Por Jules Arpula

Es curioso que precisamente algunas de las personas menos inteligentes de Australia me quieran explicar la importancia de seguir yendo al colegio.

Hay una cosa que aprendí al organizar la huelga estudiantil a nivel nacional contra Pauline Hanson, y es algo que no te enseñan en el colegio: si eres un estudiante que se manifiesta, recibes más críticas por parte del sistema que si fueras una figura política de extrema derecha que apoya las deportaciones masivas y la prohibición del aborto.

Desde que anunciamos que el jueves vamos a hacer una huelga estudiantil, hubo una avalancha de artículos difamatorios en la prensa de derecha, acalorados debates en programas de radio con llamadas en directo y denuncias por parte de las figuras políticas. Esta reacción no hace más que confirmar por qué es tan importante que nos plantemos: porque los medios de comunicación capitalistas y los políticos no lo van a hacer. Están metidos hasta el cuello en la complicidad con el ascenso de Hanson y quieren demonizar a cualquiera que tenga la valentía de hacerles frente.

Los argumentos en contra de la huelga son de una estupidez alucinante. Es curioso que nos den cátedra sobre la importancia de seguir en el colegio precisamente algunas de las personas menos inteligentes del país.

Tom Elliot, el «hijo de papá» del Partido Liberal y locutor polémico de 3AW —quien tuvo la amabilidad de invitarme a su programa—, comentó a sus oyentes: «No entiendo por qué los estudiantes menores de edad, que ni siquiera pueden votar, están tan preocupados por Pauline Hanson».

Es algo que da que pensar. Ni siquiera disfrutamos de los escasísimos derechos democráticos que se conceden a los adultos, pero ya estamos viendo cómo el auge de la extrema derecha va a cambiar nuestras vidas para peor. Fuimos testigos de la campaña de destrucción de Trump en Estados Unidos, que recortó los servicios sociales, amenazó a naciones enteras con la aniquilación y utilizó a matones de la «Gestapo» de inmigración para aterrorizar y deportar a los residentes. Vimos cómo los disturbios de extrema derecha se extendieron por todo el continente europeo y por toda Gran Bretaña. Pero, según Tom Elliot, ¿de qué hay que preocuparse?

Muchos periodistas dijeron que tenemos que seguir yendo al colegio y centrarnos en sacarnos buenas notas. Lucy Zelic se preguntaba en el Daily Telegraph: «Con los resultados del NAPLAN en caída libre, ¿por qué estamos fomentando el odio hacia Hanson en clase?».

Lo voy a expresar con la mayor claridad posible. Hanson no va a poner en pausa su algarabía racista hasta que todos tengamos nuestros títulos universitarios. Las elecciones estatales de Victoria son dentro de tres meses, y One Nation está creando una organización de extrema derecha para salir a la calle y ganar escaños. Está marcando el rumbo de la política aquí y ahora, situando en el centro del debate los ataques contra los inmigrantes, la misoginia y los ataques a los trabajadores. Si esto es lo que ya estamos viendo, ¿cómo será dentro de cinco años, cuando nos incorporemos al mercado laboral?

Esa actitud condescendiente se hace eco de lo que oímos a lo largo de todo el movimiento de solidaridad con Palestina, cuando el primer ministro Ben Carroll, que por entonces era ministro de Educación, nos advirtió que dejáramos la política en manos de nuestros padres y que siguiéramos estudiando si queríamos cambiar el mundo.

Está claro que a estas personas les faltan algunas clases de historia. Los estudiantes siempre fueron fundamentales en los movimientos de cambio social: desde los estudiantes de secundaria que se enfrentaron a la segregación en el sur de Estados Unidos en la década de 1950, hasta los heroicos estudiantes masacrados en el levantamiento de Soweto en Sudáfrica, pasando por el papel que han desempeñado los estudiantes de todo el mundo en el movimiento mundial de solidaridad con Palestina. Quienes estudiamos realmente esta historia sabemos que el mundo se cambia organizándose de conjunto, no convirtiéndose en figuras políticas profesionales sin alma como Carroll.

En el Herald Sun, Andrew Bolt afirmó que los agitadores socialistas nos están «manipulando», que son «extremistas que [nos] manipulan y solo piensan en actos violentos».

A los estudiantes de secundaria no hace falta decirles qué pensar sobre Hanson. Es bastante obvio que abogar por la monocultura es racista. Es bastante obvio que culpar a las mujeres de la violencia doméstica es sexista. Es bastante obvio que cuenta con el respaldo de una camarilla de ricachones repugnantes que quieren recortar los derechos de los trabajadores y llenarse aún más los bolsillos.

Soy miembro del colectivo «High School Anticapitalists» de Melbourne, que considera a Hanson una ramificación radical de la política capitalista, en perfecta sintonía con las prioridades de la competencia, el nacionalismo y el lucro.

Aunque la huelga la iniciaron los «High School Anticapitalists», se ha extendido por todas partes, incluso a lugares donde no tenemos miembros. Estudiantes desde Bendigo hasta Geraldton, pasando por Tasmania, están organizando sus propias huelgas locales, pintando pancartas y poniéndose en contacto con nuestro grupo.

Pero no debería sorprendernos que los socialistas estén detrás de la huelga. El único partido político que ha respaldado sin reservas lo que estamos haciendo en Melbourne es Victorian Socialists. Creo que la política socialista consiste en situarse en el lado correcto de la historia, no en doblegarse ante lo que se considera «razonable» y «respetable» en nuestro detestable sistema político.

Entonces, ¿por qué es importante nuestra huelga escolar? Pregúntenle a Rowan Dean, redactor jefe de la revista conservadora *The Spectator*. Él advierte: «Hay jóvenes que relacionan a Pauline Hanson, a los oligarcas y al fascismo… y lo vinculan con los multimillonarios, lo relacionan con Gina Rinehart. Es realmente peligroso, es realmente siniestro, es la radicalización de nuestra juventud».

Exactamente, Rowan. Creo que ya es hora de que los estudiantes de secundaria establezcan los vínculos entre Pauline Hanson, los multimillonarios y el fascismo. Cuando Hanson se opone a la baja por maternidad y aboga por que sea más fácil para los jefes despedir a los empleados «vagos» sin previo aviso y sin indemnización, está luchando para facilitar la explotación de los trabajadores y oprimir a los más desfavorecidos.

Nos negamos a limitarnos a adaptarnos a la nueva «normalidad» del hansonismo. Vamos a llamar fascista a un fascista, porque no estamos dispuestos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo crece un movimiento de extrema derecha en este país. Somos conscientes de que nos espera una dura lucha. Por eso estamos construyendo un movimiento para combatir estas políticas de cara al futuro. Si One Nation acaba siendo gobierno, no vamos a mirar para atrás y decir: «Deberíamos habernos quedado en el colegio». Vamos a mirar para atrás y decir que deberíamos haber luchado aún más; que deberíamos haber movilizado a más gente.

Estamos viviendo un momento decisivo en la política australiana. No hay nada más importante que puedan hacer los estudiantes el jueves que ir a la huelga. Si hay un momento para rebelarse contra todos esos locos de extrema derecha y salir a la calle, es ahora. Así que sumense a la manifestación más cercana el jueves 13 de agosto (y si estás en una zona rural, consulta tus redes sociales, se están convocando manifestaciones locales a medida que crece el movimiento):

  • Melbourne— a las 14:00 h en la Biblioteca Estatal
  • Sídney— 13:00 h en el Ayuntamiento
  • Perth— 13:00 h en Forrest Place
  • Canberra— 13:00 h en Kambri, Universidad Nacional de Australia
  • Adelaida— 13:00 h en el Parlamento
  • Brisbane— 13:00 h en King George Square
  • Newcastle— 17:00 h en el Civic Park
  • Wollongong— 13:30 h en la biblioteca de la Universidad de Wollongong

Publicado originalmente en Red Flag.