1° de Mayo: crisis electoral y la urgencia de una salida de las y los trabajadores
La coyuntura electoral en el Perú atraviesa uno de sus momentos más críticos. La renuncia de Piero Corvetto a la jefatura de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en medio de denuncias de irregularidades, fallas logísticas y acusaciones de fraude tras la primera vuelta del 12 de abril, no hace más que confirmar lo que venimos señalando: el sistema electoral y la institucionalidad democrática están profundamente deteriorados.
Lo ocurrido no es un hecho aislado. Mesas que no se instalaron, materiales que no llegaron a tiempo y decisiones excepcionales para extender la votación evidencian un colapso operativo que golpea directamente la confianza ciudadana. La posterior renuncia de Corvetto, aceptada por la Junta Nacional de Justicia (JNJ), busca contener la crisis, pero no resuelve el problema de fondo: un sistema incapaz de garantizar plenamente un proceso electoral legítimo.
En ese sentido, ya no se trata únicamente de constatar quiénes disputan la segunda vuelta, sino de asumir que este escenario exige una toma de posición clara frente a los proyectos en juego y, sobre todo, frente a los límites estructurales de una democracia que ha demostrado ser incapaz de canalizar las demandas de las mayorías. Hoy, sin elecciones complementarias ni mecanismos extraordinarios de revisión, el conteo oficial ha definido que la segunda vuelta se disputará entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Esta definición, lejos de cerrar la crisis, la reconfigura, trasladando las tensiones acumuladas del proceso electoral hacia una nueva etapa en la que se vuelve ineludible adoptar una posición política clara.
Desde la perspectiva de las y los trabajadores, esta disyuntiva no puede abordarse en términos neutrales. La dictadura fujimorista no es ni puede ser una opción, en tanto representa la continuidad histórica de un modelo autoritario, excluyente y profundamente funcional a los intereses de una élite económica que ha gobernado de espaldas al pueblo, consolidando desigualdades y restringiendo derechos. Pero al mismo tiempo, tampoco constituye una salida real seguir otorgando margen de acción a las lógicas del pacto criminal que atraviesa el Estado y que, bajo distintas expresiones políticas, garantiza la reproducción de un orden en el que nada cambia en lo esencial. Así, el problema no se agota en elegir entre dos candidaturas, sino en reconocer los límites de un sistema que reduce la participación política a opciones acotadas, mientras bloquea transformaciones de fondo.
Este escenario adquiere una dimensión aún más significativa al situarse en el marco del 1° de mayo, Día Internacional de las y los Trabajadores. No se trata de una coincidencia meramente temporal, sino de una interpelación directa al sentido histórico de esta fecha: la lucha organizada de la clase trabajadora por sus derechos y por la transformación de la sociedad. Hoy, en el Perú, esa lucha se expresa en un contexto de precariedad estructural, informalidad extendida y ausencia de garantías básicas, donde millones de trabajadoras y trabajadores sostienen la vida cotidiana mientras el sistema político se muestra incapaz de ofrecer respuestas reales. En ese marco, la discusión electoral no puede desligarse de la necesidad de construir un horizonte político que tenga en el centro a quienes producen la riqueza y, sin embargo, permanecen excluidos de las decisiones.
Desde Alternativa Socialista Perú, reafirmamos que la tarea estratégica es avanzar en la construcción de un gobierno de y para las y los trabajadores, que no administre la crisis sino que la enfrente desde una perspectiva de transformación estructural. Esto implica asumir que la alternativa no vendrá dada desde arriba ni será el resultado automático de la contienda electoral, sino que debe construirse desde abajo, a partir de la organización consciente, la articulación de luchas y el fortalecimiento de una fuerza social y política independiente. En un contexto regional marcado por el avance de la ultraderecha y el endurecimiento de proyectos conservadores, esta tarea se vuelve aún más urgente: no hay posibilidad de frenar estos procesos sin organización de base y sin movilización masiva.
En ese sentido, hoy Juntos por el Perú aparece como un canal posible para expresar parte de ese descontento y esa aspiración de cambio, no como una solución acabada, sino como una herramienta en disputa que recoge el eco de un pueblo que exige justicia y transformaciones profundas. Nuestra tarea, entonces, no es delegar, sino intervenir activamente para que esa herramienta se fortalezca en un sentido independiente y de clase, capaz de superar los límites del sistema y abrir paso a una verdadera alternativa. Porque frente a un sistema en crisis, no basta con elegir: es necesario organizarse para transformar. Y esa tarea sigue siendo clara: que gobiernen quienes nunca han gobernado, las y los trabajadores y el pueblo.
Alternativa Socialista Peru
La izquierda que lucha y transforma





