El 2 de septiembre de 1969 fallece Ho Chi Minh en Vietnam durante la guerra de liberación nacional más influyente de aquel momento. Su figura fue central para comprender el desarrollo del proceso, ganando el prestigio de todo líder al frente de una gesta histórica parcialmente triunfante, lo que muchas veces opacó su vínculo con la corriente política que actuó globalmente para detener las revoluciones y posteriormente llevarlas al retroceso durante toda la posguerra, el stalinismo.
Por Manuel Velasco
Nacido en 1890 con el nombre de Nguyễn Sinh Cung, Ho Chi Minh vivió sus primeros años en la Vietnam colonial bajo la administración francesa. Como muchos de su generación, decidió trasladarse a Francia para mejorar su educación durante la juventud, donde entró en contacto con grupos nacionalistas indochinos para luego unirse al Partido Comunista Francés (PCF). Desde allí, su vínculo con el stalinismo se fue estrechando con su traslado a la Unión Soviética y posteriormente a la China donde fundó el Partido Comunista de Vietnam (PCV) en 1927.
Para ese entonces, el debilitado imperio francés retrocedía frente al ascenso de las potencias que se agruparon en el Eje, tanto con el avance de Japón sobre las colonias de Asia a partir de 1931 como con la ocupación alemana de la propia Francia en 1940. El contexto de guerras y ocupaciones echaba combustible al fuego de las revoluciones, como lo demostraban los vietnamitas que se alzaron en armas contra la administración francesa y los ocupantes japoneses en 1941. Ese mismo año, se creó el Vietminh (Liga para la Independencia de Vietnam), integrado por dos partidos nacionalistas integrados por la pequeñoburguesía y el ala izquierda de la burguesía liberal, dos partidos comunistas –uno stalinista y otro troskista-, organizaciones de mujeres, obreros, campesinos, juventud y soldados, constituyéndose de inmediato como dirección del proceso de resistencia.
La derrota de los nazis en Europa y la caída del régimen de Vichy en Francia hizo temblar a la ocupación japonesa en Vietnam, lo que fortaleció la lucha del pueblo e impuso una situación favorable para que el Vietminh declare la independencia en 1945, dando rienda suelta a una revolución. Sin embargo, el control de las ciudades Saigón y Hanoi en manos de los revolucionarios no duró demasiado, debido a la política del PCV de ceder ante las presiones de la burocracia de la URSS y sus compromisos diplomáticos con los Aliados previos a la Guerra Fría.
Con la bienvenida a la Comisión Aliada el 1 de septiembre de 1945 y la apertura para el ingreso de tropas británicas al país, las tensiones en el Vietminh se avivaron. Las diferencias de orientación se sintetizaban en las consignas “todo el poder al Vietminh”, impulsado por el PCV, y “todo el poder a los Comités del Pueblo”, respaldado por el troskismo local. Era un punto nodal para el futuro de la revolución socialista en el país. Se ponía en juego el desvío de la revolución hacia la institucionalización, reservando las decisiones fundamentales en pocas manos, o el desarrollo de los organismos de doble poder -que tomaron forma en los Comités del Pueblo- para que los sectores sociales involucrados asuman democráticamente el gobierno y la autodefensa de las conquistas.
Frente a este escenario, Ho Chi Minh y el PCV cerraron las discusiones con las mismas prácticas aprendidas del stalisnismo. Al no contar con gran influencia en Saigón, ciudad donde se manifestaba con más fuerza el rechazo a la injerencia imperialista, el PCV terminó por imponer la hegemonía del Vietminh con la clausura de los Comités del Pueblo y organizaciones contrarias a la claudicación. La persecución del activismo y el asesinato de decenas de dirigentes, muchos de ellos troskistas como Ta Thu Thau, quien anteriormente había enfrentado al stalinismo desde la Oposición de Izquierda en Francia y luego en la Internacional Comunista, cuestionando la política del “tercer período” y la capitulación en China.
En medio de las tensiones, las tropas de ocupación se desplegaron por Saigón, confirmando la urgencia de fortalecer y armar a los organismos populares. Pero las autoridades del Vietminh mantuvieron su política de diálogo con el gobierno francés participando en la Conferencia de Fontainbleu de 1946, donde Ho Chi Minh se reunió con el gobierno francés. Finalmente, la resistencia del pueblo a través de la guerrilla terminó por vencer a las fuerzas francesas en 1954, cerrando una primera etapa del proceso de independización vietnamita con una victoria parcial ya que el país quedó dividido, en un claro reparto de las zonas de influencias entre la burocracia del Este y la burguesía de Occidente. Se trataba de otro ejemplo lamentable de la política criminal de coexistencia pacífica con el capitalismo, comandada desde la URSS para sostener los privilegios de la cúpula de gobierno y evitar el avance de las revoluciones en el mundo.
Frente a la creación de la República Democrática de Vietnam en el sur, los revolucionarios sostuvieron aislados la resistencia, sin un respaldo verdadero por parte de los Estados que se autoproclamaban socialistas. Recién en 1960, con la creación del Frente de Liberación Nacional y el Tercer Congreso del PCV, denominado por Ho Chi Minh como el “Congreso de la construcción socialista en el Norte y la lucha por la reunificación nacional pacífica”, se avanzó en un primer paso con el envío de ayuda material a la resistencia del sur. Sin embargo, la falsa ilusión de convivir con el enemigo llegó a su fin cuando el presidente Jhonson inició el ataque norteamericano en 1965, imponiendo la urgencia de enviar tropas desde el norte hacia el sur y desatando la lucha que terminó por proporcionar el primer golpe contundente a Estados Unidos.
Sin embargo, quien supo ser el principal referente del proceso no logró presencia el desenlace porque en 1969, a sus 79 murió víctima de la tuberculosis. Aun así, el impulso de la revolución con la fuerza suficiente para que el 30 de abril de 1975 el pueblo de Vietnam finalmente logre echar a las tropas estadounidenses, demostrando ante los ojos de todo el mundo que el imperio podía ser derrotado, con Ho Chi Minh como una de las figuras más destacas de la hazaña popular.
Problemas del pasado, soluciones del presente
Las masas vietnamitas fueron protagonistas de una de las gestas históricas más importantes del siglo XX al demostrar la capacidad imparable de un pueblo cuando decide poner fin al sometimiento. Con su potencial combativo lograron una victoria parcial, ya que el proceso no logró ir más a fondo avanzando en una independencia definitiva con la construcción regional e internacional del socialismo, porque al frente se consolidó una dirección que lejos de presionar por la profundización de la revolución, la llevó a su estancamiento.
El aniversario del fallecimiento de Ho Chi Minh es una oportunidad para reflexionar no sólo sobre las particularidades históricas del período en el que actuó, sino sobre aquellas tendencias generales que persisten en el presente e inciden en las luchas de nuestros días. Una de ellas es el gran peso del ancla que supo ser el stalinismo junto con sus aliados, actualmente superados por la pelea del activismo mundial contra toda burocracia. Hoy en su lugar persisten direcciones que comparten sus políticas contrarrevolucionarias, aunque con un margen mucho más estrecho para las concesiones debido a la magnitud de la decadencia capitalista.
Por otra parte, aunque estamos de un momento más favorable para el desarrollo de una corriente auténticamente comprometida con la organización democrática e internacionalista de los pueblos, sin una herramienta organizativa que enfrente a los aparatos reformistas que pretenden institucionalizar la movilización, los procesos terminan por frustrarse una y otra vez. Por eso, más que nunca es urgente la construcción de partido revolucionario que agrupe a lo mejor del activismo, con total claridad de que la única solución para la crisis es la pelea por el socialismo.








