Comunicado de la Liga Internacional Socialista – Francia ante la jornada de lucha del 17 de octubre, la represión estatal y la crisis social
Que el gobierno y la patronal dejen de fingir sorpresa frente a la masiva jornada de movilización del 17 de octubre. El vertiginoso deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares —producto directo de las políticas de ajuste, precarización y saqueo de la macronía—, sumado a una represión policial cada vez más brutal como principal respuesta estatal, no podía terminar de otra manera. La falta de perspectivas a la que nos vienen condenando y la contestación abierta en las calles deberían estar muy lejos de sorprender a quienes las provocaron. Lo verdaderamente sorprendente es que la rabia acumulada sólo se haya expresado contra algunos contenedores y monumentos, y no directamente contra las cabezas de los responsables políticos de nuestra miseria.
Venimos de semanas de movilizaciones estudiantiles y el sábado 17 fue la fecha que permitió converger a varias de las luchas en curso. 880.000 personas movilizadas en toda Francia a pesar de la campaña de miedo del gobierno, la represión y persecución, con concentraciones que continuaron a lo largo del fin de semana.
Frente al contundente mensaje de la juventud y los trabajadores, Emmanuel Macron elige redoblar la apuesta autoritaria. Continúa cercenando el derecho a la protesta, apela al auxilio de las dirigencias políticas y sindicales para que condenen la acción directa que su propia política provocó, e intenta encauzar el conflicto hacia la trampa del “diálogo social”. ¿Por qué Macron no lee las 76.000 intervenciones de las y los lycéens plasmadas en la plataforma oficial que su gobierno, queriendo desviar la bronca, destinó para ello? Bastaría con preguntarle a cualquier estudiante en la puerta de un instituto para entender el hartazgo generalizado. Vergüenza da la política de un gobierno represivo que no duda en mutilar y gasear a la juventud para garantizar presupuesto para deuda, guerras y genocidios.
Por su parte, Marine Le Pen y la extrema derecha, que buscan capitalizar demagógicamente el descontento social acumulado tras casi una década de macronismo, criminalizan a las organizaciones populares, a la extrema izquierda y a las personas migrantes. Hablan de “orden”, pero callan ante las provocaciones e infiltraciones policiales orientadas a estigmatizar la protesta social. Sí, Marine, quienes violan los derechos de la mayoría deben hacerse cargo de sus actos, pero ahí estás presentando tu candidatura presidencial tras ser hallada culpable de corrupción y desvío de fondos públicos. Y sí, quienes degradan la vida social deben pagar, y los principales son tus amigos empresarios, enriquecidos a costa de degradar las condiciones de vida de millones de familias en todo el país.
Ningún monumento, vidriera o cadena de supermercados valdrá jamás más que la vida de la juventud y de la clase trabajadora. La realidad objetiva a la que nos enfrentamos es dramática: el 20% de las y los jóvenes manifiesta haber tenido ideas suicidas en el último año, el 45% de las personas en situación de pobreza en el país son menores de 30 años, la precarización laboral alcanza al 60% de la población juvenil y 1 de cada 3 estudiantes pasa hambre cotidianamente. Esta miseria estructural golpea de lleno a toda la clase obrera, donde más de 9 millones de personas sobreviven bajo el umbral de la pobreza, más de 2 millones de trabajadoras y trabajadores son calificados como “trabajadores pobres” por no cubrir la canasta básica a pesar de tener empleo, y más del 85% de las nuevas contrataciones se realizan bajo contratos temporales y de extrema precarización. Mientras las multinacionales del CAC 40 rompen récords históricos superando los 150.000 millones de euros en ganancias, la pérdida acumulada de los ingresos reales en los últimos años ronda los 1.200 euros anuales por familia desde 2024, obligando al 60% de los hogares populares a recortar gastos esenciales en alimentos, luz y calefacción. A esto se le suma la barbarie patronal en las fábricas y lugares de trabajo: Francia encabeza el trágico récord de mortalidad laboral en Europa con más de 700 trabajadores muertos al año en sus puestos de trabajo y más de 600.000 accidentes laborales anuales. ¡Esta es la verdadera violencia que debería avergonzar!
Desde la Liga Internacional Socialista (LIS) sostenemos que para derrotar este plan de ajuste no hay atajos parlamentarios ni conciliación posible con los empresarios. Hace falta unir decididamente todas las luchas en curso, articulando la rabia movilizada de la juventud con la fuerza estratégica de la clase trabajadora mediante asambleas comunes en cada centro de trabajo, liceo y universidad. Exigimos a las dirigencias sindicales que convoquen de inmediato a un plan de lucha unificado que prepare una huelga general hasta paralizar la economía y estrangular a los empresarios que se enriquecen a nuestra costa. Para garantizar el triunfo, debemos tomar la lucha en nuestras manos mediante la autoorganización desde abajo, impulsando comités de huelga y de base con delegados electos y revocables por las propias asambleas.
Es necesario organizarnos para tirar abajo el Estado capitalista, la policía y a los fascistas. Este movimiento comienza a plantear, de maneras diversas, la cuestión del poder. En ese sentido tenemos que hacer propia y masiva la idea de que solo un gobierno de los trabajadores, basado en sus órganos de lucha y los de los jóvenes, podrá cambiar la sociedad y satisfacer de manera duradera estas demandas que tanto necesitamos y por las que tanto venimos luchando.
Es por eso que, en principio, continuamos exigiendo:
- Aumento general e inmediato de salarios, jubilaciones y asignaciones, con escala móvil e indexación mensual automática según la inflación real.
- Más presupuesto para educación, salud y ayudas sociales.
- Basta de supresión de puestos y el cese de la contratación precarizante.
- Congelamiento y control popular de precios sobre la canasta familiar, alquileres y servicios públicos básicos.
- Cese de la represión, del procesamiento a los luchadores y libertad inmediata a todas y todos los detenidos por luchar.
«Il n’y a pas mieux que la rue, finalement!» (¡Al fin y al cabo, no hay nada mejor que la calle!), decía un joven manifestante en un video mientras una persona en situación de calle recibía un par de zapatillas en medio de la jornada del 17. Frente a la hipocresía de la moral burguesa que cuida más a la propiedad privada que a las personas, la calle está demostrando una profunda solidaridad de clase: no hay nada mejor que la movilización y lucha colectiva para hacer temblar a este régimen y conquistar lo que tanto nos merecemos, una vida digna de ser vivida.








