria contra la escala 6×1 demuestra que nuestra fuerza es inmensa cuando nos organizamos y luchamos por nuestros objetivos. Somos nosotros quienes movemos el mundo, porque somos nosotros quienes producimos la riqueza. ¡Todo pertenece a quienes todo lo producen!
La derecha y el bolsonarismo se vieron obligados a votar a favor
La fuerza de esta movilización fue tan grande que incluso Flávio Bolsonaro y sectores de la derecha y la extrema derecha votaron a favor de la PEC. Eso no significa que hayan abandonado sus intereses ni sus diferencias con las reivindicaciones históricas de los trabajadores. Significa que la presión social en torno a esta demanda se volvió imposible de ignorar.
En plena disputa electoral, ningún sector político quiere aparecer públicamente en contra de una reivindicación que ha ganado apoyo popular y moviliza a millones de trabajadores. La juventud trabajadora estuvo en la primera línea de esta lucha, expresando la disposición de una generación que no acepta pasar toda su vida trabajando, sin tiempo para descansar, estudiar, compartir con la familia o disfrutar de la vida.
La votación demostró que, cuando nuestra clase se pone en movimiento, nuestros enemigos se ven obligados a responder a la presión de las calles. No fueron los intereses espontáneos de los parlamentarios los que hicieron avanzar esta reivindicación: fue la fuerza de una movilización que convirtió una demanda histórica en una cuestión ineludible.
¡Ahora necesitamos seguir movilizados: defender esta conquista y luchar por más!
Hay muchos sectores interesados en frenar nuestra movilización. Flávio Bolsonaro, el bolsonarismo y la derecha tradicional son los principales interesados en detenernos y derrotarnos para poder avanzar en la ofensiva reaccionaria contra las mayorías trabajadoras. Pero también Lula, el PT y la izquierda liberal buscan canalizar el descontento popular hacia la confianza en las instituciones, las elecciones y el Parlamento, fomentando la confianza en la acción institucional como vía para garantizar nuestros derechos.
El problema es que, sin presión y movilización independientes, las instituciones siguen sometidas a las relaciones de fuerza de una sociedad capitalista. Por eso, no podemos caer en los cantos de sirena de la conciliación de clases ni dejar en manos de otros las decisiones sobre nuestro futuro.
La conquista de la reducción de la jornada reafirma una lección fundamental: no basta con elegir representantes o esperar que los gobiernos resuelvan nuestros problemas. Necesitamos organizarnos, ocupar las calles y mantener la movilización para conquistar los derechos que todavía nos faltan.
Queremos más tiempo para vivir, salarios dignos, empleo, vivienda, salud y educación públicas de calidad. Queremos una vida que no se consuma en el trabajo y en la lucha diaria por la supervivencia. Y sabemos que, para avanzar en estas reivindicaciones, será necesario enfrentar los intereses de los grandes empresarios y de quienes gobiernan en su beneficio.
¡En la segunda vuelta, derrotar a Flávio, votar por Lula y seguir luchando por todos nuestros derechos!
Es fundamental derrotar a Flávio Bolsonaro en las urnas e impedir el avance del proyecto de la extrema derecha. Pero esta tarea no puede significar la desmovilización de los trabajadores ni la renuncia a nuestras reivindicaciones.
La movilización que surgió y sigue creciendo en todo Brasil demuestra que existe una fuerza social capaz de enfrentar a la extrema derecha y su proyecto autoritario. Esa fuerza debe continuar en las calles, con independencia política y organización propia.
La disputa electoral también plantea una exigencia para Lula y el PT: no bastan los discursos ni las promesas. Para responder a las necesidades reales de la clase trabajadora y de las mayorías populares, hacen falta medidas concretas que rompan con las políticas neoliberales, enfrenten los privilegios de los grandes capitalistas y atiendan las demandas de quienes viven de su propio trabajo.
La lucha contra la escala 6×1 demuestra que, cuando nos organizamos y salimos a las calles, podemos conquistar derechos y transformar nuestras vidas. Pero, para avanzar, necesitamos mantener esta fuerza movilizada más allá de las elecciones y construir una alternativa política capaz de enfrentar al capitalismo y luchar por una sociedad sin explotación.
Por eso, te invito a dar este paso con nosotros: ¡construir la revolución es urgente! ¡Súmate a militar con nosotros!








