La campaña de elecciones generales 2026 en el Perú ha confirmado, una vez más, que la disputa política en nuestro país no es solo electoral, sino profundamente social y de clase. Llegamos a este 12 de abril con 36 candidatos a presidentes, una expresión cabal de la crisis del régimen político en nuestro país. Es expresión del agotamiento de una clase política que, fragmentada y desconectada de la ciudadanía, es incapaz de ofrecer un proyecto de país para las mayorías. Pero también revela algo más preocupante: el fortalecimiento de un “pacto mafioso” que atraviesa distintas candidaturas y que busca garantizar la continuidad de un sistema que beneficia a unos pocos. Y en ese marco, la fragmentación electoral no es diversidad: es dispersión funcional a los mismo de siempre: un bloque de poder que busca perpetuar sus privilegios.
Lo que está en juego no es solo una elección, sino el tipo de democracia que estamos dispuestas a aceptar. Porque mientras el “pacto mafioso” se fortalece y el sistema sigue funcionando para unos pocos, la mayoría queda atrapada entre opciones de derecha que no representan una salida real. Esta democracia, tal y como está, no garantiza derechos ni transforma la vida de las mayorías: la administra. Un proceso que se vive en todo América Latina, el giro hacia opciones de derecha, como en Argentina o el avance de sectores conservadores en Chile, está mostrando sus límites: más desigualdad, retrocesos en derechos y una profundización de la crisis social. A nivel global, fenómenos similares evidencian el desgaste de un modelo económico que ya no responde a las necesidades de las mayorías.
Frente a este panorama, la conclusión es clara: no basta con indignarse, porque ante esta expresión de democracia formal que permite votar pero no decidir se vuelve necesario contribuir a la construcción de una alternativa que unifique las luchas, organice y fortalezca la militancia, que no solo dispute el espacio electoral, sino el sentido mismo de la política, que cuestiona de raíz el modelo económico desigual y enfrente las estructuras de poder y ponga en el centro la vida digna de las mayorías. Quedarse por fuera del proceso y debate político y electoral que hoy atraviesa a nuestro país no nos parece una opción. Es crucial iniciar de acuerdos de lucha para profundizar el debate sobre la alternativa necesaria. Partiendo de que para los socialistas revolucionarios las elecciones son una tribuna de lucha, decidimos intervenir apostando a fortalecer una salida independiente.

Por eso, desde Alternativa Socialista Perú, sección de la LIS en estas elecciones apostamos a la candidatura de nuestra compañera Sofía Martínez Guerrero, candidata a la Cámara de Diputados con el número 22 por Juntos por el Perú, quien representa una izquierda que no negocia sus principios: anticapitalista, feminista e internacionalista. Una izquierda que no se adapta al sistema, sino que busca transformarlo.
Venimos de meses de desarrollar una campaña austera y desde abajo, rica en contenido político y en claridad programática. Juntos por el Perú es un espacio político de izquierda y socialista que lleva la candidatura de Roberto Sánchez Palomino a la presidencia. Con una campaña que ha levantado dos banderas centrales que conectan con el sentir del pueblo: la necesidad urgente de una nueva Constitución a través de una Asamblea Constituyente Plurinacional, libre y soberana, y la libertad de Pedro Castillo. Estas demandas no son aisladas, sino que expresan el rechazo a un modelo neoliberal agotado que ha mercantilizado derechos fundamentales como la educación y la salud.
En ese sentido, el planteamiento de recuperar estos sectores como derechos universales —incrementando el presupuesto educativo al 10% del PBI y el de salud al 8%— marca una ruptura clara con las políticas de abandono estatal. A esto se suma la defensa de la soberanía nacional mediante la revisión de contratos ley, la nacionalización de recursos estratégicos como el gas de Camisea y la aplicación de impuestos a las sobreganancias mineras, medidas indispensables para redistribuir la riqueza en favor de las mayorías. Con una plataforma política que reivindica la lucha antiimperialista y pone en el centro la voz del pueblo.
En materia de seguridad ciudadana, la propuesta también ha sido firme: derogatoria de leyes que favorecen al crimen, reforma estructural de la Policía Nacional y fortalecimiento de la investigación para enfrentar con eficacia la extorsión y el crimen organizado. Todo ello acompañado de una demanda profundamente sentida por el pueblo: justicia para las víctimas de la represión estatal, especialmente los llamados “mártires del sur”, con investigación, reparación y sanción a los responsables.
Se fue desarrollando así, desde cada rincón del Perú una campaña de pie, bajo el lema “solo el pueblo salva al pueblo”, se ha ido tejiendo una red de solidaridad que trasciende lo electoral y apunta a la construcción de poder desde abajo. Los cálculos de la derecha han fallado. Subestimaron la fuerza de la demanda del pueblo. Hoy, la propuesta de JP supera la valla electoral y podría asegurar su pase a una segunda vuelta, abriendo la posibilidad real de no solo una victoria electoral, sino el inicio, con una política consecuente e independiente, de un proceso de transformación profunda en el Perú.
Ratificamos así, una conclusión clara: más allá del resultado inmediato, el pueblo ha comenzado a reorganizarse y a disputar el poder. Y en ese camino, la consigna sigue vigente y más fuerte que nunca: solo el pueblo salva al pueblo.
Desde Alternativa Socialista Perú seguiremos apostando y convocando, antes y después de las elecciones a la construcción de una alternativa socialistas, anticapitalista, antiimperialista que desde una propuesta independiente y de clase convoque a unificar fuerzas por una salida en la que gobiernen los que nunca gobernaron, los trabajadores y el pueblo.





