“Nadie quiso el paquete de Luís…”. Dos huelgas generales, la oposición de la mayoría de la población al proyecto de modificaciones de las leyes laborales, manifestaciones y nuevas huelgas nacionales crearon las condiciones para dividir a las derechas parlamentarias e impedir que fuera aprobado el proyecto de paquete laboral del gobierno Montenegro/AD.

Se trata de una gran derrota de este gobierno y de una victoria de la clase trabajadora y de sus luchas.

La fuerza de la lucha dividió a las derechas

El gobierno intentó por todos los medios unir a las derechas y hacer concesiones a la extrema derecha para conseguir apoyo a esta ley de destrucción de derechos laborales y, por ello, profundamente impopular. Con el 70% de la población en contra, quienes se unieran al gobierno para ayudar en este ataque saldrían inevitablemente “quemados”, por lo que la extrema derecha presentó varias “exigencias” como “contrapartidas” para poder presentarlas como “victorias” a favor del pueblo.

La maniobra fue desenmascarada, el arreglo quedó al descubierto y Chega tuvo que presentar resultados concretos sobre la nueva y tan publicitada exigencia (demagógica en boca de Chega) de reducir la edad de jubilación, algo que, como es sabido, este gobierno nunca tuvo intención de hacer y que un gobierno de la derecha con la extrema derecha tampoco haría. De hecho, quitar un mes a la edad de jubilación cuando esta se encuentra en los absurdos 66 años y 9 meses. Y la defensa por parte de Chega de una reducción a los 65 años como condición para votar a favor del paquete laboral era igualmente pura palabrería para justificar el eventual voto favorable del demagogo Ventura.

Ante la gran contestación popular, y para evitar un desgaste electoral futuro, la posición de Ventura volvió a cambiar y optó oportunistamente por votar en contra del proyecto del gobierno, temiendo perder más adelante votos y diputados en futuras elecciones. Cabe recordar que los actuales 60 diputados de Chega representan cada año, con dinero de nuestros impuestos, cerca de 5 millones de euros para el partido. Así, optó por votar en contra junto con el PS y toda la izquierda parlamentaria.

La victoria de los trabajadores podría haber sido aplastante

A pesar de la fuerte movilización en la huelga general del 11 de diciembre de 2025 y de las grandes manifestaciones que tuvieron lugar ese día, con la participación de muchos miles de jóvenes trabajadores no organizados ni sindical ni políticamente, esta movilización no tuvo continuidad. Tres meses de “tregua” por parte de la CGTP y la deserción de la UGT condicionaron una segunda huelga general convocada para el 3 de junio, sin que se entendiera muy bien el porqué de esa fecha. Una segunda huelga general con menor movilización en las calles y acompañada por la provocación del gobierno, que aprovechó para anunciar el debate de la ley para el 18 de junio.

Una vinculación directa entre la lucha y la movilización con la derrota del paquete laboral habría exigido que la fecha de la huelga general coincidiera con el debate de la ley en la Asamblea de la República, lo que también habría reforzado el nivel de movilización y combatividad de la huelga, así como la confrontación con las posiciones de los diputados durante este debate y votación.

Sin embargo, solo un sindicato convocó una huelga nacional, decidida en asamblea sindical, para el 18 de junio. Fue el sindicato STOP en el sector de la educación, incluso con la dificultad de que era el cuarto día de huelga en apenas dos semanas. Dada la gravedad de la situación, y para seguir afirmando la necesidad de la lucha en el momento decisivo, la realidad exigía esa huelga como forma de combate. Eso es lo que debía haberse exigido a todo el movimiento sindical, particularmente al sindicalismo que se reivindica combativo.

Lamentablemente, esa convocatoria y movilización no se produjo ni por parte de la CGTP ni por parte de otros sindicatos, dejando abierto un falso protagonismo de la extrema derecha en este desenlace parlamentario. Y la victoria podría haber sido aplastante y directa, sin ningún margen de duda y como resultado de la movilización de los trabajadores.

Una victoria que anima a continuar las luchas

El conjunto de la política del gobierno ataca los derechos de los trabajadores, los derechos democráticos de ciudadanía, a las poblaciones inmigrantes y a todo el sector de los servicios públicos (Educación, Salud, Transportes), y pretende destinar nuestro dinero al negocio de las armas y de la guerra.

Para impedir estas políticas destructivas, el movimiento sindical debe debatir un plan de lucha en asambleas con la base trabajadora y presentar un conjunto de reivindicaciones necesarias y sentidas por todos, como son:

  • Un aumento salarial inmediato de 200 euros que compense lo perdido con el brutal aumento de los precios de los alimentos, los combustibles y la vivienda.
  • Pensiones de jubilación equiparadas al salario mínimo.
  • Reducir la edad de jubilación a los 62 años o a 40 años de cotización, para poder disfrutarla “antes del ataúd”.
  • Dinero para los servicios públicos y ni un euro para el armamento.

Para construir nuevas políticas en favor de los trabajadores es necesario un debate en la clase trabajadora y en las izquierdas para la construcción de una alternativa política antisistémica.

El MAS saluda a todos aquellos que, en el movimiento sindical y en la política, están comprometidos con la construcción de estos caminos.