El acuerdo entre Trump e Israel evidencia una y otra vez su carácter favorable a la ocupación sionista. Las acciones solidarias han de acompañarse de propuestas por una estrategia revolucionaria y socialista.
Por Rubén Tzanoff
Más asesinatos y colonización
Desde la entrada en vigor del supuesto “alto el fuego”, la violencia sionista no se detuvo ya que fueron asesinados más de 400 palestinos. La tregua es utilizada como una cobertura política para sostener el asedio militar y el castigo colectivo sobre Gaza, que continúa sometida a ataques destructivos y al uso del hambre como arma de guerra.
En paralelo, la política de expulsión y colonización avanzó tanto en Cisjordania como en Jerusalén Este, donde el ejército israelí demolió al menos 13 viviendas palestinas, dejando a unas 90 personas desplazadas. No son hechos aislados, sino parte de una estrategia sostenida de limpieza étnica, destinada a modificar por la fuerza la composición demográfica y consolidar el control colonial.
Esto ha sido reconfirmado por los propios agresores. El 23 de diciembre, el ministro de Defensa de Israel blanqueó sin rodeos el objetivo estratégico del gobierno: mantener tropas de forma permanente en Gaza y avanzar en la recolonización del norte del territorio “en el momento oportuno”. La declaración oficial confirma que no existe voluntad alguna de retirada ni de reconocimiento de derechos nacionales, sino un plan de ocupación indefinida y apropiación territorial para construir el “Gran Israel”.

Bulldozeres israelíes demuelen el edificio residencial palestino en Jerusalem.
Más restricciones y represión de la sociedad sionista imperialista
También hay un endurecimiento del régimen de encierro sobre la población palestina. Diversos análisis describen el proyecto israelí como la construcción de un verdadero “Alcatraz” para los palestinos: un sistema de control total, segregación, muros, puestos militares y castigo colectivo, que convierte territorios enteros en prisiones a cielo abierto. El cerco sobre Gaza se volvió aún más asfixiante con nuevas restricciones que impiden el acceso de al menos 37 organizaciones no gubernamentales internacionales. El bloqueo deliberado de la ayuda humanitaria agrava una catástrofe social sin precedentes: falta de alimentos, medicamentos y atención médica básica, en una población ya devastada por meses de bombardeos y desplazamientos forzados.
Pocos días después, la alianza entre el sionismo y el imperialismo estadounidense volvió a mostrarse con total crudeza. Donald Trump felicitó a Benjamín Netanyahu por “cumplir el acuerdo” y lanzó nuevas amenazas de ataques contra Irán y Hamas. Washington reafirma así su rol como garante político y militar de Israel, sosteniendo la impunidad frente a los crímenes de guerra, apuntalando la escalada regional y en búsqueda de poner bases más sólidas para implementar la “segunda fase” del acuerdo tramposo imperialista-sionista.
Continuar las acciones solidarias
Es fundamental que las movilizaciones y acciones solidarias continúen en todo el mundo. En tal sentido, cabe destacar la manifestación realizada en Estambul, Turquía, la mañana del año nuevo, con el lema «No nos intimidarán. No nos callaremos. No olvidaremos a Palestina» congregó a más de medio millón de personas. También es positivo que la Global Sumud Flotilla (GSF), de la que hemos participado activamente desde la LIS, haya emitido un comunicado anunciado que en la primavera de 2026 partirá hacia Gaza una nueva misión humanitaria con alimentos, medicamentos y la intención de brindar una “presencia civil sostenida y especializada” en el territorio. En esta ocasión, proyectan contar con más de 100 barcos y 3.000 participantes, procedentes de más de 100 países.

Movilización masiva en Estambul.
Palestina libre y revolución socialista
Los hechos históricos y presentes demuestran que no hay salida humanitaria ni diplomática real bajo el dominio del imperialismo y el sionismo. La ocupación, la colonización y la represión están en la esencia del proyecto israelí para Palestina y la región. Frente a ello, la salida de fondo, capaz de llegar a una paz justa y duradera, con derechos sociales y democráticos, pasa por la derrota del Estado de Israel y la implementación de una Palestina única, laica, no racista, democrática y socialista, libre del río al mar. No es una solución sencilla, ni que recaiga exclusivamente en el pueblo palestino. Sólo podrá llegar con la revolución socialista en Medio Oriente, contra los gobiernos monárquicos, autoritarios y fundamentalistas, defensores del capitalismo, autoritarios y represivos




