Hace pocas semanas el presidente yanqui Donald Trump, volvió a sacudir el escenario político mundial con otra de sus rimbombantes declaraciones al afirmar que no descartaba cambiar la posición de Estados Unidos respecto de las Islas Malvinas. “Siempre reviso todas mis posturas y esa es una de muchas”, dijo deslizando que podría cambiar la postura formal de supuesta “neutralidad” ante la polémica sobre la soberanía de ese territorio reclamado legítimamente por la Argentina, usurpado por el imperialismo inglés y considerado “en disputa” por la ONU.

Acto seguido, el presidente de Argentina, el ultraderechista Milei y confeso admirador de la Thatcher, también pegó una voltereta y se subió triunfalista a la causa Malvinas, alimentando expectativas por un supuesto rol mediador de Trump y anunciando por cadena nacional un proyecto de ley de “defensa de la soberanía nacional” prometiendo sanciones contra las empresas vinculadas a operaciones extractivas de petróleo.

Si bien Trump relativizó sus anuncios diciendo que un conflicto entre Argentina y el Reino Unido sería un “desastre potencial”, y en la asamblea de la ONU se mostró amigable con el primer ministro inglés, dejó abiertos nuevos frentes de conflicto y generó interrogantes que alimentaron las usinas de opinión en la prensa internacional. ¿Cuáles son las razones que llevaron a Trump a agitar las aguas reavivando este reclamo tan sensible? ¿Hasta dónde puede avanzar?¿En qué cambia las relaciones con el imperialismo británico?

Las razones del giro de Trump

Más allá de las conjeturas, son varios los factores que se combinan y empujan esta decisión política de Trump. La necesidad de reposicionarse frente a la derrota sufrida en la guerra contra Irán y el empantanamiento de sus intervenciones en los conflictos de Medio Oriente y de Rusia/Ucrania, sin dudas, constituyen una poderosa razón. Ligado a ello está ejercer presión sobre Gran Bretaña, a quien acusa de no apoyarlo en la agresión contra Irán, y reclamarle al gobierno del primer ministro Andy Burnham no haber aumentado el gasto en Defensa. La advertencia de Trump de modificar su postura sobre las Malvinas sería parte de una serie de medidas que analizan en el Pentágono para emplazar a los miembros de la OTAN y que aumenten al 5% de su PBI la inversión en materia de defensa de la alianza militar.

Pero hay otras dos razones. Una de ellas económica: las apetencias por el negocio petrolero que están usufructuando los piratas ingleses por ahora en sociedad con corporaciones israelíes. Utilizando un reclamo histórico del pueblo argentino como moneda de cambio para chantajear a Inglaterra.

La otra es geopolítica, coincidente con la reactivación, justo en estos momentos, del proyecto de la base militar en Tierra del Fuego para aumentar su presencia militar en esta zona estratégica para el Atlántico Sur y paso interoceánico preciado para los negocios petroleros.

Solo su propia crisis y sus apetencias hegemónicas, pueden explicar esta voltereta oportunista de Trump que no puede confundir a ningún desprevenido. Estados Unidos nunca fue realmente neutral en la cuestión Malvinas; ello es solo una cobertura oficial para disimular su apoyo histórico (aliado “eterno” de Inglaterra en palabras del propio Trump) y por sus intereses en la región que, hasta ahora, han terminado siempre coincidentes con los del imperialismo inglés. Durante la Guerra de Malvinas de 1982, Estados Unidos también jugó el papel de “árbitro” a través del tristemente célebre exsecretario de Estado Alexander Haig para definirse claramente junto al entonces presidente Reagan en favor de Gran Bretaña. Los tires y aflojes y las contradicciones con el gobierno británico de ninguna manera pueden significar una posición que pueda ayudar a los justos reclamos de soberanía por parte de Argentina. Las Malvinas son un enclave imperialista, un territorio usurpado por el imperio británico y deben ser devueltas a la Argentina.

Milei y el doble discurso malvinero

Quien aprovechó rápidamente la iniciativa de Trump fue el presidente Milei, su más fiel seguidor, montando un show mediático donde cadena nacional mediante desplegó un relato soberanista que resulta difícil de creer. El mismo que se declaró admirador de Margaret Thatcher y puso el grito en el cielo cuando, en ocasión del último Mundial, la selección de fútbol levantó y reinstaló esta sentida causa nacional, reavivando el debate a nivel internacional.

Sin dudas, la situación crítica que atraviesa su gobierno, ha sido el motivo fundamental de su giro mentiroso e hipócrita. Con una fuerte merma del capital político, un polo opositor creciente con bronca y malestar social, cifras críticas en la economía y un horizonte que complica sus planes reeleccionistas. Por ello Milei, en tándem con Trump, se subió al tren demagógico y anunció también una serie de medidas enviadas al Congreso contenidas en la llamada “Ley de Defensa de la Soberanía Nacional“. Detrás de la fachada soberanista que establece un endurecimiento de las sanciones contra las empresas que exploten petróleo en Malvinas “ilegalmente”, hay un sometimiento a la doctrina Trump para la “defensa” nacional. Creando un Consejo de Seguridad Nacional con amplias facultades, donde el presidente, algunos ministros y la Secretaría de Inteligencia definen la política de seguridad, ampliando el área de intervención de las Fuerzas Armadas. También mediante un DNU dispone construir una base naval en Tierra del Fuego, una excusa que esconde un claro intento de avanzar en la militarización del sur del país.

Una escenificación patriotera súbita que no solo responde a la crisis política y económica para cubrirlas con una cortina de humo. Milei apela al profundo sentimiento antiimperialista marcado en la memoria colectiva, también para seguir actuando como súbdito y correa de transmisión de la estrategia de Trump. No solo en su chantaje a los británicos, sino también facilitando las ansias de rapiña del imperialismo yanqui por los negocios hidrocarburíferos de la región y disputar a las petroleras británicas la explotación de la extracción offshore de crudo de la región a favor de las corporaciones estadounidenses. El mismo negociado que hoy denuncia hipócritamente Milei.

Hoy el proyecto Sea Lyon de explotación petrolera está usufructuado por las corporaciones Navitas (Israel, 65%)y Rockhopper (Reino Unido, 35%). Se estima que el yacimiento alberga más de 500 millones de barriles de petróleo recuperables, con un potencial en toda la cuenca norte que podría superar los 1.000 millones de barriles de crudo. El desarrollo de Sea Lion está diseñado para operar de forma 100% offshore, prescindiendo de infraestructura logística fija en tierra firme debido a las condiciones climáticas del Atlántico Sur.

La incondicional “alineación” internacional que Milei celebra implica una mayor sumisión frente a los designios de la Casa Blanca. Todas estas sanciones y bases navales anunciadas más que defender la soberanía argentina realmente están sujetas a la estrategia trumpista. Quien se comporta como un entregador serial del patrimonio argentino, ha abierto la libre importación destruyendo la industria nacional, impulsor del RIGI y el Súper RIGI que hipoteca los bienes comunes, extranjeriza las tierras y es felpudo del FMI cumpliendo con la usura de la deuda, mal puede hablar seriamente de soberanía.  Es el mismo personaje que elogia a Margaret Thatcher, la que encabezó la avanzada pirata de 1982, responsable del hundimiento del Crucero General Belgrano. Es el Milei aliado de Netanyahu, amigo de Peter Thiel y quien viajó a respaldar a Kast a Chile, reivindicando a Augusto Pinochet, la dictadura que brindó apoyo logístico a los ingleses en la sangrienta guerra de 1982.

El colmo del cinismo: el sionismo hablando de soberanía

En esta cadena de volteretas oportunistas, quien se subió a la hipocresía soberanista fue el sionismo. Haciendo gala de un cinismo supino, el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, pidió públicamente al primer ministro Benjamín Netanyahu que su gobierno reconozca la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Aunque no cambiaron oficialmente la posición oficial de “neutralidad” por parte de Israel, fue el hijo del genocida Netanyahu quien replicó esa postura en redes sociales mientras el ministro de Finanzas pedía medidas contra Gran Bretaña. La declaración se enmarca en los fuertes roces diplomáticos y el cruce abierto con los británicos por la postura crítica de estos últimos ante la agresión al pueblo palestino.

Puro oportunismo y desfachatez que hablen de soberanía quienes ocupan y gobiernan un enclave similar al de Malvinas, habiendo usurpado las tierras palestinas a punta de pistola y desplegando un genocidio en curso que solo desde octubre de 2023, ha costado más de 73.700 palestinos muertos y cerca de 175.000 heridos, además de cientos de miles de desplazados internos que viven en condiciones ultraprecarias.

La hipocresía sionista se completa porque mientras fabrican este discurso, usufructúan las riquezas petroleras. Ejecutivos de la petrolera israelí Navitas han justificado su piratería diciendo que el proceso de toma de la decisión de inversión se completó con beneplácito de los ingleses y la “autodeterminación” de los isleños.

Por ello, una política integral antiimperialista, debe incluir el repudio de los intereses israelíes/sionistas en la zona.

También repudiamos la política del Laborismo Ingles, que sin ponerse colorado salió en defensa de los intereses imperialistas y de la corona inglesa, amenazando con su poderío militar para defenderlos, mostrando su degeneración, que viene de décadas, y la necesidad de superarlo construyendo una nueva herramienta de la clase trabajadora.

Una política revolucionaria

Denunciamos y rechazamos la hipocresía de Trump y sus maniobras al servicio de sus intereses hegemonistas. También el doble discurso de su lacayo Milei. Ningún proyecto de soberanía puede construirse subordinando un país a otra potencia imperialista. Milei utiliza burdamente la trágica ilusión del dictador Galtieri, la dirección militar responsable de la derrota de la guerra de 1982, que llamó a confiar en un supuesto apoyo norteamericano que nunca se produjo.

Y ratificamos nuestra histórica política de defensa de la soberanía argentina en las Islas Malvinas. Orientación que defienden valientemente nuestros compañeros de Workers Power en Gran Bretaña y es una bandera de lucha antimperialista del MST en Argentina y todos los países donde actúa la Liga Internacional Socialista.

Las Malvinas son argentinas y hay que exigir el fin de la ocupación colonial británica y la inmediata devolución del territorio. Las Malvinas son un enclave colonial británico, usurpado por el uso de la fuerza. No son una colonia y por lo tanto, respetando el derecho democrático a los isleños a decidir qué hacer, no reconocemos ninguna pretensión de derecho a la autodeterminación, vieja excusa de la corona y los gobiernos británicos para justificar la usurpación pirata. Una fachada seudodemocrática para mantener los intereses imperialistas, entre ellos la explotación de los recursos offshore. Gran Bretaña no tiene derecho a explotar unilateralmente los recursos de un territorio usurpado que incluso las Naciones Unidas lo consideran en disputa.

Por ello nos opusimos y rechazamos toda política de “desmalvinizar” y llevar al pantano diplomático los legítimos reclamos, mientras la usurpación continúa y crecen los negocios imperialistas. Las peticiones diplomáticas a través de los años han significado un camino burocrático que termina en los recintos de la ONU. La descolonización de ese territorio argentino se vota cada año por mayoría, pero no se traduce en ninguna medida concreta.

Por eso reclamamos:

  • Inmediata e incondicional devolución de las Islas Malvinas a la Argentina con plena soberanía y sin bases militares de ningún tipo. Defensa irreductible de la soberanía argentina en las islas y toda la plataforma continental.
  • Rechazamos la apropiación de la explotación petrolera no solo por parte de las actuales corporaciones extranjeras, sino de cualquier otro monopolio privado. Toda la explotación petrolera de la región debe ser nacionalizada bajo control social.
  • Ningún acuerdo de no beligerancia con los piratas ingleses. Confiscación soberana de todas las empresas y tierras inglesas en territorio argentino. Desconocimiento y no pago de ninguna deuda con el imperialismo inglés.
  • Ruptura de todos los pactos políticos, económicos y militares de sometimiento al imperialismo yanqui e inglés. El Pacto de Río, la Junta Interamericana de Defensa, la OEA, el TIAR y demás organismos semicoloniales. No a los ejercicios militares conjuntos.
  • La lucha por la recuperación de Malvinas es indivisible con la de liberación nacional y el camino al socialismo. Por ello estas medidas deben ser parte de un programa obrero y socialista que, entre otras medidas, rompa con el FMI, nacionalice la banca y el comercio exterior y destine los recursos del pago de la deuda externa y las ganancias de los ricos al servicio del pueblo trabajador.
  • Fuera ingleses de Malvinas. Fuera yanquis de América Latina.

Comité Ejecutivo Internacional – Liga Internacional Socialista

27 de septiembre de 2026