Esta es una declaración de la Plataforma de Izquierda Unida (Left Unity Platform-ULP), una iniciativa de un grupo de organizaciones socialistas revolucionarias e independientes que buscan activamente oportunidades de trabajar de forma conjunta contra las agresiones autoritarias sin precedentes a las que se enfrenta la izquierda, las comunidades oprimidas y la clase obrera en su conjunto en los EE.UU. e internacionalmente. La une el compromiso con la independencia política, un enfoque estratégico en la lucha social y la acción de masas, y la organización democrática. Las organizaciones de la ULP son International Marxist Humanist Organization, Socialist Horizon, Solidarity, Tempest Collective y Workers Voice.
Publicado originalmente por Socialist Horizon
EL MOMENTO ACTUAL es excepcionalmente peligroso para las naciones y los pueblos de América Latina, y para las comunidades de todo Estados Unidos. Las acciones del gobierno estadounidense nos ponen a todos en peligro.
Si bien los bombardeos asesinos del régimen de Trump contra pequeñas embarcaciones en el Caribe y el Océano Pacífico son crímenes internacionales, según la propia legalidad, no están ocurriendo de forma aislada. Señalan abiertamente la intención de Trump y su gobierno de librar una guerra contra Venezuela, con el fin de instalar un régimen títere pro-estadounidense en ese país, o para obligar al gobierno existente a entregar los recursos petroleros de Venezuela a la explotación corporativa estadounidense.
El pretexto de los atentados contra los barcos es lisa y llanamente una mentira. Venezuela no produce fentanilo, responsable de la mayoría de las muertes relacionadas con las drogas en Estados Unidos, y menos del 10% de las drogas ilegales que entran en Estados Unidos pasan por Venezuela. Estos asesinatos no tienen que ver con «detener el narcoterrorismo», sino con exhibir el poder imperial para asesinar a voluntad sin siquiera un arresto o juicio aparente.
Los ataques tambien se relacionan íntimamente con el desprecio mismo hacia el proceso judicial o «estado de derecho» de las ciudades y pueblos de Estados Unidos, donde bandas terroristas enmascaradas llamadas Servicio de Inmigración y Control de Aduana (ICE) arrebatan y hacen desaparecer a personas de las calles, lugares de trabajo, tiendas y guarderías de las comunidades migrantes, tratando a su gente como subhumanos sin derechos ni recursos.
El racismo de esta campaña es indisimulado. Al mismo tiempo que Trump agrede a los venezolanos solicitantes de asilo y reduce a cero las admisiones de refugiados para 2026, hace una excepción para traer a siete mil afrikáners blancos a Estados Unidos con el absurdo pretexto del «genocidio blanco» en Sudáfrica.
A la gran y bella resistencia que se levanta contra las redadas del ICE en nuestras comunidades deben unirse las movilizaciones contra la guerra para detener el asalto de Trump a Venezuela y América Latina. Trump se postuló para presidente prometiendo engañosamente a su base MAGA que pondría fin a las «guerras eternas» de Estados Unidos. Ahora siendo presidente, no solo ha continuado el genocidio israelí-estadounidense en Gaza, sino que también está siguiendo una orientación que produciría un caos continental en América Latina.
El objetivo de Trump no es sólo aplastar cualquier esperanza que quede de la «Revolución Bolivariana» de principios de la década de 2000. También pretende aislar al gobierno moderadamente progresista de Colombia, fortalecer la alianza de Trump con el régimen de extrema derecha de Argentina y envalentonar a las fuerzas militares que esperan restaurar el gobierno neofascista en Brasil bajo el amigo de Trump, Jair Bolsonaro.
El gobierno de Maduro en Venezuela es represivo y anti-popular. A pesar de sus afirmaciones, no sostiene una economía socialista. No somos partidarios de este régimen. Junto con las paralizantes sanciones criminales impuestas por el imperialismo estadounidense a Venezuela, Maduro comparte parte de la responsabilidad por la catastrófica situación económica y la calamidad social que ha llevado a millones de venezolanos a abandonar el país.
Cualquier cambio de régimen impuesto por el imperialismo sólo empeoraría esta catástrofe. Decimos «Manos fuera de Venezuela», «Fin de todas las sanciones estadounidenses», y nos pronunciamos en solidaridad con el pueblo de Venezuela y su derecho a la soberanía nacional y a organizarse por los derechos democráticos en su país.
Entendemos que para el ala militarista-neoconservadora del culto republicano, en particular el Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional de Trump, Marco Rubio, Venezuela es un objetivo inicial hacia la fantasía de larga data de un cambio de régimen en Cuba, para completar la restauración de la hegemonía capitalista estadounidense en América Latina.
¿Hasta dónde llegará todo esto? En esencia, hasta donde puedan Trump y a la extrema derecha antes de que la resistencia popular los detenga. Sólo la movilización masiva y acción contra la guerra en forma de movilizaciones, huelgas y acción directa puede detener la máquina de guerra imperial y el terror ilegal e inconstitucional de ICE y las deportaciones monstruosas de Trump.
No se trata de luchas separadas. El ataque a los barcos en aguas del Caribe y del Pacífico no es un factor secundario, sino una muestra de arrogancia e impunidad imperial-presidencial con terribles implicaciones para el hemisferio y el mundo. Hacemos un llamamiento a todos los activistas de los movimientos sociales y sindicales, a los sindicatos, a la comunidad y a sus organizaciones en Estados Unidos para que se opongan a todas las agresiones de Estados Unidos contra Venezuela y estén preparados para tomar las calles masivamente para defender el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano.





