Estas líneas se escriben de noche, inmediatamente después de un ataque con misiles rusos sobre Kiev, en el día 1626 desde el comienzo de la agresión a gran escala del imperialismo ruso contra Ucrania.

Por Oleg Vernyk, Presidente del Sindicato Ucraniano Independiente «Zakhist Pratsi»Liga Socialista Ucraniana (LSU).

Estas líneas se escriben de noche, inmediatamente después de un ataque con misiles rusos sobre Kiev, en el día 1626 desde el comienzo de la agresión a gran escala del imperialismo ruso contra Ucrania. Resulta sorprendente que, después de 1626 días, una Ucrania de 25 millones de habitantes siga resistiendo heroicamente a una potencia de 140 millones de habitantes, dotada de armas nucleares y de «el segundo ejército del mundo». El espíritu de la resistencia ucraniana no ha sido quebrado.

Por más bárbaros que hayan sido los ataques con misiles a los que Rusia ha sometido recientemente a Kiev y a las principales ciudades ucranianas, el espíritu de la resistencia popular desde abajo no ha sido quebrado. La clase trabajadora afirma con firmeza y constancia que el destino de Ucrania y de su pueblo será decidido por los propios ucranianos, y no por los «liberadores» rusos en tanques ni por los imperialistas occidentales, aterrorizados ante las próximas elecciones parlamentarias.

Situación en el frente

En primer lugar, hay que señalar que durante el último medio año todavía no se han producido cambios importantes en la línea de contacto. Por quinto año, el ejército ruso intenta conquistar la región de Donetsk, para poder ofrecer al pueblo ruso al menos un resultado material de la llamada «Operación Militar Especial», iniciada por Putin el 24 de febrero de 2022. De los demás objetivos, completamente efímeros y falsos, de la agresión, Putin y su entorno prefieren no hablar. La «desnazificación», la «desmilitarización», la «protección de la lengua rusa» y otros clichés propagandísticos fueron hace tiempo arrojados al basurero de la historia por el Kremlin. Por eso, el falso lema de la «liberación del Donbás» sigue siendo el único objetivo más o menos realizable, según Putin, y no escatima fuerzas ni recursos para alcanzar al menos esta meta.

Cabe señalar que, en muchos sectores del frente ruso-ucraniano, la línea de contacto no ha cambiado sustancialmente desde hace mucho tiempo. A costa de enormes esfuerzos, el ejército ruso lleva más de tres meses librando una lucha encarnizada por la conquista total y definitiva de la ciudad de Kostiantynivka, en la región de Donetsk.

Si Kostiantynivka cae definitivamente, el ejército ruso tendrá una nueva tarea, aunque ni mucho menos la última: la conquista de las ciudades clave del Donbás ucraniano, Sloviansk y Kramatorsk. Allí se ha construido una línea de defensa ucraniana bastante fuerte, y la conquista de estas ciudades le costará muy caro a Putin y requerirá muchísimo tiempo. Muchos analistas militares, en principio, dudan de que el ejército ruso disponga de los recursos necesarios para llevar adelante operaciones militares de semejante envergadura.

La cuestión de declarar una movilización general o parcial en Rusia se vuelve cada vez más importante para la continuidad de la guerra. Pero Putin no podrá decidirse por una medida tan impopular antes de que concluyan las elecciones parlamentarias del 18 al 20 de septiembre de 2026.

Entendemos que, bajo la dictadura de Putin, no obtendremos ningún resultado electoral honesto y que todas las cifras finales serán dibujadas en los despachos del Kremlin. Sin embargo, el propio equipo del Kremlin de Putin podrá obtener una radiografía real del estado de ánimo de la población rusa y, de acuerdo con ella, tomar una decisión definitiva sobre una movilización total de los rusos para la guerra en Ucrania o renunciar a esta arriesgada idea.

La guerra de los drones

Es importante señalar que, desde comienzos de 2026, la táctica y la estrategia de la guerra en Ucrania han experimentado cambios significativos. Los vehículos aéreos no tripulados —los drones de combate— han pasado a ocupar el primer plano de la guerra. Y aquí hay que señalar que Ucrania ha demostrado ser bastante competitiva frente a Rusia en este terreno. A lo largo de todo 2026, las «Fuerzas de Sistemas No Tripulados» ucranianas han logrado atacar de manera selectiva numerosas instalaciones de refinación de petróleo en el interior de Rusia, provocando allí una crisis bastante grave de combustible. Rusia incluso tuvo que recurrir a la importación de gasolina desde Kazajistán y Bielorrusia.

El 25 de junio de 2026, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, aprobó la denominada «Operación de 40 días para ejercer influencia sobre el Estado agresor con el objetivo de inducirlo a la paz». Los drones de combate ucranianos atacaron infraestructuras y objetivos militares en Crimea y en otros territorios ocupados, así como numerosos buques rusos de la denominada «flota fantasma» en el mar de Azov. A pesar de los importantes resultados cuantitativos de estos ataques, su resultado general sigue siendo objeto de debate. En cualquier caso, por parte de Putin no se observan signos de que este ataque lo haya «inducido a la paz» de ninguna manera.

Rusia, por su parte, atacó los puertos ucranianos del mar Negro y numerosos buques que transportaban mercancías desde Odesa y otros puertos de Ucrania. Y tras el prolongado ataque de los drones de combate ucranianos contra la red rusa de «marketplaces» Wildberries, el 5 de agosto llegó una respuesta muy dura en forma de un ataque nocturno con misiles balísticos contra importantes empresas, comercios minoristas y sus centros logísticos en Ucrania: «Epicentr», «Silpo» (Fozzy Group), NOVUS, Rozetka, Liqui Moly Ukraine y otros.

Hay que señalar aquí un aspecto importante para comprender la situación. Los drones ucranianos llevan una carga explosiva de entre 30 y 70 kilogramos. Vuelan durante mucho tiempo y a baja velocidad, por lo que las fuerzas rusas de defensa antiaérea pueden derribarlos con relativa facilidad; para conseguir algún resultado es necesario lanzar simultáneamente cientos de drones.

Al mismo tiempo, el misil balístico ruso «Iskander» vuela desde territorio ruso hasta Kiev en apenas unos minutos y lleva una carga explosiva de 500 kilogramos. Los misiles balísticos norcoreanos de la serie KN (Hwasong-11), que Rusia utiliza actualmente de forma activa, pueden transportar ojivas considerablemente más pesadas, con una masa de entre 400-500 kilogramos y hasta 1000 kilogramos (1 tonelada). Es evidente que este enfrentamiento en la táctica de «Deep Strike» no proporciona una ventaja inequívoca a ninguna de las partes. Sin embargo, en los últimos dos meses ha aparecido un factor muy serio y preocupante que influye considerablemente en la situación.

La ausencia de misiles antibalísticos en la defensa aérea de Ucrania

Ya en la primavera de 2026, las autoridades ucranianas reconocieron por primera vez que prácticamente no quedaban misiles antibalísticos a disposición de las fuerzas de defensa aérea ucranianas y que, en la práctica, ya no tenían con qué derribar los misiles balísticos rusos. Ya se sabe que Donald Trump, durante su absurda «aventura imperialista» en Irán, agotó una enorme reserva de misiles antibalísticos «Patriot» y ni siquiera teóricamente puede transferirlos a Zelenski. Trump primero asegura a Zelenski que entregará a Ucrania la tecnología para fabricar «Patriot» y luego retira sus palabras, dejando a Zelenski aún más sumido en una situación de absoluta dependencia e incertidumbre.

Mientras tanto, Kiev y todas las demás ciudades ucranianas permanecen completamente desprotegidas frente a los ataques rusos con misiles balísticos. Tanto los misiles balísticos rusos como los norcoreanos no son suficientemente precisos para sus objetivos cuando se emplean contra ciudades ucranianas densamente pobladas. Como consecuencia, el número de víctimas entre la población civil ucraniana aumenta varias veces con cada ataque con misiles. Y, por el momento, no está en absoluto claro cómo se resolverá este problema en el futuro próximo.

Después de cinco años de guerra, los civiles ucranianos se han acostumbrado a vivir bajo los bombardeos rusos y a arriesgar su vida a cada minuto bajo los escombros de sus propias viviendas. Sin embargo, esta situación se agrava cada mes. Hay dos cuestiones que se mantienen: la primera es que el imperialismo occidental, EE. UU., UE y OTAN brinda un apoyo militar limitado a los aspectos defensivos, cada vez más insuficiente y condicionado a sus propios intereses económicos y políticos expansionistas. La segunda es que mientras Trump y Putin van y vienen en sus planes para Ucrania, a espaldas del pueblo ucraniano, el presidente estadounidense sigue dejando en claro sus intereses coloniales sobre los minerales críticos a partir del acuerdo firmado con Zelenski que le permite acceder a las tierras raras «en cualquier momento».

Por delante, los ucranianos tenemos un invierno duro y frío y ya está claro que Putin intentará destruir definitivamente en las ciudades ucranianas cualquier suministro de electricidad, calefacción y agua, así como eliminar los sistemas de alcantarillado y las instalaciones de depuración. Los objetivos de la bestia imperialista Putin son precisamente claros, transparentes y evidentes. Pero ¿qué hará ante esta situación el nuevo Gobierno de Zelenski?, recientemente designado una vez más, plantea muchas más preguntas que respuestas.

La lucha política en Ucrania sale a las calles

Durante toda la guerra a gran escala, Ucrania se ha visto sacudida por escándalos de corrupción relacionados con el entorno más cercano del presidente Zelenski. Yermak, Mindich, Tsukerman, Galushchenko… Estos nombres, pertenecientes a las más altas esferas del poder ucraniano y de quienes prestan servicios empresariales a estas élites, ya son conocidos mucho más allá de las fronteras de Ucrania.

Por supuesto, todo el mundo entiende que una situación en la que todos los colaboradores más cercanos del presidente resultan ser ladrones y corruptos es imposible sin protección desde las más altas esferas. Sin embargo, el presidente, en su condición de comandante supremo de Ucrania durante una guerra defensiva, está exento de responsabilidad penal de acuerdo con la legislación ucraniana.

La imposibilidad de celebrar elecciones durante la ley marcial parecía indicar que el proceso político quedaría congelado durante mucho tiempo. Zelenski consiguió con relativa facilidad reprimir a la principal y tradicional oposición parlamentaria burguesa —Poroshenko, Tymoshenko, Boyko—, que no era ni es en absoluto menos corrupta y ladrona que el actual poder de la mayoría parlamentaria del partido presidencial «Servidor del Pueblo».

Contra los dirigentes de la oposición burguesa se aplicaron sanciones personales, se abrieron causas penales y posteriormente se recurrió a la compra de voluntades y a su neutralización. Sin embargo, en este contexto comenzaron a surgir como hongos nuevos opositores políticos y personales de Zelenski, tanto desde dentro del ejército y de las estructuras de seguridad —los generales Zaluzhny y Budanov— como desde el propio bloque gubernamental —el exministro de Defensa Fedorov—.

Manifestación contra la destitución de Fedórov.

A los dos primeros, Zelenski intenta neutralizarlos mediante nombramientos en puestos sinecura: Zaluzhny fue enviado como embajador a Gran Bretaña, mientras que Budanov fue nombrado, en sustitución del desacreditado y procesado Yermak, jefe de la Oficina del Presidente. Por supuesto, se trata solamente de una solución temporal y de una distensión igualmente temporal. Cada uno de estos pesos pesados políticos está definiendo ahora su propia estrategia y táctica en la lucha por el poder supremo.

En cuanto al exministro de Defensa Mijaíl Fedorov, la situación comenzó a desarrollarse en una dirección completamente diferente. Adquirió gran notoriedad y popularidad gracias a sus innovaciones en el ámbito digital, a su participación en la elaboración del concepto de «guerra de drones» y en su plena dotación material, así como por su acuerdo con Elon Musk para desconectar a las tropas rusas la posibilidad de utilizar los sistemas Starlink en la línea de contacto. Sin embargo, cuando Mijaíl Fedorov intentó transformar un sistema bastante corrupto de compras militares centralizadas, se encontró con una fuerte resistencia por parte del entorno más cercano de Zelenski.

Resultó que la distribución de los contratos militares no se realizaba en función de la mejor calidad y del menor precio de los productos, sino en función de la proximidad de los propietarios de las industrias militares a las más altas esferas del poder y del nivel de los llamados «sobornos». Fedorov intentó romper este sistema de corrupción, pero este resultó ser mucho más fuerte que él.

Zelenski no podía destituir directamente al popular Fedorov y tuvo que disolver el Gobierno de la primera ministra Sviridenko sin ninguna razón clara para ocultar este plan. Fedorov estaba preparado para esta posibilidad y sacó a sus partidarios a las calles de Kiev, después de haber recibido previamente cierto apoyo discreto de los gobiernos occidentales.

En cualquier caso, las manifestaciones de protesta que exigían el regreso de Fedorov al cargo de ministro de Defensa no se atrevieron a ser dispersadas por la policía, aunque durante el período de guerra todas las manifestaciones y acciones callejeras están prohibidas por ley en Ucrania. Las protestas en Kiev y en muchas ciudades de Ucrania fueron cobrando fuerza y Zelenski se vio obligado a hacer algunas concesiones a los manifestantes.

En particular, el 22 de julio de 2026 fue destituido del cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania el cercano a Zelenski, pero extremadamente impopular en los medios de comunicación, Aleksandr Sirski, y en su lugar fue nombrado el joven y popular general de división Mijaíl Drapaty. A finales de julio y comienzos de agosto, las manifestaciones de protesta en Kiev comenzaron a transformarse en marchas multitudinarias. Sin embargo, Zelenski ya no realiza nuevas concesiones a los partidarios de Fedorov.

El propio Fedorov mantiene una posición ambigua: no participa en las acciones y trata, mediante negociaciones entre bastidores, de convencer a Zelenski para que se ponga de su lado. Parece que, en el momento de escribir estas líneas, las manifestaciones comienzan a perder fuerza, pero la dinámica de desarrollo de esta situación todavía no está del todo clara.

El movimiento obrero y sindical de Ucrania. El Convoy de Solidaridad.

Ya he señalado en repetidas ocasiones que la agresión a gran escala del imperialismo de Putin contra Ucrania obligó a poner en pausa determinados ámbitos de la lucha obrera y de nuestro trabajo sindical. Muchos activistas de nuestro Sindicato Independiente de toda Ucrania «Zakhist Pratsi» fueron movilizados y muchos se incorporaron voluntariamente al frente. Lamentablemente, varios de nuestros principales activistas murieron en el frente y algunos desaparecieron en combate.

Al mismo tiempo, la agresión de Putin dio vía libre a los gobiernos neoliberales de Zelenski para atacar los derechos laborales y sindicales, utilizando la guerra y la ley marcial como cobertura. Pero ahora surge una situación en la que la nueva y destacada iniciativa internacional «Convoy de Solidaridad con Ucrania» puede dar un segundo impulso al activismo obrero y sindical de Ucrania.

Esta iniciativa de la Red Europea de Solidaridad con Ucrania (ENSU) nació en la Red de Cataluña y desde entonces se ha extendido a diferentes países de Europa y a algunos países de América Latina, como Argentina y Brasil. Nuestra Liga Internacional Socialista y la Liga Socialista Ucraniana participan en ella de manera activa. En la presentación online de la iniciativa participaron activistas sindicales, movimientos sociales y partidos políticos de diferentes países, incluida Ucrania.

El objetivo del «Convoy» es organizar una iniciativa internacional coordinada y dirigida por representantes de organizaciones de base. Su carga estará compuesta por medicamentos, generadores eléctricos, vehículos y otros materiales necesarios que puedan adquirirse u obtenerse mediante donaciones. Además de transportar ayuda material, técnica y humanitaria, la caravana pretende convertirse en una acción política visible que fortalezca la solidaridad internacional desde las bases, coordine iniciativas —muchas de las cuales ya han adquirido su propia dimensión— y contribuya a una participación más amplia de organizaciones de base de diferentes países.

El convoy recorrerá más de 3000 kilómetros a través de diferentes ciudades y capitales de los países de la Unión Europea antes de entrar en territorio ucraniano y llegar a Kiev. A lo largo de toda la ruta se celebrarán actividades, encuentros y manifestaciones en las que participarán conjuntamente comités de solidaridad y fuerzas políticas comprometidas con la causa del apoyo al pueblo ucraniano. Los primeros actos en el marco del «Convoy de Solidaridad» tendrán lugar el 19 de agosto, Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, establecido por la ONU para reconocer la labor de quienes prestan ayuda en situaciones de crisis y para honrar la memoria de los trabajadores humanitarios que murieron en el ejercicio de su deber.

Ese día se celebrarán actividades en diferentes países destinadas a llamar la atención sobre nuestro «Convoy» y a fortalecer la solidaridad internacional con el pueblo ucraniano en lucha y con su clase trabajadora.

La resistencia ucraniana continúa. Simplemente estamos obligados a resistir…

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