Con la escalada bélica en el Golfo Pérsico y la flexibilización de sanciones por parte de EE. UU., la economía de guerra rusa encuentra un alivio funcional a la continuidad de la invasión a Ucrania, que necesita de solidaridad internacionalista para continuar resistiendo.
Por Oleg Vernyk – Liga Socialista Ucraniana
La guerra en Medio Oriente producto de la agresión de EE. UU. e Israel contra Irán, Palestina, Líbano y otros países, está generando efectos colaterales que coyunturalmente benefician a Rusia. El alza del precio del petróleo —impulsada por la inestabilidad en el estrecho de Ormuz y el temor a interrupciones en el suministro— permite a Moscú vender su crudo a valores de mercado, morigerando las sanciones occidentales.
A esto se suma la reciente flexibilización temporal de las restricciones estadounidenses que habilita la circulación de petróleo ruso con la autorización de EE. UU. El resultado es un flujo de ingresos extraordinario: cada aumento de 10 dólares en el precio del barril implica miles de millones adicionales para el Kremlin, fundamentales para sostener su economía de guerra contra Ucrania.
Guiños y favores entre imperialistas
En este contexto, el gesto de Donald Trump hacia Vladímir Putin —al permitirle la salida de cargamentos de crudo y aliviar parcialmente las sanciones— adquiere trascendencia global. Las razones combinan pragmatismo económico y cálculo estratégico para intentar evitar un shock energético global en medio del conflicto con Irán y estabilizar los mercados internacionales. Ucrania se ve debilitada, ya que sus contraataques a la infraestructura energética rusa pierden eficacia frente al renovado ingreso de divisas. La medida también genera tensiones dentro del bloque imperialista occidental, al contradecir la política de aislamiento económico que se venía aplicando contra Moscú.
No es la primera vez que hay gestos y medidas del imperialismo estadounidense hacia el imperialismo ruso, lo que realza la percepción de que además de salvar su pellejo, Trump quiere: separar a Rusia del imperialismo de China, su gran rival estratégico; y no tiene como objetivo que Ucrania gane la guerra, sino que pretende que Ucrania limite al expansionismo ruso en el Este europeo, al tiempo que -negociación mediante- acepte ceder territorios, recursos naturales, económicos y de soberanía política en favor de Rusia y propio. Los “campistas” hacen como que no ven los crecientes puntos de contacto entre EE. UU. y Rusia, aunque también disputen.
Con la inestabilidad y la incertidumbre como signos
La reactivación de las exportaciones rusas impulsa sus vínculos comerciales y refuerza la economía de guerra, como consecuencia, favorece la agresión a Ucrania. No obstante, el panorama dista de ser estable. Aunque el encarecimiento del petróleo fortalece las cuentas públicas rusas, una escalada prolongada en el Golfo podría llevar a una recesión global que reduzca la demanda energética y haga caer los precios. En ese escenario, el actual beneficio se revertiría rápidamente. Rusia capitaliza el momento, pero su ventaja depende de un equilibrio frágil: que la guerra en Oriente Medio sea lo suficientemente intensa como para sostener los precios, pero no tanto como para hundir la economía mundial.
No hay que olvidarse de Ucrania
Más allá de los movimientos geopolíticos de las potencias, cuya disputa por la hegemonía no niega los acercamientos, las negociaciones y los pactos, lo fundamental es sostener la resistencia a la agresión imperialista rusa, con independencia política del gobierno de Zelensky y sin depositar expectativas en los imperialismos de EE. UU., la Unión Europea y la OTAN que se rigen por sus propios intereses de dominación y saqueo antes que por las necesidades del pueblo trabajador ucraniano.
La resistencia, que lleva más de cuatro años, necesita de la movilización, de la solidaridad internacionalista y de que nadie se olvide de Ucrania. En tal sentido, cabe valorar la realización de un taller de difusión y debate en la Conferencia Antifascista de Porto Alegre, por iniciativa de la Red Europea de Solidaridad con Ucrania, del cual participaron delegaciones del MST-Argentina y Revolución Socialista – Brasil, en representación de la Liga Internacional Socialista (LIS) y camaradas del MES de Brasil.






