En esta oportunidad, conversamos con los compañeros del MST de Bolivia, quienes recientemente elaboraron un importante balance sobre el proceso revolucionario que atravesó el país (leer aquí), sus alcances, así como los límites y problemas que encontró en su desarrollo. A continuación, compartimos la entrevista con Juan José Villa, dirigente del MST de Bolivia, para profundizar en las principales conclusiones de este análisis.

1- El proceso boliviano ha sido muy poderoso, incluso ha derrotado en tres oportunidades la represión policial ¿Cómo puede ser que teniendo todo esto a favor el pueblo no haya podido derribar a Rodrigo Paz?

El pueblo trabajador boliviano, si bien no expulsó a Rodrigo Paz, le ha propinado una paliza de gran magnitud de la que no puede recuperarse por sí mismo. La dirección del incipiente doble poder de la Central Obrera Boliviana firmó un pacto espurio otorgándole una tregua de tres meses. Esto ha sido vital para que el gobierno sobreviva. El proceso sí pudo derribar a Paz, de hecho, aún puede hacerlo, no existe una derrota como tal. Si bien la dirección boicoteó la lucha negándose a asumir la toma del poder, las masas no han sido aplastadas, se dispersan tras la tregua hacia luchas sectoriales. Pero existe una poderosa tendencia a reagruparse, preparando el camino a la próxima gran lucha. 

Se habla mucho del Estado de Excepción en Bolivia, pero para afrontarlo en sus debidas proporciones tenemos que recordar que la política contrarrevolucionaria de aplastamiento digitada por el imperialismo de Trump fue categóricamente derrotada por las masas en los meses de mayo y junio. El gobierno ya había impuesto un Estado de Excepción de facto durante los 50 días de lucha. Desplegó a las fuerzas policiales y militares contra los puntos de bloqueo. Pero las caravanas represoras huyeron en todos los operativos encabezados por el ministro Zamora, primo de Paz, con la cobardía característica de su casta frente a la poderosa embestida de las masas. Fue evidente el nuevo poder de clase trabajadora que comenzaba a dominar el occidente del país, con epicentro en el departamento de La Paz y la ciudad de El Alto.

La ofensiva contrarrevolucionaria más representativa fue la del 6 de junio, donde policías y militares resguardaron y dotaron de armas a las bandas fascistas de la oligarquía cruceña. Este bloque contrarrevolucionario intervino los bloqueos de San Julián en Santa Cruz de la Sierra, departamento que la clase dominante considera su fuerte y base de operaciones. Pero la fuerza de las masas se hizo respetar en el oriente boliviano con toda su vitalidad, echando por los suelos la estrategia represora, quebrando física y moralmente al fascismo. Las masas no solo defendieron los puntos de bloqueo, sino que evidenciaron el doble poder incipiente, incrementaron la lucha y tomaron el control del cuartel policial. ¡Derrotaron la contrarrevolución!

De oriente a occidente Rodrigo Paz no gobernaba. ¿Entonces quién lo hacía? Claramente el poder naciente de la alianza obrera, campesina y popular, que forjó sus propios organismos, desde la Federación Túpac Katari, CSUTCB, Juntas Vecinales, FSTMB, Magisterio y diversos sindicatos, todos con representación orgánica en la Central Obrera Boliviana, convertido en órgano de doble poder por la lucha, bajo el liderazgo del proletariado minero.

El Comité Cívico Pro Santa Cruz, organismo de la oligarquía entreguista, declaró el 24 de mayo que en el país reinaba un vacío de poder, y avanzó más allá en admitir el 30 de mayo, a través de su vicepresidente, Agustín Zambrana, que “los bloqueadores gobiernan Bolivia”. Hasta el enemigo de clase tuvo que reconocerlo. Es increíble que existan sectores de izquierda que aún no quieren ver esta realidad.

Paz no solo tenía obstáculos para gobernar, tenía un problema más grande, un doble poder incipiente. Que no solo bloqueó las carreteras y vías comerciales, sino que demostró haber desarrollado una autodefensa y, en la asamblea de la COB del 31 de mayo, votó abrir un corredor para el abastecimiento de alimentos y medicinas. Nacía un autogobierno. Era deber de las direcciones profundizarlo.

Los informes del campo acerca de la simpatía de los soldados en los cuarteles provinciales con la movilización, tendían el puente necesario para definirse por la estrategia de poder. Pero la burocracia nunca quiso asumir su responsabilidad. Desde el MST les emplazamos a que asuman la línea de poder obrero y campesino, tanto en pronunciamientos escritos como en reuniones de la federación minera y la Asamblea de la COB del 31 de mayo, frente a las delegaciones de todos los sectores en lucha.   

Rodrigo Paz no se sostiene por sus propios medios, sino por la política conciliadora de la COB, que al rechazar tomar el poder, aplicó una línea de desgaste de 50 días de bloqueos y marchas sin coordinación de acciones para entrar a Plaza Murillo, que era el paso que faltaba para coronar la lucha. Aún así, Paz y las instituciones oligárquicas fueron derrotadas, la ley de conversión de tierras fue abrogada, las ofensivas fascistas vencidas.

Cuando la dirección de la COB a la cabeza de Mario Argollo firma el 19 de junio el pacto con el gobierno declarando la tregua de tres meses, instruye al mismo tiempo levantar todas las medidas de presión. Después de tres días, todos los puntos de bloqueo son retirados por las mismas masas. Es en este contexto que Paz, con la complicidad de la burocracia traidora, decreta el Estado de Excepción con una duración de tres meses, el mismo tiempo de la tregua. Pero la lucha ya había sido levantada por la COB, no por los militares.

El gobierno se sostiene por la dirección de un organismo antagónico de clase. Pero si este organismo decide dejar de ser su soporte, Rodrigo Paz volverá a tambalearse y se desplomará. De momento, tiene el permiso de la burocracia dirigencial para gobernar. Por eso, continúa con el ajuste imperialista. Ha devaluado la moneda incrementando otra vez la inflación de la canasta familiar, continúa la escasez y distribución del combustible contaminado, las tarifas de los servicios básicos han incrementado y un nuevo decreto anuncia aún más elevación de precios al consumidor, la deuda externa se eleva con compromisos con el FMI. Y el gobierno persigue a los dirigentes que no estuvieron presentes en la firma del pacto.

Pero todas estas acciones han generado nuevas protestas. Nadie respeta el Estado de Excepción. Los transportistas, juntas vecinales, sectores de salud, se movilizan y los militares no pueden hacer nada. Si el gobierno dispara a las masas retornaría de inmediato la gran lucha por su caída, y sería derrotado. Entonces, se aboca a perseguir dirigentes de los bloqueos porque son el punto más débil del proceso, mientras que las masas rompen la ley marcial que solo brilla en el papel. Hasta un sindicato gremial que le apoyaba a la cabeza del burócrata Siñani, ha anunciado que su sector también romperá el Estado de Excepción por las consecuencias devastadoras de la devaluación de la moneda.

El gobierno está en peor situación que antes, se puede vencer si se reorganiza la lucha con el objetivo de poder obrero y campesino. Sin embargo, si este objetivo no se asumiera por el boicot de las direcciones, las bases empujaran al retorno a las calles planteando en la lucha misma nuevamente el problema del poder. Es la característica de la situación política y social del país.  

2- En el contexto latinoamericano y a partir de la experiencia de principios de siglo, pareciera que la burguesía y el imperialismo tienen una determinación mucho más clara de no dejar caer a los gobiernos. ¿Qué relación encontrás en estos elementos de espontaneidad y la falta de dirección revolucionaria del proceso boliviano?

Esto responde a las líneas burguesas internacionales para enfrentar la revolución latinoamericana. Anteriormente, desde inicios del siglo XXI, había una política imperialista de desviar los procesos revolucionarios por la vía electoral. Así, a través de elecciones, cambiaban a gobiernos neoliberales por otros de Frente Popular. Estos últimos con rostro popular, campesino u obrero y discursos socialistas, pero con prácticas capitalistas reformistas. Por esa particularidad, en el discurso y tibias reformas se ganaban la confianza de las masas, pero en la práctica garantizaban los negocios imperialistas. De ahí que nunca hubo un socialismo verdadero.

Ahora, ¿hay un cambio de línea? Con la administración imperialista de Donald Trump se tiende a rechazar el recambio de Frente Popular, no se soporta el discurso socialista por más que esos gobiernos tengan una práctica pro imperialista. Se prefiere imponer gobiernos alineados en discurso y práctica de derecha. Aunque Rodrigo paz asumió el gobierno con discurso populista, sin embargo, una vez posesionado se alineó a la doctrina de Trump. Y precisamente por esto, desde su primer mes de gobierno, recibió la furia de las masas con la primera Huelga General de la COB que resultó victoriosa.

El imperialismo no deja caer a sus gobiernos, a ninguno, son las masas las que los derriban. Paz aún va a tener a las masas encima. En este período sigue planteada su caída. Por tanto, también sigue planteado el problema del poder para la clase trabajadora.  

El imperialismo de Trump es consciente de esto. Puede recurrir a dos opciones para evitar la revolución: el aplastamiento contrarrevolucionario o la conciliación con las direcciones traidoras ya sea para seguir sosteniendo al gobierno o para garantizar el desvío electoral. Esto último no está descartado, pero aparece como última opción.

¿A qué opción recurrió primero el imperialismo de Trump en Bolivia? Al aplastamiento contrarrevolucionario, de ahí sus ofensivas militares y el despliegue fascista. Pero fueron derrotados por las masas.

¿A qué recurrió Paz y la embajada norteamericana tras su derrota? A la conciliación con la dirección de la COB. No acordaron llamar a elecciones, pero sí mantener a Paz en el poder.

Pero, esta conciliación tiene movimientos torpes de parte del gobierno rompiendo el acuerdo reformista. Esto acelera el surgimiento de nuevas protestas sociales, las movilizaciones se imponen al Estado de Excepción, y los sectores nuevamente llaman a sacar al gobierno inmediatamente después de la tregua de tres meses.

El proceso revolucionario se puede reorganizar en el movimiento obrero, campesino y popular, luchando por balances claros, exigiendo asambleas democráticas, clarificando el problema del poder, organizando el congreso de emergencia de la COB, peleando porque sea democrático, donde se determine la lucha consciente por el poder obrero y campesino, y se elija una dirección mínimamente de independencia de clase y de combate, bregando por una dirigencia revolucionaria.

Mientras no se logre organizar esas asambleas y congreso de emergencia de manera consciente debido al boicot de la burocracia dirigencial, el proceso se verá empujado a avanzar por presión de las bases, se reorganizará, pero adoleciendo del factor subjetivo de dirección revolucionaria, mostrando una contradicción dialéctica, planteando el problema del poder de manera objetiva, como lo hizo en mayo y junio, pero probablemente con mayor impacto.

Aquí hay que ser categóricos, no es correcto el planteamiento que dice que cada movilización tiene una dirección acorde a la profundidad del proceso de masas. Como si cada proceso fuera lineal, aplicando un razonamiento de lógica formal a la relación entre masa y dirección. Este planteamiento reduce la cuestión a lo siguiente: “si no hay dirección revolucionaria, entonces no hay revolución de masas”. ¿Entonces qué hay? Todo menos procesos revolucionarios. Así se reemplaza para todo momento y lugar al movimiento revolucionario de masas por la categoría de revuelta y rebelión, que son menos que un proceso de revolución, poniendo en duda y desconfiando de las propias fuerzas de las masas en cada momento histórico, especialmente en el siglo XXI.

Esto que en un principio tomó la forma de un intento de aporte y precisión a la teoría revolucionaria, se develó en la práctica como la justificación teórica de la capitulación al reformismo capitalista. Cada gran movilización de masas que derrocaba gobiernos era cuestionada por la gran mayoría de la izquierda negando su contenido revolucionario, para llamarlo revuelta o rebelión. Y para consolidar esta concepción se capituló a la campaña imperialista de negación de la clase obrera como sujeto histórico, cuestionando su capacidad de liderar a explotados y oprimidos, imponiendo la tesis pequeñoburguesa de los nuevos sujetos sociales, dañando el análisis de clase característico de la teoría revolucionaria.    

Por esta concepción anti dialéctica y pro capitalista en la que se considera que no hay posibilidad de revolución, la gran mayoría de la izquierda plantea salidas burguesas y electoralistas a las crisis. De ahí las peticiones de elecciones o Asamblea Constituyente en todo tiempo y lugar, cuando tienen enfrente a las masas que derrocan gobiernos y plantean el problema del poder para la clase trabajadora.

En Bolivia está planteado el problema del poder. Y la COB se eleva a órgano de doble poder dirigido por la clase obrera minera. Es urgente retomar la concepción dialéctica de la revolución. El factor objetivo (movilización de masas y sus organismos) y el factor subjetivo (dirección) casi nunca están alineados. De hecho, el factor objetivo suele estar más avanzado que el subjetivo. ¡Esa es la dialéctica del proceso! En el caso boliviano, la movilización de masas plantea el problema del poder y desarrolla la crisis revolucionaria, mientras que la dirección está más atrasada, es conciliadora, y el partido revolucionario que tiene claro que se puede tomar el poder, aún es pequeño y no tiene la influencia determinante en el movimiento de masas.

Entonces concluyamos en que la revolución tiene todas las condiciones objetivas demasiado maduras para desarrollarse, es el factor subjetivo, de la dirección, el que no está desarrollado y genera que las crisis se prolonguen. Pero de ninguna manera debemos negar la existencia del proceso revolucionario objetivo.

3- Se podría afirmar que la falta de una dirección revolucionaria con peso de masas fue el factor determinante para que no se logre tirar a Rodrigo Paz. ¿Vos qué opinás?

La falta de dirección es determinante. Pero el movimiento no ha sido derrotado, así que sigue planteada la caída de Paz. Hay que construir la dirección revolucionaria no solo para derribar a Paz, pues esta tarea puede ser realizada por la propia fuerza movilizadora de las masas en su próxima lucha, como lo hicieron el 2003 y el 2005; la dirección revolucionaria es necesaria para llevar a las masas y sus organismos de lucha a tomar el poder y sostenerlo en el tiempo, para evitar que el proceso de revolución se desvíe en trampas electorales y sucesiones constitucionales. Desde luego, necesaria también para evitar una posible derrota planteada por una nueva traición de la dirigencia actual.

¿Pero con qué política construimos la nueva dirección? La izquierda mayoritaria, incluída la dirección de la COB que ha firmado el pacto con Paz, mientras se desarrollaban los 50 días de lucha, planteaban salidas burguesas a la crisis. Negaban que estuviera planteado el problema del poder. De ahí que también contribuyeron a la conciliación cuestionando el proceso revolucionario y el papel dirigencial de la clase obrera de la COB.

Estos son los tres planteamientos principales de la izquierda:

Primero están los Evistas y Arcistas que plantearon salidas constitucionales y electorales. La sucesión constitucional del vicepresidente Lara ya sea para que gobierne o para que llame a elecciones. Aunque Evo Morales titubeó al respecto puesto que primero planteó que sea el mismo Rodrigo Paz el que convoque a elecciones. Este último se agarra de eso para decir en asambleas campesinas y medios que él nunca pidió la renuncia del presidente, admitiendo su vergonzosa política conciliadora.

En segundo lugar, está el Partido Obrero Revolucionario, que dirigió a las bases del magisterio urbano en La Paz, una fuerza poderosa en la lucha. Este partido planteó en un inicio la creación de una Asamblea Popular. Sin embargo, al plantear un organismo que no existe, negó el doble poder del organismo que sí existe, la COB, y su consigna se diluyó en una recitación poética. Finalmente, llamaron a retornar a clases virtuales mientras la lucha se desarrollaba en las calles, negando el proceso revolucionario, aportando al boicot de la misma. Por sus dubitaciones perdieron las elecciones sindicales del magisterio paceño, y erróneamente caracterizaron su derrota electoral como una “derechización de las bases”.

En tercer lugar está nuestro partido, que desde el Congreso de la COB de octubre de 2025, y la huelga general de la COB de diciembre y enero, difundió línea de que el problema del poder está al orden del día y el organismo llamado a centralizar las luchas es la COB. En mayo y junio planteamos la consigna de ¡Todo el poder a la COB y organizaciones campesinas y populares en lucha! y emplazamos a la dirigencia a asumir la política de la toma del poder. 

Los debates principales giraron entorno a estas tres líneas políticas. El problema está en que las salidas electoralistas o de asamblea popular, consideraban que le proceso no llegaba a una revolución, sino una rebelión o revuelta, cuestionando las fuerzas propias de las masas y desconociendo al órgano de doble poder. El mismo problema que adolece la izquierda que planteamos en la segunda pregunta de esta entrevista.

Ahora bien, la dirección de la COB y la federación minera aclaró su rechazo al MAS y a Evo Morales, aclaración necesaria para ganar en los congresos obreros de 2025, pero terminaron aplicando una política similar, de conciliación con Paz sin acordar el llamado a la trampa electoral, retrocediendo a exigir al gobierno que atienda las reivindicaciones sectoriales.

Es fundamental construir la dirección, insertarse en el movimiento de masas, con una línea política acorde a la situación revolucionaria. Independientemente del tamaño del partido, sea este grande o chico, la tarea principal sigue siendo la misma, hay que mostrar a la clase trabajadora que la realidad plantea el problema del poder, y que la tarea principal es llevar al poder dual de la COB al triunfo sin conciliaciones con los explotadores. La formación de cuadros depende de esto, de dejar atrás la desconfianza en las propias fuerzas, de visibilizar al sujeto histórico clase obrera como líder de las alianzas con sectores campesinos y populares; dejar de rebajar los procesos revolucionarios a rebeliones o revueltas, y luchar por el poder político cuando la movilización de explotados y oprimidos pone contra la espada y la pared a los gobiernos de turno.

4- Hay un debate en curso en la izquierda mundial sobre la relación entre los partidos revolucionarios y el desarrollo de los organismos de doble poder. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Los organismos de doble poder son, por lo general, creados por las masas y diferente al partido revolucionario. En la revolución rusa de 1905 y 1917, los soviets fueron los organismos de poder dual que las masas construyeron con su movilización. Pero la dirección de los soviets podía ser asumida por cualquiera de los partidos de izquierda insertos en el movimiento obrero y de masas. En febrero de 1917 la dirección de los soviets estuvo en manos de los mencheviques, mientras que el partido de Lenin, siendo minoría, peleó por ganarles la dirección con la línea de la toma del poder. ¡Todo el poder a los soviets! Emplazaba con esta consigna a la dirección menchevique a formar un gobierno obrero y campesino. Los conciliadores negaban que el proceso estuviera maduro para la toma del poder, difundían la desconfianza en las propias fuerzas de la clase trabajadora. Mientras que los bolcheviques de Lenin y Trotski explicaban pacientemente que el problema del poder estaba al orden del día tras la revolución de febrero, infundiendo confianza en las masas, en el potencial revolucionario del proceso objetivo. Y con esta línea ganaron la dirección del poder dual y llevaron al triunfo a la revolución rusa de octubre de 1917.

Hoy existe en la izquierda una confusión entre el órgano de poder dual y su dirección. Se concibe que si la dirección es traidora el órgano también lo es y entonces no sirve para la revolución, y el caso se agrava cuando se rebaja la revolución a considerarla rebelión. Imaginen que eso hubiera pensado Lenin de los soviets, que porque la dirección es menchevique los soviets ya no sirven. Pensando así jamás hubiera ganado la conducción de los soviets y tomado el poder.

Hay que preservar el órgano de poder dual y, si tiene una dirigencia traidora, luchar por ganar la dirección en lugar de darle la espalda.  Es lo que está planteado hacer en Bolivia con la COB.

5- A partir del proceso y la intervención del MST qué desafíos y líneas de trabajo están desarrollando para fortalecer la organización en el camino de superar la crisis de dirección.

No se tomó el poder por el problema de la dirección. El desafío es construirnos como esa dirección revolucionaria con influencia de masas. Es una ardua tarea y hay que hacerla dentro de los organismos de masas, enfrentando a la burocracia traidora. Hay que hacerle frente en los mismos sindicatos y no darle la espalda. Construirse al interior de la COB, esa es nuestra perspectiva.

Es fundamental luchar por asambleas democráticas en cada sindicato para hacer el balance exhaustivo de los 50 días de combate. Que las direcciones se sometan a la evaluación de las bases como debe ser en democracia. Que las asambleas por sectores desemboquen en la gran asamblea de la COB para reorientar y alentar la lucha con el objetivo de poder. Luchar por el derecho de las y los trabajadores a organizarse en comités de base de cada sindicato y la COB para desarrollar los debates democráticos y preparar la lucha venidera.

Es urgente un Congreso de Emergencia de la COB, pero verdaderamente democrático, para votar la toma del poder y la conformación del gobierno obrero, campesino y popular dejando atrás las tesis políticas que no han previsto el actual ascenso revolucionario contra Paz. Pero mantener las conquistas logradas, como el mandato congresal de la independencia de clase, no apoyo a ningún gobierno burgués y la construcción del Partido de los Trabajadores de la COB, resoluciones que la dirección actual ha desacatado.

En ese marco de reorganización luchar por la derrota del ya debilitado Estado de Excepción ¡Acabar con la persecución selectiva de dirigentes! ¡Libertad para las y los detenidos! ¡Abajo el ajuste proimperialista y las leyes entreguistas!

Superar la crisis significa no solo construir la alternativa nacional, sino también internacional. En este sentido es importante señalar las relaciones obtenidas al calor de la lucha con las organizaciones revolucionarias del mundo, que han coincidido con nosotros en destacar el rol de la clase obrera en la alianza con el campesinado y el problema del poder.

Relievamos el rol de la Liga Internacional Socialista, el accionar de militantes de partidos como el MST Argentino, que se compraron el lío de difundir en las marchas de solidaridad con Bolivia que la cuestión del poder está planteada; lo propio con camaradas de Revolucao Socialista y Unidos Pra Lutar de Brasil, que con su delegación obrera apoyaron la lucha y la línea de poder. El PRT de Costa Rica tuvo una participación increíble en la difusión internacional. La lucha de clases nos ha unido en Comité de Enlace y esperamos profundizar los lazos revolucionarios en el debate sobre la revolución mundial.

Pero también queremos destacar la participación y relación fraterna con camaradas de la NPA-R de Francia, que a pesar de sostener matices y diferencias, han aportado a visibilizar en Europa el rol de la clase obrera, el papel del organismo COB y el llamado a avanzar hacia un autogobierno durante los 50 días de lucha. Destacamos también el apoyo fraterno de la militancia del grupo La Furia de México.

Retomar las caracterizaciones de revolución, la campaña por visibilizar la presencia e intervención de la clase obrera, la confianza en las propias fuerzas y la línea de poder aplicada a la lucha de clases actual es fundamental en la construcción de partidos revolucionarios a nivel internacional en el Siglo XXI, donde se ha acostumbrado a la izquierda a dejar de lado la perspectiva revolucionaria por estrategias pequeñoburguesas.

¡Hay perspectiva! ¡Adelante con el optimismo histórico en la revolución socialista mundial!

Entrevistó: César Latorre