Trump llegó a la Casa Blanca para su segundo mandato con un perfil más agresivo en su política exterior, dispuesto a patear el tablero con invasiones, guerras y genocidio. La cuestión bélica es de larga data y tiene un lugar central para el imperialismo yanqui logró su posición a la fuerza de cañonazos. Cabe preguntarse cómo fue el desarrollo de la relación entre el Estado-empresas militares y las novedades frente al surgimiento de las big tech.

Por Manuel Velasco

Corporaciones tecnológicas como Facebook, Apple, Amazón, Microsoft, etc. (denominadas big tech), han ganado un poder decisivo en el capitalismo del siglo XXI. Su influencia traspasó la utilización en la vida cotidiana de sus usuarios para establecerse como un pilar estratégico del poder militar del imperialismo. El caso estadounidense cuenta con una historia que parte, por lo menos, desde la posguerra con su establecimiento como hegemonía global y el desarrollo del Complejo Militar-Industrial.

El Complejo Industrial-militar. Una mano lava a la otra

Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se estableció como la hegemonía capitalista en Occidente. Para resguardar su liderazgo imperialista, fue necesario el refuerzo de su poderío militar. Comenzó a desarrollarse el llamado “Complejo Industrial-Militar” (CIM) como barrera ante las amenazas enemigas, con un especial énfasis puesto durante la posguerra en la Guerra Fría contra la Unión Soviética. A su vez, el CIM funcionó como atajo financiero para la acumulación capitalista, al postularse como un nuevo nicho seguro de inversión por su papel estratégico para la erección de la nueva potencia.

Popularizado por Dwight D. Eisenhower en su discurso de despedida en 1961 refiriéndose a la influencia del lobby armamentista, el CIM se consolidó como una interrelación estructural entre el Pentágono, el Congreso y las corporaciones privadas. Esta alianza no es una anomalía, sino la culminación del Estado como garante de la rentabilidad privada: a través de las «puertas giratorias», exfuncionarios gubernamentales transicionan a juntas directivas de gigantes de la industria militar, asegurando contratos multimillonarios. Este mecanismo transforma la guerra y la preparación para el conflicto en una mercancía inagotable, donde el gasto militar funciona como un subsidio estatal masivo que transfiere riqueza desde los sectores sociales hacia el capital financiero y los accionistas, perpetuando una economía de guerra permanente necesaria para sostener la expansión de los mercados globales a punta de fusil.

La mano invisible y el libre mercado son corridas a un lado ante los cambios tecnológicos impulsados por la economía militar con tutelaje del Estado. En lugar de las necesidades de los usuarios o las ideas de los emprendedores son las corporaciones las que motorizan y sacan rédito de los procesos de innovación, complementando sus intereses con los propósitos del Pentágono.

A pesar de todas las ventajas que supone para la burguesía, el complejo militar industrial también presenta límites determinados por la tendencia natural del capitalismo. Del mismo modo que las mejoras tecnológicas garantizan mayores beneficios para las empresas, al aumentar la composición orgánica del capital cae la rentabilidad derivada de la relación entre la inversión total y las ganancias finales.

Las décadas recientes

Es propio del sistema capitalista la transferencia de las innovaciones tecnológicas impulsadas por el Estado a través de las universidades públicas o la investigación con financiamiento estatal hacia las corporaciones que privatizan el conocimiento técnico-científico para sus propósitos lucrativos. Lo “novedoso” es que en las décadas más recientes se invirtió la relación entre innovaciones originadas por el complejo militar-industrial y luego transferidas a la vida civil, como ocurrió con la aviación o la telecomunicación, para dar lugar a nuevas tecnologías que obtienen datos originalmente en el ámbito civil y que luego se utilizan con fines militares.

Tras los atentados del 11-S, la utilización de infraestructura y tecnología digital con fines defensivos y militares tomo mayor relevancia y ahí cobraron mayor protagonismo las big tech.  Empresas como Palantir Technologies, fundada por Peter Thiel (PayPal) y financiada en sus inicios por In-Q-Tel (capital de riesgo creado por la CIA), se convirtieron en piezas clave al procesar grandes volúmenes de datos para la identificación de objetivos en zonas de conflicto como Irak y Afganistán.

En materia económica, la crisis del 2008 fue el otro gran hito para el ascenso de las big tech, ya que diferentes factores se combinaron para que las empresas tecnológicas lleguen al centro de la escena. La Reserva Federal redujo drásticamente las tasas de interés, ofreciendo dinero barato para que empresas como Google y Facebook financiaran su expansión. Ya había transcurrido el suficiente tiempo desde la crisis de las puntocom (2000) para que el sector tecnológico recupere estabilidad y la confianza que los inversionistas habían perdido en el inmobiliario. Por último, los nuevos recursos digitales fueron aprovechados también por las empresas de otras áreas para sortear la crisis, externalizando servicios y automatizando procesos para reducir el costo en personal despidiendo trabajadores a la vez que aumentaba la productividad de aquellos que conservaban sus puestos.

Más cerca en el tiempo, con la segunda administración Trump, el presupuesto del Departamento de Defensa -ahora denominado Departamento de Guerra- para el desarrollo de tecnología digital creció estrepitosamente, concentrando sus gastos en infraestructura, redes de comunicación, procesamiento de datos y ciencia enfocada, entre otras cosas, en Inteligencia Artificial (IA), 5G, biotecnología y tecnología espacial. Todo esto, supuso un aumento en el financiamiento destinado a los contratos con las big techs, un salto en un proceso que llevaba años.

Ya en 2013 resonó con fuerza el pago de 463 millones de euros que la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) desembolsó para acceder a los datos recolectados por Amazon. A partir del acuerdo, la empresa construyó una infraestructura de nube privada para que la agencia procesara datos clasificados, permitiendo la modernización del análisis de big data de la inteligencia estadounidense. En el caso de Google, fueron más de 3000 los empleados que protestaron en 2018 contra el Proyecto Maven, planificado entre la empresa y el Pentágono para mejorar la precisión y capacidad de daño de las fuerzas estadounidenses sobre sus enemigos. Desde 2017, Palantir ha sido el contratista principal detrás de Maven, para el que desarrolló un producto conocido como «Maven Smart System» con el que busca optimizar la toma de decisiones en el campo de batalla utilizando la IA. En este año Amazon firmó un nuevo contrato de 581.318.585 de dólares para apoyar el programa Cloud One de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Medio Oriente como laboratorio

Sin dudas, el caso más representativo del militarismo capitalista está situado en Medio Oriente. Cual laboratorio, las tecnologías más sofisticadas son puestas en manos de Israel para sostener el genocidio, frente a poblaciones que sobreviven con los métodos más rudimentarios. Con el respaldo de por lo menos 450 corporaciones multinacionales –Microsoft, Apple, Google y Amazon, entre ellas-, el sionismo logró cooptar a muchos de los mejores cerebros para sostener su infraestructura, la investigación y el desarrollo (I+D) y el uso de la IA al servicio de la ocupación.

El empleo de IA se ha vuelto un eje central en la doctrina militar moderna israelí, integrándola en sistemas de defensa antiaérea y en la automatización de la ofensiva. En el ámbito defensivo, la IA potencia la precisión de la Cúpula de Hierro y del nuevo sistema láser Iron Beam, permitiendo interceptar proyectiles y drones con tiempos de reacción inmediatos y costos reducidos. En el plano ofensivo, utiliza algoritmos avanzados como LavenderThe GospelWhere’s Daddypara procesar volúmenes masivos de datos de vigilancia, identificar objetivos potenciales en segundos y predecir su ubicación en tiempo real, lo que ha transformado sus operaciones en una «fábrica de objetivos» de alta velocidad.

Las ventajas obtenidas del uso de las nuevas tecnologías también fueron utilizadas por Estados Unidos en sus operaciones contra Irán, pudiendo identificar y atacar hasta 1000 objetivos en 24 hs. con la utilización de Maven. También, según trascendió en varios medios, fue importante el hackeo de la red de cámaras de vigilancia extendida por el régimen iraní y ahora aprovechada por Estados Unidos para geolocalizar y ejecutar ataques precisos como lo fue el asesinato de Alí Jamenei.

Frenar la barbarie

El capitalismo nuevamente está mostrando su lado más salvaje con el avance de la ultraderecha en el mundo, el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres y el estallido de nuevos conflictos militares impulsados por los imperialismos. Aunque el término “Complejo Militar-Industrial” refiere específicamente al caso estadounidense, existe una relación de conjunto entre el capitalismo con la tecnología y la guerra como grandes catalizadores de negocios que dinamizan a determinados sectores empresariales.

Bajo éste sistema, la tecnología al servicio de la explotación laboral, la depredación de la naturaleza y el aumento de la capacidad destructiva del aparato militar, cavan su propia tumba provocando crisis recurrentes. No hay lugar para una resolución “pacífica” del asunto con la lógica del capital imperando. Partiendo de la prohibición de todo desarrollo tecnológico aplicado contra los pueblos y los trabajadores, es necesario avanzar hacia la democratización de la producción y la ciencia para que las decisiones estén puestas en manos de los trabajadores, repartir las horas de trabajo para que no haya más sobrecarga en unos ni desempleo para otros, reorientar la industria para atender las necesidades sociales y revertir las condiciones de miseria en las que hoy viven millones. Para lograrlo, tenemos que fortalecer una alternativa revolucionaria como la Liga Internacional Socialista para agrupar a los/as activistas que en todo el mundo damos la pelea por una salida socialista a la crisis.