Miles de personas enfrentan movilizadas un megaproyecto inmobiliario de la familia Trump en una de las últimas costas vírgenes del Adriático. La lucha ambiental en medio del malestar social se transforma en una rebelión política contra el gobierno albanés, las élites capitalistas y la entrega del país a los negocios del gran capital internacional.

Por Rubén Tzanoff

Reclamo ambiental y más

Las movilizaciones que sacuden Albania desde fines de mayo constituyen uno de los procesos de lucha social más importantes que atraviesa actualmente Europa. Lo que comenzó como una protesta ambiental contra un megaproyecto turístico impulsado por Jared Kushner e Ivanka Trump en una zona protegida del sur del país se ha transformado rápidamente en un cuestionamiento más profundo al régimen político albanés y al modelo de desarrollo subordinado a los intereses del capital internacional.

Albania: de la restauración capitalista a la dependencia

Albania es un país balcánico que después de la caída del régimen burocrático estalinista a comienzos de los ‘90, atravesó un proceso de restauración capitalista y la creciente subordinación a los organismos internacionales, la OTAN que integra y la Unión Europea a la que pretende incorporarse.

Desde entonces, los distintos gobiernos promovieron un modelo económico basado en salarios bajos, emigración masiva de jóvenes y apertura a las inversiones extranjeras. Mientras una minoría de empresarios, especuladores inmobiliarios y funcionarios acumuló enormes fortunas, amplios sectores de la población vieron deteriorarse sus condiciones de vida.

La actual administración del primer ministro Edi Rama (Partido Socialista de Albania), en el poder desde 2013, ha profundizado esta orientación, presentando el turismo de lujo y la atracción de capitales extranjeros como la principal vía de desarrollo económico.

Reclamos potentes y sostenidos

Las protestas comenzaron el 31 de mayo en la zona de Zvërnec y la laguna de Vjosa-Narta, uno de los ecosistemas más importantes del Mediterráneo oriental. Allí viven flamencos rosados, focas monje y numerosas especies protegidas, además de encontrarse áreas de reproducción de tortugas marinas.

Los manifestantes denuncian la construcción de un gigantesco complejo turístico asociado al fondo Affinity Partners, propiedad de Jared Kushner, y a inversores cataríes vinculados al conglomerado Power International Holding. Durante varios días consecutivos miles de personas ocuparon calles y plazas en Tirana, Vlora y otras localidades. Las movilizaciones incluyeron marchas, concentraciones nocturnas, cortes de accesos y acciones de denuncia contra el avance de maquinaria pesada sobre las zonas protegidas.

La lucha adoptó rápidamente símbolos propios. El flamenco rosado se convirtió en emblema de la resistencia popular. Manifestantes vestidos de rosa, flotadores con forma de flamenco y banderas que reemplazan el águila bicéfala albanesa por un flamenco de dos cabezas expresan visualmente el rechazo popular al proyecto. Las consignas más repetidas son: “Albania no está en venta”, “Manos fuera de Vjosa-Narta”, “Cancelen el proyecto, Ivanka, vete a casa”, “Rama y Berisha a la cárcel”. Las protestas incluso se extendieron a comunidades de emigrantes albaneses en Italia, Estados Unidos y Canadá.

Policias bloqueando a los manifestantes en una calle de Tirana.

Las causas profundas de la rebelión

Aunque el detonante inmediato fue la defensa de una zona natural protegida, el movimiento expresa un descontento mucho más amplio. Amplios sectores de la población perciben que las mejores tierras costeras y los principales recursos naturales del país son entregados sistemáticamente a oligarcas locales, fondos internacionales y grandes grupos inmobiliarios mediante acuerdos turbios impulsados desde el Estado.

La población observa cómo enormes emprendimientos turísticos prometen riqueza y desarrollo para un puñado de privilegiados, mientras los trabajadores sólo acceden a empleos precarios, mal remunerados y subordinados a los intereses de grandes cadenas hoteleras y fondos de inversión. Por eso la protesta ha comenzado a transformarse en una crítica general al régimen político construido durante las últimas décadas, representado tanto por el oficialismo de Edi Rama como por la oposición tradicional encabezada por Sali Berisha.

El gobierno, la Unión Europea y la comunidad internacional

La respuesta gubernamental ha combinado la defensa cerrada del proyecto con intentos de desacreditar a los manifestantes. Edi Rama ha calificado las protestas como una supuesta «guerra híbrida» impulsada desde el extranjero para que el país no de un salto cualitativo en el sector turístico y llegó a insinuar la participación de Irán en campañas de desinformación. Al mismo tiempo, reiteró que el proyecto continuará adelante porque considera que permitirá atraer turismo de alto poder adquisitivo.

La Fiscalía Especial contra la Corrupción y el Crimen Organizado (SPAK) abrió investigaciones sobre presuntas irregularidades en transferencias de propiedad vinculadas al emprendimiento, aunque sin cuestionar el proyecto en sí mismo.

Mientras la Unión Europea continúa negociando el proceso de integración albanés, evita confrontar abiertamente con un gobierno al que considera estratégico para sus intereses de estabilidad regional. La UE tiene profundos roces con Trump, pero no pretende cortar la unidad estratégica de los imperialismos europeos con el imperialismo norteamericano, por eso, actúa entre esos dos límites. Por un lado, la Comisión Europea acaba de advertir a Albania que debe respetar la normativa ambiental europea si quiere avanzar hacia la adhesión a la UE. Por otro lado, siempre defienden los intereses de las grandes inversiones privadas en lugar de los derechos de los pueblos y una verdadera protección ambiental.

Capitalismo, especulación inmobiliaria y destrucción ambiental

En todo el mundo el capital financiero y los grandes fondos inmobiliarios avanzan sobre playas, bosques, humedales y reservas naturales buscando nuevas oportunidades de rentabilidad. La naturaleza deja de ser considerada un patrimonio colectivo para convertirse en mercancía. La especulación inmobiliaria asociada al turismo de lujo expulsa poblaciones locales, destruye ecosistemas y concentra enormes beneficios en manos de una pequeña minoría de inversores y propietarios. La defensa de Vjosa-Narta no es solamente una causa ambiental. Es parte de una lucha internacional contra un modelo económico basado en la explotación simultánea de la fuerza de trabajo y de la naturaleza.

Los Trump en la mira del revulsivo social

La participación de Jared Kushner e Ivanka Trump ha dado al conflicto una dimensión internacional. Los negocios de la familia Trump se han convertido en un símbolo del capitalismo especulativo basado en privilegios políticos, tráfico de influencias y utilización del poder estatal para favorecer intereses privados.

En todo el mundo crece el revulsivo a la política imperialista de Donald Trump, que agrede a Palestina e Irán junto a Israel, a Venezuela y amenaza a Cuba; a la par de aplicar medidas ultra reaccionarias, de ajuste y explotación contra los inmigrantes y los trabajadores en EE. UU. que se movilizan masivamente contra ICE, por Palestina y otras reivindicaciones.

Esta realidad reafirma que se sigue profundizando la polarización política y social como elemento central de la situación mundial. Entendida no sólo como el avance de la ultraderecha, sino con otra cara de rebeliones, huelgas y movilizaciones en todos los continentes. Hay un largo listado de levantamientos, entre los cuales los últimos son los de Bolivia y Albania, ambos muy fuertes, al tiempo que con la debilidad de no contar con direcciones revolucionarias al frente.

El capitalismo, gran destructor de la naturaleza y la vida

Desde la Liga Internacional Socialista (LIS) nos solidarizamos con los reclamos de la movilización popular contra el proyecto inmobiliario y defendemos el derecho de las comunidades a decidir sobre su territorio y sus recursos naturales. 

Pero el problema de fondo no se puede resolver en el sistema capitalista, porque la tierra, la vivienda, las costas y los recursos naturales seguirán siendo mercancías sometidas a la lógica de la ganancia privada, con lo cual se reproducirán las agresiones. Por eso la defensa consecuente del medio ambiente y de la vida exige luchar por una reorganización socialista de la economía, basada en la propiedad social de los recursos estratégicos, la planificación democrática de la producción y el control directo de los trabajadores y las comunidades sobre las decisiones que afectan su futuro.

La “Rebelión de los flamencos” y las otras que se suceden en el mundo plantean el desafío de transformar la energía de lucha que contienen en una alternativa política revolucionaria, capaz de enfrentar no sólo los proyectos antipopulares, la opresión y la explotación, sino también al sistema capitalista que los hace posibles. Y para ello es necesario avanzar en el reagrupamiento de los revolucionarios a nivel nacional e internacional, en el camino de que gobiernen los trabajadores, con el socialismo con democracia obrera.