Por Francisco Torres
En las últimas semanas, el gobierno de Milei comenzó a transitar un escenario más complejo que el que le permitió avanzar con leyes clave, como la reforma laboral esclavista, la baja de la edad de punibilidad a los 14 años y el intento de arrasar con la ley de glaciares.
Se trata de leyes que hacen parte de un paquete de “reformas estructurales” que le exigen el FMI, Trump y las corporaciones, como la jubilatoria, tributaria, penal o incluso la política. Todo apunta a un régimen más regresivo y autoritario, con una economía de alta precarización, pobreza y privaciones para las mayorías y de alta concentración de la riqueza socialmente producida en el 1% más rico que se la apropia y la casta de funcionarios corruptos que trabaja para ellos.
Ese tiempo de ofensiva, luego de la sobrevida que logró con su triunfo electoral en octubre sobre un PJ en crisis, gracias al apoyo de Trump y la gran burguesía, junto a las complicidades parlamentarias -incluso del peronismo-, empieza a mostrar signos de agotamiento.
El escándalo Adorni y la casta libertaria
La situación combina hoy la crisis por arriba, duras internas en el gobierno, complicaciones económicas, una recaudación que suma ocho meses en baja por la decisión de reducir las retenciones al agronegocio y los impuestos a los ricos, más el freno en el consumo y la producción. Todo eso sumado al apriete del Fondo por los pagos de la estafa de la deuda, al igual que los bonistas buitres, con un malestar social creciente porque no se llega a fin de mes, conforman un panorama más complejo para el gobierno.
La crisis política aparece como el elemento más dinámico. El escándalo de Adorni resultó un problema clave, con el 70% de la población queriendo que renuncie, pese al respaldo de Karina, Milei y su gabinete. Las nuevas denuncias incluyeron corruptela, defraudación y lavado de dinero, además de aprietes a quienes desmintieron al funcionario. Esto pega en la médula del relato “anticasta”, un pilar discursivo que catapultó a Milei luego del desastroso gobierno del PJ y antes del macrismo.
Reabrió además las sospechas sobre la estafa $Libra, las coimas del 3%, los favoritismos o créditos millonarios que dio el Banco Nación a funcionarios y diputados libertarios y aliados, o los sueldazos de gobernantes y senadores que ganan 11 millones al mes. Este combo provocó un desgaste significativo del gobierno y caída en las encuestas. También en las expectativas sociales, donde el 60% plantea la necesidad de un “cambio de gobierno”.
A eso se suman los problemas económicos que desmienten el relato oficial. Insisten en destacar la caída de la inflación y del “déficit” fiscal, pero la inflación lleva casi un año de suba, mientras los tarifazos y aumentos del transporte golpean los bolsillos populares, y persisten la baja del consumo, los despidos masivos y el cierre de fuentes de trabajo.
La falta de reservas para garantizar los pagos de la deuda profundiza la dependencia con el FMI, contradiciendo a Milei cuando decía que recurrir al Fondo era sinónimo de “fracaso”. En un marco de estanflación económica que les dificulta avanzar en las contrarreformas que reclama el gran capital.
En lo político-institucional también hay tensiones. La relación con los aliados en el Congreso se complica y los gobernadores que antes facilitaban acuerdos recalculan su apoyo ante el costo del ajuste. Al mismo tiempo, hay mayores roces con la burguesía y golpea la guerra de Trump con Irán por la suba en los combustibles.
Incluso sectores del poder judicial, en particular del fuero laboral, comenzaron a poner freno y a contrariar las medidas que recortan derechos: distintos fallos judiciales contra artículos claves de la reforma laboral muestran que los avances legislativos encuentran límites.
El 24M y un malestar social que se recalienta
Este deterioro “por arriba” se combina con cambios “por abajo”. La movilización social dio un salto con las multitudinarias marchas del 24 de marzo, que fueron una contundente respuesta al negacionismo y tonificaron al movimiento de masas ante el gobierno ultraderechista.
Antes fue el cuarto paro nacional que resultó masivo, pese al carácter aislado, sin movilización y tardío que le imprimió la cúpula de la CGT. Se desarrollan además conflictos importantes como el de la docencia universitaria, y hay fuertes luchas docentes en diez provincias, en varios casos en conjunto con salud o estatales. También hay una reactivación de las asambleas y cortes de los movimientos sociales por el cese de 950 mil programas Volver al Trabajo, y luchas obreras como la de FATE que debemos seguir apoyando.
El gobierno tiene a favor la ausencia de una oposición fuerte. El peronismo, en crisis, con internas y sin conducción, no capitaliza el desgaste oficial. Su responsabilidad en el fracaso de la gestión anterior y la derrota ante Milei siguen pesando.
Esta situación nos abre un espacio para la izquierda, al jugar un rol consecuente en las calles, enfrentar el ajuste y las medidas reaccionarias del gobierno. Este crecimiento se empieza a reflejar en la vanguardia y en distintas encuestas, en un marco de crisis más general de la representación política.
Cómo intervenir en la situación actual
En definitiva, estamos ante un momento con elementos nuevos: un gobierno con problemas y signos de debilitamiento creciente; una situación económica que no mejora para las mayorías; y un proceso de reactivación de la lucha de clases que puede profundizarse.
La ofensiva autoritaria del gobierno —con protocolos represivos y ataques a derechos democráticos— encuentra límites en la respuesta social. Pero al mismo tiempo, el poder económico y el imperialismo siguen sosteniendo a Milei ante la falta de alternativas.
Para la izquierda, este escenario nos plantea desafíos y oportunidades. Es clave impulsar la más amplia unidad, el apoyo y la coordinación de las luchas, fortalecer cada conflicto y pelear porque se nacionalicen. Exigir a las centrales sindicales un verdadero plan de lucha, pero sin subordinarse a su pasividad: hay que impulsar la organización desde abajo, con asambleas, plenarios y coordinación entre sectores combativos.
Al mismo tiempo, levantar una salida de fondo. Frente al ajuste permanente, proponemos un plan de emergencia obrero y popular: prohibición por ley de despidos y suspensiones, reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial, aumento general de salarios, jubilaciones y programas sociales, no al cese del Volver al Trabajo, continuidad del programa, aumento de su monto y reapertura de las inscripciones a quien no tiene ningún ingreso, junto a un plan de obras públicas para generar trabajo genuino.
Ante empresas que cierran o despiden, planteamos la apertura de los libros contables, la estatización o provincialización sin indemnización, como reclamamos en FATE, para ponerla a funcionar bajo control de sus trabajadores. Junto a un plan de Primer Empleo Joven, con igual salario y sin precarización.
La crisis actual demuestra que no hay salida en los marcos del capitalismo semicolonial argentino. Por eso, junto a cada lucha, debemos postular una alternativa de fondo: que la crisis la paguen las corporaciones, banqueros, terratenientes y el FMI. Un camino que solo puede darse con lucha, con paro y movilización y el fortalecimiento de una izquierda consecuente y unitaria, como impulsamos desde el MST en el FIT Unidad.
Crisis, internas y agotamiento: sin reponerse, el PJ busca reciclarse
Esto es lo que explica la crisis del peronismo que se ha seguido profundizando. No sólo al perder el gobierno nacional en el balotaje, sino en un proceso de retroceso que incluyó el fiasco electoral en octubre, después de ganar la elección bonaerense en septiembre por 13 puntos.
Estas derrotas y su falta de alternativa en los marcos capitalistas dejan al PJ en una situación inédita para una fuerza basada en una conducción unificada. Aparece fragmentado, sin conducción ni capacidad o decisión de “frenar a Milei” ni de un proyecto que enfrente al capitalismo semicolonial decadente del país.
Históricamente, el peronismo se caracterizó por su verticalismo y la existencia de liderazgos fuertes que ordenaban todo. Hoy ocurre lo contrario. La figura de Cristina, que supo ordenar, está en prisión domiciliaria y mantiene un largo y deliberado silencio.
Su falta de intervención ante hechos clave, como la aprobación de la reforma laboral esclavista que logró el gobierno con el voto cómplice de diputados y senadores del PJ, no expresa un corrimiento personal, sino el vacío de conducción y de proyecto en un movimiento que supo reivindicar esas conquistas como propias. Las que dejan liquidar porque aspiran a que Milei haga el “trabajo sucio” de la reconfiguración capitalista, post crisis sistémica de 2008, para después “volver” a gobernar con esos avances sobre conquistas del pueblo trabajador.
El marco en que deambula y se debate el peronismo
Kicillof se pudo ubicar al frente del PJ bonaerense, el aparato más poderoso del país, aunque su intento de proyección nacional no termina de despegar. Aparece como una referencia con peso en la Provincia, pero sin poder unificar las tribus del PJ ni sintetizar un programa común. Su Movimiento Derecho al Futuro plantea como salida la necesidad de “ampliar” el PJ con todos los que se opongan a Milei, lo que apunta a un amontonamiento similar a la frustrada experiencia del Frente de Todos.
Por su parte, Sergio Massa quedó debilitado tras su derrota electoral. Su figura perdió centralidad y su espacio intenta reposicionarse como opositor, pero su bloque acompaña leyes como la baja de la edad de punibilidad, lo que evidencia un grado de adaptación al nuevo escenario político que choca con cualquier intento de identidad opositora real. Un mileismo con otros modales…
Otra vertiente es la de Grabois: critica, pero no saca los pies del plato e insiste con “dar la pelea desde adentro”. Su propuesta de una gran interna abierta, con candidatos que irían de Kicillof a Massa, pasando por “Wado” de Pedro, Schiaretti, Uñac, Llaryora, Pichetto e incluso Guillermo Moreno, refleja más un intento de contener a todos que de superación de la crisis. Un rejunte para reciclar al peronismo bajo nuevas formas, como una ambulancia recogiendo heridos y muchos sapos.
En paralelo, se recrean los intentos del “peronismo federal”. El cordobés Schiaretti fue una de sus principales expresiones, pero su desempeño electoral fue un fiasco. A la vez, gobernadores como Jaldo de Tucumán, Jalil de Catamarca o Sáenz de Salta han sido claves para garantizar gobernabilidad a Milei. Esa colaboración profundiza la crisis del peronismo y deja en evidencia que amplios sectores del PJ son parte del sostén del modelo actual.
Ese intento de buscar alianzas “amplias” incluye la reunión entre Cristina y Pichetto -quien fue candidato a vicepresidente de Macri- como ejemplo elocuente. La idea de un frente “anti Milei” que incluya a dirigentes que han ido con la derecha o colaboran con La Libertad Avanza muestra hasta qué punto el peronismo está dispuesto a diluir cualquier delimitación con tal de “volver” en 2027.
El debate sobre los zurdos y el trotskismo
Este debate también se expresa en el terreno ideológico, mediático y en las redes. Sectores vinculados al peronismo han lanzado críticas a la izquierda y al trotskismo, como las de Tomás Rebord o antes Grabois, buscando deslegitimar la posibilidad de que emerja una alternativa de izquierda, por fuera del PJ.
En un contexto donde crece el rechazo a Milei, al igual que el descreimiento y hasta la ruptura con el peronismo, con la izquierda empezamos a ganar visibilidad, como lo muestra la instalación de figuras, avances legislativos, inserción social y el debate sobre el rol del Frente de Izquierda Unidad. Incluso Milei se tira contra “los zurdos”.
El problema es que el peronismo no ofrece una salida a la crisis. La propuesta de reeditar un frente político al estilo de Lula con la derecha en Brasil o de reconstruir un esquema similar al rejunte del Frente de Todos, implica volver a experiencias fracasadas. El gobierno de Alberto, con Massa y Cristina, terminó ajustando, convalidó la deuda con el FMI y generó una profunda frustración social que fue el caldo de cultivo para el ascenso de Milei.
Repetir esas recetas solo puede llevar a nuevas decepciones, en particular con un PJ que vira a derecha y actúa con una lógica conservadora ante el conflicto social. La CGT y la burocracia que responde al peronismo se niegan a un plan de lucha. Con paros tardíos, sin movilización ni continuidad, le perdonaron la vida al gobierno cuando estaba colgado de un pincel.
Y dejaron pasar la nefasta reforma laboral. Esto responde a una estrategia de dejar correr al gobierno para que aplique el ajuste, mientras el peronismo se posiciona como recambio electoral. Una especulación que prioriza la disputa de poder sobre las necesidades urgentes de las mayorías sociales.
Algo nuevo junto a la izquierda, para cambiar en serio
Por eso, ante la crisis de Milei y el agotamiento del peronismo, se hace evidente la necesidad de una alternativa política distinta. No alcanza con oponerse discursivamente ni reciclar viejas coaliciones. Hace falta una salida de fondo, independiente de los que ya gobernaron y fracasaron.
En ese sentido, el crecimiento del espacio a izquierda nos abre una oportunidad. Desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad planteamos que es momento de animarse y cambiar en serio. Y convocamos a postular una alternativa con vocación de mayorías. Abrir el FIT Unidad, debatir y avanzar hacia un partido unificado de la izquierda con libertad de tendencias, a partir del programa con salidas de fondo del FITU.
A quienes están decepcionados con el peronismo, pero enfrentan a Milei, les decimos que hay otro camino. Las derrotas y crisis del PJ no son algo pasajero, sino la expresión de un agotamiento histórico. Es hora de animarse a cambiar en serio. Es hora de fortalecer a la izquierda y construir una verdadera alternativa de poder para la clase trabajadora y el pueblo. Sumate con el MST a este desafío.





