Por Movimiento Anticapitalista
Cambio de mando
Hoy, 11 de marzo del año 2026, el pinochetismo regresó a La Moneda en un cambio de mando repleto de simbología autoritaria y reaccionaria, con un Gabriel Boric, entregando la banda presidencial, por primera vez desde el retorno a la democracia, a la ultraderecha heredera de la dictadura impuesta a sangre y fuego por la burguesía chilena y los intereses imperialistas, un espejo tétrico con aquel pasado.
Chile, con la llegada de Kast, se suma, cierto de forma algo tardía, a la ola de la ultraderecha, lo hace cuando la marea ya empieza a bajar en otras latitudes, la ultraderecha versión chilena, es la espuma tardía de un resurgir reaccionario que está lejos de ser definitorio, que no logra ganar las calles, y que, desde luego abre muchas oportunidad a la lucha de clase, siempre y cuando las organizaciones socialistas, anticapitalistas y revolucionarias, tengamos la lucidez necesaria para el período que viene, no caigamos en sectarismos liquidacionistas o en la trampa de un oportunismo que ceda espacio a una vieja socialdemocracia, que para rejuvenecer, no ha encontrado nada mejor que ponerse ropajes social-liberales y caer en el aburrido y resacoso espiral posmoderno. El neo pinochetismo de Kast llega, con polarización asimétrica y con una ultraderecha que ya había ganado un segundo período en EEUU, pero también Italia, Israel, Argentina, El Salvador y Hungría, finalmente la ola, moja los pies de un país que, después del interciclo progresista de Boric, se suma a la corriente global con el canto de sirenas de una promesa de orden que llega justo cuando el mundo comienza a preguntarse qué hacer con los destrozos que la ola reaccionaria que está dejando a su paso.
La autodenominada “nueva derecha radical” comparte rasgos comunes en varios lugares del mundo, siempre con adaptaciones locales. Las y los internacionalistas, tenemos la obligación de estudiar estos rasgos, caracterizar, organizar planes de luchas acordes a la realidad.
La ultraderecha internacional, puntos comunes y particularidades
Uno de los puntos comunes son el nacionalismo y soberanismo, sobre todo en los momentos de campaña, que luego tienden a mesurar por el principio de realidad que les impone el ejercicio del poder dentro del encuadre de las democracias liberales, este soberanismo, se refleja en un rechazo a organismos supranacionales y acuerdos en materia jurisdiccional internacional, sobre todo en lo que se refiere a derechos humanos y medio ambiente, en el caso Chileno, alguna de las primeras medidas van en este sentido, con una fuerte carga de populismo, por ejemplo, el “Escudo Fronterizo”, que declara zona militar la frontera con la hermana Bolivia, lo que significa un despliegue de Fuerzas Armadas para control migratorio y la construcción de barreras, como zanjas o enrejados, algo que, tomando en cuenta la extensa dimensión fronteriza, tardaría años en finalizar. Se trata de una foto para su público, show mediático, motivado por años de mensajes xenófobos contra la población migrante, con la paradoja, que parte importante de la población venezolana, apoyó electoralmente a Kast, incluso cuando su discurso, no dejaba mucho margen a dudas.
El Conservadurismo y la agenda valórica retrógrada es otro de los rasgos comunes, el sello oscurantista y de mayor atraso, en su batalla cultural; la ultraderecha conservadora chilena, se posicionan como defensora de las buenas costumbres, oponiéndose a lo que llaman “ideología de género”, derecho a decidir de las mujeres, aborto, matrimonio igualitario, derechos de población trans-travesti, ESI, etc. Para Kast, al igual que sus acólitos mundiales, todo esto es “marxismo cultural” y cultura “woke”, ponen a la familia como núcleo forjador de la sociedad, es decir, el viejo lema fascistoide de Dios, Patria y Familia. Una particularidad chilena, es que contrariamente a otras experiencias de ascenso de la ultraderecha, Kast no es un “outsider”, bien por el contrario, vienen de la adaptación de la derecha pinochetista, al retorno de la democracia, Kast rompe con la UDI en el año 2016, partido político chileno, fundado en plena dictadura, por Jaime Guzmán, uno de los ideólogos del laboratorio capitalista neoliberal chileno, Kast rompe por derecha, lo que ya es mucho decir; la figura populista del outsider que crítica a la casta, tipo Milei en Argentina, en Chile está representada por Johannes Kaiser, quien se define como “leal oposición” pero que de facto, apoya la mayorías de iniciativas reaccionarias del gobierno entrante. También, con algunos matices, se podría caracterizar a Franco Parisi como parte de esta derecha “outsider”.

Siguiendo con los rasgos comunes, y de forma central, uno de los puntos más importantes de los programas que han llevado a las ultraderechas al poder en este último período, son las promesas de mano dura y seguridad, casi como un leitmotiv, tanto así que en el caso chileno, Kast define su propia presidencia como un gobierno de emergencia, este es el eje central de su relato autoritario, su campaña se basó prácticamente en este punto: dar un sentido de urgencia a la crisis de seguridad, heredada, según el mismo relato, de la incapacidad del reformismo de hacerse cargo de las problemáticas de seguridad, completamente infladas por un bombardeo mediático constante, el relato de la ultraderecha chilena no difiere del relato de Meloni o Trump en este sentido, es decir, combate frontal a la delincuencia y a un crimen organizado que se asocia ipso facto a las personas migrantes (como ya hemos explicado más arriba), lo que lleva al punto de la supuesta “crisis migratoria”, con promesas de implementación de medidas extremas para control de fronteras. Otra de las medidas que ya ha puesto en marcha, acompañando el “Escudo Fronterizo” es el nombramiento de un Comisionado para la Macrozona Norte, se trata del vicealmirante Alberto Soto, designado para coordinar las fronteras. Todo esto arropado por el sempiterno relato xenófobo, racista, criminalizador, azuzado por los matinales de los canales de televisión, por las editoriales de los principales periódicos y por un verdadero ejército de bots y operadores digitales de la ultraderecha en redes sociales. Estas medidas unilaterales, se ven acompañadas de la urgencia parlamentaria para tipificar como delito grave, el ingreso irregular al país, es decir, crear los mecanismos represivos necesarios para detenciones y expulsiones.
Una ensalada de frutas macabra, por supuesto acompaña el plan central, que son recortes, despidos, baja de impuesto a las grandes empresas y fortunas, ajuste a la clase trabajadora, lo que va de la mano, evidentemente, del aumento de dotación policial, apoyo político a Carabineros, la policía militar chilena; en este punto, ya se ha anunciado la voluntad de indultar a violadores de los derechos humanos, de la Rebelión 2019, dicho de otro modo: impunidad. Para llevar a cabo este plan compartido por el conjunto de la derecha chilena, necesitan coerción, garrote, y esa represión se preparó con un entramado legal, las notas disonantes del llamado emocional a la seguridad, y que fue cocinado, de manera lamentable, por el gobierno de Boric y su coalición reformista, aprendiendo pasitos de danza con la música que le fue poniendo la ultraderecha de Kast. La mesa estaba servida.
Una mesa preparada para la fiesta facha, y donde la genuflexión del progresismo no sirvió de nada, es más, dentro de las primeras medidas anunciadas con bombos y platillos, está la publicitada Auditoría Integral del Estado, revisión de ministerios e instituciones para detectar “irregularidades” de la gestión del gobierno de FA+ PC + Socialismo Democrático.
El objetivo planteado es la reducción del 3% del presupuesto general de todas las carteras, lo que equivale a un ajuste de unos US $ 3.000 millones en el primero año de gobierno: despidos, cierra de ayudas sociales, etc. Obviamente estos anuncios vienen acompañados de la clásica cancioncita de dinamizar inversiones, agilizando proyectos, que en su gran mayoría son extractivos y ecocida.
Hay que decir que estas primeras medidas eran esperables, no hay grandes sorpresas al respecto, y tampoco la vara en derechos sociales y ampliación democrática estaba muy alta.
Nuestra óptica internacionalista
Lo importante desde una óptica revolucionara e internacionalista, es tomar conciencia y estudiar, que la llegada de la ultraderecha al poder, por un lado, tiene particularidades propias, y un camino que se forja en el caso chileno, con el descontento de las mayorías con la experiencia fallida del gobierno reformista de Boric, que en vez de romper con la inercia de administraciones neoliberales anteriores de la socialdemocracia/social-liberalismo, se vino a inscribir en la misma línea de la es Concertación y de aquellos que pactaron con los cuerpos aún tibios de la resistencia, sobre la mesa. Chiste repetido sale podrido. Pero también es menester comprender que lejos de tratarse de un fenómeno aislado, existe una coordinación internacional de la ultraderecha, con foros, fundaciones, think tanks y cumbres: Conservative Political Action Conference; The Heritage Foundation; Instituto Juan de Mariana; Fundación Madero; solo por poner algunos ejemplos. También con alianzas políticas que blanquean y preparan el camino: Foro de Madrid; con alianzas amplias de gobernabilidad de la derecha y del centro, que normalizan la llegada de la extrema derecha a los gobiernos, en el caso chileno, Kast cuenta incluso con el apoyo de algunas figuras que antaño, formaron parte de las coaliciones de centro izquierda.
El programa de Kast, así como de sus amigotes del barrio, ya no es el clásico liberalismo, o un copy paste de los ciclos neoliberales, impuestos en Chile por los dictados de la CIA, los Chicago Boys y la burguesía criolla, en plena dictadura. Ese mundo ya no le sirve al capital en esta fase de la crisis mundial, guerras imperialistas mediante, el programa tiene mucho más de un capital-conservadurismo autoritario, que combina factores, pero siempre acompaño de represión y mano dura, de ataques permanente a las conquistas de la clase de trabajadora, ataques, al fin y al cabo, a los derechos democráticos, arrancados con luchas a los poderosos.

Kast viene con promesas extremas de liberalización económica, esta es la famosa libertad de que tanto se afanan, no tiene nada que ver, incluso, con la defensa de libertades individuales del viejo liberalismo, acá de lo que se trata, es de administrar sin disfraces, para la minoría millonaria: baja de impuestos, reducción del Estado, con un fuerte componente simbólico nacionalista, defensa ideológica de la propiedad privada y del empresariado como motores de la sociedad. Aquí hay que volver a expresar particularidades y matices: Kast es más cercano al liberalismo económico de la escuela de Chicago en muchos puntos, mientras que otros (como Orbán) son más estatistas y proteccionistas (Trump). Lo que sí tiene sus contornos definidos, el discurso de Kast y de la ultraderecha repite de manera majadera la reducción del aparato estatal, con mano dura en seguridad, postulados antinmigración, anti-mujeres, anti-clase trabajadora y control del orden público con la mano más bruta del Estado.
La llegada de Kast representa un fenómeno tardío porque, a diferencia de Trump (2016) o Bolsonaro (2018), Chile llega a esta disyuntiva después de una rebelión social que tuvo al gobierno de Piñera contra las cuerdas y dos fallidos procesos constituyentes. Llega como la guinda de la torta de la restauración del régimen, una restauración autoritaria, ultra capitalista y patriarcal.
El foco de su gobierno de emergencia está puesto, como era esperable, en la seguridad con sesgo autoritario y securitización de la migración, el gran chivo expiatorio. Las medidas en seguridad y migración son una profundización de un enfoque punitivo y autoritario, ya presente en gobiernos anteriores, pero extremadas en este período. La declaración de «zona militar» en la frontera norte y la militarización de la seguridad pública deben ser afrontadas por nuestro campo por lo que son: prácticas propias de la dictadura de Pinochet, cuya figura Kast ha ensalzado en el pasado. El abordaje de la migración irregular se hace exclusivamente desde la lógica del delito y la mano dura, inspirada en figuras como Trump o Bukele, criminalizando a la población migrante y evitando un enfoque de derechos humanos. El discurso de «orden» y autoridad fuerte, con referencias a figuras como Diego Portales, hace parte de la base ideológica para limitar la protesta social y el disenso. Nuestra responsabilidad es dar cara, organizar, reagrupar.
El camino que llevó a Kast al poder
El camino que lleva a Kast al poder, cuenta con el apoyo legislativo, controlando las mesas parlamentarias, es decir tiene ciertas posibilidad para encender su propia motosierra, pero con limitaciones, con mayoría (relativa) en la Cámara de diputadas y diputados, con un Senado fragmentado pero afín a varias de sus reformas en materia de seguridad y ajuste fiscal, y con una oposición que no cesa de levantar la idea de hacer todo lo que está en sus manos para llegar a acuerdos de gobernabilidad, lo que se pude traducir, por votos a disposición para el cuerpo de las reformas que vienen a imponer ajuste a las mayorías sociales.
Sin embargo, el margen de acción es más estrecho de lo que parece, su política no tardará en chocar con la realidad, una realidad que debemos organizar desde abajo, con las reservas sociales de un pueblo que ha demostrado a lo largo de la historia del movimiento obrero chileno, su valentía, su entrega y resistencia en los momentos definitorios. El pulso real estará en las calles y no en una institucionalidad que ha demostrado estar al servicio de los millonarios.
El siniestro retorno del pinochetismo de la mano Kast, no se puede reducir únicamente al contexto, es multifactorial, tiene contradicciones, se inscribe en el papel que jugó el gobierno progresista de Boric, con sus promesas de cambios estructurales que nunca llegaron, con políticas represivas, con servilismo hacia los grandes capitales en todo orden de materias, etc. Pero sería reduccionista focalizar únicamente en una causa, las y los revolucionarios debemos tomar a la realidad con sus complejidades, interpretar el mundo con nuestras herramientas, con métodos claros, con materialismo dialéctico e histórico, entendiendo que la lucha de clases es el motor de la historia.
¿Qué hacer?
Acá nadie baja los brazos, nadie se desilusiona ni retrocede, tal y como hemos sintetizado en nuestro programa internacionalista: “Las y los marxistas revolucionarios, internacionalistas y anticapitalistas luchamos irreconciliablemente contra esta tendencia reaccionaria. Alentamos activamente las tendencias internacionalistas espontáneas entre los trabajadores, el movimiento de mujeres, la juventud, las luchas contra el imperialismo y contra la destrucción del medio ambiente. Solo así será posible ganar activistas y luchadores por un programa revolucionario.”[i]
La realidad de este ciclo, al igual que ya hemos visto en otras latitudes, es más ajuste fiscal con costo social, que recae en los sectores empobrecidos y en la clase trabajadora. El recorte del 3% del gasto público, aunque se presente como una «auditoría» y una medida de «eficiencia», es el inicio de un ajuste que terminará por dañar los ya deficientes servicios públicos. La promesa de «reforzar los beneficios sociales” con mayor “eficiencia, en la práctica nos habla de un ajuste fiscal que signifique menos recursos para salud, educación y protección social, justo en un momento en que las listas de espera y las necesidades sociales son críticas. Para poder llevar a cabo su plan, la ultraderecha necesita acorralar derechos e imponer su susodicha agenda valórica. El marco ideológico del gobierno, definido por el propio Kast con los pilares de «orden, Dios y familia», no dejan espacio a la imaginación. Se vienen ataques frontales contra los derechos conquistados, como la ley de aborto en tres causales o el matrimonio igualitario, así como un freno a las políticas de igualdad de género y diversidad. La designación de autoridades y el tono del discurso presidencial apuntan a un retroceso en materia de derechos civiles y derechos humanos.
En el plano internacional, la línea es el sometimiento a intereses geopolíticos de EE. UU. La firma de la declaración sobre minerales críticos con Estados Unidos marca un alineamiento automático con la política exterior de la administración Trump, poniendo en riesgo la soberanía nacional sobre recursos estratégicos. Desde nuestra perspectiva, esto representa un retorno a una relación de dependencia y subordinación a los intereses de la potencia hegemónica, en desmedro de una política exterior autónoma y de cooperación Sur-Sur, aunque claro está, en este punto la vara, más allá de lo discursivo, tampoco estaba muy alta. Es el regreso a relaciones asimétricas, que en realidad nunca se fueron.
Frente a estos retrocesos en un espacio ya de por sí, neoliberal, les revolucionaries, tenemos el imperativo de preguntarnos ¿qué hacer? A la ultraderecha de Kast ni agua, a la reacción ni un milímetro, enfatizamos la necesidad del reagrupamiento de las y los socialistas revolucionarios, de las y los anticapitalistas, antiimperialistas, desde abajo y a la izquierda, sobre un método sano de centralismo democrático, que respete diferencias y tradiciones distintas. Hacemos un llamado en este sentido, a la unidad anticapitalista, a la lucha contra los nocivos sectarismos, que tanto daño siguen haciendo a las corrientes revolucionarias, a la solidaridad con todos movimientos globales emergentes de las y los oprimidos. Desde el Movimiento Anticapitalista, estamos a disposición y tomaremos todas las iniciativas necesarias para la unidad de acción para enfrentar a Kast y sus aliados
La ultraderecha de Kast se arrodilla frente a Trump y llega entremedio de agresiones imperialistas, de guerras, de genocidio, de invasiones.
Para forjar una alternativa con vocación de poder, para que gobernemos quienes nunca hemos gobernado, para que sea la clase trabajadora quienes dirijan el destino de la humanidad, para que pongamos el cuerpo frente a los fachos y digamos fuerte y claro No Pasarán. Hacemos un llamado a todas y todos los compañeros, a todas las corrientes que se reivindican socialistas, comunistas y trotskistas que estén de acuerdo con la necesidad de unirnos en base a un programa internacional para una respuesta revolucionaria a los ataques que se avecinan.
Hacemos un llamado al reagrupamiento por izquierda, sumando al activismo independiente anticapitalista, para un proyecto ni sectario ni oportunista.
Hacemos un llamado a las y los revolucionarios del mundo a reagruparnos en una misma corriente internacional, para intervenir juntos en las luchas en curso y en la batalla por poner en pie una nueva y poderosa Internacional Revolucionaria; en este sentido, invitamos a sumarse a activar con la LIS en Chile en el Movimiento Anticapitalista.
[i] https://lis-isl.org/es/2025/12/iii-congreso-de-la-lis-manifiesto-y-programa/





