Han pasado ya 72 horas desde las elecciones generales y, entre maniobras electorales y la inoperancia de la empresa privada encargada de la logística del proceso, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez Palomino, enfrentaría a Keiko Fujimori, candidata recurrente y heredera de una dictadura que dejó dolorosos recuerdos en la gran mayoría del pueblo peruano.
Frente a la sobreoferta de candidaturas y propuestas de derecha, la opción de Juntos por el Perú surge como una esperanza para los sectores populares. A pesar de sus limitaciones, representa hoy la única posibilidad real de enfrentar a una candidata que promete más ajuste, más precariedad y mayores penurias para los trabajadores y el pueblo.
Para derrotar al fujimorismo y todo lo que representa, es necesario, en defensa propia, respaldar a Juntos por el Perú. Esto implica también un esfuerzo activo para que las organizaciones populares defiendan el voto conquistado y continúen bregando por la unidad en torno a la única alternativa que, como ha quedado demostrado, tiene posibilidades reales de frenar el avance de la derecha.
Por ello, hacemos un llamado urgente a las organizaciones de izquierda que apoyaron candidaturas con votaciones marginales, como Venceremos, así como a quienes promovieron el voto en blanco o nulo —opciones que obtuvieron los porcentajes más bajos de las últimas décadas—, a pronunciarse en apoyo a esta candidatura y a fortalecer un frente que impida el triunfo del fujimorismo. Un frente que, además, garantice la convocatoria a una Asamblea Constituyente Plurinacional libre y soberana, ponga fin a la Constitución de 1993, exija la libertad de Pedro Castillo y de todos los presos políticos, y avance en la implementación de un programa de transformaciones progresivas.
No respaldar a Juntos por el Perú implica, en los hechos, abrir paso a más entrega de nuestros recursos, más pobreza, menos salud, menos educación, salarios más bajos, mayor precariedad laboral y un retroceso significativo en los derechos democráticos.
La propuesta de JP a pesar de tener limitaciones ha conquistado un espacio importante entre los trabajadores, campesinos, sectores populares y movimientos sociales, del campo, de la sierra y la ciudad, como lo refleja la distribución de nuestros votos. Ejemplo de ello es el voto arrasador a Brigida Cura en Puno y a Analí Marquez en Cusco.

Sin embargo, esto no es suficiente frente a los desafíos que se avecinan. Se necesita una organización más fuerte, más amplia y con propuestas más profundas ya que la crisis del país exige transformaciones estructurales: no bastan paliativos ni medidas superficiales.
El poder real tratará de seguir ejerciéndose desde el congreso, que concentra posibilidades de veto y vacancia a pesar de ser la Institución más repudiada del país. Intentarán desde esa cueva de bandidos continuar garantizando privilegios y ganancias a los poderosos y es por eso que deberemos defender en las calles lo que nos pretenderán quitar desde los escritorios de los congresistas. Estas razones son los que nos van a exigir fortalecer el polo de Izquierda, anticapitalista, feminista, eco socialista y socialista dentro de JP.
Desde nuestra agrupación Alternativa Socialista, nos proponemos ir más allá del terreno electoral. Apostamos por construir una izquierda presente de manera permanente, no solo en tiempos de elecciones, sino al lado de los trabajadores y del nuevo activismo social: en los barrios, luchando por acceso a derechos básicos; junto a los agricultores, impulsando una verdadera reforma agraria; con las mujeres, defendiendo la igualdad; y con las disidencias, en la defensa de sus derechos. Asimismo, denunciamos y rechazamos a los oportunistas que, atraídos por el poder, buscan posicionarse sin compromiso real con el pueblo.
En síntesis, buscamos construir una herramienta política que no se limite a lo testimonial, que acompañe críticamente procesos como el de Juntos por el Perú, pero con un programa propio y vocación de poder. Una organización que, junto a los trabajadores organizados, luche por enterrar la Constitución de 1993 y convoque a una Asamblea Constituyente con verdadera participación popular.
Queremos una organización que actúe en las luchas cotidianas y las impulse con decisión. Que se construya con miles de luchadores y activistas que, día a día, forjen los cambios profundos que el Perú necesita
Si queremos castigar al fujimorismo y a sus cómplices, debemos defender el voto de Juntos por el Perú y el derecho que el pueblo ha conquistado a disputar la segunda vuelta. Al mismo tiempo, hacemos un llamado a todas las fuerzas anticapitalistas a confluir en una organización común que luche por un gobierno de quienes nunca han gobernado: los de abajo, los trabajadores y el pueblo.





