24 de marzo, 50 años: Más que un aniversario, una trinchera

Por Mariano Rosa

La nueva etapa política con el gobierno de Milei tiene un campo especial de disputa en los Derechos Humanos. Para su programa de reestructuración del capitalismo, necesitan restaurar la legitimidad social de las fuerzas represivas y para eso suprimir la memoria histórica del genocidio en Argentina. Es una línea de acumulación ideológica de la fracción empresarial que representa La Libertad Avanza. El próximo 24 de marzo se cumplirán 50 años del golpe criminal y el plan de exterminio de 1976. No será una fecha más: va a constituir una prueba de cómo están las relaciones de fuerza entre el plan anti-obrero que está al comando del país y las fuerzas sociales que se le oponen. Esa es la escala del desafío que está planteado

La interpretación del pasado es un terreno de lucha política por la hegemonía del relato oficial. Así la clase social dominante construye identidad colectiva, la impone y le da sentido a las cosas. Es lo que se llama el sentido común. Después esa minoría que manda usa diversos dispositivos de difusión e institucionalización de ese relato del pasado: los medios de comunicación que financia, sus voceros a sueldo, las redes sociales a full hoy en día, los libros que se siguen produciendo, e incluso la educación pública, fomentando unos discursos y estigmatizando otros.

El gobierno libertario se propuso como tarea reponer una versión de la última dictadura militar tal como la justificó el golpe previamente: organizaciones subversivas y anti-nacionales, violentas y criminales, pretendieron tomar el poder para imponer el comunismo y en ese camino mataron, robaron y nos conducían como pueblo a la peor pesadilla. Las fuerzas armadas intervinieron para salvar al país de esa pesadilla. No fue genocidio. No fueron 30 mil. Eso es relato de izquierda, manipulación e invento amparado por la cobardía de la casta política cómplice. Así lo explica el negacionismo.

Como se ve es una narrativa a la derecha de la teoría de los dos demonios y la interpretación de que hubo dos minorías enfrentadas a izquierda y derecha que cometieron excesos: las organizaciones político-militares y las fuerzas represivas del Estado. El negacionismo es otra cosa. Reivindica el genocidio al negarlo, exalta el rol mesiánico y salvador de la represión estatal. Evidentemente, la ultraderecha actúa políticamente sobre un terreno de confusión ideológica alimentado por la decepción con los gobiernos del llamado progresismo que terminaron con un desastre en el plano económico-social y que esa experiencia material en la conciencia de una franja masiva del pueblo, deslegitima todo lo que ese progresismo usó y abusó como el intento por estatizar y apropiarse partidariamente de los Derechos Humanos como patrimonio exclusivo de esa fuerza. Su caída en desgracia arrastra en el descrédito de la experiencia colectiva todo lo que tocó el progresismo, inclusive los DDHH. De paso, la ultraderecha en su operación cultural aprovecha de forma interesada para amalgamar toda esa frustración social con la izquierda en general como identidad política, como si el progresismo hubiera sido eso. Los dos primeros años de gobierno de Milei no lograron sepultar la memoria histórica del genocidio aunque sigue combatiendo y procurando formatear su propia base social en el negacionismo. Este 24 de marzo, al cumplirse 50 años del golpe genocida, tenemos la responsabilidad de contribuir a desplegar en las calles de toda la Argentina una acción de masas histórica que sea trinchera de resistencia contra la pesadilla gobernante. 

No se fueron, los fuimos revolucionariamente 

Los capitalistas como clase dominante no ejercen su poder de forma directa, sino con la mediación de instituciones e ideologías. En Argentina durante parte del siglo XX la burguesía controló la situación apelando a dos regímenes dialécticamente relacionados. Es decir: a dos sistemas combinados de instituciones. Por un lado, el bipartidismo entre la UCR y el PJ. La alternancia de uno u otro fue puntal durante décadas de falsas ilusiones entre los trabajadores e incluso en la juventud y los sectores medios, con el radicalismo. Cuando las luchas, revueltas y el ascenso de la movilización era incontrolable, antes que las masas barrieran con un gobierno de la alternancia radical-peronista, las fuerzas armadas daban un golpe de estado. El golpe aunque formalmente era contra un gobierno radical o peronista, en realidad era para salvar a unos y otros de la experiencia completa de la población, del movimiento de masas. El gobierno militar que asumía tenía siempre un objetivo económico de recortar derechos y garantizar transferencia de recursos y más rentabilidad capitalista, y políticamente darle tiempo a radicales y peronistas que se rehicieran para volver a iniciar el ciclo de la alternancia, una vez despejado el camino de activismo, izquierda y organización obrera.

Lo distinto que ocurrió en 1982 con la última dictadura argentina es que por primera vez desde 1930, un gobierno militar no se iba cuando pactaba hacerlo con el gran empresariado nacional e incluso con el imperialismo dominante, sino corrido por la movilización independiente y revolucionaria de masas. La caída de la dictadura genocida en el país no fue el resultado de una planificación capitalista: fue una imposición forzada por la movilización obrera y popular multitudinaria. El desprestigio, la bancarrota política total de las FFAA como opción o recurso de poder para la burguesía la dejaba a ésta con una sola salida: arreglarse con la alternancia radical-peronista sin poder volver a apelar a un golpe como salida de salvataje.

El fracaso de la democracia capitalista

El efecto impresionante de esa revolución contra la dictadura fue tan fuerte que incluso obligó a un gobierno como el de Alfonsín (1983-1989), de la reaccionaria UCR, a juzgar a los comandantes de las FFAA responsables de la represión. El informe Nunca Más elaborado por una comisión de “notables” presidida por el escritor Ernesto Sábato fue el relato estatal del genocidio que atribuyó a la existencia de “Dos Demonios” -guerrilla y militares- la tragedia social. Era el primer intento de encubrir, de construir sentido con una falsa ideología. A la vez ese intento fue la manera de intentar cerrar el proceso de revolución permanente canalizando ilusiones en la democracia radical y peronista. Lograron atemperar el impulso,  desviarlo, pero la lucha siguió. Después vino la Semana Santa de 1987, la extorsión carapintada (un levantamiento de oficiales que reclamaban impunidad para sus crímenes) y la claudicación total del alfonsinismo con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Los 24 de Marzo se transformaron de a poco en la acción de masas más concurrida de todo el año. Increíble pero cierto. La fecha de una contrarrevolución, de una derrota, fue desde entonces la más convocante de todo el calendario de luchas. El menemismo (1989-1999) fue un salto de calidad en la impunidad: dio el indulto a todos los genocidas dejándolos en libertad. Esta decisión lejos de desmovilizar incentivó el fortalecimiento de los organismos de DDHH y la lucha democrática de otras organizaciones políticas, sociales y estudiantiles.

La crisis social del capitalismo neoliberal en los ’90 arrastró a millones. Son esos los que explotaron en diciembre de 2001, los que echaron 5 presidentes pocas semanas y liquidaron el bipartidismo conocido hasta entonces. ¿Qué había pasado? La imposibilidad de dar un golpe e impedir la desilusión con los dos partidos capitalistas mayoritarios terminó ayudando a una experiencia a fondo y una conclusión colectiva mayoritaria: se tienen que ir todos, son lo mismo, sin ellos vamos a vivir mejor. Esa simple (pero profundísima) lección motorizó el Argentinazo. Ahora era el bipartidismo el que volaba por el aire, una de las últimas balas de las corporaciones para controlar el país. 

La década desaprovechada, la revancha de los derrotados

Nuestra corriente marxista en Argentina elaboró un enfoque global ubicando el significado de la dictadura y su caída en el contexto del Plan Cóndor y Sudamérica. Por un lado, la caída revolucionaria del plan genocida en nuestro país a diferencia del continuismo pactado en Chile con Pinochet, en Paraguay con Stroessner o en Brasil en los 80 con su propia dictadura inhabilitó cualquier golpe o salida autoritaria para las crisis capitalistas recurrentes. A la vez, el proceso de ajuste y reconversión de las décadas posteriores licuó cualquier ilusión en los partidos tradicionales, todos antipopulares al final. Eso explica el 2001.

A partir de entonces, el régimen político asumió una forma novedosa anclada primero en el kirchnerismo, que como variante del progresismo en esta parte del continente fue un proyecto que intentó recomponer la normalidad burguesa desde una narrativa o discurso que combinó cosmética antiimperialista, concesiones económicas parciales y a la vez compromiso con las corporaciones de no provocar cambios anticapitalistas estructurales. De allí su límite y fracaso final: el agotamiento del ciclo de precios altos de las commodities, el endeudamiento asfixiante y el ajuste por inflación, terminaron evaporando las expectativas acumuladas en los primeros años. A este armado la fracción más concentrada del capital le opuso una coalición de centro-derecha, que probó la fórmula del ajuste gradual en materia económica y un relato ideológico conservador sin llegar al carácter fascistoide del gobierno actual. Todo fracasó y en especial el progresismo tal como explicamos arriba. Ahora, el círculo rojo de las corporaciones y el gobierno ultraderechista sostenida por el trumpismo se juega a un corte completo con el pasado y una reconversión reaccionaria del capitalismo. Para lograrlo requiere dos cosas: 

  • Derrotar en las calles al polo social que resiste 
  • Construir su propia base social ideológicamente homogénea en condiciones de ser dominante  y mayoritaria como sentido común. 
  • Para eso, sepultar el 24 de marzo como emblema de lucha por Memoria, Verdad y Justicia es tan importante para ellos como sostenerlo para nosotros. 

Una trinchera 

Por todo lo dicho, el próximo 24 de marzo nos jugamos mucho. La fecha va a estar atravesada por un febrero caliente con una ofensiva parlamentaria a fondo del oficialismo intentanto imponer la legalización de la esclavitud laboral y borrar de un plumazo conquistas de décadas del movimiento obrero cristalizadas en leyes que todavía preservamos. Van por eso. Van por la Ley de Glaciares y habilitar el saqueo sin obstáculos por parte de las megamineras, inclusive de las pocas reservas de agua que todavía nos quedan en este tiempo de cambio climático y calentamiento global. Van por una Reforma Penal que libere de inhibiciones el gatillo fácil y la represión a la protesta. Van por la Reforma Jubilatoria y la Inocencia Fiscal: legalizando la extensión de la explotación laboral hasta casi el final de la vida y la exención de impuestos (de los poquísimos que pagan) para las grandes patronales. Es una remodelación a derecha de la economía, las relaciones sociales y la política. Eso incluye sepultar la memoria histórica de nuestro pueblo. Todo esto está en juego el próximo 24. Por eso, tenemos como desafío construir una acción masiva e inolvidable. Que sea unitaria sin diluir las identidades, matices o diferencias que tuvimos y tenemos. Pero como en 2025 dar un mensaje contundente a la ultraderecha y también, un incentivo enorme de moral militante y de lucha a todos los que no se rinden a que ya está dicha la última palabra. No hay margen para sectarismos, chiquitaje ni tampoco imposiciones aparatistas. La izquierda tiene que ser protagonista de esa unidad en la diversidad. Que plantee a fondo que no olvidamos, ni perdonamos. Que queremos la apertura de los archivos de la dictadura. Que los queremos a todos en cárcel efectiva y común. Que en el presente rechazamos el co-gobierno de Milei, Trump y el FMI. Que decimos que no se puede esperar a 2027 porque nuestros derechos no conocen de calendarios electorales. Que hace falta ahora paro general y plan de lucha hasta ganar. Que hace falta ahora decir con fuerza que no queremos injerencismos imperialistas ni en Venezuela ni en América Latina. Que son 30 mil. Que fue genocidio. Que vamos a activar, militar y luchar por construir ese mundo que nos merecemos. Sin capitalismo. Sin explotación. Sin opresiones. Socialismo de verdad y democracia de los de abajo, de los trabajadores y el pueblo.

Una Plaza unitaria sin perder la diversidad

Esta vez va a ser más especial que nunca. Porque se puede transformar en una expresión masiva contra el gobierno libertario. Porque se cumplen 50 años del golpe genocida y la batalla cultural contra el negacionismo está más a full que nunca. Porque venimos de un acto unitario masivo, el año pasado, después de casi 20 años de actos separados y fue un triunfo político enorme tanto de la mayoría de las organizaciones del EMVyJ y como de la Mesa de Organismos de DDHH que lo hicieron posible. Porque gobierna la ultraderecha y está envalentonada, y tenemos la obligación de intentarlo otra vez. Por todo eso, contra todo sectarismo y, a la vez, sin perder la independencia política, como decía Norita: marchemos unidos, pero no revueltos. El MST en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia levanta esa orientación junto a decenas de colectivos de DDHH. El FIT Unidad vuelve a estar ante el mismo desafío. El debate está en curso 

El año pasado la Plaza del 24 fue impresionante. Pero no por inercia: hubo voluntades políticas, determinación, polémicas y una durísima lucha de ideas para que fuera posible. Esta fecha en particular muestra año a año la temperatura de nuestro pueblo. Del grado activo de conciencia en relación a un dato crucial: el genocidio, los 30 mil y las continuidades económicas de aquella etapa. Es una respuesta callejera en todo el país que despliega el acumulado de reservas democráticas que existen. En este 2026 que arrancó necesitamos dar una señal contundente al proyecto ultra-reaccionario, con vocación fascistoide de Milei-Bullrich. Y además porque las movilizaciones masivas no actúan exclusivamente como mensaje hacia el polo que enfrenta, sino que también actúan como estímulo a la voluntad de luchar de los que participan. Son un potentísimo bálsamo de autoconfianza, de fuerza, de impulso hacia adelante. Los que participamos de la jornada unitaria en marzo del año pasado en Buenos Aires nos fuimos con la energía renovada, por una alegría contagiosa tanto abajo del escenario como arriba con Adolfo, Elia, Estela, Taty y todas las Madres y Abuelas. Las organizaciones del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, la Mesa de Organismos y todos los que activamos para construir la acción multitudinaria e histórica de 2025 nos fuimos altamente tonificados. Entonces, tenemos la obligación de repetir multiplicado este año lo que construimos hace apenas unos meses. 

La Plaza del 2025 tiene que ser el piso político, programático y organizativo del cual partir 

Durante casi 20 años el frente único de DDHH en el país se dividió frente al intento de estatización por parte del entonces gobierno nacional. El EMVyJ fue un positivo reagrupamiento para defender el carácter independiente de la movilización y el reclamo al Estado. Sin embargo, no fue positiva la división repetida cada 24 de marzo. Por lo menos, nosotros como MST nunca la festejamos y creemos que como muchos, muchos más lo vivieron de la misma manera: como un retroceso. Justamente por eso, lograr como lo hicimos en 2025 una Plaza gigante, pero además diversa en la que nadie perdió su identidad y a la vez un mensaje común potente, de contenido correcto, lo consideramos un logro enorme, por eso el balance fue contundente. Los acuerdos en la Plaza se cumplieron 100 %: la representación del EMVyJ y la de la Mesa de Organismos actuaron en equipo para garantizar lo pactado. Sin maniobras, ni deslealtades.  Se leyó un mensaje que tuvo ejes positivos, correctos, algunos de los cuales fueron 1

  • Que se vayan Milei y Bullrich 
  • La apertura de archivos desde 1974, ergo, la etapa de la Triple A. 
  • Denuncia al FMI y la deuda. 
  • Rechazo al DNU 70, el RIGI y el modelo extractivista. 
  • Exigencia a todas las centrales obreras paro y plan de lucha 
  • Solidaridad con el pueblo palestino 

Estas y otras definiciones muy correctas, que hacen parte de banderas identitarias del EMVyJ perfilaron un mensaje político total y completamente compatible con lo que venimos levantando en las últimas dos décadas. Nuestro MST y otras fuerzas pechamos con los organismos del Encuentro por esa orientación y logramos que los componentes mayoritarios de la Mesa de Organismos también actuara en unidad en un acto independiente del PJ, la burocracia sindical y de perfil claramente combativo. 

¿El PTS de Bregman, el PO e IS van a revisar su política y actuar distinto el próximo 24? 

El año pasado el FIT-Unidad como coalición política no pudo intervenir de conjunto en la Plaza unitaria, lamentablemente. Salvo nuestro partido y fuerzas simpatizantes del FIT-Unidad, como Vientos del Pueblo, el PTS-PO-IS y el NMAS con el grupo de Altamira se auto-excluyeron del potente y correcto acto de masas para terminar en una acción marginal al final de la jornada. Polemizamos por anticipado con ellos en el seno del EMVyJ 2, en el balance posterior 3 y en especial con el partido de Bregman y Del Caño a fondo en un largo folleto que publicamos y sigue disponible para todo el activismo y la militancia 4. Lo que importa ahora es saber si van a cambiar este año y van a colaborar junto a nosotros y la mayoría de los organismos de DDHH para superar lo que hicimos en 2025. Propusimos discutir con jerarquía este tema en la Mesa Nacional del FIT-Unidad y todavía no fue posible. Nosotros ratificamos las razones de fondo para volver a insistir con la misma orientación: 

Porque gobierna la ultraderecha y es clave contribuir a la más amplia unidad de acción en las calles. 

Porque tomando como referencia lo construido el año pasado hay un piso político, programático y organizativo de unidad en la diversidad que garantiza que nadie resigne sus banderas. 

Porque si hay una forma de fortalecer la autoridad de la izquierda anticapitalista y socialista como alternativa a un peronismo resignado y en crisis frente a miles y miles que nos miran con simpatía es siendo protagonistas de un 24 de marzo masivo y unitario con nuestra propia identidad. 

Estamos a tiempo. La moneda está en el aire. Ojalá no prevalezcan el sectarismo, la cerrazón dogmática y la falta de valentía para disputarle a la cúpula de un progresismo en retirada la que posiblemente vuelva a ser la demostración de fuerzas más grande contra la ultraderecha de todo el año.


1 https://periodismodeizquierda.com/24m-documento-leido-en-la-marcha-unitaria-a-en-plaza-de-mayo/ 

2. https://periodismodeizquierda.com/24-de-marzo-marchamos-al-acto-unitario-en-plaza-de-mayo-con-mas-de-40- organizaciones-del-emvyj/ 

3. https://periodismodeizquierda.com/24-de-marzo-multitud-historica-novedades-y-debates/#_ftn1 

4. https://periodismodeizquierda.com/polemica-con-el-pts-dos-concepciones-en-la-izquierda-frente-a-la-etapa-mile i/#:~:text=24%20de%20marzo%20y%20que%20coloc%C3%B3%20a,la%20fecha%20y%20actuando%20sobre%20l a%20conducci%C3%B3n 3 https://periodismodeizquierda.com/24-de-marzo-multitud-historica-novedades-y-debates/#_ftn1 2 https://periodismodeizquierda.com/24-de-marzo-marchamos-al-acto-unitario-en-plaza-de-mayo-con-mas-de-40- organizaciones-del-emvyj/ 1 https://periodismodeizquierda.com/24m-documento-leido-en-la-marcha-unitaria-a-en-plaza-de-mayo/