Los activistas sindicales ucranianos nos cuentan cómo es la vida y la resistencia en tiempos de guerra y ocupación.
Por Jeremy Dewar
La Campaña de Solidaridad con Ucrania organizó en agosto un encuentro con dos activistas sindicales ucranianos en la sede central de Unison en Londres.
Khrystyna Levchenko, delegada dela juventud del sindicato Atomprofspilka en la central nuclear de Zaporizhzhia (ZNPP), e Ivanna Khrapko, dirigente del Sindicato de Empleados Públicos de Ucrania y presidenta de la juventud de la Federación de Sindicatos de Ucrania, hablaron de las terribles condiciones a las que se enfrentan los trabajadores y sus familias en este país devastado por la guerra.
Ivanna Khrapko nos mencionaba que, solo en julio, los drones y los misiles balísticos rusos asesinaron a 437 civiles. Hoy en día, el sonido de los silenciadores de los misiles interceptores ha desaparecido, lo que suele dar a una persona entre 30 y 40 segundos de aviso ante un ataque inminente.
Ir al trabajo, terminar la jornada e ir al colegio son pesadillas cotidianas. Los misiles balísticos caen sobre Kiev a diario; en Jersón es imposible moverse libremente por la ciudad, y Járkov, la «invencible», carece por completo de defensas antiaéreas. Los ataques aéreos de «doble impacto», de los cuales fue pionero Israel, tienen como objetivo habitual a los trabajadores sanitarios y a los bomberos que acuden a socorrer a los heridos.
Zaporizhzhia
Levchenko relató la toma rusa de la mayor central nuclear de Europa en marzo de 2022. Khrystyna trabajó como ingeniera en la central nuclear de Zaporizhia durante más de 10 años, los últimos 18 meses bajo ocupación. Cuatro días después de la invasión a gran escala de Rusia, el 28 de febrero de 2022, los vecinos de la localidad de Enerhodar levantaron barricadas y formaron un escudo humano de 10.000 personas alrededor de la central para impedir el avance del ejército ruso.
Sin embargo, la Guardia Nacional solo disponía de armas ligeras, que no podían hacer frente a la artillería rusa, la cual abrió fuego contra los manifestantes pacíficos el 3 de marzo. Al día siguiente, el centro de entrenamiento, la garita y el edificio administrativo habían quedado destruidos; la central nuclear de ZNPP estaba bajo control ruso.
Antes de la guerra, la central nuclear de Zaporizhia (ZNPP) contaba con unos 11.000 trabajadores, de los cuales 5.000 se encontraban en las instalaciones permanentemente. En el momento del ataque, solo 2.200 estaban trabajando, y la dirección envió a la mayoría de ellos a sus casa. Sin embargo, 14 auxiliares de laboratorio, todas ellas mujeres, se ofrecieron valientemente como voluntarias para trabajar un turno de 24 horas —su turno habitual es de ocho horas— con el fin de mantener la central en funcionamiento. Si una central nuclear deja de funcionar, podría producirse una reacción nuclear incontrolable en cadena de consecuencias devastadoras.
A los trabajadores se les prohibió utilizar sus teléfonos celulares, ni siquiera para llamar a sus hijos, ni hablar entre ellos, lo que en sí mismo constituía una situación sumamente peligrosa. Finalmente, todos los trabajadores se vieron obligados a obtener pasaportes rusos y a firmar contratos con el conglomerado ruso Rosatom para poder continuar con las tareas eseciales. Mientras tanto, las tropas rusas incumplieron todas las normas de seguridad al acampar en la central, donde lavaban la ropa, montaban dormitorios, instalaban calefactores eléctricos y cocinaban.
Levchenko nos contaba sobre el primer apagón, ocurrido tres meses después, en junio, cuando el suministro eléctrico de su unidad, la número cinco, cayó de 500 MW a cero en cuestión de segundos; una rápida llamada telefónica reveló que la unidad vecina, la número 6, había sufrido la misma caída repentina. Los trabajadores, sin ayuda del ejército ruso ni de Rosatom, lograron estabilizar la situación en torno a los 120 MW, pero desde entonces se han producido nuevos cortes en el suministro eléctrico.
Lo mismo ocurre con las desapariciones de trabajadores particularmente importantes. Al menos 45 trabajadores han sido secuestrados. Veinte han sido condenados, cuatro están a la espera de «juicio» y 13 se encuentran recluidos en régimen de incomunicación. Los cargos incluyen espionaje, terrorismo y traición a la Federación Rusa. Las condenas oscilan entre los 11 y los 25 años.
Atomprofspilka está llevando a cabo una campaña para la liberación inmediata de 15 trabajadores, los «15 de Zaporizhzhia», entre los que destaca Serhii Potynh, quien ha sido víctima de torturas y cumple una condena de 20 años por terrorismo y «actividades subversivas». Los rusos llegaron incluso a detener y maltratar a la esposa de Serhii durante una semana.
Khrystyna también reveló algunos detalles de su huida, en la que tuvo que atravesar innumerables controles, se topó con callejones sin salida y, finalmente, logró llegar a Rusia, Letonia y Polonia. Hizo especial hincapié en la ayuda que recibió de trabajadores rusos a lo largo de su recorrido, entre ellos un taxista. Aunque incluso la más mínima muestra de solidaridad con Ucrania y de desaprobación hacia la guerra se castiga con dureza, el sentimiento antibélico en Rusia aumenta.
Derechos sindicales en Ucrania
No obstante, el propio Gobierno ucraniano está acusado de una serie de ataques contra los derechos sindicales y la libertad de expresión de quienes se reivindican socialistas. En 2022, el Gobierno, en el marco de la imposición de la ley marcial, aprobó unas leyes laborales draconianas que invalidaban la negociación colectiva, legalizaban los contratos de cero horas, aumentaban la jornada laboral máxima a 12 horas y permitían a los empresarios despedir a los trabajadores sin necesidad de justificación.
El 5 de junio de 2025, la policía se hizo con la sede de la FPU, la mayor federación sindical del país, que antes de la guerra contaba con más de 4,8 millones de afiliados, y expulsó al personal sindical. Esto se produjo tras la detención de Grigoriy Osovyi, presidente de la FPU y miembro del Comité Ejecutivo de la CES.
Yarema Zhuhaievych, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Construcción de Aeronaves y Maquinaria de Ucrania (TUAMBWU), afiliado a la FPU, se encuentra en prisión preventiva desde el 1 de mayo de este año.
El 10 de agosto, un tribunal ucraniano condenó a Bogdan Syrotiuk, socialista ucraniano de 27 años, a 15 años de prisión por «alta traición» en virtud de la ley marcial. Llevaba detenido desde el 25 de abril de 2024 por oponerse a la guerra en Ucrania. Actualmente ha recurrido la sentencia.
Al responder a una pregunta sobre las leyes contra la huelga del presidente Zelenskyy, Ivanna Khrapko solo pudo decir que el sindicato ha negociado que, una vez que se levante la ley marcial, se restablecerá el derecho a la huelga y, de hecho, se ampliará a los trabajadores municipales y a los funcionarios públicos. Antes de la guerra no existía ese derecho a la huelga.
En cuanto a la prohibición de las manifestaciones, señaló que esta puede eludirse si «la causa goza de apoyo popular», como ocurrió con las manifestaciones contra la corrupción del verano pasado y las recientes en apoyo del ministro de Defensa destituido, Mykhailo Fedorov.
Sin embargo, los sindicatos siguen funcionando, aunque en condiciones difíciles. Khrapko nos contó que reúnen periódicamente a los trabajadores y forman a delegados sindicales y negociadores. Los bomberos, los maquinistas de tren y los paramédicos se encuentran entre las profesiones más peligrosas, con un elevado número de fallecidos y heridos. La Federación ha logrado negociar un plazo de gracia de tres horas para los trabajadores que no puedan llegar a su lugar de trabajo debido a ataques con misiles y drones.
Hizo especial hincapié en la labor de los sindicatos a la hora de crear consejos de mujeres, en los que estas se enfrentan a una «doble carga» cada vez mayor mientras sus maridos e hijos están en el frente. A diferencia de la situación anterior a la guerra, el 60 % de los afiliados al sindicato son ahora mujeres. El sindicato ha conseguido más prestaciones estatales para las mujeres.
El sindicato también colabora estrechamente con las campañas en defensa de los derechos de las personas con discapacidad para garantizar condiciones seguras y adecuadas para el creciente número de trabajadores con discapacidad a causa de la guerra. Se han reforzado los estrechos vínculos con los movimientos sociales, más necesarios que nunca debido a la guerra.
Convoy solidario
Estos informes nos ofrecen una idea de las condiciones con las que se va a encontrar el Convoy de Solidaridad con Ucrania este otoño. El convoy, que transporta suministros médicos a Ucrania, consta de tres tramos: desde el Estado español, el Reino Unido y Noruega. Sindicalistas y socialistas se reunirán con activistas del movimiento obrero en las ciudades por las que pasen, antes de converger en Polonia y entrar en Ucrania.
La caravana ya ha partido de Barcelona y saldrá de Londres en noviembre. Animamos a todos nuestros lectores a que exijan el regreso de los trabajadores desaparecidos de Zaporizhzhia, apoyen las iniciativas de la Campaña de Solidaridad con Ucrania y donen a la Caravana Internacional de Solidaridad con Ucrania.








