Por: Gustavo Martínez Rubio, Marea Socialista-Venezuela
El carácter de un gobierno jamás se define por la pirotecnia de sus discursos, las estridencias de su retórica o la estética de sus vestimentas; se define, de forma estricta, por sus políticas concretas y por la clase social a la que decide servir.
En Colombia, el debate político lleva años secuestrado por el fantasma del «castrochavismo». Ya desde la campaña que llevó a Gustavo Petro a la presidencia, los sectores tradicionales de la política colombiana recurrieron al chantaje sistemático de que el país se encaminaría hacia un desastre idéntico al de Venezuela bajo el argumento de que el candidato del Pacto Histórico era un socialista o comunista alineado con Nicolás Maduro. A estas alturas de la historia, habría que pecar de extrema ingenuidad para seguir creyendo ese relato. Petro ha demostrado ser un gestor dentro del marco capitalista y Maduro, por su parte, ha terminado encarnando una de las peores y más rapaces caras de ese mismo sistema en la región.
Hoy, a las puertas de una crucial segunda vuelta presidencial en Colombia, persiste en un sector del electorado la idea de que, para «salvar al país» de un destino venezolano, la opción obligatoria es Abelardo de La Espriella. Esta narrativa, construida con millones en marketing político por sectores profundamente reaccionarios y antidemocráticos, se sostiene sobre un vacío de debate real. El acaparamiento de los grandes medios y la falta de espacios democráticos genuinos impiden ver la paradoja: es precisamente De La Espriella, y el proyecto que encarna, quien más se asemeja a la realidad material que hoy padece el pueblo venezolano.
Bajo el disfraz del outsider o del empresario exitoso que «no hace política», De La Espriella promueve la profundización más agresiva de un modelo de ultraderecha diseñado para beneficiar exclusivamente a los dueños del gran capital, precarizando aún más a la clase trabajadora. Al revisar sus propuestas, el espejo con la Venezuela actual se vuelve nítido.
1. Gobernar como una empresa y el mito del «derrame» económico
La premisa del candidato De La Espriella es administrar el Estado con la lógica de un negocio privado, sometiendo los derechos sociales fundamentales (salud, educación, pensiones) al criterio de la rentabilidad financiera.
En Venezuela, esto ya es doctrina de hecho. Detrás de la retórica oficial del PSUV sobre el «bloqueo económico» y otros rebusques, la realidad es que el gobierno venezolano aplica desde hace años un programa de «prosperidad» que no es más que un ajuste fiscal brutal. Al igual que la propuesta de De La Espriella de reducir impuestos a las corporaciones con la vieja y fracasada teoría del «derrame» (hacer creer que aliviar a los ricos genera empleo), desde el Palacio de Miraflores han otorgado exenciones tributarias masivas a empresarios y capitales extranjeros sin que esto se traduzca en empleo digno. Mientras tanto, la cúpula madurista justifica el congelamiento salarial argumentando cínicamente que «no hay de dónde sacar dinero». El hueco fiscal en Venezuela lo pagan los trabajadores sosteniendo al Estado con salarios de hambre y bonos sin incidencia legal.
2. Ajuste estructural y privatización encubierta
De La Espriella ha anunciado con orgullo un ajuste fiscal de alrededor de 70 billones de pesos que incluye la eliminación de entidades y la fusión de ministerios. En la práctica, esto significa despidos masivos en el sector público, el desmantelamiento de la fiscalización laboral y dejar a los trabajadores indefensos ante los abusos patronales.
Aunque el gobierno Pro Yankee que ahora encabeza Delcy Rodríguez lo niegue formalmente para cuidar algunas formas, acá en Venezuela está en marcha un plan de reajuste idéntico (hoy piloteado en la reestructuración estatal por figuras como Héctor Rodríguez) que contempla la supresión de ministerios y entes públicos. En Venezuela, los derechos laborales fueron barridos de facto mediante el Memorando 2792 y el instructivo ONAPRE, dejando a los trabajadores a merced del abuso patronal. La privatización encubierta que propone De La Espriella ya opera en los hospitales venezolanos: la atención médica formal puede ser gratuita, pero el paciente debe comprar desde el algodón hasta los cirujanos del bolsillo propio.
3. «Seguridad Democrática 2.0»: Militarización contra el conflicto social
El eje de «mano dura» y la construcción de megacárceles que promueve el candidato De La Espriella no es otra cosa que la criminalización de la protesta y de la pobreza. La historia de Colombia demuestra que estos modelos hiper-militarizados terminan usándose para aplastar las huelgas obreras, los paros campesinos y los movimientos populares. Además, el costo humano siempre recae en la juventud empobrecida de los barrios periféricos, dejando intactas a las mafias de «cuello blanco» y las estructuras financieras que se lucran con la violencia.
En Venezuela, la aplicación de esta receta punitiva ha sido uno de los capítulos más dolorosos para la población. Con el pretexto de la seguridad y la estabilidad, el aparato estatal ejecuta razias barriales, ha encarcelado a lo largo de los años recientes a cualquier cantidad de sindicalistas y trabajadores por protestar y acumula infinitas violaciones a los derechos humanos bajo el amparo de un sistema de justicia totalmente cómplice.
4. Educación y salud como mercancías
Frente a la persistente crisis de los sistemas sociales, la propuesta de De La Espriella insiste en lógicas de mercado: revisar el flujo de recursos hacia las EPS privadas y proponer paliativos como la «educación virtual en casa». Esto perpetúa un modelo segregado: salud y educación de calidad para quien pueda pagarla, y asistencia precarizada para la clase trabajadora.
El resultado de esta lógica ya se puede ver en el colapso del sistema educativo público venezolano. Las escuelas sobreviven con infraestructuras en ruinas y los docentes se han visto obligados a migrar o dedicarse a la economía informal para no morir de hambre. Quien desea una educación o salud medianamente digna en Venezuela hoy en día, debe migrar obligatoriamente al sector privado, convirtiendo los derechos humanos en un lujo prohibitivo.
5. El alineamiento sumiso al imperialismo y al gran capital
A nivel geopolítico, De La Espriella propone retirar a Colombia de organismos internacionales como la ONU o la CIDH —calificándolos de «directorios de izquierda»— para estrechar lazos de subordinación total con las agencias estadounidenses y el capital transnacional. Esto implica entregar la soberanía y facilitar el saqueo de recursos bajo las reglas del libre comercio internacional.
En este punto, la coincidencia con la deriva actual de Delcy Rodríguez y su combo es absoluta. El gobierno venezolano —o el «Rodrigato», como ya lo denominan diversos analistas ante el peso de Delcy y Jorge Rodríguez— se encuentra profundamente alineado y complaciente con las exigencias del capital estadounidense y la administración de Donald Trump. Para seducir a estas inversiones, el gobierno venezolano (alineado con los empresarios y sobre lo cual María Corina Machado no dice nada) ha reformulado leyes de hidrocarburos y minas entregando la producción petrolera, y actualmente avanza en una reforma de la Ley Orgánica del Trabajo encaminada a legalizar el desmantelamiento de las prestaciones y derechos laborales. El capital internacional necesita mano de obra semiesclava, y el gobierno venezolano se la está garantizando.
A pocos días de la segunda vuelta, queda a libre interpretación de cada trabajador, estudiante y ciudadano colombiano evaluar por qué y por quién estará votando realmente. Nosotros no somos imparciales, como trabajador, pienso que lo que mas conviene al pueblo colombiano de manera táctica y en forma de contención política es votar por Iván Cepeda y seguir organizándose desde abajo con independencia y autonomía de clase.
Post: Ante las voces de ciertos artistas y figuras públicas que amenazan con que «si gana Cepeda, se irán de Colombia», vale la pena refrescar la memoria histórica. En las décadas de los 70, 80 y 90, a millones de colombianos no les preguntaron si querían irse: «los fueron» del país, obligándolos a dispersarse por el mundo para huir de la miseria y la violencia impuestas por la burguesía tradicional y sus gobiernos. Es de esas mismas raíces tradicionales, excluyentes y antipopulares de donde proviene Abelardo de La Espriella. Su proyecto no representa ninguna novedad ni ninguna salvación; representa la copia exacta del modelo de despojo que hoy destruye las condiciones de vida de la clase trabajadora a ambos lados de la frontera. También podrían mirar seria y sobriamente las condiciones populares en que se encuentran en Argentina y El Salvador, con gobiernos como el de Milei y Bukele, tan admirados por De La Espriella.





